Portada :: Chile :: A 40 aos del golpe de estado
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-02-2013

A cuarenta aos: crnica de un golpe de estado (III)
Mentiras, silencios y censuras

lvaro Cuadra
Rebelin


1.- Exterminados como ratones

La quema de libros en diversas esquinas de la capital as como el control total de la prensa impresa, el bombardeo de estaciones de radio y el control de la televisin sealaba la voluntad de la junta militar por acallar toda crtica ante la ignominia que se estaba cometiendo. Mientras miles de chilenos eran llevados a estadios convertidos en campos de concentracin y tortura, muchos de ellos eran ejecutados sin que mediara ningn proceso judicial. La barbarie se haba entronizado en todo el pas. La casa de Pablo Neruda, premio Nobel de literatura, fue asaltada, mientras el poeta agonizaba y mora en extraas circunstancias en una clnica de Santiago. Vctor Jara haba sido acribillado en el Estadio Chile y su cuerpo despedazado con signos de tortura lanzado en las afueras de la ciudad. Un manto de mentiras, silencios y censuras cubri como una nube txica todo el territorio nacional. Los principales medios afines al naciente rgimen dictatorial y que haban sido parte de una larga conspiracin Canal 13 de televisin y la cadena El Mercurio - celebraban el triunfo como propio: Exterminados como ratones

Todo rgimen autoritario convierte, invariablemente, los medios de comunicacin en instrumentos de propaganda poltica. Con este propsito legitima e institucionaliza el control y la censura de todos los medios y de obras culturales. En el Chile de Pinochet, la institucin encargada de vigilar y castigar las voces crticas se llam Direccin Nacional de Comunicacin Social (DINACOS). Aunque en lo formal DINACOS era una dependencia del Ministerio Secretara General de Gobierno que funcion hasta el ltimo da de la dictadura, en los hechos resultaba ser una extensin de la misma polica secreta del rgimen a cargo del Mamo Contreras. Desde all el anti periodismo pinochetista examinaba toda publicacin impresa, medios radiofnicos y televisivos, as como toda forma de expresin cultural. La dictadura cubra las operaciones de la DINA, convirtiendo asesinatos de ciudadanos en presuntos enfrentamientos de terroristas y la desaparicin de personas en triviales casos policiales, con la complicidad de los tribunales.

El control de la informacin durante la dictadura militar tuvo, por lo menos, tres ejes. En primer trmino, se legitim el actuar de las fuerzas represivas en nombre de la amenaza marxista bajo la tesis pinochetista de la Guerra Interna, inspirada en la Doctrina de la Seguridad Nacional elaborada por los intelectuales del Pentgono para todos los ejrcitos latinoamericanos. En segundo lugar, se promovi con fuerza una despolitizacin de la poblacin, reprimiendo todo germen de organizacin popular en todos sus niveles. Para ello los medios saturaban los noticieros con distractores como el futbol, los juegos de azar, la farndula local y el entertainment Por ltimo, se aisl al pas de la contingencia internacional, silenciando la visin crtica hacia la dictadura chilena que prevaleca en organismos internacionales y gobiernos de todo el orbe.

2.- La voz de los ochenta

El resultado de esta estrategia de dominacin redund en lo que en aquellos aos se llam apagn cultural Una poblacin domesticada en el miedo, la despolitizacin y, en muchos casos, en la ignorancia de toda referencia a su pasado inmediato. Una cultura en que el inters individual estaba por sobre cualquier inters colectivo. Un rgimen policial que se eternizaba con un toque de queda y que proporcionaba, en el mejor de los casos, empleos mal pagados y precarios era el caldo de cultivo para que prcticas deleznables como la denuncia y el soplonaje fuesen parte de la vida cotidiana. El rgimen de Pinochet degrad moralmente la vida de todos los chilenos, borrando los lmites entre lo que pudiera entenderse como aceptable o bueno y lo aberrante o malo. Este es el nico modo en que los gobiernos y organizaciones criminales pueden actuar impunemente en el seno de una sociedad.

