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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2013

Los medios alternativos frente a la inseguridad informativa

Patricia Rivas
Rebelin


Fue en 2004 cuando el terico de la comunicacin y director de la edicin espaola de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, alertaba en una entrevista de que vivimos en un "estado de inseguridad informativa", y lo explicaba as:

"Ahora, cuando yo veo una informacin en televisin, antes de creerla, tengo que esperar un tiempo porque igualmente me viene la rectificacin de la misma. Me hablan de armas de destruccin masiva y luego me dicen que no haba; me hablan de relacin entre Al Qaeda y Saddam Hussein y luego me dicen que no existi tal relacin; el gobierno espaol de Aznar y la televisin espaola dijeron que la autora de los atentados del 11 de marzo era ETA, y luego resulta que no. Entonces, cul es la buena informacin? Luego los medios, ellos solos no son capaces de autocorregirse y la instantaneidad ha complicado las cosas. Un periodista que se limita a reproducir instantneamente lo que est pasando ante sus ojos, no controla lo que est difundiendo, no lo puede verificar, en tiempo real no se puede verificar nada" [1].

Este diagnstico, certero hace 9 aos, se ha revelado en toda su magnitud con el correr de los acontecimientos. La desinformacin es hoy la regla, no la excepcin. Quiz la publicacin el pasado 24 de enero de una fotografa falsa del presidente Hugo Chvez en primera pgina y a 4 columnas en el diario "El Pas" haya servido para hacernos por un momento conscientes (porque nuestra memoria de consumidores es muy breve) de hasta qu punto nos mienten y de cmo pervierten la sagrada labor de informar los llamados "medios de prestigio" de la burguesa (hoy en manos de crteles financiero-mediticos con tentculos transnacionales).

Estos medios proyectan en el confiado "ciudadano" un espejismo de diversidad y reducen todos los mensajes a un nico discurso, y esto puede constatarse sobre todo en el tratamiento de los temas econmicos, sociales y polticos en sentido fuerte (ah est el ejemplo especialmente claro de Cuba, y en similar medida, de Venezuela, dos realidades igualmente manipuladas y ocultadas en los medios comerciales "progresistas" como en los "liberales" y en los reaccionarios).

Hace muchos aos que en los medios alternativos hemos venido desenmascarando los variados mecanismos de desinformacin que operan cotidianamente en los distintos productos que nos entregan estos medios comerciales. En determinados momentos, cuando estn en juego los intereses del poder econmico que los controla, estos medios de comunicacin sirven como herramientas desestabilizadoras de guerra psicolgica. No es nuevo. Por limitarnos a Amrica Latina, desde la Cuba revolucionaria, pasando por el Chile de Allende a la Venezuela Bolivariana o la Bolivia gobernada por el MAS, merece la pena hacer un seguimiento a los principales diarios de estos pases y a la Agencia EFE, agrupados en la Sociedad Interamericana de Prensa, para entender hasta dnde los medios "de prestigio" fueron puestos al servicio de la injerencia extranjera, con columnistas pagados por el Gobierno de Estados Unidos, y con una sistemtica campaa de terrorismo meditico, orientada a infundir zozobra y pnico en las mentes de los ciudadanos, con mentiras reiteradas y burdas manipulaciones, buscando preparar las condiciones de un golpe interno o una intervencin exterior [2].

Presentan a los verdugos como vctimas y a los pobres como una amenaza contra su "democracia". No hace falta moverse de Europa para comprobarlo. La campaa de terror informativo desatada contra la coalicin Syriza en Grecia ante la posibilidad de que se hiciera con el triunfo en las elecciones de mayo y junio de 2012, o la criminalizacin de las protestas sociales en Espaa ante la insoportable depauperacin y desahucio de millones de trabajadores a cuenta de las polticas de "austeridad" (simultneas con la amnista fiscal para los enriquecidos) ponen de manifiesto a quin sirven estos medios y cul es su medida del rigor y su deontologa cuando la lucha de clases no se deja maquillar.

