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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2013

Mapa de resistencias
Experiencias de desobediencia contra la globalizacin neoliberal

Jnatham F. Moriche
Rebelin


01. De qu hablamos cuando decimos desobediencia?

A lo largo de la Historia, sujetos sociales heterogneos, en defensa de cosmovisiones y proyectos polticos dispares, han practicado una pluralidad ingobernable de formas de oposicin activa al poder constituido. A travs de tiempos y geografas, es posible trazar constelaciones de afinidad en fondo y manera, pero no taxonomas exactas ni fronteras impermeables: dnde acaba la no colaboracin y empieza la desobediencia, donde acaba la desobediencia y empieza la insurreccin, dnde acaba la insurreccin y empieza la revolucin? En qu se solapa y difiere la desobediencia con la objecin de conciencia, la accin directa o la noviolencia activa? No existe nada parecido a una ciencia exacta de la accin colectiva que ofrezca respuesta precisa y permanente a estas preguntas. Cada episodio de convulsin social es en menor o mayor grado original, y ello nos exige la revisin constante de los conceptos y lgicas que empleamos para esclarecer los acontecimientos y operar sobre ellos. A la pregunta genrica sobre qu es desobediencia siempre habr que aadirle un cundo y dnde para obtener respuestas de alguna utilidad.

Cules son las caractersticas mnimas que justifican hablar de la desobediencia? Un error corriente es identificar la desobediencia en general con desobediencia civil, categora mucho ms rgida y restrictiva, que describe una transgresin pblica, polticamente motivada, incondicionalmente no violenta, cuyos objetivos deben circunscribirse a la reforma de un aspecto determinado de la legislacin vigente. En tanto debe limitarse a la denuncia de la injusticia de una norma legal, pero no puede oponerse ms que de forma simblica a su ejecucin, esta desobediencia civil de genealoga ideolgica liberal apenas pasara de ser, en sus interpretaciones ms estrictas, una forma excepcional de ejercicio de la libertad de expresin, en la que el ciudadano o ciudadanos apelan a instituciones cuya legitimidad no niegan para que subsanen un captulo puntual en sus decisiones. Es tan estrecha esta lectura terica de la desobediencia como desobediencia civil que no es fcil encontrar en la realidad casos qumicamente puros del tipo de accin contenciosa que describe.

Existen sin embargo interpretaciones ms abiertas, que aspiran a describir el amplio espectro de acciones polticas posibles al margen de la participacin institucional, de un lado, y del conflicto armado, del otro. Esta desobediencia ampliada puede negar, no solo la norma legal, sino la legitimidad del legislador, y puede aspirar a la transformacin estructural de la sociedad, esto es, puede ser ejercida con fines revolucionarios. Y no se distingue tanto de la violencia en abstracto como de la guerra civil, de la que viene a ser una especie de contrafigura. Esta desobediencia en sentido amplio rechaza el enfrentamiento cruento y directo entre fuerzas armadas formales o informales, pero no excluye el recurso a formas heterogneas de noviolencia activa, autodefensa, sabotaje y otras.

En tanto lo que les divide puede ser un desacuerdo estructural sobre la forma econmica y poltica de la sociedad, poder constituido y sujeto desobediente bien pueden entenderse, en los casos ms extremos, como los bandos de una guerra civil que no llega a estallar, debido a la decisin de los desobedientes de enfrentar el conflicto con medios distintos a los de la guerra civil (ya por principios ideolgicos, por conveniencia estratgica o por ambos a un tiempo), sin por ello renunciar a sus mximos objetivos. A esta desobediencia ampliada se la ha denominado, para distinguirla de la desobediencia civil, desobediencia social, y es la forma ms notoria y pujante de la accin poltica contenciosa contempornea. Tanto las radicales transformaciones en la forma del mercado, el Estado y las relaciones internacionales que ha trado consigo la globalizacin, como los igualmente radicales realineamientos en las estructuras histricas de contestacin registrados de las ltimas dcadas, han contribuido a ensanchar y potenciar estas prcticas desobedientes, al mismo tiempo ajenas a las urnas y a las armas, forma caracterstica de la revolucin en la era de la plena globalizacin neoliberal.

02. San Cristbal, Gnova, Madrid, El Cairo

Con la cada del llamado socialismo real no slo se desplazaron las fronteras exteriores del capitalismo, sino tambin sus fronteras interiores. Ese desplazamiento interior, desde el modelo keynesiano dominante tras la II Guerra Mundial y hacia las posiciones que hoy conocemos como neoliberales, haba comenzado en realidad tiempo antes: lentamente desde comienzos de la dcada de 1970, a mayor velocidad tras las victorias de Thatcher en 1979 en Gran Bretaa y Reagan en 1981 en EEUU, y a velocidad de crucero a partir de la cada del Muro de Berln. El objetivo del neoliberalismo es el desmantelamiento de la economa social de mercado, que muchos pases centrales del capitalismo haban adoptado durante el medio siglo anterior para modular e institucionalizar el conflicto social. Pero la agenda neoliberal no solo pretende el endurecimiento de las condiciones materiales de vida de las multitudes productivas, sino tambin un estrechamiento de sus posibilidades de autorrepresentacin e intervencin poltica.

