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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2013

Un viejo pas ineficiente

Pasado & presente


"En los aos anteriores se haban desplomado muchas bancas privadas, pero ahora no se trataba ya del hundimiento de entidades financieras particulares, sino de la bancarrota. La quiebra no solo oblig a consignar todos los ingresos fiscales al pago de los intereses de la deuda y a su amortizacin, sino que dej en manos de los acreedores la centralizacin del producto fiscal recaudado y la supervisin del pago de los intereses. El reino de Espaa en 2013? No: el reino de Mallorca a finales del siglo XIV. Los historiadores Antoni Furi, Jos Antonio Sebastin, Enrique Llopis, Francisco Comn, Carlos Barciela, Carles Sudri i Jordi Maluquer de Motes han escrito conjuntamente ESPAA EN CRISIS, que acabamos de publicar y que analiza las principales depresiones sufridas por la economa espaola desde la Peste Negra del siglo XIV hasta la Pasta Negra de nuestros das. Su lectura atenta nos permite advertir que ms que a factores externos o a los deeds of God (epidemias, inundaciones, sequas, hambrunas y mortandades), en la gnesis, gestin y enquistamiento de todas esas crisis, lo determinante es la incompetencia de los gobiernos, sus polticas fiscales, el despilfarro pblico, la especulacin y la corrupcin a gran escala.

Desde la famosa pirula del Cid Campeador hasta la ominosa cacografa de Luis El Cabrn, la sombra de un prcer (o de varios) cobija las innumerables renegociaciones de la deuda soberana, las suspensiones de pagos o las bancarrotas del viejo pas ineficiente. Es, como la de las adelfas, una sombra enloquecedora y mortal. Bajo ella se engendr nada menos que el Banco de Espaa. En 1780, tras la penltima guerra contra Gran Bretaa, el estado espaol volva a estar en crisis: los ingresos fiscales rondaban los 800 millones de reales, pero los gastos alcanzaban los 1.500 millones. Hurfano de la plata americana, bloqueada por la guerra, y agotadas todas las posibilidades de financiacin exterior e interior, el gobierno de Jos Moino no poda pagar ni los gastos del rey Carlos, tambin cazador aunque no putero, que ascendan a poco ms de 90 millones de reales (una futesa, comparada con los esplndidos 300 reales anuales que podan sacarse un labrador o un artesano). Quiso la divina providencia que apareciera entonces por la Corte el caballero Francisco Cabarrs, financier de Bayona, ilustrado, reformista, defensor del comercio libre con Amrica, amigo de Campomanes y Jovellanos, bien relacionado internacionalmente. En suma, un Rodrigo Rato de la poca. Con la noble idea de sacar al pas de lembarras, Cabarrs vendi al conde de Floridablanca, al ministro de Hacienda, Miguel Mzquiz (que tambin era financiero), y al de Indias, Jos Glvez el siguiente producto: l conseguira de un consorcio de banqueros franceses y holandeses 135 millones de reales en letras de cambio (los ms) y en metlico (los menos) a cambio de la autorizacin para extender 148,5 millones de reales en papel que se llamaran vales reales y que tendran un doble valor: seran ttulos de la deuda, pero tambin podran circular como moneda fiduciaria por su valor facial. Los vales eran atractivos para determinados inversores: se podan utilizar para pagar impuestos y aranceles y tambin para operaciones mercantiles de gran calado, porque los primeros vales tenan un valor nominal de 9.000 reales. Rentaban, adems, un 4 % anual de inters, es decir un punto ms que el que proporcionaban los censos, refugio entonces del dinero ocioso. El negocio de comisionista de Cabarrs (13,5 millones de reales) no estaba mal, pero no era el negocio. El 30 de agosto de 1780 los prceres pusieron en circulacin 16.500 vales por el importe total convenido. En 1781 se repiti la operacin con el lanzamiento de otros 17.667 vales, esta vez de un valor nominal de 4.500 reales, por 80 millones ms. Como todo pareca ir a pedir de boca, Cabarrs, admirador de John Law, abord entonces otro negocio: propuso al gobierno la creacin de un banco privado para movilizar recursos financieros, garantizar la cotizacin de los vales y en su momento canjearlos por dinero en metlico. As naci en 1782 el Banco de San Carlos, con un capital nominal de 300 millones de reales, dividido en acciones de 2.700 reales. Era mucho dinero y para atraerlo Cabarrs recurri al mrketing: hizo ver que las grandes personalidades depositaban toda la confianza en su banco: desde el rey (que compr 1.000 acciones) hasta sus socios franceses, Mzquiz, Glvez o el mismsimo don Francisco de Goya. El propio Cabarrs compr acciones con los cinco millones de pesos que haba ganado prestando al Tesoro ese mismo ao un milln de pesos sencillos (15 millones de reales) a cambio de un milln de pesos fuertes (20 millones de reales) pagaderos en La Habana. Un beneficio cambiario del 33 %. Era mucho dinero, pero ese tampoco era el negocio. Sin embargo, el dinero no acababa de acudir a la llamada del banco: a finales de 1782 solo se haba colocado un 20 % de las acciones. As que se inyect al banco dinero pblico desvalijando los psitos, los consulados y hasta los propios de los municipios para lograr una cierta capitalizacin. Claro que, a cambio de ponerles a los espaoles un banco, Cabarrs, que era el director nato del San Carlos, pidi que se le concediera al banco el privilegio exclusivo de abastecer de vituallas, uniformes y calzado a los ejrcitos y la flota de Espaa y de Indias durante veinte aos por una mdica comisin del 10 %. Poda no estar mal, pero ni siquiera ese era el negocio.