Todo esto lo sabemos. Contamos con una experiencia intensa en los ltimos doce aos. Porque si hay que ponerle una fecha a la manipulacin y al terrorismo meditico en mi generacin, esa fecha es el 11 de abril de 2002, cuando los medios de comunicacin perpetraron un golpe de Estado contra el Gobierno y el pueblo de Venezuela, que ha dejado muchas lecciones y una huella indeleble en las conciencias de quien ha visto las imgenes de Radio Caracas Televisin, de Globovisin, de Venevisin, las pginas de El Nacional, El Universal sin olvidar el diario El Pas, el primer peridico espaol en reconocer al gobierno golpista encabezado por Pedro Carmona Estanga, prfugo en Colombia.

Contamos tambin con lcidos y esclarecedores anlisis que desenmascaran todos los mecanismos de guerra psicolgica, desinformacin, ocultamiento, tergiversacin, mentira, calumnia y terrorismo informativo desplegados por estos medios de comunicacin masiva que adems han seguido procesos de concentracin y transnacionalizacin. Gracias a los trabajos de autores como Pascual Serrano, Ernesto Carmona, Fernando Buen Abad, Ral Zibechi, Jos Steinsleger, Ignacio Ramonet, por mencionar solamente a algunos del mbito hispanohablante, somos hoy mucho ms capaces de detectar la intoxicacin inoculada en los mensajes que estos medios hegemnicos vierten a la esfera pblica diariamente.

Quienes nos reclamamos de las distintas familias de la izquierda, estamos acostumbrados a "leer" estos mensajes y a combatir sus manipulaciones. Esa es una parte de nuestra lucha, una parte que a veces consume mucho tiempo y energa. Lo que se denomina "contrainformacin" o "batalla comunicacional", dependiendo del contexto, hace referencia a esa lucha por desmentir, explicar, demostrar con datos, contextualizar los hechos que los medios hegemnicos intentan desvirtuar a fin de lograr imponer sus "matrices de opinin" o prejuicios en el pblico, para lograr reflejos condicionados ante determinados gobiernos o situaciones.

Pero con desmentir no alcanza. Alguien tiene que dar cuenta de las realidades que los grandes medios comerciales al servicio del poder econmico silencian o satanizan. Y en un panorama informativo ahogado por el discurso nico, esa es la vocacin de la llamada "informacin alternativa", entendida como la informacin independiente de los poderes econmicos y estatales. La informacin que viene de las organizaciones y movimientos sociales, que aspira a "dar voz a los que no tienen voz" en los medios del sistema.

El ao 2012 ha sido especialmente difcil para estos medios. Desde que el 17 de diciembre de 2010 el vendedor ambulante de 26 aos Mohamed Bouazizi se prendi fuego en un grito desesperado de dignidad y la llama de las revoluciones rabes salt en Sidi Bouzid y prendi en Tnez, luego en Egipto, catapultndose desde all a todo el mundo rabe e impregnando las protestas indignadas en el Sur de Europa, el tablero geopoltico del Norte de frica y de Oriente Medio ha sido escenario de mltiples reacomodos e injerencias extranjeras. El grito de rebelda y afirmacin poltica de estos pueblos se vio pronto empantanado, sofocado en sangre por otros estruendos brutales, en forma de salvajes represiones por parte de los Gobiernos respectivos, y, en Bahrein y Libia, por la intervencin militar desde el exterior, en forma de guerra de agresin, si bien con muy distinto tratamiento "informativo" por parte de los medios hegemnicos.

En el primer caso, se silenci y se acolch la invasin de Bahrein por tropas saudes, para ahogar en sangre la legtima protesta social del pueblo bahrein. En el caso de Libia, se convirti al aliado de ayer en una caricatura del dictador rabe muy parecida a la que otrora construyeron los medios con Sadam Hussein, y nos inundaron de srdidas historias de depravacin y oprobio para justificar un bombardeo de la OTAN que lanz sobre la poblacin libia la destruccin y la muerte de la que supuestamente vena a "protegerla".

