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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2013

Egipto
De viernes de la ira a viernes de la salida

Alba Alserawan
Aish


Hace hoy dos aos Mubarak se vea obligado a abandonar el palacio presidencial de El Cairo y los gritos de Pan, libertad y justicia social pasaban a ser cnticos de jbilo en la plaza Tahrir (y que tahrir signifique liberacin cobraba un nuevo sentido) y en otros tantos lugares. Pero en la casa de Muhammad Seddiq no haba nada que celebrar. El 11 de febrero, el mismo da del derrocamiento de Mubarak, me llam para decirme que lo haban arrestado. No s nada de l desde entonces. Se lo cuenta la madre de Muhammad Sediq, de 27 aos, al peridico Al-Masry Al-Youm. Yo saba que iba a participar en las protestas pero nunca imagin que sera tan serio. Desde entonces, la nica pista que ha tenido esta madre de su hijo es la respuesta de un soldado de la prisin de al-Gabal al-Ahmar que respondi cuando son el telfono del chico y le dijo: Te ensearemos a que no te revuelvas ms.

Es solo una de las historias de cientos de familias que perdieron a los suyos durante la revolucin y los ocho meses de gobierno del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas. Sus gritos demandando justicia no se han apagado nunca en las manifestaciones de los dos ltimos aos. Mursi prometi una investigacin para resolver todos los casos de desaparecidos durante la revolucin pero la investigacin nunca lleg. Lejos de ello, la polica contina sembrando la violencia sistemticamente, torturando e, incluso, a veces matando, asegura la Iniciativa Egipcia por los Derechos Individuales, que durante estos dos aos ha documentado ms de 20 casos de ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por la polica; once de ellas, durante la presidencia de Muhammad Mursi.

El caso de Saber Hamada, arrastrado y golpeado por las fuerzas de seguridad se ha conocido gracias a un vdeo difundido por la televisin al-Hayat, pero las organizaciones de derechos humanos hablan de una prctica que no ha dejado de repetirse. El uso por parte de la polica de la fuerza bruta y la tortura es todava sistemtica, como en la poca de Mubarak, dice la organizacin. La ltima vctima ha sido Muhammad al-Gendi, un joven activista del partido Actual Popular arrestado en Tahrir el 27 de enero que muri en el hospital una semana despus por graves lesiones en el cerebro causadas, segn su familia, por la tortura policial que tuvo que aguantar en las dependencias policiales. No es el primero que muere torturado bajo el mandato de Mursi pero conocemos su nombre porque es un activista poltico, denuncia el director de la asociacin proderechos humanos, Hosam Bahgat. El patrn en todos estos casos es el uso sistemtico de la violencia fsica y psicolgica contra los detenidos, que en muchos casos llevan a la muerte, se puede leer en el informe publicado el mes pasado, antes de la ltima oleada de protestas, que ha dejado al menos 56 muertos y ms de 2000 heridos (de ellos, casi 400 policas) desde el pasado 25 de enero.

Haba poco que celebrar en el segundo aniversario de la revolucin, que desde el primer momento se convirti en una nueva excusa para pedir la salida de Muhamad Mursi por parte de la oposicin del Frente de Salvacin Nacional (FSN), una amalgama de grupos y partidos polticos que solo coincide en su cansancio de los giros autocrticos del presidente y de su agenda islamista. A ello, se suma la indignacin por los casos de detenciones y torturas sufridas por los manifestantes, as como una situacin econmica que no deja de empeorar (por no hablar de las manifestaciones contra la pena de muerte a las que han sido condenados 21 implicados en la tragedia en el campo de ftbol de Port Said y los movimientos de rechazo a las crecientes violaciones de mujeres). Ante la violencia y el caos, Mursi impuso el estado de emergencia y el toque de queda en Port Said, Suez e Ismailiya, si bien gran parte de la poblacin no hizo caso. Adems, el presidente ha ido personalmente a una academia de polica, en la que les ha pedido a los agentes que no sobrepasen los lmites con los ciudadanos. En la misma lnea, el vicepresidente del partido de los Hermanos Musulmanes, Libertad y Justicia, ha condenado las muertes por tortura a manos de la polica y ha depositado su confianza en la capacidad del ministro del Interior para manejar la situacin. La reforma de la polica fue uno de los principales objetivos de la revolucin de enero y todava lo es porque Egipto necesita seguridad pero no a costa de la libertad y la dignidad de los ciudadanos, dijo Esam al-Erian. La oposicin cree, sin embargo, que la nica solucin, a este y al resto de los problemas del pas, es la renuncia de Mursi y todo su gabinete, ya que denuncia que no se ha conseguido ninguna de las demandas de la revolucin y los viernes de la ira han dado paso a los viernes de la salida.

