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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2013

Dos aos despus de una revolucin popular
El mapa poltico de Egipto: Despejando la niebla

Esam Al-Amin
CounterPunch.org

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


Si en algo estn de acuerdo todos los partidos del espectro poltico de Egipto es en que el pas est experimentando en estos momentos la mayor agitacin poltica desde el derrocamiento de Hosni Mubarak, enfrentndose a agitaciones masivas sin un final a la vista. La unidad y determinacin mostradas por millones de egipcios hace dos aos cuando derrocaron con decisin al autoritario y corrupto rgimen de Mubarak han desaparecido hace tiempo. A lo largo de estos tumultuosos dos aos han surgido dos fallas importantes entre la clase poltica del pas: la primera, derivada de la revolucin, es decir, grupos revolucionarios frente a grupos contrarrevolucionarios; la segunda, en funcin de motivos ideolgicos, es decir, partidos islmicos frente a partidos laicos.

Todos se muestran de acuerdo en que fueron grupos de jvenes sin ideologa quienes espontneamente lanzaron la revolucin, quienes pagaron el precio ms alto e hicieron los mayores sacrificios durante los primeros das de la revolucin. Esos grupos reclaman la autora de la revolucin y mantienen que sta ha sido secuestrada por grupos mejor organizados y establecidos, como los Hermanos Musulmanes (HM) y los salafes.

Sin embargo, los HM afirman que aunque no se unieron pblicamente a las protestas iniciales del 25 de enero de 2011, unieron fuerzas de inmediato tres das despus y protegieron la revolucin a la vez que el grupo movilizaba a su inmensa membresa y simpatizantes por todo el pas, especialmente durante la Batalla del Camello del 1 de febrero, obligando finalmente al rgimen a rendirse diez das despus.

Los grupos salafes, ms conservadores, si bien reconociendo que fueron muy lentos a la hora de incorporarse a las filas de la revolucin, sostienen que abrazaron sus objetivos y el proceso democrtico que se desencaden y que de esa forma representan legtimamente los intereses y aspiraciones de un segmento importante de la sociedad egipcia.

Por otra parte, los grupos liberales y laicos -aunque tambin la Iglesia Copta-, que sienten un respetable recelo ante los grupos religiosos y se muestran inflexibles respecto a limitar el papel del Islam en la vida poltica, se han sentido muy frustrados al ver las decisivas victorias electorales de los ms populares grupos islmicos. Desde la cada de Mubarak, los egipcios han estado acudiendo a las urnas para votar en elecciones, que han sido en gran medida libres y justas, en ocho ocasiones diferentes. Y en cada una de ellas los votantes favorecieron decisivamente a los grupos islmicos.

En marzo de 2011, el electorado vot en un 77% a favor de un proceso poltico guiado por los islamistas, que pedan elecciones antes de redactar una nueva constitucin. Adems, entre noviembre de 2011 y enero de 2012, los votantes egipcios acudieron de nuevo a las urnas en cuatro ocasiones para elegir a los miembros de las cmaras alta y baja del parlamento. De nuevo, los partidos islamistas obtuvieron el 73% de los disputados escaos. En junio de 2012, los egipcios fueron otra vez a las urnas para elegir presidente en dos fases, proclamando finalmente, en una carrera muy disputada aunque por un estrecho margen, al candidato de los HM, Muhammad Mursi. En diciembre de 2012, el electorado egipcio acudi a las urnas por octava vez, aprobndose, por una mayora de un 64%, una nueva constitucin apoyada principalmente por los grupos islamistas, con fuerte oposicin por parte de los partidos laicos, liberales y de izquierdas, as como de los grupos de jvenes revolucionarios.

Cuando a finales de enero de 2012 se aproximaba el segundo aniversario de la notable y pacfica revolucin egipcia, se formaron nuevas alianzas y coaliciones mientras se extenda la mutua desconfianza entre quienes apoyan y se oponen a Mursi, a la agenda de los islamistas o a la nueva constitucin. En consecuencia, se esbozaron nuevas lneas de batalla en anticipacin de las prximas elecciones parlamentarias, fijadas para esta primavera.