Luego fue Siria la que pas a centrar el foco desinformativo de los medios hegemnicos, en una estrategia de bombardeo psicolgico constante sobre las masacres, torturas y bombardeos del rgimen de Al-Assad contra la poblacin.

Lo que comenz exactamente igual que en Tnez, y muy pocos das despus, como una protesta civil, no armada, de exigencia de reformas polticas y fin de la corrupcin al grito de "Dios, Siria, libertad", dio paso a una masacre sostenida y a un enrarecimiento del escenario a partir de la irrupcin de actores armados que reciben apoyo de terceros estados, y que son, desde antes de su presencia en territorio sirio, la gran coartada del rgimen para desatar una violencia criminal contra toda la poblacin siria que despierte sospechas de desafeccin, escalando los ya altos niveles de represin poltica y terror (especialmente ilustrativo de esto ltimo son los testimonios de la propia izquierda siria).

Tanto en el caso de Libia como en el de Siria, los medios de informacin alternativa nos hemos tenido que enfrentar con un dilema. Y es que los medios hegemnicos ("los malos") se pusieron del lado de los rebeldes, reservndose, eso s, el privilegio de elegir muy bien qu voces y qu imagen queran proyectar de lo que se denominan "rebeldes" en Libia y en Siria. Y el otro problema que tuvimos que enfrentar los medios alternativos fue que los Gobiernos reunidos en la Alternativa Bolivariana por los Pueblos de Nuestra Amrica (ALBA) expresaron abiertamente su apoyo a los gobiernos de Gaddafi en Libia y de Bashar al Assad en Siria, llegando a ensalzar y a identificarse con ambos gobernantes en declaraciones institucionales.

Regmenes totalitarios y sangrientos, donde las rebeldas y especialmente las de izquierda- han sido reprimidas, encarceladas y muchas veces torturadas, donde la desaparicin forzada y la detencin arbitraria no eran la excepcin, como son los casos de la Libia de Gaddafi o la Siria de al Assad, no se merecan ese aval de parte de gobiernos como el de Cuba o el de Venezuela, escrupulosamente respetuosos de los derechos humanos (desde luego, y como hemos venido demostrando desde los medios alternativos hasta la saciedad, mucho ms respetuosos que las llamadas democracias occidentales, desde Estados Unidos a Espaa, pasando por Rusia, por no hablar de Israel).

En todo caso, los Gobiernos del ALBA deciden sus movimientos y se posicionan en el tablero geopoltico teniendo en cuenta un entramado de relaciones y alianzas interestatales, sin perder de vista que ellos estn tambin bajo el punto de mira del mismo Imperio que atac a Libia, prepara las conciencias para poner sus manos sobre el territorio de Siria y ya mira a Irn. Sean cuales sean, las razones que tienen el presidente Hugo Chvez o el presidente Rafael Correa o el presidente Ral Castro para apoyar a Bashar al Assad, son, no cabe duda, razones de Estado. Esencialmente pragmticas. Ante el mal mayor, prefieren avalar a los Gobiernos que estn reprimiendo en las calles a sus pueblos, porque al mismo tiempo esa represin se est intentando emplear como excusa para bombardear, ocupar y expoliar a esos mismos pueblos cuyos derechos humanos se invocan en los medios de comunicacin hegemnicos.

Dividido el escenario meditico entre los medios hegemnicos comerciales, meros instrumentos propagandsticos de las estrategias de guerra psicolgica y blica decididas en los centros de poder, y los medios estatales que hasta 2011 haban tenido un papel alternativo (como TeleSUR o Al Jazeera), entregados a reproducir mensajes propagandsticos en funcin de la posicin que sus respectivos dueos han adoptado con respecto a los conflictos en curso, y a travs de cuyas emisiones son los Estados quienes se expresan, a los medios alternativos les ha ocurrido algo terrible: son los nicos que realmente pueden decidir con libertad sus estrategias informativas, sin que suenen sus telfonos exigiendo la retirada de tal o cual contenido desde ninguna instancia gubernamental o partidaria, pero predominantemente nos ha podido el miedo a hacer parte del coro imperialista, y hemos optado por silenciar, tambin nosotros, a los pueblos que estn siendo perseguidos y asesinados por rebelarse en las calles contra un rgimen desptico e injusto.