No obstante, una soterrada resistencia lograba romper el cerco informativo dictatorial y difundir algunas de las atrocidades que se cometan. As, Radio Chilena AM, un medio ligado a la Iglesia, y ms tarde Radio Cooperativa se convirtieron en las voces opositoras y de manera mucho ms clandestina las radios de onda corta como Radio Mosc, con su clsico programa Escucha Chile La aparicin de la cassette permiti que gran parte de la msica prohibida pudiera circular en diferentes espacios juveniles, creando una cultura de resistencia. La generacin de los ochenta fue el germen de una ola que culminara con el triunfo del No, algunos aos ms tarde.

Las nuevas generaciones no solo reciclaron los viejos cantos de Vctor Jara, Violeta Parra o Quilapayn sino que sumaron nuevas formas de expresin cultural ms prximas al Rock. Este movimiento que tuvo su epicentro en el llamado Rock argentino, tuvo sus representantes nacionales en Los Prisioneros que se convirtieron en la voz de los ochenta y verdaderos portavoces del malestar juvenil frente a una dictadura oprobiosa. En un mundo en que la actividad poltica explcita estaba interdicta, el mbito cultural se convirti en espacio privilegiado para la resistencia. Los grupos musicales que continuaban la tradicin del neofolcklore, Illapu, Ortiga, y aquellos grupos de raigambre rockera. Pero tambin estaba la actividad teatral, la poesa y la literatura. Escritores como Ramn Daz Eterovic, Pa Barros o Carlos Franz y dramaturgos de la talla de Luis Rivano, Juan Radrign, Gregory Cohen testimonian esta tradicin ochentera hasta hoy. La actividad cultural de aquella dcada anunci de algn modo el ocaso de un mundo represivo que aspiraba a perpetuarse en el poder.

3.- La cultura del exilio

La dictadura de Pinochet tuvo como consecuencia casi inmediata la expulsin o deportacin de muchos chilenos a tierras extranjeras. Muchos de entre ellos tuvieron que abandonar el pas porque la junta militar los expuls, otros tuvieron que marchar por la imposibilidad de sobrevivir a las nuevas condiciones creadas por el rgimen. La dispora chilena de estos primero tiempos de exilio fue, en lo fundamental, poltica. Los pases de Europa y Amrica Latina se mostraron especialmente generosos como tierras de asilo.

Contra el lugar comn difundido por la dictadura, en lo principal y para la mayora no se trat de un exilio dorado, por el contrario, fue el desarraigo obligado, prolongado y, muchas veces, doloroso de miles de compatriotas que debieron abandonar familias en su tierra natal. La creatividad de muchos de ellos, empero, pudo superar la adversidad y dar valiosos frutos para nuestra cultura nacional. Escritores, cineastas, grupos musicales, aportaron sus capacidades intelectuales y artsticas en innumerables actividades solidarias hacia un Chile sufriente. No era raro encontrar en las grandes ciudades del mundo a argentinos, uruguayos y chilenos compartiendo el infortunio del destierro. Revistas chilenas en el exilio, tales como Creacin y Crtica, Araucaria, Amrica Joven han quedado como parte de nuestra historia cultural, lo mismo las cintas de Ral Ruiz o los trabajos musicales de Inti Illimani y Quilapayn, e innumerables libros publicados en aquella poca en diversos pases.

No se ha escrito todava la historia del exilio chileno, pero no cabe duda que signific una herida ms para miles de compatriotas que vieron sus vidas truncadas por una historia trgica. Muchos de los anhelos de nuestra sociedad de hoy se lo debemos a los aportes de chilenos que regresaron al pas, al triste aprendizaje del exilio que viene a enriquecer en la actualidad las demandas democrticas de una mayora de chilenos. No obstante, es cierto que muchos no regresarn porque han constituido su destino en otras latitudes y debern vivir con el recuerdo triste del golpe de estado que cambio sus vidas para siempre y la nostalgia sempiterna por la tierra que los vio nacer. Por ello Shakespeare denominaba al exilio, de modo figurado, como el otro nombre de la muerte



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