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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2013

Pasolini y la necesidad de otra poltica

Manuel Fernndez-Cuesta
eldiario.es


El lector sabe sin duda que soy comunista: pero sabe tambin que mis relaciones de compaero de viaje con el PCI no implican ningn compromiso recproco.

Pier Paolo Pasolini, Tempo, 6 de agosto de 1968


No se puede seguir as. La agona del sistema de partidos y, por extensin, de la democracia de mercado espaola es evidente. La ciudadana desconfa. Piensa que la casta poltica es un problema real para la vida cotidiana y se aleja del amparo moral de las instituciones. En los partidos polticos mayoritarios, convertidos en implacables maquinarias de poder y corrupcin, afloran escndalos, denuncias, y resuena el eco pcaro, tan nuestro, mediterrneo, del enriquecimiento personal (y partidario) ilcito; la monarqua, antao refugio de inseguros, se tambalea entre los cinegticos errores del Rey y los convolutos colaterales de algn pariente. La economa, dominada por especuladores, multinacionales y agencias de calificacin, escapa al control pblico. La proteccin social y los derechos laborales son restos arqueolgicos de pocas de falso esplendor y fondos europeos de cohesin. En este estado de cosas, con un aumento exponencial del desempleo, pensar otra manera de organizacin econmica, jurdica y social se hace indispensable. El modelo de convivencia surgido del "consenso" de 1978 se resquebraja. La crisis -contra los voceros neoliberales- no es sinnimo de oportunidad: es la antesala de una fra dictadura tecnocrtica. Eso, en el mejor de los escenarios posibles.

Brutamente asesinado en un descampado de Ostia, cerca de Roma, la madrugada del 2 de noviembre de 1975, Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922), teido de sangre, trax y corazn aplastados por un coche que huye conducido por Guiseppe, Pino, Pelosi (nico acusado en un caso penal lleno de lagunas), poeta, narrador y cineasta de la heterodoxia, del lado salvaje de la convencin poltica, social y cultural, sigue siendo un referente tico del pensamiento subversivo y transformador, un referente de la accin colectiva.

Imprescindible para tiempos de apata, capitalismo avanzado y democracia de poliuretano, Pasolini plantea, meses despus del espontneo impasse de mayo del 68, una ruptura radical del caduco sistema de partidos italiano y una vuelta de tuerca, definitiva, al modo de convivencia social.

Enfrentado a las dos culturas hegemnicas, el todopoderoso PCI -fue, hasta su voladura (des)controlada, el partido comunista ms importante de Occidente- y el represivo universo catlico de la DC (Democracia Cristiana), el autor de Teorema y Las cenizas de Gramsci pronosticar que el juego de poder y contrapoder, con su reparto calculado de funciones, encerraba su propia destruccin, al ser ambos mundos, y sus argumentos, incapaces de frenar una vida que avanzaba hacia la modernidad individualista propuesta por el consumo.

Salvadas las distancias intelectuales con sus homlogos italianos (DC-PCI) de los aos de plomo, la sombra de la grisura franquista es alargada, PP y PSOE, rgidas estructuras de poder de apariencia antagnica, han llegado, en este horribilis 2013, al mismo atolladero que denunciaba, aos atrs, el ms radical y valiente de los poetas italianos del siglo XX.

Convertidos en marcas, fbricas de produccin y difusin de ideologemas, los dos partidos mayoritarios, a los que hay que sumar los grupsculos surgidos de las burguesas autonmicas -inexistentes, sino fuera por una ley electoral antidemocrtica- han mostrado, desde la aparicin (negada por el PSOE) de la crisis (estafa) financiera, una imposibilidad ontolgica, esencial, para solucionar, o al menos, imaginar, un futuro inmediato.

Resulta sorprendente, cuando menos, que los dos grandes partidos, y sus principales representantes, no muestren mayor preocupacin ante la deriva autodestructiva del sistema partidista (con permiso del terico Giovanni Sartori), limitando su actividad la refutacin del contrario con banalidades, inconsistentes propuestas parlamentarias y estudios pormenorizados de intencin de voto.