Trgicamente, cada vez que en nuestros sitios hemos brindado espacios a la crtica sin paliativos de los crmenes cometidos por el Gobierno sirio contra su pueblo, y a la reivindicacin clara del derecho que tiene ese pueblo de sacudirse la tirana, un aluvin de ataques se han sucedido, inundando los medios alternativos con juicios personales contra los firmantes de tales anlisis, en un tono y un estilo inquisitorial ms propio de Torquemada o de Dzerzhinski. Muchas veces dio la impresin de que lo de menos es el destino del pueblo sirio, y de que ms bien se trata de aprovechar esta excusa para volver a trazar lneas de divisin entre los andrajos de una izquierda europea que nunca est lo suficientemente dividida.

Por razones estructurales, de falta de medios y dificultades de acceso a las fuentes, en nuestras pginas ha abundado mucho ms la opinin que la informacin, pero lo preocupante es que las diferencias se han expresado ms como diatriba que como polmica, y ha habido fuerzas en tensin que llevaban a romper, a delimitar el crculo de "los nuestros" dentro de nuestros colectivos y hacan pensar en oprobiosos tiempos de purgas y de intelectuales "cados en desgracia".

Al mismo tiempo, han abundado los artculos difundidos sobre el tema libio y sirio en los medios alternativos con afirmaciones sin contrastar, tesis conspirativas, suposiciones y, en suma, una reiterada falta de rigor. La desinformacin no ha sido un mal exclusivo de los medios hegemnicos, sino que se ha colado reiteradamente en nuestros medios alternativos como un sntoma que debera hacer saltar alarmas, porque nuestros lectores tienen mucha ms memoria y juicio ms severo que el consumidor de productos "informativos" mercantiles, y la credibilidad es nuestro nico capital, a diferencia de lo que ocurre con El Pas, El Tiempo, El Mercurio, Clarn o El Nacional.

Finalmente, para que nos cuadrara el puzzle, hemos decidido con mucha frecuencia desechar las piezas que sobraban. Si lo nico que ha habido en Libia y Siria ha sido una estrategia premeditada para favorecer el derrocamiento de ambos gobiernos a manos de agentes externos, donde quienes se presentan como "rebeldes" son en realidad mercenarios, integristas, terroristas extranjeros y algn que otro tonto til, entonces tenemos que negar la rebelin civil, desarmada, el estallido de indignacin (de ira en el mundo rabe) y llegar incluso a afirmar en nuestros medios (lo hemos hecho) que las revoluciones rabes responden a un plan de la CIA.

En numerosas ocasiones desde el estallido de la rebelin en Siria, hemos negado a las vctimas del Estado, hemos negado su derecho a insurgir, y despus los hemos llamado mercenarios, los hemos estereotipado en la imagen de un terrorista y as los hemos denominado tambin (lo mismo que hacen los medios hegemnicos) y los hemos culpabilizado por haber "desestabilizado" dos pases donde haba tanta justicia, tanta democracia, tanto antiimperialismo y tanto "socialismo". Esto se llama negacionismo. Es un oprobio para las vctimas (miles) civiles, de mltiple credo e ideologa poltica, que salieron valientemente a exigir a su gobierno cambios democrticos. Pero adems es una contradiccin insostenible para quienes llevamos 20 aos admirando, aprendiendo y dando cuenta del ciclo de rebeliones contra el orden econmico, social y poltico del capitalismo en Nuestra Amrica. Desde el Caracazo en 1989 y el insurgente Por Ahora del comandante Chvez en 1992, el levantamiento zapatista en 1994, el ciclo de levantamientos indgenas en Ecuador, el que se vayan todos de Argentina y la experiencia de los piqueteros y los barrios en 2001, la guerra del agua en Bolivia y los sucesivos levantamientos indgenas que culminaron en la eleccin de Evo Morales en 2005, San Salvador Atenco en 2007, los mineros peruanos en 2008 Con una Cuba siempre rebelde, que ha sabido resistir y mantener viva la llama de la dignidad, de la soberana, de la reivindicacin del socialismo, siempre solidaria y dispuesta a tejer alianzas y fortalecer un bloque regional a salvo de las injerencias del Imperio, que trabaje en funcin de las necesidades de los pueblos.

