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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2013

Crisis y democracia

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


Desde la cooperacin y solidaridad internacional decimos que:

Sin duda alguna la actual y ya larga situacin de crisis que vivimos ha puesto de manifiesto el carcter de profundo conflicto social y poltico, que sobrepasa lo meramente econmico. As, sus primeros compases pusieron ya de manifiesto el carcter estructural y global de la misma y permitieron una clara identificacin de sus causas y de sus culpables. Estos ltimos personificados en los famosos mercados que no son sino los poderes econmicos y financieros, en su mayora, los consejos de administracin de las grandes empresas. Estas constataciones llevaron a la clase poltica tradicional, all por el ao 2010, a realizar tmidos llamamientos para la refundacin del capitalismo, a la imposicin nuevamente de mayores controles sobre esos poderes financieros, o a la desaparicin de los parasos fiscales. Sin embargo, rpidamente stos maniobraron para controlar la situacin. Esos poderes econmicos y financieros han desplegado a partir de ese entonces todo un amplio abanico de recursos y medios para aprovechar el momento de crisis, profundizar la misma y convertir sta en una oportunidad para implantar, por fin, el neoliberalismo en sus versiones ms ortodoxas: el dominio absoluto de los mercados y la obtencin del mximo de beneficio pese a quien pese.

Este nuevo momento se caracteriza, entre otras, por una prdida absoluta del dbil papel que la clase poltica tradicional pretendi jugar en la situacin de crisis, y antes de sta. A partir de entonces, el control de los poderes econmicos y financieros tratar de ser absoluto. Y su intencionalidad, como decimos, pasar por aprovechar la situacin, no ya para la reconduccin o refundacin del capitalismo, sino para llevar a ste a una nueva fase de implantacin de la ms absoluta ortodoxia neoliberal y la desaparicin de la llamada cara amable del capitalismo que en Europa supuso el estado del bienestar.

La triple receta del ajuste estructural pretende despidos masivos, recortes de derechos laborales y sociales y privatizaciones de los ltimos espacios pblicos bajo control del estado. Lo que se traduce en allanar los ltimos obstculos que ese famoso estado del bienestar mantena para el capital neoliberal, imposibilitando la obtencin del mximo de beneficios en esas reas hasta ahora en cierta veda para los mercados. As, espacios pblicos como la sanidad, la educacin, y sectores sociales, o estratgicos, todos ellos hasta ahora, y en mayor o menor medida, en manos del estado, inician el proceso hacia su privatizacin. Primero se eliminar masa laboral para dejar esos sectores en mejores condiciones de explotacin y suprimir costes futuros; en paralelo y tanto en esos sectores productivos como en el resto, se extienden los recortes de derechos laborales, sociales y polticos, para inducir a la poblacin a no protestar. Dejarla noqueada y sin capacidad de respuesta y reaccin ante la situacin es una estrategia fundamental para conseguir los objetivos fijados. As, la privatizacin ser poco contestada y para cuando realmente percibamos sus efectos sta estar totalmente extendida e implantada.

Pero todo este proceso ha permitido tambin un anlisis ms profundo del sistema poltico y la ruptura del estereotipo de la democracia representativa, implantada en las ltimas dcadas, como el sistema poltico supremo. De hecho, es esa clase poltica, la cual hace el papel de administrador obediente de las medidas anteriormente sealadas, quien todava conserva tambin la funcin de tratar de mantener el engao. Se pretende que la democracia representativa es el sistema insustituible; todo lo dems, ser fundamentalista o populista; en cualquier caso, siempre inviable y no conveniente.

Pero nos ocultan que es precisamente esa democracia representativa el elemento del cual se sirven los poderes hoy dominantes para implantar su sistema de neoliberalismo ortodoxo y totalmente antidemocrtico. Intenta ser su cara amable y legitimadora, pero no lo consigue ya y han convertido lo que llamamos democracia en una muletilla para ocultar permanentemente nuevos modelos de dominacin y explotacin.

