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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2013

Una nota sobre el cambio en la agencia de la emancipacin
Del militante al activista

Raimundo Viejo Vias
On the Wobbly's Road


La jornada de ayer [por el martes] ha marcado un punto de inflexin que viene a verificar una hiptesis fuerte en nuestro anlisis de la tendencia: la mutacin de la agencia poltica de la emancipacin. Con el xito de la PAH ayer, capaz de obligar a dar marcha atrs nada menos que a una mayora absolut(ist)a del PP a la par que promover la devolucin del poder al demos por medio de la nica (aunque pobre) herramienta que ofrece el rgimen (la ILP), prueba a un tiempo la obsolescencia del gobierno representativo y el fin de la arena parlamentaria como el locus del cambio social que nos puede sacar adelante.

El xito de la PAH al doblegar al PP y al gobierno representativo en el da de ayer, materializando la reivindicacin del 15M "democracia real ya!", es, adems, doble: xito por conseguir frenar la tentativa conservadora de ningunear a casi milln y medio de firmas ciudadanas y xito por demostrar que el PP no dio marcha atrs por demcrata sino por todo lo contrario. Al grito de "explsenlos, coo!", la tercera autoridad del Estado, sosias para la ocasin del infausto golpista, dej bien claro que el Parlamento no quiere escuchar a la sociedad organizada, sino que se ve obligado a plegarse tcticamente en sus cuarteles de invierno hasta que, sencillamente, se pueda hacer efectivo, en mejores condiciones de manipulacin meditica y funcionamiento instituciona, la mayora absoluta de los populares.

Pero an es ms: en el da de ayer, la PAH no slo protagoniz la jornada con su doble xito en la cmara, sino que, muy justamente, ocult, adems, el que deba haber sido el bombazo meditico de la izquierda parlamentaria: la retransmisin de la comparecencia a puerta cerrada de Draghi en el Parlamento. La PAH rob ayer todo el protagonismo a esa izquierda burocrtica de las organizaciones de partido, de los notables que medran en los espacios de poder subalternos del gobierno representativo y que slo obedecen a la lgica de los rendimientos electorales. La que se esperaba fuese una situacin que permitiese mostrar a la multitud que las organizaciones partitocrticas tambin saben usar twitter, facebook o youtube para producir democrtica, acab con un regusto a impotencia ante el merecido protagonismo de una estructura de movilizacin nacida de la multitud como es la PAH.  

Romper con lo viejo, ir ms all de una vez por todas


La coyuntura de ayer fue uno de esos puntos de no retorno que siempre ha sido preciso atraversar. No "el" punto, pero sin duda uno de tantos que, cuando se saben leer como tendencia, apuntan precisamente a una irreversible mutacin estructural de medio y largo plazo: el cambio de agencia, el paso definitivo de la poltica de partido a la poltica de movimiento (sobre este particular hace ya tiempo que venimos trabajando: vase el captulo "tres polticas" escrito en su da).

Cuando tras momentos como el de ayer se pone de relieve este debate suelen expresarse tres tipos de posiciones que responden a tres lgicas: la conservadora, la eclctica y la emancipatoria. La primera funciona sobre la base del chantaje organizativo y reclama todava el protagonismo del partido (se puede identificar fcilmente con los planteamientos habituales del PCE y otras tradiciones semejantes). La segunda es consciente de que hay un cambio en curso y que este opera sobre bases nuevas, pero todava pretende pensar la estrategia antagonista sobre la base de una desdiferenciacin originada por la necesidad de conferir al movimiento direccin poltica, recomponer la "unidad de la izquierda" (ese sofisma!) y dems lugares comunes de la gramtica poltica moderna (Izquierda Anticapitalista y otros grupos semejantes suele ser un referente de este modo de pensar). Por ltimo, la posicin emancipatoria es aquella que lee la tendencia, la que interpreta que se estn forjando, si acaso a un ritmo siempre inferior a nuestros deseos, pero de manera inexorable, las condiciones de posibilidad que hacen posible una poltica otra y, con ella, la instauracin del rgimen poltico del comn.

El chantaje partitocrtico de la "izquierda"

Desde que en los aos ochenta se institucionaliz el rgimen de 1978 y la composicin del trabajo fue ligada a los mecanismos de la accin social concertada, el trabajo se vio sometido a (1) una representacin hegemnica protagonizada por los sindicatos de los Pactos de la Moncloa, (2) la subalternidad de las figuras ajenas al trabajo asalariado, masculino, con papeles, etc., y (3) la externalizacin progresiva de los costes de la implementacin del proyecto neoliberal por medio de partidos y sindicatos de izquierda sobre las espaldas del precariado emergente. Este proceso, intensificado en las dos ltimas dcadas, llega ahora a su punto lgido con esta estafa llamada crisis en la que vemos como una generacin cae al abismo de la pobreza por culpa de la total falta de previsin y confortable acomodo de las elites de la izquierda partitocrtica y sindical de las ltimas dcadas.