Los actores imperiales han tenido que hacer una contorsin de cintura bastante extraordinaria, y su trabajo les ha costado, para dejar de apoyar a regmenes que les han sido aceptablemente funcionales y empezar a denunciar violaciones de derechos humanos, e incorporar a sus titulares palabras como "rebelde" o "revolucin". Es un giro tctico y una impostura grotesca. Pero no resultamos menos grotescos nosotros tratando de acomodarnos en el hueco que ellos han dejado libre y tratando de reducir la complejidad de la situacin recurriendo a comodines como "mercenarios", "terroristas de Al Qaeda" y a conspiraciones orquestadas por el departamento de Estado hasta unos niveles paranoicos.

Para poder explicar, hay que primero entender, conocer, y perder el miedo a preguntar y a hacerse muchas preguntas, y sacudirse la pereza intelectual y las inercias culturales. Es un ejercicio que en la izquierda europea venimos haciendo intensamente, porque los pueblos y los procesos de Amrica Latina nos han obligado a un aprendizaje cultural, histrico, antropolgico, y nos han enseado que haba ms categoras que las que habamos manejado desde 1848. Hablar la misma lengua no bast para que los espaoles entendiramos el "por ahora" de Chvez el 4 de febrero de 1992, ni el comunicado del EZLN el 1 de enero de 1994. Hizo falta un intenso aprendizaje cultural y un esfuerzo consciente por dejar de mirar a estos pueblos y sus procesos con lentes eurocntricas. Hizo falta un ejercicio de respeto. Pero sobre todo, pudimos llegar a entender su lenguaje y comprender sus lgicas porque nos interesaban, sabamos que en su "despertar" y en su "echar a andar" estaban en juego cosas universales y muy concretas, empezando por nuestra esperanza.

Y ahora que otros pueblos, en idntica lgica (bien has hozado, viejo topo!), insurgen en el mundo rabe, no podemos pretender explicarlos, y menos juzgarlos, sin querer conocer quines son y qu factores los han moldeado y explican, condicionan y alimentan su rebelin.

Informar es aadirle matices a la imagen, no borrrselos. Aqu topamos con una dificultad de los medios alternativos, y es la enorme limitacin material (econmica y de tiempo de trabajo) en la capacidad de producir informacin, a partir del acceso a fuentes y la elaboracin de entrevistas, noticias, reportajes o crnicas. Pero es posible ser exigente en la seleccin de los materiales que publicamos, desechar los que contengan datos no contrastados, fuentes annimas, o los que sustituyan la informacin por retrica hueca.

Cuando los acontecimientos estn en pleno desarrollo es difcil ver claro, incluso con corresponsales en el terreno. Los medios alternativos hemos contado con la ventaja de poder buscar en cualquier parte a "los nuestros", es decir, los movimientos y organizaciones de base, con arraigo popular, con tradicin de lucha por la justicia social, en defensa de los derechos humanos, de la vida, de la dignidad, y a los intelectuales identificados con esas luchas. Y en esas mltiples voces, que no siempre se sitan igual ante los procesos en marcha, que tienen coincidencias en el anlisis y en la forma de explicar los hechos pero tambin discordancias y tensiones entre s, est nuestra posibilidad de componer una imagen y empezar a "ver" algo.

