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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2013

Tnez, Egipto y Siria
La larga batalla

Elas Khoury
Al-Quds al-Arabi


El asesinato del luchador tunecino Chukri Belaid ha venido a hacer sonar la alarma del peligro, pues las fuerzas emergentes de los Hermanos y los salafistas han dejado clara su relacin con el poder y la sociedad. Todo el poder es suyo y la sociedad debe inclinarse, dividir su resistencia, y desmembrar sus fuerzas sociales y polticas. Antes del asesinato de Belaid se haban lanzado campaas contra todo, incluyendo los santuarios religiosos que los salafistas odian bajo la influencia del wahabismo saud-catar. Tambin este asesinato vino precedido de la gran explosin egipcia, que anunci el desligamiento de la nueva autoridad poltica de las plazas de la revolucin que prepararon el camino hacia la posibilidad de llegar al poder. Que se arrastrase al ciudadano Hammada Saber, se le desnudase y se le chantajease y amenazase en el hospital, junto con las vergonzosas agresiones cometidas contra las mujeres, han venido a indicar el abismo al que se dirige la autoridad de los Hermanos.

Smense la persistencia del total salvajismo del rgimen que se cree un len [1] que est presenciando Siria, y las dudosas seales que llegan de algunas fuerzas militares en el seno de la revolucin, que han llegado al lmite de romper la bandera de la revolucin siria en Saraqeb y han alcanzado un delirio sectario-religioso que ha pasado a conformar la otra cara del detestable rgimen dictatorial.

Los sabios de la cultura de la subordinacin dirn que nos advirtieron de eso, y que lo que los medios occidentales han llamado primavera rabe no ha sido ms que el aviso de un invierno cruel y sangriento, y algunos intelectuales, de esos que se han pasado la vida diseando la esquizofrenia entre las palabras y los significados, nos recitarn los salmos del arrepentimiento y el rechazo vestidos de consejos racionales.

S, se libran ardientes batallas dentro de la batalla de las revoluciones rabes contra la dictadura. Tras largas dcadas de gobierno mafioso cubierto de esloganologa revolucionaria y modernizadora, era natural que las entraas de la cultura rabe estallaran y que las sociedades rabes lanzaran los interrogantes aplazados desde hace cincuenta aos.
Los Hermanos han llegado al poder en Egipto y Tnez, no porque dirigieran la revolucin y porque disearan su programa poltico, social y cultural, sino todo lo contrario: han llegado al poder porque las revoluciones no han tenido programa ni lderes. Las revoluciones nacieron de lo ms profundo de la desesperacin ante todo, rompiendo tabes y saliendo como el lquido por las calles. Las revoluciones rabes vinieron a recordar a los rabes que son pueblos vivos, por lo que fue como un despertar de vida en nosotros.

Las plazas de las revoluciones se parecan a las plazas del sueo, a pesar de la represin que ha llegado a su culmen en la represin de los manifestantes en Daraa, Homs y Hama. Ningn lder que ha podido acceder al poder, pues las ambiguas etapas de transicin en Tnez y Egipto comenzaron mientras el rgimen sangriento en Siria converta las plazas de la revolucin en campos de asesinato.

Las revoluciones estallaron cuando nadie estaba preparado, pues las lites intelectuales y polticas rabes haban perdido veinte aos sin extraer ni una sola leccin de la cada de la Unin Sovitica, ni de los significados del horizonte democrtico, ni de los mtodos de enfrentamiento contra la arrogancia israel, ni de la construccin del Estado de ciudadanos libres sobre los escombros del Estado de los sbditos y esclavos.

La mayora de las lites de Tnez, Egipto y Siria no dudaron en unirse a la revolucin, aunque saban que entraban con esta experiencia de nuevo en la escuela de la historia. La revolucin, en este sentido, es una opcin clara de cambio radical sin rasgos determinados. Por ello, se hizo imposible predecir los futuros baches, y se hizo necesario retirarse, con seriedad, a disear una nueva declaracin tica de las revoluciones rabes.

Pero el tiempo no espera. Los Hermanos han llegado al poder, y esto, naturalmente no es definitivo. En vez de comprender las nuevas lecciones de la revolucin, han vuelto para atrs, a lo previo. En Egipto han vuelto al pre-naserismo, como si se vengaran de un tiempo que no fue justo con ellos, y en Tnez han vuelto al pre-burguibismo, mientras que en Siria quieren volver al pre-reinado de Faysal. Ello va acompaado de un deseo de poder insaciable, pues los Hermanos se han visto afectados por la represin autoritaria desde que pensaron que los Oficiales Libres les robaron el golpe de la revolucin del 23 de julio. La represin autoritaria los dej ciegos ante las nuevas realidades que han producido las revoluciones.

Esperbamos que la lucha no se librara hoy bajo los lemas de la identidad, porque la revolucin estall por la libertad, el pan y la democracia, por nada ms. Esperbamos y seguimos esperando que se conformara un equilibrio social en el que los islamistas fueran una parte, pues la guerra de exterminio que libraron algunos regmenes dictatoriales contra ellos fue vergonzosa, trivial y criminal, pero por desgracia, hoy la sangre corre en las calles de Egipto, y la sangre del mrtir Chukri Belaid hace llorar a las conciencias.

La lucha se ha vuelto ineludible pues hay un bloque financiador, nacido del petrleo, el gas y las expectativas occidentales que no quiere ni un mnimo de consenso social que salvaguarde la libertad y dignidad del ciudadano.

La lucha, y eso es lo que debemos tener bien claro, no es exterminadora, sino que se trata de una lucha contra el pensamiento y las prcticas de los exterminadores, cuyo objetivo es asegurarse de que las revoluciones rabes continan, y de que contina la ola que cre el sueo del cambio, obligando a los exterminadores a retroceder por medio de la construccin de un programa nacional poltico-social-cultural que parte de la idea de la justicia. La justicia como valor que protege los derechos individuales, y la justicia social como un horizonte par la construccin de las bases de las nuevas sociedades.

Aqu en estos difciles y peligrosos momentos, cuando los corazones se vuelven hacia los revolucionarios tunecinos y egipcios que siguen su camino desacreditado por la sangre de los mrtires, no debemos olvidarnos de Siria, donde se libra una batalla decisiva entre la dictadura y la libertad. All, el dictador sirio cree que ha logrado destruir la revolucin vistindola de terrorismo, y en ello le ayuda el dictador rabe en otro punto en un intento de vaciar a la revolucin de su contenido democrtico y tico. All, a pesar de la explosin criminal en Salamiya, por no decir a causa de ella, los sirios y las sirias se enfrentan con valenta legendaria a los intentos de asesinar su presente por parte del dictador que trata al pueblo sirio como si de un eterno esclavo se tratara en el reino del silencio que fund Hafez al-Asad.

Lo que hoy parece una batalla que marcar un antes y un despus no es tal. Ha terminado el tiempo de las luchas decisivas internas. La batalla hoy en Tnez, Egipto y Siria, al margen de las diferentes circunstancias, es la batalla por la continuacin de la revolucin. Tal continuacin no la protegern ms que los brazos de los revolucionarios que creen en la sociedad civil y la separacin entre el poder y la religin, y que construyen horizontes de justicia social. La batalla es larga y tal vez an est en sus albores.

[1] Juego de palabras con Asad (len).
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