Ante esta crisis, esta "izquierda" (en rigor, la nica izquierda, ya que como concepto, la propia nocin de izquierda es en s misma base de la propia produccin de hegemona discursiva en el interior del trabajo) no sabe ya muy bien como salvar los muebles. Las patticas tentativas del PSOE por hacernos colar la posibilidad de regeneracin de su alternativa mediante la autocrtica o la incorporacin de savia nueva carecen por completo de toda credibilidad. Pero tampoco es mayor, claro est, la credibilidad de IU como Syriza o de sus innmeras refundaciones. En la base comn de quienes defienden esta posicin inoperante, por activa, por pasiva o, mucho nos tememos, por pura inercia, ignorancia e irreflexividad, se encuentra una gran parte de quienes todava capean mal que bien la crisis y se niegan, si acaso por ello mismo, a renunciar a sus viejos esquemas ideolgicos, a saber: el fetichismo de la organizacin de partido.

En efecto, para esta izquierda conservadora, la crisis poltica se expresa en el nudo gordiano del chantaje al que aboca la propia hegemona sobre el precariado. El ideologema del chantajismo organizativo partitocratico, por expresarlo sintticamente, reza as: "El PSOE, IU o la organizacin que sea, no es prescindible en la recomposicin de la izquierda, ERGO tenis que aceptar nuestra existencia acrticamente o moderando vuestras crticas, de suerte tal que quienes hasta ahora mantenemos una posicin hegemnica podamos mantenerla incorporndoos ciertamente con algn pequeo cambio (estilo la integracin del tonto til de Alberto Garzn) a una ampliacin de nuestras bases sociales; en definitiva, no hay otra alternativa para la izquierda que la realizacin del viejo apotegma lampedusiano que cada da critica al rgimen: cambiar todo para que nada cambie".

Quien arraiga su prctica terica en la poltica de movimiento sabe, sobre todo desde ayer, que este equilibrio precario no solo se hunde cada da ms, sino que pronto colapsar del todo, liberando, como tuvimos ocasin de ver ayer, esa mutacin en la agencia de la emancipacin que marca la subsuncin definitiva de la poltica de partido en la poltica de movimiento. O por decirlo de otro modo no es Cayo Lara, sino Ada Colau quien cataliza la crisis del rgimen; no es la IU del PCE sino la PAH del movimiento la que articula polticamente una oposicin efectiva con la que salir de la crisis. Hora es de que se vayan enterando las izquierdas hegemnicas (sindicales, partitocrticas, etc.) que su tiempo de control y dominio sobre el trabajo ha terminado.

Buscar la oportunidad histrica salvando los muebles

Ante el conservadurismo de la izquierda parlamentaria y sindical, la posicin eclctica de los grupsculos ms o menos razonables de la extrema izquierda suelen leer el momento como la hora de ajustar cuentas con el pasado, con la Transicin en que fue derrotado el cambio revolucionario y dems rencores pretritos que se suelen remontar, no por casualidad, a la pugna por la herencia de Lenin entre Trotski y Stalin. A pesar de los innmeros aggiornamenti operados bajo etiquetas como izquierda alternativa, nuevos movimientos sociales, etc., una misma alternativa prosigue su lectura siempre insuficiente y a medio plazo paralizadora de la estrategia antagonista.

Se trata, como no poda ser de otro modo en quien comparte con el conservadurismo de izquierda una misma gramtica poltica, de ese permanente reificar para rentabilizar representaciones contingentes; la voluntad de extraer permanentemente rditos inmediatos en la mtrica de lo representativo del propio militantismo en los espacios de movimiento. La conviccin de que son posibles las dualidades conceptuales en la teora de la agencia partido/movimiento, militante/activista, etc., como si estas no fuesen, en suma, ms que esa contingencia entre lo viejo que no acaba de morir y lo nuevo que no acaba de nacer tan caracterstica de los tiempos de crisis y que tan lcidamente fue caracterizada por el apotegma gramsciano. Un vano parasitismo de la poltica de movimiento acaba siendo, por todo ello, el principal, cuando no nico rasgo de esta estrategia poltica abocada, por definicin, a un estrepitoso fracaso.  

Abandonar la zona de confort, optar por el pensamiento divergente


En el presente estado de cosas, el xito de la PAH no debe ser sobredimensionado. Su trabajo no se ha hecho en un da, ni se ha forjado sobre la base de contingencias. La poltica de movimiento que en ocasiones aflora con xitos tan esperanzadores como el de ayer, tiene sus ritmos, su tempo. Para poder acelerarla de acuerdo a la realizacin de una estrategia antagonista es absolutamente necesario comprender la lentitud de aquellas sedimentaciones que le son necesarias, de los procesos de subjetivacin que requiere, de la innovacin desobediente de los repertorios de accin colectiva sin los cuales no es posible la disruptividad que logra la disruptividad imprescindible. Pero, sobre todo, lo que resulta absolutamente urgente en las condiciones actuales, es abandonar la zona de confort del pensamiento de la izquierda para producir otro discurso poltico, otros marcos de intepretacin de la situacin que sirvan a la catalizacin de los procesos cognitivos que requiere la formulacin de una alternativa al presente estado de cosas. A tal fin es preciso abandonar las viejas categorizaciones, los conceptos crcel, las argumentaciones que reproducen hegemonas. Urge, por ello mismo, activar los procesos de subjetivacin que hacen cambiar la visin de las cosas, el pensamiento que nos sustrae de los esquematismos obsoletos, las maniqueas dualidades del sustrato cultural judeocristiano que impiden la comprensin de lo complejo. Solo en este coraje terico, en la praxis cognitiva de pensar el porvenir hay lugar para el cambio.

Fuente: http://raimundoviejovinhas.blogspot.com.es/2013/02/es-del-militante-al-activista.html


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