Portada :: Mxico
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-02-2013

La minera y la defensa integral del patrimonio

Gilberto Lpez y Rivas
La Jornada


Si partimos de un concepto amplio de patrimonio cultural, esto es: natural, tangible e intangible, lenguas, conocimientos o saberes, diversas prcticas e instituciones culturales de pueblos, etnias, entidades locales, regionales y nacionales; monumentos y vestigios arqueolgicos, histricos coloniales y poscoloniales, as como los artsticos muebles e inmuebles; todos ellos considerados bienes de dominio pblico y uso comn que constituyen la memoria y conforman la identidad de naciones, pueblos y componentes regionales y locales, es posible adelantar la hiptesis de que el estudio, la preservacin y la defensa de ese patrimonio de todos los mexicanos debieran ser realizados, igualmente, desde esa perspectiva integral.

Hago esta reflexin dado que como trabajadores de la cultura en el Instituto Nacional de Antropologa e Historia (INAH), los investigadores nos encontramos ante una paradoja: la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueolgicos, Artsticos e Histricos y su reglamento otorgan a esta institucin la responsabilidad de liberar o no un sitio que podra ser afectado, por ejemplo, debido a la apertura de una mina a cielo abierto. Un caso concreto es el cerro del Jumil, municipio de Temixco, en las cercanas de la poligonal de la zona arqueolgica de Xochicalco, Morelos. El cerro est en peligro de ser convertido en uno ms de los socavones lunares que la maldicin minera provoca para extraer el oro o la plata para las corporaciones, a cambio de ddivas, espejitos y cuentas de vidrio de la recolonizacin, empleos precarios y mal pagados, robo de agua en grandes cantidades y envenenamiento de todo el entorno natural y acufero.

Para otorgar la liberacin o no del sitio, los arquelogos tienen la obligacin de presentar un informe-dictamen fundado en investigaciones exploratorias, que las autoridades del INAH debieran, en principio, tomar en cuenta. Pero sucede que muchas veces una opinin negativa es recusada por la empresa y entonces se solicita otro dictamen ms comprensivo, hasta que el sitio queda eventualmente libre de todo impedimento para que, siguiendo con el ejemplo del cerro del Jumil, la mina inicie la explotacin.

Paralelamente, las corporaciones mineras inician un trabajo de aproximacin, o en el lenguaje coloquial, de maiceado de las autoridades comunales o ejidales, segn sea el caso, para ser convencidas de la utilidad que traera la mina; se otorgan fondos para reparar la iglesia, se ayuda a la escuela del lugar con pequeos donativos, se ofrecen trabajos de peones para la exploracin pero, sobre todo, se aseguran que el comisariado en cuestin est plenamente convencido. Los abogados de las mineras inician este mismo proceso en todo el entramado de los gobiernos locales, estatales y federales, invitando a funcionarios a comidas en las que seguramente no se habla sobre el tiempo o el equipo de futbol favorito.

Sin embargo, los investigadores del INAH que estudiamos los patrimonios de los pueblos contemporneos no somos requeridos para liberar ningn sitio porque se privilegia el patrimonio muerto, el de los vestigios de las grandes civilizaciones mesoamericanas, sin que la ley referida contemple el de sus descendientes vivos. Volvamos al ejemplo del cerro del Jumil. Aqu sabemos que existe un dictamen fechado en 2008 desfavorable a la mina La Esperanza (sic), en el que se sostiene que este cerro es importante arqueolgicamente, dotado de varias plataformas, una muralla de piedra caliza y un juego de pelota. Tambin se afirma que el cerro, las rocas naturales y las construcciones en la cima fueron referencia geogrfica para el trazado de plazas y edificios de Xochicalco, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999 y del que dista poco ms de tres kilmetros en lnea recta. Se ha mencionado por los especialistas que las explosiones de la mina podran perjudicar las grandes cavernas que existen al norte de Xochicalco, incluyendo la cueva del Observatorio.

En un acto acadmico del INAH se dio a conocer tambin que en 2011 se estableci una poligonal de 15 hectreas en la cima para resguardar los vestigios arquitectnicos, a fin de manifestar esta rea como reserva arqueolgica para su posterior estudio. No obstante, cul fue el dictamen final del INAH, concretamente, de la Coordinacin de Arqueologa? No lo sabemos, aunque ya estamos requiriendo la informacin en nuestra calidad de investigadores de la institucin y ciudadanos.

Ahora bien, qu sucede con el entorno cultural actual del cerro del Jumil? La explotacin minera, que se encuentra en la etapa de exploracin avanzada y comprende 437 hectreas, afectara en primer lugar al pueblo de origen nahua Tetlama, cuyas tierras de propiedad comunal cubren la superficie concedida a la minera. Los pozos de agua que planean abrir para los trabajos que la corporacin requiere afectaran directamente la vida de esta poblacin, as como las circundantes e, incluso, a la propia ciudad de Cuernavaca, en su regin sur, que se encuentra a tan slo 12 kilmetros en lnea recta. Adnde iran a parar los residuos contaminados y las sustancias txicas que se utilizan en este tipo de minera? Adems, se tendra contaminacin por aire en las ciudades cercanas de Temixco y Cuernavaca, por los vientos dominantes que van en esta zona de sureste a suroeste.

No todos los habitantes de Tetlama estn de acuerdo con la apertura de la mina y algunos ciudadanos de esta comunidad indgena estn conscientes de los daos que sta traera, y han manifestado su decisin de no aceptar el despojo de sus tierras y territorios; asimismo, en Alpuyeca y otros poblados del entorno existen ncleos de oposicin a la minera. En suma, como etnlogo del INAH, mi dictamen sera negativo a La Esperanza (sic) en el cerro del Jumil y opuesto, en consecuencia, a su liberacin.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/02/08/index.php?section=opinion&article=023a1pol



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter