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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2013

Devaluar o no devaluar ste es el problema?

Simn Andrs Ziga
Rebelin


Nuevamente, estamos en Venezuela en el inicio de un ao bajo el fuego de una gran presin, ejercida por parte de los factores econmicos de poder, para que el gobierno ajuste el tipo de cambio y se consuma una devaluacin lineal y sustancial.

El venezolano es un modelo de crecimiento basado en los salarios, la inclusin social y el empleo. Las grandes devaluaciones que se vienen aplicando puntualmente, justo despus del golpe de Estado de 2002, han sido acompaadas del deterioro del consumo, en virtud de la contraccin de los ingresos familiares. La recesin se instala luego porque el principal motor de la expansin es bombardeado por el sustancial ajuste cambiario, con la consecuencia posterior de la desmejora de los indicadores sociales bsicos.

Si algo han demostrado las grandes devaluaciones son su total ineficiencia: desde 2003, la devaluacin no ha mejorado la situacin fiscal; no ha promovido las exportaciones ni disminudo las importaciones; se ha convertido en una causa fundamental de la inflacin; ha desmejorado los ingresos laborales, ha fortalecido el poder del capital financiero especulativo quien cada vez tiene mayor capacidad de influir en la poltica econmica al obligar al gobierno a devaluar. El capital financiero hoy es ms fuerte, engorda grandes cuentas en dlares en el exterior, promueve el parasitismo y contribuye con el entierro de la economa productiva.

En las ltimas semanas, los poderes fcticos han logrado que el llamado dlar no oficial haya ensanchado ampliamente su brecha con respecto a los dos precios oficiales (CADIVI y SITME). Los dlares que se transan en este circuito informal siguen siendo una proporcin menor a la totalidad de dlares que se adquieren dentro de la economa. Sin embargo, esta proporcin menor, en volumen, ha logrado una gran incidencia sobre la fijacin de los precios (en bolvares) de los bienes finales. Explicar cmo una posicin minoritariamente representativa (en trminos de volumen) logra tener un poder de fijacin de precios mayoritariamente representativo, es una clave para comprender la actual disyuntiva cambiaria.

En primer lugar, el precio actual del dlar clandestino, es fundamentalmente el resultado de la lgica especulativa del capital financiero en la bsqueda de una mayor rentabilidad de los activos financieros que han logrado acumular. Esta acumulacin representa una de las paradojas de la economa venezolana en la ltima dcada, debido que es resultado, principalmente, de un mecanismo de captura y privatizacin de la renta petrolera, que al llegar a manejar un volmen significativo, ha permitido disminuir la capacidad de poder por parte del Estado para mantener una poltica cambiaria y una poltica econmica soberana.

Esto es una paradoja porque hace 10 aos se instaur un control de cambios y, a pesar de ello, la exportacin de dlares se ha incrementado en ese perodo, especialmente desde 2006. En este sentido , los ataques cambiarios que se inician en el ltimo trimestre de cada ao, represen un mecanismo de control y dominio en las decisiones de poltica econmica del Estado Nacional. La poltica econmica, y especialmente la macroeconmica, se convierte en un campo de batalla donde se libra una confrontacin por la renta petrolera.

Un sector, importante en trminos de su posicin de activos financieros externos (dlares en efectivos e instrumentos financieros denominados en dlares), termina siendo el gran beneficiado, si logra concretar una ganancia cambiaria. Para llevar a cabo esta estrategia, los intereses del capital financiero, se ocultan detrs de los medios de comunicacin corporativos y reciben el apoyo de los economistas ortodoxos. La gran prensa empieza una campaa bien planificada, para generar expectativas cambiarias negativas e inflar el deseo de la gente por arrojar los bolvares y abrazar los dlares como medio de cambio, como reserva de valor y como unidad de cuenta.

 

En segundo lugar, los factores especulativos deben de tener bases objetivas para que logren ejercer, efectivamente, su influencia sobre el desenlace final. Si el ataque cambiario tiene pocas bases objetivas (que generalmente los economistas neoliberales suelen argumentar cuando hablan de los fundamentals) su incidencia final sobre la poltica cambiaria y sobre los precios oficial y no oficial del dlar, probablemente ser dbil. Por lo contrario, si el rumor, la campaa meditica para inflar las expectativas de devaluacin, y los pronsticos eternamente pesimistas de los economistas antichavistas, cuentan con factores objetivos, la especulacin dominar, la profeca se cumplir con cierta efectividad.