Con ms de cien partidos registrados o declarados por todo el pas, cul es el mapa poltico de Egipto dos aos despus de la revolucin?

1) Los partidos islamistas: Hay al menos una docena de partidos que proclaman ser de naturaleza islamista. Pertenecen a tres bloques distintos. El primer bloque est constituido por los HM y su afiliado poltico, el Partido por la Libertad y la Justicia (PLJ). La Hermandad, con una historia de 85 aos, se constituy como el grupo social y poltico ms organizado del pas. Adems, el PLJ ciment su posicin como partido de la mayora cuando su ex lder, Mursi, result elegido como presidente el pasado junio y cuando consigui el 47% de los escaos en la cmara baja del parlamento antes de que el Tribunal Constitucional Supremo (TCS) disolviera el parlamento el pasado junio; tambin consigui el 60% de los escaos en la cmara alta del parlamento. Aunque cientos de sus miembros abandonaron el grupo en rechazo de sus tcticas manipuladoras o actitudes despreciativas, el grupo conserva an una base fuerte y disciplinada de entre 700.000-800.000 miembros y varios millones de simpatizantes.

El segundo bloque ideolgico dentro de los partidos islamistas son los grupos salafes, ms conservadores, dirigidos por el Partido Al-Nur, que qued en segundo lugar en las elecciones parlamentarias del pasado ao, con el 25% de los votos. Pero, ms recientemente, el partido se ha escindido en dos debido a las diferencias respecto a tcticas, prioridades, adhesiones presidenciales y enfrentamientos entre personalidades. Esto ha tenido como consecuencia que se formara un nuevo partido salaf, Al-Watan al-Hurr, o el partido de la Nacin Libre, dirigido por el antiguo lder del partido Al-Nur, Imad Abdul Ghafur. Aunque el apoyo mayor al partido Al-Nur se extiende por los alrededores de Alejandra y la zona del Delta, el mayor apoyo salaf al recin fundado partido Watan est en El Cairo y en el Alto Egipto. Otro baluarte salaf se halla en la provincia de Giza, donde su lder, Hisham Abul Nasr, todava no ha tomado una decisin acerca de a quin prestar su apoyo. Otros partidos ms pequeos afiliados a la escuela salaf de pensamiento tienen an que decidir a qu bloque se unen, mientras que en la ciudad de Al-Mansura hay un grupo salaf que ha formado su propio partido bajo el nombre de Al-Shaab o Partido del Pueblo. Mientras tanto, el ex candidato presidencial y popular predicador salaf Hazem Salah Abu Ismail, estableci recientemente su propio partido de orientacin salaf denominado Partido de la Umma (Nacin). Posteriormente, Abu Ismail y Abdul Ghafur anunciaron que formaran coalicin en las prximas elecciones parlamentarias. En resumen, el movimiento salaf egipcio, polticamente naciente, se ha escindido y sus partidarios se temen que el voto en bloque, que les vali un segundo puesto en las anteriores elecciones, podra fragmentarse y desaprovecharse.

El tercer bloque ideolgico dentro de la corriente islmica est compuesto de partidos moderados y ms independientes. Muchos de estos partidos estn dirigidos por antiguos lderes de los HM que se sintieron desencantados con el actual liderazgo del grupo. En este bloque se incluyen el Partido Al-Wasat (Centro) y el Partido Al-Hadara (Civilizacin), dirigidos por los antiguos lderes de los HM, Abolela Madi e Ibrahim al-Zaafarani, respectivamente. Hay tambin otros partidos polticos ms pequeos como el Partido para la Construccin y el Desarrollo, el Partido Asala (Autenticidad) y el Partido Islah (Reforma). Aunque se considera que esos partidos estn a la derecha de Al-Wasat, el Partido para un Egipto Fuerte, dirigido por el ex dirigente de los HM y candidato presidencial Abdelmoneim Abul Futuh, se sita a la izquierda del centro y hace hincapi en las cuestiones relativas a la justicia social y al gasto interior liberal. En la actualidad, la mayora de esos partidos moderados islamistas estn negociando entre ellos para formar un bloque electoral que pueda competir en las prximas elecciones parlamentarias.