Pero lo cierto es que Muhammad Mursi gan unas elecciones democrticas y, aunque con decisiones polmicas como el decreto del pasado 22 de noviembre que le otorgaba amplios poderes y que provoc la salida de miles de personas a las calles sac adelante una Constitucin de corte islamista aprobada en referndum, si bien la participacin rond el irrisorio 30%. Libertad y Justicia acusa al FSN de incitar al sabotaje: Tiene una agenda exterior para incendiar Egipto y sus instituciones a travs de las protestas, asegur uno de sus miembros. Lo acusan de llamar a la violencia y sembrar el caos frente a un Gobierno que busca el desarrollo y la construccin del pas. Muhammad Mursi repite que la revolucin lleva su tiempo. Despus de treinta aos de dictadura, deca hace unos meses a la revista Time, estamos aprendiendo a ser libres.

Los Hermanos Musulmanes estn practicando tambin la gestin del poder despus de dcadas de represin y ostracismo, sin embargo, la escuela se est haciendo larga y sobre todo, demasiado costosa. La falta de dilogo y el enroque, por parte de Gobierno y oposicin, en posturas cada vez ms alejadas dibujan un panorama nada alentador en el que la violencia y la inestabilidad se tornan sistemticas. Y, sin duda, Mursi, como jefe del Ejecutivo, tiene gran parte de responsabilidad. Su empeo en continuar con su agenda pasando por alto cualquier consenso en cuestiones como la Constitucin no ha hecho ms que enturbiar el ambiente, lejos de llevar al pas a la estabilidad democrtica, como es su intencin si se hace caso a sus palabras y se obvia que por encima de ser el presidente de todos los egipcios, como l mismo ha expresado, es miembro de los Hermanos Musulmanes. Nunca prest atencin a las peticiones que llegaban desde la calle para revisar la mayora islamista de la Asamblea Constituyente y aceler el proceso constituyente (para ello dej sin validez las decisiones que pudiesen salir del Tribunal Constitucional, que estudiaba la legalidad de la Asamblea) con el propsito de cumplir un calendario que llevara al pas a contar con las instituciones bsicas de un Estado de derecho. Hoy con la amenaza del FSN de boicotear las elecciones parlamentarias de abril si no se forma un Gobierno de salvacin nacional, ya rechazado por Mursi la formacin de un parlamento estable parece ms lejana que nunca.

El presidente ha vuelto a ofrecer una sesin de dilogo, a la que ha invitado a todas las fuerzas polticas pero la mayor parte de la oposicin le acusa de engaar con llamamientos al dilogo que, dicen, solo sirven para distraer y quedar bien. Mientras, el ministro de Justicia, Ahmed Meki, levantaba la polmica con unas declaraciones en las que apoyaba el proceder del Gobierno frente a las acusaciones de tortura que, dijo, no son crmenes del rgimen. A diferencia de l, el ministro de Cultura, Saber Arab, renunciaba a su cargo por tercera vez quiz sea la definitiva en protesta por la ola de violencia que est viviendo el pas.

Lo cierto es que poco queda para que a Mursi se le vaya la situacin de las manos, si no se le ha ido ya. El Grupo de Crisis Internacional (ICG, por sus siglas en ingls) ha lanzado una alerta por el peligro de una espiral de creciente inseguridad, violencia, malestar social y colapso econmico. El informe es claro: Es difcil saber qu es ms peligroso: el repunte en la violencia callejera, la incapacidad del presidente Mursi y los Hermanos Musulmanes para incluir al resto de la clase poltica o la oposicin que se aferra a la esperanza de que tenga lugar algn extrao suceso (las manifestaciones, la presin extranjera, las decisiones judiciales o la intervencin militar) que le permita acceder al poder sin pasar por la poltica y el compromiso. Y ante esta situacin pide a la Hermandad que acepte que debe ejercer el poder en una situacin en la que es necesario el consenso y a la oposicin que deje de pedir la salida de Mursi. Adems, seala que Mursi ha de aceptar la revisin de la Constitucin y que es necesario reformar el sistema de seguridad del Estado, lo que incluye mecanismos para garantizar la justicia para las vctimas de la brutalidad policial. Todo para evitar el fracaso de una transicin a la que se giran todas las miradas y cuya suerte repercutira ms all de sus lmites.

Todo por una poblacin de ms de 80 millones de personas, que hace exactamente dos aos vea como el dictador se iba. Todo por no acabar con las ilusiones que nacieron ese da y unas reivindicaciones que es justo que consigan los egipcios. De momento ni pan ni justicia ni libertad. Mientras, Mubarak, puede incluso emitir algn suspiro de alivio a la espera de su segundo juicio.

Fuente original: http://www.aish.es/index.php/es/component/content/article/121-clavesegipto/4107-egipto-11022013-de-viernes-de-la-ira-a-viernes-de-la-salida



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