Las conclusiones, los juicios, los posicionamientos por nuestra parte slo podrn venir despus. La informacin periodstica no es ni puede ser objetiva, sencillamente por la cantidad de decisiones subjetivas y de mediaciones que conlleva su elaboracin (incluso la ms honesta); pero implica necesariamente una actitud objetiva y positiva. Informar es dar cuenta de realidades que existen al margen de nuestros intereses (ideolgicos, geoestratgicos, etc) y que dejan un rastro de hechos, declaraciones, documentos, datos que podemos consignar y constatar. Para informar no podemos partir de lo que queremos creer en funcin de lo que conviene a una "causa superior", dejando de lado la realidad, as como tampoco limitarnos a aplicar una lente invertida sobre la versin que dan los medios hegemnicos.

Tenemos que reivindicar el periodismo, no como profesin ni como coartada, sino como la tarea de mediacin social que nos permite conocer una cantidad de hechos, relacionarlos, inscribirlos en un contexto, para poder situarnos en la complejidad de nuestro mundo e incidir sobre l. El periodismo es peligroso, especialmente en momentos como el actual, en los que al sistema econmico capitalista y su andamiaje neoliberal se le desmoronan todos los mitos cual decorados de Potemkin, y en todos los grandes temas bastara con hacer las preguntas lgicas para revelar su naturaleza y el alcance de su crisis, as como el despeadero al que nos abocan en un plazo cortsimo si no recurrimos al freno de emergencia de la revolucin.

Por eso el periodismo ha desaparecido casi completamente de los medios comerciales. Los reportajes, las entrevistas en profundidad, por no hablar de los trabajos de investigacin, son dinosaurios que evocan otros tiempos, en los que la prensa era un poder legitimado en el pblico; en los que el pblico y la opinin pblica se situaban en las constituciones como fuente primaria de soberana del poder poltico. Hoy "el pblico" es para los medios hegemnicos un objeto que se vende a los anunciantes y al que hay que seducir y entretener. Y el poder poltico, el poder econmico y la gran prensa han dejado de vivir en tensin. El gran capital impone su tematizacin, jerarquiza y traza lneas editoriales en los medios de comunicacin, sin que tenga que recurrir a la coaccin o a la censura en la mayor parte de las ocasiones. Sencillamente los medios de comunicacin comerciales son meras correas de transmisin del poder econmico, hasta unos extremos que haran temblar de consternacin a los padres de la gran prensa liberal del siglo XIX: Si Benjamin Franklin volviera de su tumba, no tardara en correr la misma suerte que Julian Assange.

Esto supone, en momentos en los que muchas veces en la izquierda tenemos la tentacin nihilista de tirarlo todo por la borda, hartos como estamos de ser manipulados, reinstituir el "periodismo", la labor de informar, la comunicacin poltica, en un espacio importante dentro de la democracia que queremos poner en pie, en contraste con esta farsa que nos venden desde los medios hegemnicos, pblicos y privados, y que nos niega todos los derechos humanos esenciales, empezando (o siguiendo) por el derecho a la informacin [3].


NOTAS:

[1] Ver entrevista de Fernando Arellano Ortiz en Rebelin, edicin del 6 de octubre de 2004 (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=5590)

[2] La SIP ha apoyado todas las dictaduras militares y las intervenciones estadounidenses en Amrica Latina. Su "modus operandi" ha sido magistralmente descrito por el periodista argentino Jos Steinsleger, en el artculo "SIP: mordaza de libre presin", publicado en La Jornada, el 11 de octubre de 2006 (http://www.jornada.unam.mx/2006/10/11/index.php?section=politica&article=022a1pol)

[3] Esta afirmacin no es ninguna exageracin. El derecho a la informacin queda consignado como un derecho fundamental en el artculo 19 de la Declaracin Universal de Derechos Humanos ("Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinin y de expresin; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitacin de fronteras, por cualquier medio de expresin") y en el artculo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Polticos de Naciones Unidas ("Toda persona tiene derecho a la libertad de expresin; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda ndole, sin consideracin de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artstica, o por cualquier otro procedimiento de su eleccin").

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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