Todo esto, lo practicaron desde hace ya varias dcadas en diferentes procesos en Amrica Latina, como la Argentina de Menem, la Venezuela del bipartidismo social y cristianodemcrata o la Bolivia de Snchez de Lozada, donde tras aparentes regmenes democrticos se instauraron los ms duros procesos de ajuste estructural y privatizaciones, hoy en gran medida en proceso de reversin. En este sentido, Naomi Klein en su libro sobre La doctrina del shock seala que Bolivia proporcion un modelo para una nueva clase ms digerible de autoritarismo: un golpe de estado civil llevado adelante, no por soldados de uniforme militar, sino por polticos y economistas trajeados y parapetados tras el escudo oficial de un rgimen democrtico. Procesos parecidos, con estrategias y objetivos anlogos se dieron en la Rusia democrtica de Boris Yeltsin o, antes en Polonia bajo gobierno de Lech Walesa, as como en un largo etctera de pases. Se implantaron, principalmente a partir de la dcada de 1980, las medidas ms duras de ajustes, privatizaciones, recortes y desmantelamiento de los estados, medidas decididas en estructuras de poder econmico como el FMI y el BM y refrendadas a puerta cerrada en los salones de los palacios de gobierno por la clase poltica cmplice a esos dictados. Podemos pensar que esto es propio de regmenes tercermundistas, de hace varias dcadas, y olvidarnos o, establecer los anlisis necesarios y ver los paralelismos que se dan con el momento que hoy vivimos.

Hoy en da corresponde el turno a la llamada Europa del bienestar y la inicial crisis de 2008, provocada principalmente por las burbujas inmobiliarias y las famosas hipotecas subprime, se ha convertido en una profunda recesin y depresin econmica, poltica y social que abre el camino a esas mismas medidas aplicadas en otros continentes desde hace dos dcadas. Y ante todo esto y al igual que en los procesos antes citados, la clase poltica tradicional, no ha sido capaz de arbitrar (o no ha querido) medidas que realmente reviertan este proceso. Ello lleva a pensar que acatan, y comparten, el papel de administrador que les han otorgado los poderes econmicos. Luego una pregunta importante, entre otras muchas y en lo que concierne a la democracia, es si el simple hecho de airear su nombre o de realizar elecciones justifica la existencia de un rgimen democrtico. La respuesta siempre ha sido negativa, pero se hace ms evidente ahora cuando asistimos al incumplimiento sistemtico de los programas electorales, a la mentira continua a la poblacin, al desvelamiento impdico de la corrupcin sistmica. Y en paralelo sentimos los recortes y eliminacin de derechos laborales, sociales, civiles (derechos humanos todos ellos) y sus graves consecuencias. Vemos como se cambian constituciones de la noche a la maana, para primar el pago de la deuda sobre las personas y sin consultar al pueblo, cuando siempre nos dijeron que eran casi intocables; o se gobierna por decreto los viernes ignorando a los parlamentos y el que nos contaron era elemento central del sistema: el debate democrtico parlamentario; o se aumenta la represin ante las protestas por toda la estela de injusticias que esta antidemocrtica situacin genera y extiende cada da ms en la poblacin.

Pero frente a todo esto, es importante sealar que la lucha, una vez ms, no es contra la democracia. sta, con todas sus imperfecciones y camino por andar que les resta no es propiedad de las lites polticas ni econmicas, aunque quieran aduearse de ella. Al contrario, histricamente, han sido los movimientos populares los que han conseguido los grandes avances en el sentido de profundizacin de la democracia a travs de la consecucin y ampliacin de derechos de toda ndole y su extensin a cada vez ms sectores sociales tradicionalmente relegados segn las pocas (movimiento obrero, mujeres). Por ello, la lucha ahora es contra el vaciamiento de la democracia que pretenden llevar a cabo esas lites polticas y econmicas, los llamados mercados, los consejos de administracin de la banca, aseguradoras y un largo abanico de grandes transnacionales que pretenden dominar el panorama no solo econmico sino tambin poltico. Por lo tanto, es clave reivindicar y profundizar en la propia democracia para hacer de sta un sistema verdaderamente participativo, en manos realmente del demos y no de los poderes que hoy la usan, manipulan y prostituyen hasta su casi negacin. Afortunadamente, las protestas y las respuestas ante la crisis y sus culpables ya estn originando el fortalecimiento de redes y movimientos en esta direccin y en ella seguiremos caminando.

Jesus Gonzlez Pazos. Miembro de Mugarik Gabe

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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