Mientras tanto, el cuerpo social, sujeto a la agitacin ideolgica y comercial de los medios de comunicacin de masas, pasa -poco a poco, pero sin tregua- del desconcierto y la indiferencia cmplice a la reivindicacin emocional desarticulada, germen, quiz, de otro tipo de movimiento constituyente y autnomo de mayor envergadura.

En las colaboraciones semanales de Pasolini en Tempo (recogidas en El caos, Ed. Crtica, 1981), combativos artculos de denuncia poltica y cultural, antesala de su definitiva etapa corsaria -hemos perdido un poeta, nacen tres o cuatro cada siglo, record el escritor Alberto Moravia en su homenaje fnebre- PPP, hijo de la histrica citt rossa, se muestra indignado (era uno de sus estados de nimo) y asustado, en alerta, por mejor decir, ante el crecimiento de la represin institucional y policial en la Italia de finales de los aos 60. Una represin policial, vivimos en un estado de excepcin permanente, ha escrito el filsofo Giorgio Agamben, que se observa, con preocupacin, en nuestros das ante las manifestaciones y diversos actos de protesta que barren, Espriu dixit, la pell de brau.

A punto de ser superados por la pulsin crtica de la ciudadana, por el llamado desbordamiento democrtico, el Estado hace uso del monopolio de la fuerza, denunciado ya por Pasolini, convirtiendo las ciudades en lugares terribles, donde reina la irracionalidad. El reciente caso de Alfonso Fernndez, un joven detenido durante la huelga general del 14N y excarcelado casi dos meses despus, es prueba del terror institucionalizado ejercido por las autoridades, el miedo que pretenden imponer, ante la crecida natural del ro contestatario.

Su columna de Tempo, escribi Pasolini, se hubiera podido llamar, tambin, Contra el terror. Cuando el Estado acta con violencia contra sus ciudadanos, por temor a una prdida de autoridad, y vive, como en la actualidad, secuestrado por instancias supranacionales, la semntica toma el mando: terror y terrorismo de Estado (represin), tienen la misma raz.

Hombre de pensamiento y accin, terico y prctico, heterodoxo dentro de una radicalidad subjetiva, emancipadora, comunista ajeno al frreo dictado PCI, "yo amo ferozmente, desesperadamente, la vida. Y creo que esta ferocidad y esta desesperacin me llevarn a la muerte", declar, la recuperacin de la obra de Pasolini, pelculas, poesa, novelas y artculos -el prximo marzo cumplira 91 aos- es una llamada de atencin contra la opresin de la fatalidad, un alegato en defensa de la absoluta libertad individual y colectiva y, al tiempo, un poderoso golpe de mano contra las diversas formas, disfraces, del poder.

Sirvan como rpida aproximacin, al margen de las pelculas disponibles, los textos y poemas de Escritos corsarios (Oriente y Mediterrneo, 2009), Las cenizas de Gramsci (Visor, 2009), la novela grfica El caso Pasolini de Gianluca Maconi (Gallo Nero, 2010) y Nueva York (Errata naturae, 2011). "Pasolini fue un hombre poltico", afirm Gianni Scalia, en 1976, "y no hablaba en tanto que ciudadano. Sino en tanto que corsario. Fue i-legal, extra-legal, diferente, no-ciudadano. Pero un compaero". Pasolini, poltico, concibi una obra llena de verdad y sentido, sensual, ardiente, social, resistente, combativa: dramticamente humana.

El peridico L'Unit public, mayo de 2006, la edicin ntegra de su ltima entrevista, 1 de noviembre de 1975. "Pasolini, el que vio antes que nadie lo que iba a suceder", en palabras de su entrevistador, Furio Colombo, aport un elocuente titular premonitorio: "Estamos todos en peligro".

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Pasolini-necesidad-politica_6_95250479.html



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