Esto ltimo se conoce en los manuales de economa, como la profeca autocumplida, es decir los que no es una realidad ahora, ser un hecho real al pasar un breve tiempo, durante el cual las decisiones de los formadores de precios se sesguen hacia esa inicial especulacin. As lo que no era verdad al principio, terminar sindolo gracias a la pequea ayuda de las expectativas que prenden en un terreno frtil.

Por lo general, el discurso de los macroeconomistas convencionales tiende a argumentar, como factor principal, la sobrevaluacin de la moneda en virtud a la tasa de inflacin que se ha acumulado desde que se fij -por ltima vez- el tipo de cambio. Esta es la explicacin por excelencia de los bancos centrales y la que viene anexada a los modelos de programacin monetaria-financiera que ensean en los cursos del FMI. Ciertamente, la famosa explicacin del tipo de cambio real (donde se combinan el tipo de cambio nominal, la inflacin interna y la inflacin externa) puede llegar a tener una influencia en los desbalances que se producen en el comercio externo.

Pero de ah a explicar la complejidad del problema cambiario en Venezuela hay un gran trecho. En la medida que se convierte en explicacin nica del problema cambiario, el argumento de la elevada sobrevaluacin, termina por abonar el camino para satanizar las importaciones baratas como una amenaza al desequilibrio de la balanza comercial y a la produccin interna. De ah que se utiliza el otro argumento de la necesidad de mantener la competitividad a travs de una devaluacin que aumente las exportaciones y disminuya las importaciones. Este el clsico ajuste basado en el enfoque monetario de la balanza de pagos. Este es el camino fcil de la explicacin, pero tambin resulta en una falacia ideolgica disfrazada de argumento tcnico.

Adems, el argumento de la competitividad basado en el ajuste cambiario, termina promoviendo una competitividad espuria y efmera. Esto es una competitividad alimentada por la reduccin del costo laboral, es decir en el empobrecimiento de los trabajadores; es una competitividad basada en la explotacin de los recursos naturales y de entronizar ste mecanismo de dependencia; una competitividad que profundiza la desigualdad social al intensificar explotacin de la fuerza de trabajo sobre el recurso de ampliar la plusvala absoluta; una competitividad que afecta a los sectores productivos diferentes al sector exportador de los recursos naturales.

En este mismo sentido, el dilema de la miopa asumida por los partidarios de mantener el tipo de cambio alto y competitivo es que a ellos no les importan los factores estructurales y la realidad de los pases capitalistas que se encuentran en la periferia. El problema es que un pas subdesarrollado, dependiente y rentista petrolero tiende a convivir con una sobrevaluacin estructural que no se va a corregir (ni menos a resolver) con la utilizacin del expediente de la devaluacin. La sobrevaluacin en una economa capitalista, dependiente y petrolera como la nuestra, es un husped obligado tal como lo es la hipertensin para un paciente obeso.

Otro argumento, utilizado por los partidarios a las devaluaciones, es que el nivel de reservas operativas ha llegado a una cota peligrosa: De ah se empieza a comparar las reservas con los meses de importacin; de ah se hace una de las cuentas ms superficiales para establecer el tipo de cambio implcito, al dividir la cantidad de dinero con las reservas internacionales. Es decir, posicionan la idea de que al BCV se le estn agotando las reservas lquidas y por tanto, los compradores de dlares deben apresurarse a comprar lo ms rpido posible y a cualquier precio, porque no hay cama para tanta gente.

Hay otras explicaciones que complementan los argumentos de los que configuran el cuadro devaluacionista. Unas se siguen ubicando en el plano ms macroeconmico: el dficit pblico, la velocidad y la magnitud del gasto pblico, la tasa de crecimiento del endeudamiento pblico, la precariedad del flujo de caja de PDVSA, etc

Otro conjunto de explicaciones se ubican dentro de las argumentaciones microeconmicas e ideolgicas: la inseguridad del marco legal y de las inversiones, la incertidumbre en la fijacin del precio y en la reposicin de inventarios; la necesidad de asegurarse activos complementarios o sustitutivos del dlar que permitan mantener el valor monetario de su patrimonio (compra de automviles, compra de inmuebles y acaparamiento de dlares, por ejemplo). Por su puesto, este ltimo conjunto de explicaciones se condimenta con el terror, apoyado por la amenaza de que la llegada del socialismo implica una expropiacin generalizada e indiscriminada.

Ahora bien, todas estas explicaciones tienen importancia no slo para el debate terico sino por sus consecuencias prcticas. No se trata entonces, en este espacio, de debatir tericamente estos argumentos, se trata de comprender cmo actan como legitimadores de un conflicto de intereses entre los grupos dominantes, en el terreno del sistema capitalista venezolano, y especialmente en la lgica que le impregna el capital financiero.

Antes de enumerar algunos de los factores objetivos que hacen que la semilla devaluacionista prenda, es necesario responder a la siguiente pregunta

A quines beneficia la devaluacin?

Beneficia en primer lugar a los que poseen ingresos o activos financieros valorados en dlares. Aquellos sectores econmicos que disponen de cuentas externas donde van a parar los dlares que capturan de la renta petrolera y los dlares que obtienen por la exportacin. Esto implica a todos los exportadores en primer lugar, pero tambin aquellos tenedores de bonos cuyo valor est denominado en dlares. Estos son los primeros que apuestan a la devaluacin porque son ganadores netos: obtendrn ms bolvares por cada dlar que poseen.

En segundo lugar, la devaluacin es un mecanismo muy eficiente para aumentar la extraccin de plusvala abaratando el costo laboral. As que los sectores empresariales privados tendrn un costo que se abaratar en relacin a los otros precios de los productos finales que ellos venden.

Se llega a creer que el gobierno es uno de los beneficiados, es decir los ingresos fiscales en un pas cuyos ingresos en bolvares depende principalmente de un bien de exportacin (como es el caso de nosotros, donde las exportaciones totales contienen un 90% de exportaciones petroleras), obtendrn ms bolvares por cada dlar que les ingresen. De ah que los gobiernos de la IV Repblica, a partir de 1983, ejecutan fuertes devaluaciones con fines fiscales, es decir para recomponer su gasto interno que es bsicamente en bolvares. Tambin el gobierno logra licuar la deuda pblica interna que tambin es en bolvares, ya que deber, pagar un valor menor en trminos reales.

Pero el gobierno que utilice este expediente con argumentos fiscales, a lo mejor llevado por la misma desesperacin que aflige a una persona cuando abusa de la chequera y no tiene fondos, puede caer en una tentacin diablica: tiene que calcular muy bien, por dos razones econmicas y por una poltica. Una primera razn es que si posee una deuda externa que ha venido creciendo velozmente, tendr que pagar su servicio en dlares. As que la devaluacin puede ser un psimo negocio si saca la cuenta entre los bolvares adicionales que entran por un bolsillo y los que salen por pagar la deuda externa pblica e importaciones de mercancas realizadas por el gobierno. Como sabemos, el Estado ha incrementado su participacin en las importaciones con el propsito de tomar control de esta posicin de poder dominada por grupos monoplicos, y garantizar el abastecimiento de bienes esenciales como los alimentos.

Algo parecido ocurre con el segundo motivo, el efecto inflacionario provocado por el ajuste cambiario puede convertir en sal y agua los bolvares adicionales que ingresaron gracias a la devaluacin. As que, en determinado contexto, una importante devaluacin puede ser un tiro por la culata para el fisco nacional, adems de alejarle el logro de la meta inflacionaria anunciada.

Finalmente, hay una razn de carcter poltico: una devaluacin puede afectar la base electoral del gobierno. Si el gobierno no toma medidas que minimicen los efectos negativos de la devaluacin sobre los sectores econmicos y actores sociales, el escenario sociopoltico se teir con el descontento de los que son perdedores de una fuerte devaluacin. La derecha puede capitalizar parte de este descontento para los futuros eventos electorales, no slo porque los ingresos reales se deteriorarn sino por la prdida de credibilidad del gobierno que luego que asegura que no va a devaluar, termina por hacerlo.

El Presidente Chvez, antes de irse a Cuba para su delicada operacin, declar que no se iba a devaluar. Este proceso transformador se basa, en gran parte, en la esperanza, en la credibilidad de la palabra. La devaluacin no slo deteriora los salarios, sino que corroe esa esperanza y esa credibilidad.

A quines perjudica la devaluacin?

Una devaluacin incide negativamente en aquellas personas que viven de ingresos fijos, es decir de toda la poblacin trabajadora cuyos sueldos y salarios ellos no podrn ajustar a su voluntad, como respuesta al ajuste cambiario. El mercado de trabajo acta como mercado de ajuste cuando se hace un ajuste macroeconmico clsico, precisamente porque la devaluacin hace que el tipo de cambio acte como una correa de trasmisin entre el mercado cambiario, el mercado de bienes y el mercado de trabajo. Esta relacin econmica, que implica una relacin sociopoltica, es la que est oculta detrs de la explicacin del llamado tipo de cambio real que suelen tararear los buenos alumnos del manual neoliberal.