Aunque el PLJ ha descartado formar coalicin con el resto de partidos islamistas, la mayor parte de los expertos creen que podra llegar a una alianza tctica con Al-Watan para proteger su flanco derecho. Una alianza tctica significa que las partes se abstienen de presentar un candidato en un distrito en particular; en cambio, piden a sus partidarios que voten por otro candidato de un bloque amigo para no dividir los votos islamistas y derrotar a los candidatos laicos anti-HM o antiislamistas.

2) Los partidos laicos: Hay varias docenas de partidos liberales, nacionalistas, nasseristas e izquierdistas que se encuadran en esta categora. Algunos de ellos son antiguos e importantes, como el Partido Al-Wafd, que se fund hace ms de noventa aos, mientras que otros se formaron justo el ao pasado. El ltimo noviembre, trece de esos partidos formaron el Frente de Salvacin Nacional (FSN) despus de que Mursi emitiera su nefasta declaracin constitucional. Los miembros ms importantes del FSN son los ex candidatos presidenciales Mohammed Elbaradei (Partido de la Constitucin), Amr Musa (Partido del Congreso), Hamdein Sabahi (Corriente Popular), Ayman Nour (Ghad al-Thawrah o Partido de la Maana de la Revolucin) y Elsayyed El-Badawi (Partido Al-Wafd). La mayora de los grupos de afiliacin cristiana-copta, como el Partido Libre de Egipto, pertenecen tambin a esta alianza. Combinados, estos grupos apenas consiguieron el 20% del voto en las elecciones parlamentarias del pasado ao, con Al-Wafd obteniendo casi la mitad de los escaos no islamistas.

Lo que ha unido principalmente a estos grupos diversos ha sido su odio y desdn hacia los HM, con los que afirman sentirse indignados a causa, en parte, de su actitud arrogante hacia sus antiguos socios polticos prerrevolucionarios convertidos en rivales. Y ms importante, el fracaso de los partidos laicos a la hora de ganar democrticamente en las urnas se aadi a su frustracin y les hizo endurecer su postura tomando las calles y las ondas, cuestionando la legitimidad del presidente y de su gobierno a la vez que ponan en prctica una serie de tcticas para socavar el proceso poltico, los principios democrticos y la estabilidad econmica en el pas.

3) Los grupos de jvenes revolucionarios: Cada partido poltico en Egipto reconoce siempre el indispensable papel que estos grupos jugaron al iniciar y mantener la revolucin no slo en los primeros das de las protestas contra Mubarak sino tambin posteriormente durante los diecisis meses de gobierno militar. Los legtimos grupos de jvenes, como el Movimiento de Jvenes del 6 de Abril y la Corriente Egipcia han estado siempre a la vanguardia recordndole a la clase poltica egipcia los objetivos de la revolucin, es decir: una vida decente, libertad, justicia social y dignidad humana. Debido a su inexperiencia y a la falta de recursos, la energa y sacrificios de estos grupos no se ha traducido en ganancias electorales. Durante los ltimos dos aos, todas las partes buscaron el apoyo poltico de estos grupos. En las elecciones presidenciales, Mursi se reuni con dirigentes jvenes como Ahmad Maher (Movimiento del 6 de Abril), Wael Ghoneim (Todos Somos Khaled Said), Taqadum Al-Khatib (Sociedad Nacional por el Cambio) e Islam Lofti (Corriente Egipcia), proclamando su apoyo a los objetivos de la revolucin, a la necesidad de purgar el gobierno de los antiguos leales del rgimen y llevar ante la justicia a los que asesinaron a los mrtires de los primeros das de la revolucin. Hoy en da, la mayora de estos grupos se quejan de que Mursi ha olvidado las promesas que les hizo o se ha mostrado muy lento a la hora de cumplirlas. Muchos estn indignados por la declaracin constitucional de noviembre y por la rapidez con la que se aprob el referndum de la nueva constitucin. Aunque se negaron a unirse al FSN debido a que inclua a muchas personalidades afiliadas al antiguo rgimen, han sido parte importante de la oposicin formada contra Mursi y el gobierno de los HM.

