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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2013

Cultura informativa y cambio de mentalidad

Luis Toledo Sande
Cubarte


En el camino trazado por Fidel, lder histrico de la Revolucin Cubana, quien hace aos convoc a erradicar el llamado sndrome del silencio, el general de ejrcito Ral Castro Ruz ha insistido en la necesidad, o urgencia, de erradicar el secretismo. Lo ha hecho con particular fuerza, pero no solamente en ese foro, en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, en el que fue repudiado ese mal, como en la posterior Conferencia de la organizacin. Los Lineamientos acordados ratificaron la necesidad de abonar lo que de hecho sera una cultura informativa a la altura de la instruccin que, obra de la misma brega revolucionaria, empez a generalizarse en el pas desde 1959.

 

El mismo dirigente impugn la prctica abusiva en que algunos incurren al evocar la seguridad nacional para ocultar hechos que el pueblo debe conocer y son inocultables. No pueden ser secretos un asesinato cometido en la Autopista Nacional; o malos manejos, de efectos objetivamente contrarrevolucionarios, que causen vctimas mortales en un centro de atencin mdica cualquiera, no digamos ya en un hospital insignia de los hermosos logros de la Revolucin en materia de salud; o incendios que tambin provoquen muertes o daen la economa nacional; o un apagn que deje sin luz a medio pas; o brotes epidmicos peligrosos para la poblacin.

Ni con mucho se ha querido aqu esbozar un inventario. Apenas se han mencionado algunos ejemplos conocidos de acontecimientos que sera ingenuo considerar secretos. Desde que ocurren devienen, en distintos grados, de conocimiento pblico: son inocultables, haya o no haya las agilidades de Internet y de la telefona celular que, no obstante las limitaciones, son una realidad a la cual sera insensato renunciar.

Las causas de los hechos podrn requerir investigacin para anunciarlas y enfrentarlas con la debida seriedad, y, a veces, para detectar conexiones con otros episodios y protagonistas delictivos. Pero los acontecimientos se anuncian solos, y los rumores prosperan ms si falta la informacin confiable, necesaria tambin para impedir que se den velos de silencio o insuficiente claridad tras los cuales pueden prosperar lacras como la corrupcin, que, de hecho, es contrarrevolucionaria.

No informar rpida y claramente, digamos, sobre la aparicin de enfermedades para impedir que el pas sea blanco de campaas enemigas sera, entre otras cosas, ignorar que tal aparicin acabar sabindose, y que el enemigo no necesita datos reales para difamar a Cuba: los inventa. Sera tambin, o sobre todo, soslayar que, cuanto ms puntual y precisa resulte la informacin dada, ms confiable se vuelve a los ojos de quienes defienden a Cuba en el mundo, o simplemente quieren conocerla, y, en primer lugar, para la propia poblacin nacional.

Conceptualmente y en la prctica la buena cultura de la informacin sustenta un criterio: la falta de agilidad o claridad informativas sobre una epidemia fsica o moral conspira contra la percepcin de peligro, necesaria para generar la conciencia sobre las medidas que se deben aplicar contra la propagacin de la enfermedad. Y no es lo mismo una dolencia que produzca manchas en las uas aunque tampoco esa deba descuidarse que otra capaz de causar muertes, por muy controlada que est. Si el terror se estimula por la propaganda desenfrenada, tambin o ms an cunde por el ocultamiento.

El propio Ral ha reclamado que tambin en la informacin generemos un cambio de mentalidad. No hacerlo sera nocivo para los ideales revolucionarios, que se afianzan con la civilidad y el funcionamiento de un pueblo participante y bien informado. Esas virtudes son igualmente necesarias para la correcta actualizacin del modelo econmico, con la cual se busca una eficiencia que, lejos de ser un fin, es un medio indispensable para preservar las conquistas justicieras logradas con las banderas del socialismo, y propiciar un mejor funcionamiento del pas, civilidad incluida. Pero no todas las mentalidades son dadas a cambiar con la misma facilidad, y, si es saludable estar alertas contra cambios impostados, tambin puede ser necesaria la sustitucin de mentes (de personas) que constituyan frenos para las transformaciones requeridas.

La informacin es tarea visible de la prensa, que da la cara ante el pueblo, del cual es parte orgnica. Pero la efectividad de esa tarea no depende nicamente de los medios de informacin. Son tambin determinantes las instituciones y cuantas personas estn llamadas a exigir y propiciar que la prensa desempee cabalmente su papel, sin desbordamientos irresponsables ni cortapisas frustrantes. Es cierto: hay riesgos que enfrentar, y los lmites no son siempre fciles de establecer o percibir; pero nada sera ms letal que la resignacin y la parlisis propiciadas por prcticas informativas deficientes, basadas en una mesura desmedida . El desprestigio imperante en la prensa capitalista no debe conducir a la prensa revolucionaria a conformismo de ningn tipo. De incurrir en l, correra el riesgo de estancarse en la inoperancia.

Puesto que la prensa pertenece al pueblo, este para cuya preparacin cultural el pas ha invertido grandes recursos tiene derecho a exigirle que desempee bien su labor. Y cada colectivo de la prensa debe atender celosamente su labor en su centro de trabajo. Pero ello no es razn para que se desentienda de lo que ocurra fuera de sus lmites inmediatos.

Privilegiar, ms que el enfrentamiento de los problemas, consideraciones formales o de procedimiento que deben ocupar su justo lugar, puede acercarse al espritu burocrtico contra el cual tambin ha llamado a luchar la dirigencia de la Revolucin, desde su ms alto nivel. Atascarse en la inmediatez rodeante puede objetivamente conducir a la indiferencia ante lo mal hecho en otros mbitos, mientras que el pas es uno solo y una sola es la Revolucin. Esa comprensin es tambin un acto profundamente cultural.

Si en el terreno de la salud fsica hay que saber enfrentar enfermedades, en otras esferas es necesario librar a la poblacin de la justa clera que pudiera generarle el saberse mal informada, o de la resignacin pasiva que, ante ello, no sera ciertamente una ventaja. Todos tenemos mucho que aprender en un pueblo beneficiado por el empeo educativo de una Revolucin que, desde los primeros momentos, hizo suyo el reclamo de su autor intelectual Ser culto es el nico modo de ser libre, y no lo invit a creer, sino a leer. Sera un sinsentido apostar por un periodismo gris, cuando lo que se necesita es fomentar la luz, no para usarla de lmpara ornamental, sino para orientarse con ella.

Nota: El texto da continuidad a otros del autor aparecidos en este portal: especialmente al artculo Informacin y participacin ciudadanas (Detalles en el rgano. VIII).

Fuente: http://www.cubarte.cult.cu/periodico/letra-con-filo/cultura-informativa-y-cambio-de-mentalidad/24120.



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