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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2013

Por qu Rafael Correa ganar de largo?

Alexis Ponce
Rebelin

Ecuador en la hora de los hornos


Es la hora de los hornos y no se ha de ver ms que luz Jos Mart

 

El proceso electoral ad portas no puede analizarse correctamente si no se parte de dos escenarios: la actual realidad geopoltica latinoamericana, de la que Ecuador hace parte, y las nuevas formas de injerencia de la alianza transatlntica contra estos procesos. Por ello es indudable advertir que el prximo vencedor de la contienda ser Rafael Correa, pero que las formas de deshacerse de la Revolucin Ciudadana que l lidera, no sern, en lo absoluto, ni democrticas ni pacficas.

Las tres fallas de fbrica

Los anlisis hasta hoy publicados en el pas o fuera de l, sobre el proceso electoral que se avecina, llevan tres errores de entrada, y esas fallas de fbrica impiden a sus autores y pblicos sostener una lectura adecuada de los nuevos tiempos, a la par que efectuar una interpretacin concreta del momento concreto que vivimos en el Ecuador.

1. Por un lado, insisten en separar/aislar nuestra realidad, de la macro-realidad sudamericana, la que viene evidenciando no solamente la configuracin de un bloque de poder regional ya previsto desde el ao 2004 hacia adelante; sino la consolidacin orgnica de nuevos Estados en ciernes, que ya no son ni sern los estados nacionales neoliberales del ayer, trazando, entonces, ms que enfoques de escenarios probables, secretos deseos de que el proyecto poltico iniciado en el 2006, y que representa Rafael Correa, sea derrotado a mediano plazo, e, inclusive, a corto plazo. Una vez ms, los deseos no sirven como instrumento de anlisis, y eso vale tanto para los articulistas de los medios privados de comunicacin de la regin, como para los analistas de los partidos polticos y movimientos sociales de oposicin.

2. Pero, adems de aquella reduccin localista que ancla exclusivamente en lo nacional un fenmeno que haca rato es regional, la mayora de los anlisis descuida, o descalifica, con diferentes sesgos segn el signo ideolgico de cada autor, el proceso histrico previo que vivi el pas entre los aos clave para entender el auge de la actual ola que lidera Rafael Correa: es decir, el perodo poltico, social y cultural que, entre 1997 a 2005, modific al Ecuador tradicional, y que es el factor inexplicado que, para nosotros, explica el por qu del xito avasallador de la Revolucin Ciudadana y la no adhesin electoral de la mayora de la poblacin a los partidos polticos y movimientos sociales de oposicin.

Si las elites polticas, financieras y mediticas y las izquierdas ortodoxas no comprendieron qu pasaba bajo la epidermis popular cuando asistamos a los procesos que condujeron a la cada de Bucaram, y luego a la de Mahuad; pero, sobre todo, si no entendieron qu suceda con nuestra cambiante sociedad cuando emergi la rebelin forajida y se echaba del puesto a Lucio Gutirrez, es obvio comprender que tampoco entiendan, y se partan la cabeza preguntndose por qu desde el 2006 no hay cambio de Presidente, y por qu el apoyo a Correa se mantiene inclume, a pesar del tiempo transcurrido. Ese no entender, a mi manera de ver, es lo que lleva de tumbo en tumbo a las elites, a las izquierdas y movimientos sociales ortodoxos, y a los acadmicos e intelectuales que no aciertan en el anlisis local-nacional, porque tampoco han logrado acertar, desde hace una dcada, en el anlisis regional-global.

Ambos elementos, el contexto regional y el antecedente histrico previo, son el teln de fondo que explica, an siete aos despus, por qu ahora nos avecinamos a una nueva victoria electoral y poltica de Rafael Correa y de PAIS.

