| Mudarse a una ecoaldea "no se trata de volver a la época del garrote, sino de recuperar la capacidad de tomar las propias decisiones" |
Laboratorios
de vida en estrecho contacto con la naturaleza, las aldeas ecológicas
con huertas comunes se expanden en las provincias de Buenos Aires, Santa
Fe y Misiones (este y noreste), Córdoba (centro-norte), Catamarca
(noroeste), San Luis (oeste), Río Negro (sur) e inclusive en la
capital.
Algunas nacen como proyectos familiares que se afianzan y sirven de
núcleo para la formación de una villa. Otras arrancan como idea
colectiva de amigos que comparten una misma visión del mundo.
"Es un poco recuperar la libertad", define Tania Giuliani, una bióloga
con una maestría en desarrollo sustentable que participa de la creación
de una aldea ecológica en una isla del Tigre, en el tramo final del
delta del río Paraná, al noreste de la capital argentina.
Giuliani mantiene un cargo docente en Buenos Aires pero ya se despidió
de su apartamento en la ciudad para acelerar los trabajos de
construcción de su casa en la isla, hecha con materiales del entorno, en
armonía con el paisaje del humedal.
En el proyecto i-tekoa
(aldea de agua en lengua guaraní) y participan además de Giuliani otros
siete amigos que aceptaron el reto. Planifican levantar las ocho casas y
un centro comunitario donde brindarán talleres de arte, huerta y
permacultura.
La permacultura –que puede entenderse como la contracción de "permanente
agricultura" o de "permanente cultura"– surgió en la década de 1970 en
Australia. Según explica Carlos Straub a Tierramérica, "se trata de
diseñar modelos de desarrollo sustentable donde el ser humano pueda
vivir en armonía con la naturaleza".
Straub fue uno de los pioneros de la permacultura en Argentina en los años 90, junto a los fundadores de Gaia, la primera villa ecológica del país que funciona desde 1996 en la localidad de Navarro, provincia de Buenos Aires.
Además de comprender viviendas construidas con materiales naturales, en Gaia funciona el Instituto Argentino de Permacultura que brinda talleres de capacitación a quienes están interesados en reproducir esta experiencia.
Los asistentes aprenden los principios de la cocina naturista, la huerta
ecológica, la producción de semillas, la construcción natural, las
energías renovables y las alternativas de saneamiento sustentable y de
vida comunitaria.
Gaia es parte de la Red Mundial de Ecoaldeas (GEN, por sus siglas en inglés) que enlaza a miles de iniciativas de este tipo.
Straub coordina ahora el Centro de Investigación, Desarrollo y Enseñanza de la Permacultura (Cidep) en una chacra situada a 15 kilómetros de El Bolsón, Río Negro, en la austral Patagonia.
Junto a la sede de Cidep, que dicta talleres desde 2004, se está
erigiendo otra aldea ecológica para 20 familias. Mientras se construye,
ocho personas viven en instalaciones del centro.
Además, Straub dicta cursos en comunidades de la Patagonia argentina y
en Chile. "Hay un movimiento muy grande de gente que está emigrando de
las ciudades y busca comprar terrenos con otros para iniciar esta
experiencia", comenta.
Antes de lanzarse al proyecto i-tekoa, Giuliani vivió en una ecoaldea en
Nueva Zelanda. Para ella, el capitalismo impone un estilo de vida
individualista, consumista y antinatural del que cada vez más personas
buscan escapar.
"Uno lleva una vida solitaria y materialista, trabajando todo el día
para regresar a un apartamento y tener que comprar alimentos con
químicos", describió a Tierramérica.
Junto a amigos tan descontentos como ella con su estilo de vida,
adquirió el predio y está erigiendo las viviendas y un centro
comunitario. Las obras se realizan sin rellenar ni disecar el terreno
que es pantanoso, para respetar la función purificadora del humedal.
Los árboles de especies introducidas son talados y su madera empleada en
la construcción de las viviendas. En su lugar se siembran especies
nativas. Para el saneamiento, están debatiendo si usar baños secos o un
biodigestor.
"Vivir solamente de la naturaleza nos parece un poco utópico. La idea es
vivir de la huerta y de los talleres que vamos a brindar en el centro
y, de a poco, ir soltando los trabajos que tenemos en la ciudad, en la
medida en que se pueda", aventuró.
Para Straub la tendencia se multiplica como reacción a un estilo de vida
agotado. "Se busca una vida más tranquila, en la que se puedan realizar
viejos sueños sin esperar a jubilarse", opinó.
"No se trata de volver al primitivismo o a la época del garrote, sino de
recuperar la capacidad de tomar las propias decisiones. Puede no ser la
ecoaldea la solución para todos, pero el proyecto ayuda a recuperar una
visión más humana de la vida", dijo.
Se trata de "transformar la mirada". "El milagro debe ocurrir dentro
nuestro, y con ese cambio uno puede vivir en la ecoaldea o volver a
plena ciudad, pero ya no sometido a las condiciones del sistema",
subraya.
Él mismo no vive en el Cidep, sino en El Bolsón, situado a 15 kilómetros
de la villa. No está seguro de querer vivir allí, pero sí cree que
puede ser parte del proceso como productor de semillas.
Lo interesante, dice, es que cada vez son más los que se animan a
transitar ese proceso. "En Gaia, cuando comencé, éramos 15 o 20, y hace
poco participé de un encuentro en el que éramos 500 los que nos habíamos
sumado a la experiencia".
* Este artículo fue publicado originalmente el 9 de febrero por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.