4) Otros grupos de jvenes: Como a lo largo de la era Mubarak la vida poltica estuvo meticulosamente orquestada y manipulada, muchos grupos de jvenes dedicaron sus energas a grupos que apoyaban a equipos populares de ftbol. En Egipto, esos equipos de apoyo se llaman los Ultras. Se cifran en millones los Ultras de al-Ahly, en El Cairo, el equipo ms popular de Egipto. Durante el gobierno militar, en enero de 2012, 72 de sus seguidores fueron masacrados en Port Said, una ciudad situada junto al Canal de Suez, despus de un partido de ftbol. Posteriormente, los Ultras acusaron a las fuerzas de seguridad de consentir la masacre cuando no de cometerla realmente y han organizado muchas protestas a lo largo del ao para exigir justicia. A pesar de ser algo atpico en Egipto, varios grupos de jvenes recientemente fundados han estado haciendo llamamientos a favor del caos y la violencia contra del gobierno. A uno de esos grupos, cuyos miembros visten de negro y llevan mscaras siguiendo el modelo de un personaje de la pelcula V for Vendetta, se les denomina Bloque Negro. Durante las ltimas semanas, este misterioso grupo ha organizado varios actos violentos y saqueos mientras afirmaban que estaban comprometidos con la revolucin. Otro grupo que peda resistencia frente al gobierno extendiendo el caos y el temor e incendiando propiedades pblicas se llaman a s mismos los Anarquistas, afirmando estar siguiendo el estilo de grupos occidentales similares. Hasta ahora no est claro quin dirige o financia esos grupos, aunque los partidos laicos han defendido o disculpado en gran medida su conducta, o culpado al gobierno por instigar la violencia que produjo la contrarreaccin de esos grupos autoproclamados como vigilantes.

5) Los grupos de fulul (o elementos del antiguo rgimen): Tras la revolucin y durante casi un ao, no aparecan por ninguna parte los individuos, empresarios y grupos afiliados al antiguo rgimen. De hecho, muchos de sus dirigentes empresariales o polticos estaban arrestados y juzgados por corrupcin o haban huido del pas. Pero cuando la rivalidad entre los islamistas y los grupos laicos se intensific, estos grupos, y muchas de las organizaciones afiliadas presentes en los medios que controlan, fueron activndose cada vez ms y hacindose visibles, especialmente desde la ltima primavera, cuando el ex primer ministro de Mubarak, el general Ahmad Shafiq (con el apoyo tcito de los dirigentes militares al frente del pas en aquel momento) se convirti en candidato presidencial. Como la crisis surgida tras la declaracin de Mursi y la nueva constitucin se profundiz a finales de 2012, muchos de los elementos fulul se unieron abiertamente al FSN y a la oposicin y llenaron las ondas atacando con saa a Mursi, los HM y los islamistas en general. Al escuchar la retrica de muchas de las cadenas privadas egipcias que proliferaron en los medios, los antiguos leales al rgimen, en menos de dos aos, se haban repentinamente convertido en partidarios de la revolucin mientras los HM y sus aliados representaban ahora la contrarrevolucin. Lo que estos grupos aportan a la ecuacin poltica son bolsillos profundos y recursos masivos, conexiones con el aparato de seguridad, la burocracia estatal y un profundo conocimiento de los puntos dbiles del poder estatal.

6) El Estado profundo, el aparato de seguridad, el poder judicial y la burocracia estatal: El concepto de estado profundo apareci poco despus del xito de la revolucin al derrocar a Mubarak y sus altos secuaces. Este estado profundo, desarrollado en dcadas de dictadura y gobierno militar, se ha atrincherado y se entrecruza con los intereses econmicos y polticos de muchos oligarcas y de las corruptas clases empresariales y polticas. Era un secreto a voces que este estado profundo y su burocracia masiva se movilizaron a favor de Shafiq durante las elecciones presidenciales, que perdi por un mero 2%. Incluso siete meses despus de convertirse en presidente y asumir el poder, Mursi apenas controla las palancas del poder en el pas. Aunque pudo maniobrar y forzar la retirada de la alta cpula militar, est claro que slo tiene un control nominal sobre el ejrcito, las fuerzas de seguridad o los servicios de inteligencia del estado. Lamentablemente, la mayora de los cargos de esas instituciones vitales son funcionarios del antiguo rgimen aunque se proclamen leales al presidente. El liderazgo de los HM se queja amargamente de que, incluso dos aos despus de la revolucin, esas instituciones siguen conservando an una gran autonoma y no es fcil que ciudadanos normales o grupos afiliados a ellos se incorporen o penetren en las mismas. En muchas ocasiones, a lo largo de los ltimos dos meses, cuando se incendiaban o saqueaban las sedes y edificios de los HM, los dirigentes del grupo manifestaron su protesta porque las fuerzas de seguridad y la polica no hicieron nada para detener la violencia.

En cada revolucin o levantamiento contra regmenes dictatoriales y corruptos, el pueblo reconoce la necesidad de elegir nuevas estructuras polticas. Pero el poder judicial no es tampoco inmune a dcadas de corrupcin y represin. En realidad, una dictadura no podra haber funcionado eficazmente sin la participacin o aquiescencia activa de la rama judicial. Por qu habra de ser Egipto la excepcin? Desde la cada de Mubarak, el poder judicial egipcio ha mostrado este dilema. Aunque en algunos casos los jueces demostraron coraje e independencia, en demasiadas ocasiones algunos jueces, especialmente dentro del Tribunal Constitucional Supremo, slo han mostrado su parcialidad a favor del anterior rgimen y sus partidarios, o sus prejuicios contra el nuevo rgimen. A los pocos meses de haber sido elegida, el TCS disolvi la cmara baja del parlamento y a punto estuvo de disolver la Asamblea Constituyente Constitucional y la cmara alta del parlamento antes de que Mursi emitiera su declaracin constitucional y marginara al TCS.

En resumen, parte del problema poltico en Egipto est conformado por el hecho de que muchas de las instituciones estatales estn plagadas de leales al antiguo rgimen o de opositores a la revolucin que detentan el poder estatal y de esa forma impiden o frustran la consecucin de los objetivos de la revolucin. A diferencia de Irn, por ejemplo, la revolucin egipcia apenas ha purgado a los funcionarios del estado, de ah que sea tan difcil lograr un verdadero cambio.

6) Poderes regionales e internacionales: Indudablemente, el xito de la Primavera rabe signific el colapso de un viejo orden poltico y el establecimiento de uno nuevo. Una vez completamente instituido, el nuevo orden prometa libertad, igualdad, justicia social y la adopcin de los principios democrticos. Pero la extensin de esas ideas en la regin hubiera ciertamente amenazado otros rdenes establecidos, especialmente los de las ricas monarquas rabes, como Arabia Saud, los Emiratos rabes Unidos, Kuwait y Bahrein. Durante ms de un ao, el prncipe heredero Muhammad Bin Zayed, de los EAU, y el jefe de la inteligencia saud, el prncipe Bandar Bin Sultan, han estado muy ocupados tratando de minar la revolucin egipcia. Fuentes fidedignas dentro del gobierno egipcio afirman que el dinero saud y emirat ha estado fluyendo al pas y corrompiendo su sistema poltico.

Comprensiblemente, Israel se ha mostrado tambin muy nervioso respecto al cambio en el orden poltico en Egipto y en todo el mundo rabe. Despus de todo, un ex ministro israel de defensa describi a Mubarak como el tesoro estratgico de Israel. A su vez, Israel ha estado presionando a EEUU y a Europa para que mantengan la presin econmica y poltica sobre los nuevos gobernantes de Egipto. A corto plazo, lo que los dirigentes israeles quieren es calmar sus fronteras y centrarse en poner fin al programa nuclear iran mientras consolidan su control sobre Cisjordania mediante una inmensa expansin de asentamientos. Por otra parte, EEUU tiene un clculo ms complejo que incluye un Israel seguro y potente, estabilidad regional, control efectivo y acceso al petrleo a precios razonables, proporcionar proteccin a sus aliados regionales, especialmente en el Golfo, y limitar o contener a potencias regionales como Irn o a los grupos yihades como al-Qaida y sus afiliados. EEUU y sus aliados europeos continan manteniendo las presiones sobre Egipto hasta que demuestre que est decidido a ayudar a EEUU a conseguir estos objetivos estratgicos.

Segundo aniversario de la revolucin: Celebracin o luto?

El enfrentamiento entre los islamistas y los grupos laicos alcanz su cenit cuando Mursi emiti su declaracin constitucional a ltimos de noviembre. Afirm que su intencin era impedir que el TSC disolviera la Asamblea Constituyente y darle un nuevo plazo para alcanzar el consenso. Pero los partidos laicos se apropiaron de inmediato de ese acto insensato y empezaron una campaa pblica para socavar su gobierno y el dominio de los HM y sus aliados islamistas. Estuvieron movilizando a la calle y a los medios durante semanas, primero exigieron que Mursi anulara sus decisiones, despus le pidieron que cancelara el referndum constitucional y, finalmente, desafiaron su legitimidad y pidieron elecciones presidenciales de inmediato. Ante cada llamamiento presidencial al dilogo nacional, la oposicin laica aumentaba sus demandas y endureca sus posiciones para justificar el boicot al dilogo nacional y debilitar an ms al presidente. A travs de este inquietante perodo, los dirigentes del FSN utilizaron de forma consistente un lenguaje hiperblico que acusaba a Mursi de estar siendo, en sus seis meses de presidencia, un dictador peor que Mubarak durante sus tres dcadas de gobierno. No es demasiado disparatado concluir que el objetivo real de las elites laicas no parece ser el cumplimiento de los objetivos de la revolucin, como afirman, sino la cada de Mursi y el fin del dominio poltico de la Hermandad.

Pero esas exageradas afirmaciones en contra de Mursi pueden fcilmente refutarse mediante dos ejemplos. Primero, cuando se disolvi la cmara baja del parlamento, el presidente mantuvo de facto todos los poderes legislativos adems de sus poderes ejecutivos. Aunque Mursi intent renunciar a esos poderes legislativos en varias ocasiones, los tribunales se lo impidieron as como la firme oposicin de sus rivales laicos. Cuando trat, a travs de su declaracin constitucional, de proteger la cmara alta de su posible disolucin por parte de los tribunales, la oposicin conden su accin y le tild de dictador. Una vez que el referndum constitucional se aprob por una mayora de dos tercios, pasando de esta forma todos los poderes legislativos a la cmara alta hasta las prximas elecciones parlamentarias, la oposicin se opuso de nuevo alegando el dominio de los islamistas sobre la cmara alta. En resumen, si Mursi retiene todos los poderes legislativos que hered del consejo militar se le tacha de dictador. Y si transfiere esos poderes a las cmaras alta o baja del parlamento, formadas en elecciones libres y justas, la oposicin le sigue llamando dictador. Algo parecido al perro del hortelano que ni come ni deja comer