 

Desde 2008, se suele afirmar que un tipo de cambio fijo y bajo (para aquellos que se dejan convencer por los argumentos de la sobrevaluacin) en el contexto del control cambiario, termina perjudicando a los trabajadores, porque los que obtienen dlares baratos por CADIVI o los revenden a el precio del mercado paralelo o marcan un precio final de sus productos teniendo como referencia el tipo de cambio paralelo. Eso es verdad, pero la verdadera razn es la ausencia total de mecanismos complementarios que permitan disminuir este arbitraje que termina pulverizando los ingresos de los pobres y de la llamada clase media. Adems del alto grado de tolerancia a las formas de evasin del control y de algunas de las medidas que se han tomado para reprimir a los culpables que son remedios que terminan por empeorar la enfermedad (como la Ley de Ilcitos Cambiarios).

En este sentido, hay una estrategia evasiva cuando se presentan a los culpables de menor monta de esta situacin, y de esta forma se oculta la accin de protagonistas principales. Entonces a finales de ao, al mismo tiempo que se incrementaba el ataque cambiario, tambien se puede observar cmo se le echa la culpa a los estudiantes en el exterior y a los usuarios de tarjetas de crditos. Ciertamente, se han detectado graves irregualidades en estos segmentos, especialmente con el de tarjetas de crditos. Pero estos terminan siendo parte de una explicacin insuficiente sobre el problema. Entre los estudiantes y las tarjetas de crditos no se llega al 15% de los dlares que distribuye el gobierno.

Se puede argumentar algo cierto, que siendo una proporcin relativamente pequea eso no es motivo para tolerar estas triquiuelas con el control de cambio. Pero el problema es, primero, que se termina culpando al ltimo eslabn de la cadena, pero no se investiga la responsabilidad de los que crean y protegen estos mecanismos. Esta forma equivocada de diagnsticar el problema, ha conllevado a una poltica de disminucin de cupos que termina por incentivar la presin sobre el precio de la divisa.

 

Por otro lado, las explicaciones insuficientes como las que se han sealado, se convierten en la excusa para ocultar lo que ocurre con el resto de las divisas distribuidas, donde predomina la accin de grandes grupos e intermediarios con alta presencia corporativa trasnacional.

En todo caso, el control de cambio no puede seguir siendo una camisa de fuerza que termina favoreciendo a los intermediarios y a los que controlan grandes posiciones en dlares.

Cuando el ataque cambiario, expresado en un aumento creciente de la brecha entre el dlar oficial y el tipo de cambio lechuguino, logra mantenerse por varias semanas, una buena justificacin del ajuste es aquella que sostiene que la devaluacin ya est descontada en los precios de los ltimos meses porque los marcadores de precios han logrado generalizar la referencia de precio del minoritario mercado paralelo. Esta generalizacin es una verdad a medias, que llega a convencer a ms de uno, que la devaluacin decidida por el Gobierno, no tendr mayores efectos inflacionarios porque ya los mismos han sido recogidos en la tasa de inflacin de los ltimos meses.

Esta es una de las trampas mortales, especialmente para los que quieren defender la vocacin social del gobierno. Resulta que para algunos bienes, esta inocuidad no es cierta. Cuando se pas de 2,60 a 4,30 Bs.F por cada dlar, habria que estar en las farmacias para palpar el descontento y la impotencia de los que tienen que comprar medicamentos obligatoriamente. En esos das, es cuando ms se putea al gobierno en las farmacias, a CADIVI y a todo lo que representa la victoria de la devaluacin. As que las generalizaciones no son buenas en trminos del balance de quienes pierden y quienes ganan.

En todo caso, la nueva tasa de cambio oficial, si persisten los factores objetivos y subjetivos de la presin devaluacionista, se convertira en un nuevo piso para el clculo del nuevo precio especulativo del mercado informal.

Otro efecto lesivo de la devaluacin se hace evidente en los sectores productivos. Mientras que hay unos sectores de actividad econmica donde predomina la accin de los que deciden amasar fortunas con las ganancias cambiaras, hay otros que insisten en mantenerse en actividades productivas fundamentales como la agricultura y la industria. Estos ltimos resultan afectados cada vez que se devala especialmente si su mercado es principalmente el mercado interno. Incluso en sectores comerciales de mediano y pequeo tamao puede ser letal la carrera devaluacionista.

Esto ocurre especialmente en una economa con una alta dependencia estructural de las importaciones de insumos. Repetir mecnicamente que la devaluacin promueve las exportaciones y desestimula las importaciones, es no considerar que ms de 90% de las exportaciones declaradas son de orgen petrolero. No tiene sentido una devaluacin para mejorar la competitividad de los exportadores no petroleros, especialmente cuando la estrategia est orientada a fortalecer el mercado interno ms que el logro de la competitividad internacional (tal como lo enunciaba el Gran Viraje de los 90).

