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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2013

Yo quiero polticos

Ana I. Bernal Trivio
Rebelin


El mundo est fuera de juicio, deca Hamlet. Cuando la actualidad me desborda, leo. Y, una ocasin ms, recurr a Shakespeare. Porque, a pesar de los siglos, tampoco hemos cambiado tanto. Porque las pginas de los libros supuran an las mismas debilidades y defectos de la raza humana. Hamlet refleja la seduccin del poder que corrompe, un retrato de la ambicin y la avaricia a cualquier precio, encarnada en el rey Claudio; y la necesidad de venganza por Hamlet, bajo una locura fingida de la que su amada Ofelia sera vctima real.

Con el caso Brcenas, y con aquella ridcula rueda de prensa televisada cual retransmisin de la NASA, qued patente el desprecio del Gobierno a los ciudadanos, a la prensa y a la democracia. Das de indignacin donde se muestra la desafeccin a los polticos. (Cuidado esos mismos votados por el pueblo). Aumenta el rechazo. Y leo frases con rabia. Con odio. El discurso de todos son iguales. De que no merecen la pena. Pero la corrupcin de una minora no debe pasar factura al resto. Y basta leer un poco de historia de este pas para llegar a la conclusin de que yo quiero que Espaa sea gobernada por polticos. Porque hay alternativas a esta situacin y ese cambio slo puede ser impulsado desde la poltica y desde nosotros, con nuestro voto.

Lo que no quiero son polticos corruptos, dbiles, incapaces, sin conciencia, que miren su propio beneficio, que repartan concursos a familiares o indultos a amiguetes. Pero s quiero polticos honestos y con ideas, que hablen con los ciudadanos y los defiendan. Hemos llegado hasta aqu por una crisis de valores. Por una corrupcin que creci al amparo de una burbuja inmobiliaria. Y creo en los polticos honrados. Lo que falta es determinacin. Denuncia. Transparencia. Y justicia. Ideas. Y lucidez del pueblo a la hora de votar.

Todos estos casos nos han desvelado el trasfondo de todo: no hay corrupto sin corruptor. En el proceder corrupto de este mundo, la mano dorada del delito puede aplastar las leyes, alertaba el rey Claudio, en Hamlet. Y eso es lo que ha ocurrido hasta ahora. Por qu Finlandia o Nueva Zelanda registran menos corrupcin que nosotros? Porque an vivimos en el despotismo. Dominados por una oligarqua. Porque mantenemos estructuras heredadas del franquismo donde siempre se benefician los mismos y se protegen entre ellos. Porque no tenemos una tradicin legislativa slida, porque hay desigualdad de sexo, sueldos bajos que impulsan al fraude, muy poca transparencia y poca conciencia sobre el valor de la educacin.

La corrupcin no se produce sin financiacin. Y esa financiacin procede de empresas, principalmente, a las que despus se agradecen y promocionan. Tengo conciencia de quin soy, de que pertenezco a la clase trabajadora. Y no quiero este empobrecimiento continuo. Porque es la democracia frente a los mercados. Yo lo que quiero es un cambio profundo donde los polticos no estn a las rdenes de empresas o instituciones. Donde, cual espectculo de marionetas, al poltico no les manejen otros los hilos.

Por supuesto. Yo no acepto lecciones de polticos implicados en corrupcin. Pero tampoco dejo que me d lecciones Juan Roig (Mercadona), diciendo que trabaje como un chino para que presuntamente despus ese dinero que vaya a financiar a un partido, como se recoge en los papeles de Brcenas. Tampoco dejo que la CEOE me diga que es rechazable una huelga general, que ataque a los funcionarios o que el despido debe ser an ms barato, para que a ellos les salga el negocio. O que la patronal bancaria dijera que haba que construir ms viviendas mientras ocurren los desahucios. No dejo que me den lecciones de patriotismo quienes tienen sus cuentas en parasos fiscales. Pero tampoco quiero que me d lecciones de qu hacer con un embarazo o cree cargos de conciencia y pecado alguien de la cpula eclesistica que (salvo milagro) nunca ser mujer ni podr verse en esa situacin. Porque tampoco quiero que me d lecciones una monarqua con un miembro de la Casa Real imputado y cuya transparencia deja mucho que desear. Porque no quiero que me den lecciones desde la troika, a la que nadie ha votado. Ni lecciones de supuestos expertos (inexpertos) que nos han llevado hasta aqu. No quiero que desde el Banco Central Europeo me digan que hay que bajar los sueldos de la clase trabajadora para ser competitivos, para luego venir a nuestro Congreso a puerta cerrada y se rescate a quienes han causado el problema. No quiero escuchar del FMI que supone un riesgo que la gente viva ms de lo esperado para que despus se gasten un dineral en la comida de Navidad, cuando en verdad el sistema de pensiones se mantiene. Tambin quiero escuchar quejas contra ellos. Contra esos que corrompen al poltico. Contra esos que nadie ha votado y que quieren imponer sus doctrinas y normas. Contra esos que quitan nuestro bienestar para que ellos lo disfruten.

La culpa no es slo de los polticos. Hay un sistema de capital detrs, sin control, de lucro incontrolable donde matar de hambre a los ciudadanos parece que no cuenta, por mucha chaqueta y corbata que lleven quienes toman esas decisiones. Sin redistribucin de la riqueza. En un expolio social, como demostraba Vincen Navarro. Porque a todos esos que les importa poco explotarte, si te quedas incapacitado por un accidente ante la precariedad laboral o si te quedas sin empleo, es muy probable que les d lo mismo que se vayan los polticos. Y yo no quiero un tecncrata. Porque un pas no es una empresa. Un pas es una sociedad donde debe garantizarse la estabilidad y justicia social de sus ciudadanos por encima de la rentabilidad y de la competitividad. Porque mientras yo escribo esto las personas llegan a su casa diciendo que los han despedido, que se les agot la prestacin, que deben ir al banco de alimentos o que en unos meses le quitan su casa. Aprendamos de esos a quienes no les quedan nada. A quienes debilitan con sus imposiciones. A quienes condenan al hambre, a la depresin, a la enfermedad y a la falta de esperanzas.

Y por eso quiero polticos. Porque, a pesar de que la ley electoral no sea perfecta, tienen que ver que hablamos cuando nos toca en las urnas. Porque ah s puedes elegir. Por respeto a nuestros antepasados que lucharon y por respeto a las nuevas generaciones. Porque si dejamos nuestra conciencia poltica y democrtica por ese discurso fcil, donde nos cargamos la poltica, dejamos que quienes manejan los hilos se coman nuestro terreno. Como deca Ofelia, lo que somos, lo sabemos; no sabemos, sin embargo, lo que podemos ser. Queda en nuestras manos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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