El banco comenz a retirar los vales reales a su vencimiento, pero en 1785 solo haba podido canjear 4.000 vales de los de a 9.000 reales y 6.700 de los de a 4.500, el 22 % de todo el papel emitido (83.300 vales por valor de 300 millones de reales), pero, en justa compensacin, la deuda pblica se haba incrementado en un 150 %. Entonces Cabarrs, gran defensor de los ideales del libre comercio, se convirti de pronto al mercantilismo y pidi para su banco el monopolio de la exportacin de metlico (lingotes de plata americana). Lo obtuvo, claro, y ese era un negocio fabuloso porque llegaron al banco 40 millones de pesos de la plata embalsada durante cuatro aos de guerra. Pero an no era el negocio. Mientras el banco, al cuidado de otro director que, casualmente, era el suegro de don Francisco, se enredaba cada vez ms en operaciones opacas, prstamos al gobierno y a los poderosos sobre las propias acciones o los vales reales y especulaba temerariamente, en vsperas de la Revolucin, con los ttulos de deuda francesa, Cabarrs concentr todo su talento en la sucursal del Banco de San Carlos en Cdiz, donde, a finales de los aos 80, surgi una brillante alternativa al monopolio de exportacin de la plata que ya posea su banco: consista esta en pasar por la Aduana de Cdiz, cuyo comandante de la guardia era Antonio Glvez, hermano del ministro de Indias y socio de Cabarrs, cajas de azcar que estaba exento de aranceles- pero que en realidad contenan plata que se traficaba desde Cdiz hasta Bayona a travs de una red de contrabandistas conocida como La casa de la moneda. Nunca se supo quin era el jefe de la trama. Pero ese era el negocio. El nuevo ministro de Hacienda, Pedro Lerena, enemigo de Cabarrs, que se haba pillado los dedos con los vales, le meti en la crcel en 1790 acusndole de una contabilidad creativa sin duda aprendida de Necker- que dotaba las provisiones de tal modo que el banco daba beneficios en lugar de prdidas.

Mientras tanto, la Hacienda, siempre agobiada, decidi darle a la maquinita de imprimir vales hasta llegar a un importe superior al valor de toda la moneda acuada en Espaa durante los ltimos 30 aos. Como que la gente no era tonta, los vales sin respaldo bancario real- se fueron depreciando hasta alcanzar un 22 % en 1795, un 43 % en 1799, un 75 % en 1801. En 1812 no eran ms que papel mojado. Es imposible saber la cantidad de rentistas que perdieron su dinero en esta estafa pblico-privada que haba ingeniado el ilustrado Cabarrs, aquel activo y hbil negociante -son palabras de Floridablanca- que Carlos IV haba hecho conde, que Godoy sac de la crcel para hacerle embajador y que Jos I nombr ministro de Hacienda. El Banco de San Carlos, desacreditado y podrido de activos txicos, tuvo que ser rescatado con dinero pblico en 1829 y fusionado con el Banco de San Fernando, que en 1854 cambiara su nombre por el de Banco de Espaa. Entre 1796 y 1808 el Estado se haba empeado en 4.500 millones de reales ms, con lo que la deuda pblica total, en vsperas de la intervencin francesa, ascenda a 7.500 millones de reales (el equivalente a los ingresos fiscales de seis aos o al salario anual de un milln de trabajadores durante 25 aos). La deuda soberana de un pas cuyo PIB no llegaba a 10.000 millones de reales rozaba el 80 %. Era algo inaudito, brutal, insoportable. Jams se haba llegado a tanto: el viejo pas ineficiente estaba en quiebra. Para darnos una idea de lo agnica que era aquella situacin, pensemos lo que ocurrira si hoy, Espaa, que tiene un PIB de un billn de euros, tuviera una deuda del 80 %, o sea de es decir... Me parece que lo voy a dejar aqu.

Fuente: http://pasadopresente.com/blog/40-un-viejo-pais-ineficiente



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