Un segundo ejemplo revelador se refiere al cumplimiento de una de las principales exigencias de la revolucin, a saber: llevar ante la justicia a los autores de los crmenes contra los mrtires de la revolucin y devolver las decenas de miles de millones robados por los funcionarios y elementos corruptos del antiguo rgimen. Con la excepcin de Mubarak, el fiscal del estado, en ms de veinte meses, no ha inculpado a un solo funcionario ni ha conseguido que se devuelva un solo cntimo del dinero robado. Como muchos jueces insinuaron, estaba palmariamente claro que los fiscales haban retirado u ocultado muchas de las pruebas incriminatorias. Por eso, cuando el pasado noviembre Mursi forz la retirada del fiscal del estado de Mubarak y nombr en su lugar a un juez independiente bien conocido por su honestidad e integridad, no slo consigui que todos los elementos corruptos protestaran ante su medida sino que tambin la oposicin laica la rechaz vehementemente y exigi el retorno del corrupto fiscal anterior.

Esos incidentes violentos disculpados por la oposicin se produjeron el 25 de enero, en el segundo aniversario de la revolucin y durante los siguientes das. Los lderes del FSN pidieron la dimisin o el derrocamiento de Mursi de la misma forma que fue derrocado Mubarak. Aunque el gobierno acogi bien todas las manifestaciones pacficas, las protestas se volvieron rpidamente violentas mientras algunos manifestantes trataban de asaltar el palacio presidencial y el ministerio del interior, acabando los actos con la muerte de varias vctimas. Al da siguiente, un tribunal en Port Said conden a los 21 individuos acusados de matar a los 72 seguidores de ftbol un ao antes y les sentenci a muerte. Las protestas estallaron poco despus, no slo en Port Said sino tambin en Suez e Ismailiya, las tres ciudades situadas a lo largo del Canal de Suez. El 27 de enero, 54 personas haban perdido la vida en la violencia resultante, incluidos algunos agentes de polica, obligando a Mursi a declarar leyes de emergencia y un toque de queda de treinta das en las tres ciudades para restaurar la calma y poner fin a la violencia. La oposicin conden con prontitud sus acciones y pidi a los vecinos de esas ciudades que desafiaran las rdenes de toque de queda y continuaran con las protestas.

Mientras tanto, Mursi hizo un llamamiento a los partidos y dirigentes de la oposicin ms importantes, incluyendo Elbaradei, Musa, Sabahi y Elbadawi, a un dilogo nacional en una reunin a celebrar el 28 de enero, pero la oposicin laica lo rechaz y la confrontacin se agudiz al exigirle a Mursi que anulara sus rdenes de toque de queda, asumiera toda la responsabilidad por la violencia, suspendiera la constitucin, disolviera a los HM y convocara elecciones presidenciales anticipadas, es decir, exigiendo prcticamente su total rendicin. Al da siguiente, todos los dirigentes de los principales partidos islamistas, as como el liberal Ayman Nour se reunieron con Mursi durante cinco horas, de lo que result el establecimiento de cinco comits para tratar de resolver en profundidad los problemas econmicos y polticos ms importantes a que se enfrenta el pas.

Pero una de las razones por la que los dirigentes del FSN han endurecido sus posiciones es la injerencia exterior, especialmente de Arabia Saud y los EAU. Los segundos estn patrocinando al General Shafiq y piden abiertamente el fin del gobierno de los HM. Segn una fuente bien informada en Arabia Saud, el plan del Prncipe Bandar es derrocar a Mursi extendiendo el caos y la violencia a travs de la oposicin. Pero si este esquema fracasa, su Plan B es presionar a favor de una alianza tctica entre el FSN y al Partido salaf Al-Nur, que recibe gran parte de su apoyo financiero de clrigos y fundaciones privadas de Arabia Saud. Poco despus, la prueba de todo lo anterior qued patentemente a la vista cuando el dirigente del Partido Nur se reuni abiertamente durante varias horas con los principales lderes del FSN, condenaron al gobierno de Mursi, pidieron un gobierno de unidad nacional e insinuaron una futura alianza tras las inminentes elecciones.