3. Finalmente, todos los anlisis hasta hoy publicados, pecan de un tercer vaco: no dan cuenta de las nuevas formas de injerencia imperial de la Alianza Transatlntica (EEUU y Unin Europea): minimizan o caricaturizan tales injerencias, las niegan bajo el efecto ideologizado de la errnea interpretacin de lo ocurrido entre 1997 al 2005, que les llev al craso error de apostar al golpe policial del 30 de Septiembre; o, finalmente, apuestan al xito de esa injerencia, debido a que, casa adentro, se sienten no competentes para derrotar el proyecto poltico-social-cultural levantado a finales de la administracin del Dr. Alfredo Palacio.

Si esos anlisis se desentienden del escenario de injerencia transatlntica, empobreciendo incluso sus propias interpretaciones polticas con la muletilla, nada leninista por cierto, de que el actual proceso ecuatoriano de cambios es servil a los intereses del imperialismo chino, del neo-imperialismo brasileo, o de las empresas transnacionales de EEUU y Europa; es obvio advertir que tambin exoneran de existencia y culpa, a las nuevas formas que el poder transatlntico aplica para deshacerse de la Revolucin Ciudadana que Rafael Correa lidera, y que, en este momento, no sern -en lo absoluto- ni democrticas, ni pacficas, ni legales; y, por supuesto, ni ticas.

Por ello, para profundizar en los significados de los tres errores de fbrica en los que, a la hora de interpretar insuficiente y errticamente la coyuntura presente, parecen competir sectores tan dismiles entre s, como Carlos Alberto Montaner y Francois Houtart, o El Pas de Espaa y Prensa Obrera de Ecuador, empecemos por el principio: el escenario global y el contexto regional.

El impensable escenario global: favorable al Ecuador

Ciertas fracciones de las elites an consideran que el mundo puede retornar a su cauce (nada) original y nostlgico del neoliberalismo a ultranza. Por ello, hace algunos das escribe uno de sus voceros en El Comercio que a la desaparicin de Chvez debera privatizarse PDVSA. Es que para las elites lo que sucede en el Ecuador y una buena parte del continente, es una pesadilla. Por eso, sin disimulo alguno, celebraron que los golpes de Estado en Honduras y Paraguay despertaran por fin una grieta en la pesadilla populista.

Empero, la realidad global se detecta con otros sismgrafos. En diciembre del 2008, previne que haba concluido la borrachera celebrada por el Pensamiento nico que -contra el Sur y su propio Sur- el Norte decretara, junto al fin de la historia y la muerte de las ideologas un 31 de diciembre de 1990.

La fase neoliberal del capitalismo, empez a crujir hace una dcada atrs, y esa ruptura se inici en Latinoamrica que no solo cuestion sino que empez a superar la fase neoliberal extrema. Los selectos invitados al gape del Capitalismo del siglo XXI ni se imaginaban siquiera que el neoliberalismo procreara su propia destruccin y le naceran vigorosos monstruos que se desarrollaran en la propia nariz de la Globalizacin: los procesos de nuevo signo que Amrica Latina aportase al mundo entero, como contrava concreta a la fase de barbarie en que entr el Capitalismo.

La Globalizacin apenas hace diez aos no permita la duda ni el disenso: la hereja estaba prohibida. Por eso, precisamente, la oblig a nacer y multiplicarse en su propia cara. Pari no solo su propia crisis interna, sino la resistencia planetaria al neoliberalismo y su actual cada en picada.

La diversidad, antigua como el planeta y contraria a la Globalizacin, fue su negacin. Por eso el dogma neoliberal estuvo condenado a fracasar, porque fue condenado a gestar, en los mrgenes del Bienestar, hijos desobedientes que le nacieron tanto en las metrpolis cuanto en los suburbios del mundo. La hora de los tneles pas y muchos de los disidentes ahora gobiernan, por lo menos en el Sur del Sur: en Amrica Latina.

Los escenarios crticos a la Globalizacin, pudimos mirarlos en apenas pocos aos y a travs de 7 derrotas en Amrica: la del ALCA; de la arquitectura imperial o Seguridad Hemisfrica; del Consenso de Washington; del neoliberalismo salvaje; del Plan Colombia; de las privatizaciones; y de las democracias piramidales.

Es ms, Amrica Latina fue no solo la porcin del mundo donde primero se super al neoliberalismo, sino la primera en germinar alternativas que se han dado en llamar socialismo del buen vivir, socialismo del siglo 21, sociedad post-neoliberal, etc.

Esbozado, a grandes rasgos, el macro panorama-marco de la ubicacin del Ecuador en el planeta azul, seguramente surgir una pregunta: Y qu tiene que ver todo eso con el proceso electoral en ciernes? No hay realidad de la aldea que no empate con la realidad de la aldea global.

El contexto continental: Ecuador no es una isla, sino parte de la nueva Latinoamrica

En noviembre de 2004, dos aos antes de que Ecuador se incorporara al entonces incipiente Bloque de Poder Regional, en un trabajo titulado La simultaneidad y regionalidad, rasgos del proceso de cambios que vive Amrica Latina, deduje que los nuevos y sonados triunfos de las nuevas izquierdas y de los nacionalismos progresistas del continente, que no eran bien vistos por las elites mundiales y nativas, jalonaban tanto voto popular de apoyo al unsono en Amrica Latina, que se abonaba una perspectiva regional de triunfos inusitados, ex-profesamente minimizados, o no asumidos como tales, por las viejas izquierdas y los monopolios privados de comunicacin. Y apuntaba: Quizs se deba a que, todava, ni siquiera caen en cuenta de lo que pasa en la nueva realidad del continente .

Y es que en aquel entonces, apenas haban triunfado el Uruguay de Tabar Vsquez; la Venezuela Bolivariana que arras en 20 de los 22 estados; el Brasil del PT que mantuvo la mayora del apoyo popular en elecciones regionales; y Nicaragua donde el FSLN barri a los viejos partidos de la era pos-sandinista en las elecciones departamentales.

As fue que, desde entonces, tenamos  por vez primera en Amrica Latina un poderoso bloque regional de poder que, para esa poca, an era emergente y pugnaba por nacer, y que -sin duda alguna-, fue -y es- de nuevo tipo.

Para esa poca, ni los anlisis de la derrotada elite neoliberal en el continente, ni los rituales estudios de la izquierda ortodoxa, ni los dscolos enfoques de la socialdemocracia europea, admitan que se configuraba un bloque regional de poder. Hoy todos ellos: el partido meditico del siglo XX, el partido obrero del siglo XIX y el partido europeo del siglo XVIII, con una que otra diferencia, admiten que, en efecto, existe en Amrica Latina un bloque geopoltico de poder que disputa a los EEUU la identidad hemisfrica.

Gobiernos progresistas simultneos, dismiles pero concordantes entre s, se ejercan desde hace una dcada en Brasil, Venezuela, Argentina, Uruguay y Cuba. Cuatro aos despus, ya se haban sumado a ese ncleo geoestratgico de independencia y soberana, el Ecuador de Correa, la Bolivia de Evo, el Per de Ollanta, El Salvador del FMLN, la Nicaragua del FSLN, el Paraguay de Lugo y la Honduras de Zelaya (stas ltimas dos experiencias de cambio geopoltico, abortadas salvajemente gracias a la injerencia transatlntica).

Experiencias as,  en solitario , eran impensables en la dcada del 60 (la era de las invasiones y tiranas tropicales), en los aos 70 (el inicio de las dictaduras sangrientas), los 80 (la era Reagan) y los 90 (el fin de la historia a escala planetaria).

Tal incipiente bloque regional emerga en medio de dos crisis: la apabullante crisis del modelo neoliberal que no consegua estabilizarse en casi ningn pas de la regin, y que ya no tuvo retorno posible, con la excepcin de Colombia y Mxico desde entonces; y la ruptura estratgica de su expresin poltica tradicional: la democracia formal.