La cuestin de las mquinas de lucha de las cuales el movimiento deber dotarse para poder vencer, escriben Antonio Negri y Flix Guattari en 1989, queda completamente abierta tras el fin de la Guerra Fra (Las verdades nmadas, Akal, Madrid, 1999, p. 61). El 1 de enero de 1994, el llamado Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional (EZLN) lanza desde donde nadie pareca esperarla, el sur campesino de Mxico, una respuesta novedosa a esta cuestin, que sacude, a escala global, a unas fuerzas antisistmicas sumidas durante aos en una profunda y melanclica desorientacin. Durante apenas unas horas, el EZLN parece comportarse como una guerrilla tradicional, tomando por las armas la localidad chiapaneca de San Cristbal de las Casas. Pero no se trata, como se comprueba enseguida, de una guerrilla al uso: el EZLN no aspira a medirse con el Estado mexicano en el terreno de las armas, sino de la legitimidad, empleando este inicial y efmero episodio de violencia armada solo como recurso expresivo radical. Los zapatistas abandonan casi inmediatamente sus posiciones en San Cristbal y se repliegan a la selva Lacandona. Hacen al mismo tiempo una propuesta de negociacin al Estado mexicano y, mediante los entonces novsimos medios digitales de comunicacin, un llamado a la solidaridad que atraviesa instantneamente el planeta, conectando amplias redes activistas que se convierten en su mejor defensa frente a la represin estatal. Estas redes no se limitarn a reconocer la legitimidad del modelo de lucha zapatista y apoyarlo en la distancia, sino que, de muy distintas maneras, tratarn de aclimatarlo a sus respectivos territorios y condiciones de actuacin.

Una de las ms conocidas entre estas adaptaciones de la desobediencia zapatista se produce en Italia, donde, al igual que en Mxico, sujetos y redes activistas antisistmicas buscan una salida alternativa a la disyuntiva entre accin institucional y guerra civil, vas que la experiencia de las pasadas dcadas han demostrado agotadas e intiles para desafiar el orden econmico y poltico vigente. De ah surge la experiencia de los llamados Monos Blancos y otros colectivos afines, que mediante un uso extendido de la noviolencia activa, la violencia defensiva o el sabotaje material, plantean un conflicto radical frente al Estado, que al mismo tiempo desborda el testimonialismo de la desobediencia civil clsica y esquiva el conflicto molar con la fuerza armada. Los Monos Blancos, pertrechados exclusivamente de estrategias y equipamientos de tipo defensivo, marchan a pesar de las prohibiciones o ms all de los lmites autorizados reivindicando la extensin del derecho de participacin poltica, desmantelan fsicamente centros de internamiento de inmigrantes para defender el derecho de libre circulacin de las personas o realizan distintos tipos de expropiaciones para reclamar el derecho efectivo al sustento, la cultura o la movilidad de las personas.

Con matices en su justificacin y ejecutoria, segn los distintos sujetos y redes, esta desobediencia ampliada se convierte en una prctica extendida, reiterada y protagnica a lo largo del llamado ciclo de las contracumbres, a travs del cual se va componiendo el plural mosaico del denominado movimiento antiglobalizacin: en Seattle en 1998 contra la Organizacin Mundial del Comercio, en Praga en 2000 contra el Banco Mundial o en Gnova en 2001 frente al G-8, no solo denunciando la ilegitimidad radical de estas instancias de poder globalizado, sino tratando de interferir efectivamente en el desarrollo de sus encuentros mediante cortes de ruta, bloqueo de edificios y otras acciones desobedientes.

Con el cambio de siglo, el acceso al poder de los neoconservadores en EEUU, los atentados del 11 de septiembre y las respuestas blicas en Afganistn e Iraq sealan una inflexin an ms represiva y autoritaria del proyecto neoliberal a escala global. Tambin a escala global se articulan sus antagonistas, en un vasto y plural movimiento que retoma, extendindolas a estratos cada vez ms amplios de la poblacin, las prcticas desobedientes del movimiento antiglobalizacin, a veces recombinada con formas tradicionales de protesta como la manifestacin o la huelga. La desobediencia se hace social y pasa a convertirse en un factor a tener en cuenta en el balance global de poderes y contrapoderes. En diciembre de 2001, una pluralidad de sujetos sociales provoca mediante la desobediencia de masas en Argentina un cambio de gobierno que remueve las lneas centrales de la poltica del pas, empezando por el desacato a los imperativos de los deudores financieros internacionales. En Espaa, en marzo de 2004, decenas de miles de personas conectadas a travs de las redes antiguerra emplean prcticas desobedientes para quebrar la manipulacin informativa del gobierno saliente sobre los atentados de Madrid y acaban provocando su derrota en las urnas. Son los episodios ms visibles de una tendencia que se extiende, a pequea, mediana y gran escala, por todos los rincones del mundo.

El ltimo episodio de esta cadena de desobediencias se desencadena en diciembre de 2010, y de nuevo, como sucedi con la rebelin chiapaneca de 1994, se desliz desde la periferia hacia el centro: las protestas en una recndita aldea del desierto tunecino se extienden primero al mundo rabe, luego saltan, a travs de Espaa, a la Unin Europea, EEUU o Mxico. Plural, dinmica y en no pocas ocasiones contradictoria, la nueva oleada de desobediencia tiene como marca y prctica en comn la ocupacin multitudinaria de plazas pblicas: Tahrir en El Cairo, Sol en Madrid, Syntagma en Atenas, Zucotti Park en Nueva York,... El balance de estas nuevas revueltas desobedientes contra el despotismo, tradicional o tecnocrtico, permanece abierto.

http://jfmoriche.weebly.com || [email protected] || @jfmoriche

[Editado originalmente en el n 84 (diciembre de 2012) de Utopa. Revista de Cristianos de Base, publicacin de las Comunidades Cristianas Populares, http://www.redescristianas.net]

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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