 

En este ltimo caso, la devaluacin afecta la dimensin social, en la medida que produce desempleo y cada de ingresos, a partir de los sectores productivos que salen perjudicados.

La devaluacin y su incoherencia con la poltica econmica chavista

La estrategia econmica del gobierno bolivariano, desde 2002, se ha basado en una expansin econmica basada principalmente en un proceso de distribucin popular de la renta y por ello su palanca ha sido la mejora sustancial del consumo de las familias. Es un modelo de crecimiento basado en los salarios, la inclusin social y el empleo. Las grandes devaluaciones que se vienen aplicando puntualmente, justo despus del golpe de Estado de 2002, han sido acompaadas del deterioro del consumo, en virtud de la contraccin de los ingresos familiares. La recesin se instala luego porque el principal motor de la expansin es bombardeado por el sustancial ajuste cambiario, con la consecuencia posterior de la desmejora de los indicadores sociales bsicos.

Si algo han demostrado las grandes devaluaciones son su total ineficiencia: desde 2003, la devaluacin no ha mejorado la situacin fiscal; no ha promovido las exportaciones ni disminudo las importaciones; se ha convertido en una causa fundamental de la inflacin; ha desmejorado los ingresos laborales, ha fortalecido el poder del capital financiero especulativo quien cada vez tiene mayor capacidad de influir en la poltica econmica al obligar al gobierno a devaluar. El capital financiero hoy es ms fuerte, engorda grandes cuentas en dlares en el exterior, promueve el parasitismo rentista mientras contribuye con el entierro de la economa productiva.

Ciertamente, una salida devaluacionista perjudicar a las mayorias que constituyen la base poltica de este proceso. Los indicadores sociales, como el salario mnimo, sern afectados si no se aplican medidas que amortigen la cada. La aplicacin de incrementos de salario mnimo es insuficiente donde una gran proporcin de la masa trabajadora no recibe este beneficio. Esto es porque alrededor del 45% de los trabajadores pertenecen al sector informal.

La supuesta ganancia fiscal que tendra el gobierno y PDVSA se le puede revertir con el incremento de la carga de la deuda, del costo real de las importaciones, del gasto de las misiones sociales y finalmente con su incidencia en la tasa de inflacin. Los beneficios fiscales de la devaluacin son una peligrosa ilusin, es el camino fcil que conduce al infierno, adems de contribuir con el aplazamiento de radicales cambios en la estructura tributaria. La devaluacin es ntima colaboradora con la permanencia del IVA.

Los grandes ganadores, la banca privada, los monopolios comerciales y productivos, saldrn fortalecidos y utilizarn este posicionamiento para una futura carrera prodevaluacionista. Mientras ms poder tienen, ms estarn acorralado el gobierno con esta estrategia anunciada. Los grandes tenedores de ttulos pblicos en dlares no slo tendrn ms bolvares, sino que tendrn ms fuerza para pedir ms devaluaciones.

El gobierno tiene que salir de esta emboscada anual, la devaluacin no le conviene. Debe adelantar los cambios estructurales e institucionales. Gran parte de estos cambios profundos se pueden iniciar en el corto plazo, gran parte de las alternativas e instrumentos de poltica depende de un diagnstico que lleva a resolver la siguiente paradoja:

La economa venezolana cerr con un saldo en cuenta de mercancas superavitario de 39.595 MM US$, esto implica una entrada de 95.952 millones por concepto de las exportaciones. La gran mayora de estas ventas al exterior son de origen petrolero (92.233 MM US$). Mientras que las compras externas se ubicaron en 56.357 MM de US$. Este sustancial supervit entre exportaciones e importaciones de mercancas, repito de 39.595 MM de US$, se le descuenta el saldo en servicios, el saldo en rentas y las transferencias corrientes, quedando como resultado un saldo en cuenta corriente de 14.565 MM de US$. A dnde va este excedente de recursos financieros que la economa venezolana dispone y que la hace privilegiada en comparacin con otras economas latinoamericanos?

A dnde van los dlares, quin los controla, quin los gasta o los malgastaresponder este acertijo lleva a soluciones prcticas y justa para la distribucin de ingresos.

El mercado cambiario es slo una parte, aunque una parte importante, del sistema econmico. El tipo de cambio no se puede convertir en el ombligo del mundo econmico. Hay que enfrentar otros retos que conciernen al modelo productivo y al control de los poderes fcticos ejercido por los sectores econmicos dominantes.

* Simn Andrs Ziga es economista venezolano, Sociedad de Economa-poltica Radical (SER)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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