Esa nueva simultaneidad regional apareci en escena y ya dura una dcada , pero no es un tema de tiempo, sino de contenido. En la primera dcada del  siglo XXI en Amrica Latina se empez a alterar el mapa poltico y social del neoliberalismo y sus democracias de baja intensidad.

Es esa simultaneidad regional, y no otra experiencia concreta aislada, el mayor problema para la alianza transatlntica en el hemisferio. El anlisis del Vicepresidente de Bolivia, lvaro Garca Linera, fue vlido: Latinoamrica es el continente a la vanguardia de la reflexin y movilizacin planetaria, y es el que hoy hace las grandes preguntas: Cmo salimos del neoliberalismo? y Qu viene despus del neoliberalismo?.

El Escenario nacional: El pasado fue el prlogo, el futuro est en el presente

En abril del 2005, las elites se entramparon en cambios cosmticos, medias tintas, cortes de justicia, tribunales o cuarteles. Por eso no tenan porvenir. De cambiar todo se trataba. De sepultar la vieja repblica que habamos padecido. Y como no entendieron en el ayer las claves del poderoso mensaje popular lanzado en subterrnea advertencia en los aos 1997, 1999, 2000 y 2005; el 2006 les tom, si no desprevenidos, sin alternativa concreta alguna de poder. Haban perdido diez aos estratgicos ganando en la inmediatez. Y ya no tenan, para cuando apareci PAIS en el escenario, un proyecto holstico que vertebrara la nacin que despedazaron.

En cuanto a las izquierdas ortodoxas, si ya en 1997 inculpaban al imperio y la burguesa de la cada del PRE (para siempre), cuando gritamos Bucaram fuera!, en el 2005 redujeron la profunda rebelin forajida de Quito a una conspiracin de la CIA y una revuelta de la racista clase media quitea. Si no entendieron la etapa preparatoria vivida entre 1997 al 2005, jams entenderan el surgimiento de Rafael Correa y PAIS en ese mismo perodo, y todo el profundo proceso de mutaciones idiosincrticas de nuestro pueblo transcurrido desde el 2006 hasta el 2013. Pero a la elite le fue peor: apaleada conceptualmente por una rebelin cuya dimensin no entendieron, opt por darle pronta sepultura (Se acabaron los forajidos dijeron en el 2006), sin saber que dicha rebelin tomaba otra forma: el fin de la partidocracia, la recuperacin de la Patria, tierra sagrada.

Tratndose de un Cambio de poca ms que de una poca de cambios, como sintetizara el Presidente al actual momento latinoamericano y nacional, el viejo axioma izquierda-derecha no basta, o tiene otras connotaciones. La complejidad de los nuevos procesos latinoamericanos llamados a superar el neoliberalismo de dcadas, sintetiza el ser nacional, donde caben todos y todas, pues en el Ecuador insurrecto de una dcada (luchas contra Bucaram, Mahuad, Gutirrez, TLC, derrota electoral de lvaro Noboa, triunfo de la Constituyente, etc.), confluyeron por el cambio sectores de izquierda, centro y derecha recta, medianos empresarios y sindicatos, indgenas, afros y urbanos, profesionales y jvenes, clases medias, militares, etc.

Las banderas eje de este proceso: Recuperacin del Estado nacional, dinamitado por el neoliberalismo; Rescate de la Soberana y los recursos naturales; Democracia participativa; Unidad latinoamericana, no son patrimonio de ciertas izquierdas o movimientos sociales. Pertenecen a toda la nacin. Eso es lo que se niegan a admitirlo quienes en Ecuador decidieron seguir el camino de Bandera Roja en Venezuela, del Malku Felipe Quishpe en Bolivia, de los trotskistas en el Brasil.

