Portada :: Chile :: A 40 aos del golpe de estado
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2013

A cuarenta aos: crnica de un golpe de estado (V)
El corazn de las tinieblas

lvaro Cuadra
Rebelin


1.- El grado cero de la poltica

A las 11 de la maana de aquel martes 11 de septiembre de 1973, aviones de combate Hawker Hunter bombardeaban el palacio de La Moneda donde resista el presidente Salvador Allende con un grupo de leales. Las imgenes del palacio en llamas han pasado a la historia como un dantesco final de la va chilena al socialismo Muchos alrededor del mundo se sintieron profundamente conmovidos por lo que aconteca en este distante pas sudamericano. A cuarenta aos de distancia se puede afirmar que este lamentable episodio est cargado de simbolismo, pues muestra la destruccin de una larga democracia latinoamericana. Pero, adems, desnuda de manera cruda y descarnada los lmites de furia y violencia que puede alcanzar la lucha poltica y social en pases caracterizados por la exclusin y la desigualdad.

El bombardeo de La Moneda abri una ventana al infierno en pleno centro de la capital chilena, estruendo, muerte y fuego. Se trata de uno de aquellos momentos histricos radicales, hay un antes y un despus. Se trata de un instante del tiempo en que toda retrica poltica, toda argumentacin o razonamiento desaparece. Es el grado cero de la poltica. Abolido todo rasgo de civilizacin con su carga valrica, se impone aquello que Joseph Conrad llam El corazn de las tinieblas, miedo y odio visceral. Una vez abierta esa ventana, es posible sentir los gritos desesperados de los que sufren tortura, el llanto de las viudas y los gemidos de madres que buscan a sus hijos. La ventana al infierno inaugura un grisceo camino de cenizas y cadveres, una noche en la que todava transitamos, aunque pocas veces somos conscientes de esto.

Las llamas de La Moneda incineraron toda ingenuidad, ya nada volver a ser lo mismo para los chilenos. La sociedad entera, vctimas y victimarios, han de descender varios escalones hacia la barbarie. El conscripto se convertir en asesino o torturador, ms de un militante en un delator y la nia bonita en una prostituta al servicio del tirano. Ese poltico de entonces sabe que fue cmplice y ese viejo general guarda silencio perseguido por sus fantasmas. Las palabras resultan intiles para rasgar las tinieblas, no hay silogismos para dar cuenta de la locura y el mal, simplemente se habita ese aire espeso al que, finalmente, casi todo el mundo se acostumbra.

Los pueblos que atraviesan la noche pierden su capacidad para soar. Son los sueos y no las cosas los que iluminan los das de los humanos. En medio de esta noche sin luna, nos seduce la ilusin de las cosas, vanos espejismos. Solo los sueos nos regalan un horizonte que nos impele a vivir juntos nuestro tiempo y a construir nuestra historia. As ha sido desde tiempos inmemoriales, soar juntos un destino para la tribu. Un da de stos va a despuntar la luz del amanecer en la cordillera, la hora de volver a soar, dejando atrs las tinieblas espesas que han humedecido nuestra piel despus de tanta noche.