Mientras tanto, el egipcio medio se siente asqueado y confundido ante el teatro poltico exhibido en las calles, que ha creado bsicamente un gran pavor econmico en todos los segmentos, adems de la quiebra de la seguridad, el colapso de las infraestructuras, el hundimiento de la libra egipcia, el aumento del desempleo y el descenso del turismo. Adems, el apocamiento y debilidad del gobierno de Mursi, as como el mediocre desempeo de los HM permitieron esas maniobras sin escrpulos de la oposicin. La gente se queja de que dieron su apoyo por anticipado al denominado Proyecto de Renacimiento de los HM, que result ser mera retrica. Los expertos en economa se quejan de que la respuesta del gobierno a los problemas econmicos endmicos de Egipto no se diferencia de las polticas capitalistas y orientadas hacia el mercado de Mubarak, ignorando la mayora de las cuestiones de justicia social y problemas estructurales econmicos. La gente se queja tambin de que el presidente no ha sido claro con su pueblo ni transparente acerca de los profundos problemas a que se enfrenta Egipto. Y se preguntan, por qu si el pas se est enfrentando a una conspiracin exterior, el presidente no lo denuncia? Pero personas bien informadas cercanas a los asesores de Mursi dicen discretamente que Arabia Saud y los EAU han advertido y amenazado al presidente con la deportacin de cientos de miles de expatriados egipcios en caso de que muestre algn tipo de hostilidad hacia las naciones que los acogen. Por otra parte, Mursi est respondiendo construyendo lentamente relaciones ms estrechas con Irn y Turqua en respuesta a las polticas hostiles de los pases del Golfo. Aunque la CIA est prestando apoyo tctico a los planes de Bandar en Egipto, la poltica estadounidense no ha adoptado una posicin definitiva secundando a alguna de las partes de la disputa interna, pero est cubrindose las espaldas a ambos lados manteniendo abierta la lnea de comunicacin tanto con el gobierno como con la oposicin.

La clase poltica en Egipto est actualmente tan polarizada que es difcil ver la luz al final del tnel. Pero el pueblo egipcio se merece cosechar los frutos de su extraordinaria revolucin. Tiene que haber un dilogo nacional real entre todas las partes importantes, con independencia de ideologa o afiliacin poltica. Las nicas condiciones que cabran imponer deberan ser: NO a la intervencin del ejrcito, NO a la participacin de los fulul y NO a la injerencia exterior. Adems, las elecciones parlamentarias deben celebrarse en esta primavera, segn el calendario fijado, y todas las partes deben comprometerse a respetar sus resultados democrticos. Debe permitirse tambin al presidente que cumpla su mandato y la oposicin debe comportarse como una oposicin leal, poniendo los intereses nacionales por delante de los intereses de partido o personales. A cambio, el presidente tiene que poder considerarse como un smbolo de la unidad nacional y alguien que cumple sus promesas. Y l debe tambin hablar abierta y francamente con su pueblo, explicndole los obstculos a que se enfrenta el pas.

En resumen, para restaurar la gloria de la revolucin, es esencial que el partido de la mayora se muestre magnnimo y que la oposicin sea leal para poder alcanzar la seguridad, estabilidad, democracia y progreso a que todos los egipcios aspiraban cuando se levantaron y gritaron al unsono por una vida decente, libertad, justicia social y dignidad humana.

Esam Al-Amin es un escritor y periodista independiente experto en temas de Oriente Medio y de poltica exterior estadounidense que colabora en diversas pginas de Internet. Puede contactarse con l en [email protected]. Acaba de publicar el libro The Arab Awakening Unveiled: Understanding Transformations and Revolutions in the Middle East.

Fuente original: http://www.counterpunch.org/2013/02/08/egypts-political-map-clearing-the-fog/




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