El innegable liderazgo poltico de Rafael Correa y la fuerza protagnica de PAIS, han dado continuidad a las grandes tareas nacionales en lo poltico, ya predispuestas desde que derrotamos en el 2005 a Lucio Gutirrez, a lvaro Noboa en el 2006 y a la partidocracia en los siguientes aos y procesos electorales.

Esas grandes tareas nacionales, impostergables para lograr la derrota estratgica de la vieja repblica neoliberal y, simultneamente, la construccin de la nueva fueron asumidas por el gobierno, las fuerzas del cambio y el liderazgo del Presidente, cuyo pecado, segn la ortodoxia de izquierda, es no ser marxista, mientras la ortodoxia ONG sostiene que su pecado no es ese, sino el no entender de ecologismo y equidad de gnero.

Siendo uno de los presidentes ms jvenes que ha tenido Ecuador, de hecho el ms joven despus de Jaime Rolds Aguilera, los diversos ojos de la oposicin no quieren ver lo evidente: se trata de un lder nacional con fuerte impacto inter-generacional y un cada vez mayor, e innegable, protagonismo continental e internacional.

Por lo tanto, en febrero de 2013 asistimos, a la continuidad del cambio de poca. Sobre las ruinas de la vieja repblica, se erigi un nuevo rgimen. Y ese nuevo rgimen ya no puede ser gobernado por el ayer.

El actual proceso no puede ser el socialismo clsico que se intent imponer como verdad sagrada en un continente y un pas bizarro como los nuestros. Pero la izquierda tradicional no quiere aprender y slo se pasa tipificando-denigrando todo proceso: reformista, derecha vestido de izquierda, no declara la dictadura del proletariado, etc.

Partimos de factores distintos al capitalismo salvaje y al socialismo real. Y eso es lo esencial. Cierto es que la izquierda poltica ha contribuido en momentos histricos, pero no siempre ha sido la izquierda sola. En los cambios, principalmente en el siglo XX han participado movimientos sociales, partidos de centro-izquierda, militares nacionalistas, etc. Pero la izquierda formal de hoy, del perodo 2005-2013, sufre una crisis que se niega a reconocer y que la endosa a PAIS. El Ecuador del siglo 21 demanda una izquierda del siglo 21, no del pasado. Debiera construirse izquierdas del siglo 21 y admitir que han padecido sectarismo, etnocentrismo y todos los ismos imaginables.

Hay varias izquierdas, una de ellas de carcter emergente y su origen se halla, esencialmente, en el perodo post-gutierrista: esa es la que hoy se apresta a dar la batalla por la continuidad de un proceso de cambios continental.

Recuerdo que a poco de triunfar Rafael Correa en el 2006, durante un evento de Evaluacin de la coyuntura, dirigentes indgenas y ONGs dijeron: la izquierda fue derrotada en las elecciones. Cuando me toc el turno de hablar y dije que estaba feliz por el triunfo de Correa y que sumados los votos de la tendencia, las izquierdas eran la primera fuerza poltica del pas, casi me linchan. Y es que desde entonces, esos movimientos sociales no han admitido su fracaso ni su desplazamiento como sujetos del cambio.

Por eso es necesario desentraar: De qu izquierda habla el establismenth meditico? De cierta izquierda extremista que descalifica a Correa llamndolo traidor y agente del imperialismo? Esa tendencia no entiende que hay un pas que generacionalmente cambi en la ltima dcada. Somos del siglo 21 pero llevamos lastres del siglo anterior. Tenemos que aprender a convivir en un proceso que sostendr en nosotros mismos ambos siglos por un buen tiempo.

Por este proceso hemos luchado millones de ecuatorianos desde 1997 hasta hoy: por eso es impostergable, para esos mismos millones, apoyarlo y ahondarlo hacia la meta estratgica que PAIS definiera con las 35 propuestas del programa de gobierno, y con el socialismo del buen vivir como paraguas estratgico de hacia dnde encaminar el proceso.

Por eso es que los principales equvocos de las izquierdas ortodoxas, que hoy se denominan la nica izquierda, se resumen ahora en una poltica en mi criterio suicida: terminarn por marginar la tendencia y cuyabenizar a Alberto (Acosta), su candidato. Es decir, lo atraparn las limitaciones objetivas de un discurso presuntamente positivo para las comunidades, el ambiente y los indgenas, pero que es un discurso local, no nacional, excluyente, no incluyente, y sectorizado, no abierto a esos millones de electores que votarn por la institucionalizacin y profundizacin de la Revolucin Ciudadana, de los cuales un milln somos militantes y simpatizantes.

La amenaza al actual proceso

En el 2005 Donald Rumsfeld sostuvo: Este proceso (las victorias del bloque regional) es circunstancial y lo que hoy sube maana puede caer. Veremos si en 5 aos estos gobiernos siguen.

Cuando el golpe en Honduras, el 7 de febrero del 2009 advert: En Amrica Latina asistiremos a otro tipo de golpismo: el golpismo meditico, que impondr una valla de distorsin informativa que se evidenci en los sucesos de Tegucigalpa. Ya se puede intuir lo que nos espera a varios pases, si dan el mismo tratamiento meditico de un golpe, pues el caso de Honduras puede ser, apenas, la impresentable pieza prologal del Domin de la reaccin en Amrica Latina: La culpa de intentonas en Ecuador, Bolivia o Paraguay, no ser de los golpistas, sino de los propios presidentes derrocados, desestabilizados o atentados.

Ese anlisis fue refrendado por el comportamiento de los mass media en el intento de golpe del 30 de septiembre. Y, a un tiempo, en los sucesos de Paraguay.

Hay una matriz transatlntica de embate colectivo contra los procesos gubernamentales progresistas del continente, que usa un poderoso lobby poltico-meditico-acadmico que converge en estrategias mancomunadas entre sus pares de la regin para desestabilizar a los gobiernos populistas de izquierda, bajo formatos de las revoluciones naranja y con una coordinacin orgnica regional cuya punta de lanza es "el partido meditico-destituyente" (como lo denomina Walter Formento).

Hoy vemos una impresionante maquinaria editorial de los medios de la regin, la SIP y el Grupo de Diarios de las Amricas, que han regionalizado un mismo discurso destituyente. En toda la regin repiten igual matriz contra Rafael Correa, Hugo Chvez, Evo Morales, Cristina de Kirchner, Daniel Ortega y Dilma Rousseff.

El Grupo de Diarios de las Amricas, GDA, en red, ha publicado reportajes especiales que circulan al unsono en el continente para posicionar esas matrices. Simultneamente publicaron el editorial difamatorio de Emilio Palacio, por ejemplo. El Grupo Prisa, oligopolio meditico espaol, igualmente ha enfilado sus ataques a Correa y otros gobernantes latinoamericanos que lideran los cambios. En extraa identidad de agenda, difunden y promueven editoriales, titulares y noticias similares, con el fin de influir desde esos medios en la opinin pblica de la regin.

El ataque meditico internacional contra Correa obedece a una razn imperdonable: haber cuestionado con frontalidad y llevado al banquillo de los acusados al mayor poder en la historia moderna: los grandes medios privados de comunicacin. Esa oligarqua global, que no tiene fronteras, est dispuesta a guerrear con uas y dientes en esta coyuntura.

Alexis Ponce es activista de los derechos humanos. Fue dirigente de la APDH del Ecuador, Director de DDHH de la Defensora del Pueblo y del TGC; Asesor en la Asamblea Constituyente; Subsecretario Social del Agua; Asesor de DDHH del Canciller, Asesor social del Ministro de Electricidad y actual Asesor del Secretario Nacional del Agua. Militante de PAIS y funcionario del Gobierno de la Revolucin Ciudadana.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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