2.- Silencio y vergenza

Hay veces en que el cronista calla, enmudece de vergenza, para dejar que la voz polifnica de los que han sufrido tanto hable por s misma como en un collage del horror. Relato de su reclusin en el recinto de la DINA Villa Grimaldi, Regin Metropolitana: El da 19 de noviembre de 1975, a las 2:00 a.m. aproximadamente, ingresan a nuestro domicilio, rompiendo la puerta, unos 12 a 15 civiles armados con metralletas preguntando por [se omite el nombre]. Inmediatamente proceden a amarrar a mis hijos con un alambre en las muecas y los obligan a permanecer de boca en el piso en el pasaje. A m me golpean con los puos al intentar averiguar lo que estaba sucediendo. Revisan toda la casa, causando enormes destrozos en muebles, colchones, etc. A m tambin me atan las manos con alambre; todos vendados, somos subidos a diferentes vehculos particulares. Yo qued en el mismo vehculo con mi hijo. Segn relato posterior de mis vecinos, haba gran cantidad de vehculos estacionados en un gran operativo. Fuimos trasladados a lo que result ser Villa Grimaldi. All permanec alrededor de tres horas, en un lugar que pareca ser una especie de patio habilitado como galpn. Se escuchaban voces y gritos, como que hubiera un gran nmero de personas. Me interrogaban siempre y me golpeaban fuertemente con los puosy manos, especialmente en la cara; a veces caa al suelo y me costaba incorporarme, ya que an estaba amarrado. Mujer, detenida en noviembre de 1983. Relato de su reclusin en el Cuartel de la CNI de Concepcin, VIII Regin: Me subieron a uno de los vehculos, me vendaron la vista, y empezaron inmediatamente a interrogarme y a golpearme en el estmago. Hombre, detenido en mayo de 1988. Relato de su reclusin en el Cuartel General de Investigaciones (General Mackenna), Regin Metropolitana: [...] allanaron la casa, golpearon a mi familia, destrozaron la casa buscando armamento, me golpearon delante de mi familia, me pusieron una capucha en la cabeza, me subieron a un auto sin levantar la cabeza. Llegamos al cuartel, donde me pusieron en una pieza chica, donde me amarraron de pies y manos, luego comenz la tortura con golpes en los testculos, corriente en la boca, odos, golpes en las piernas, luego, como no conseguan nada, me golpearon con manoplas, luego entr un compaero y lo torturaron delante mo para hablar. Mujer, detenida en noviembre de 1973. Relato de su reclusin en el Regimiento Tucapel, IX Regin: Al llegar a estas dependencias me hicieron desnudar, acostarme en un escao, me dio la impresin que era de esos que se ven en las plazas, donde me ataron un brazo y una pierna hacia arriba y la otra hacia abajo, despus me pusieron un bloque de cemento en el vientre y me aplicaron electricidad vaginal, en los pezones y odos, llenndome la boca con caca de animal, seguramente para que no se oyeran mis gritos y quejidos. Esto lo hicieron durante muchas horas, despus me dejaron tirada, desnuda, yo andaba con la regla y as y todo tambin fui violada en tres oportunidades, no s si sera una persona o diferentes. Esto es algo que recin ahora estoy contandoMujer, detenida en septiembre de 1974. Relato de su reclusin en la casa de la DINA de Jos Domingo Caas N 1315, Regin Metropolitana: En Jos Domingo Caas fui golpeada en diversas partes del cuerpo. Nuevamente fui manoseada y obligada a presenciar la tortura de mi esposo. Fui desnudada y amarrada a un catre metlico en el que fui golpeada. Estaba embarazada, con 6 meses de gestacin. Hombre, detenido en junio de 1975. Relato de su reclusin en el recinto de la DINA de la ex iglesia Divina Providencia, Antofagasta, II Regin: Esa noche me llevaron a presenciar cmo interrogaban a otro compaero. Lo tenan tendido y amarrado a un somier de alambre y lo instaban a reconocerme, al no hacerlo ste, le aplicaban descargas elctricas. Cansados de su negativa, optaron por otra tctica que consisti en ponerme a m en su lugar y al compaero de pie al lado del somier conectndonos a ambos con cables elctricos. Fui devuelto a la celda, antes de lo cual me mojaron.

3.- Memoria

Mnemosine, divinizacin de la memoria y madre de las musas, ha reservado al poeta el doloroso privilegio de la memoria. Le corresponde al poeta actualizar ese otrora en un ahora, conectar el presente con aquel presente diferido y as atravesar el puente que separa a los vivos de los muertos. Como lo han sabido todos los grandes alquimistas de la pluma, la escritura tiene una dimensin hiertica, pues constituye, al mismo tiempo, el instrumento y la ascesis de la memoria.

Los signos de la escritura estn concebidos para relatar cuentos a los nios y recrear infinitamente las historias que sostienen al mundo. Pero hay veces en que la memoria abre otras puertas y las musas nos traen inmensos dolores que como cicatrices estn grabados en la piel. Corresponde a poetas y cronistas hacerse cargo de esos tristes desasosiegos, patrimonio de una comunidad y una poca en una lucha incansable contra el olvido. Las palabras como burbujas de tiempo cristalizan las experiencias compartidas, all las risas y las lgrimas. Escribir aquellas tristezas es inscribirlas para siempre en la gran biblioteca universal.

Mnemosine le otorga sus dones al poeta para que ste convierta la ms abyecta miseria humana en la ms alta dignidad literaria. De este modo, lo ms siniestro puede adquirir su perenne dimensin moral y sobrevivir a la vergenza. La memoria no es solo evocacin de lo que ha sido sino viva presencia de lo que somos. Recoger las voces dolientes de otro tiempo es traer a las nuevas generaciones un inefable reclamo de dignidad y justicia. Un reclamo que atraviesa la historia de este pueblo y de todos los pueblos de la tierra.



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