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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2013

Qu est pasando en Espaa?

Juan Torres Lpez
Pblico.es


Cada vez ms gente, dentro y fuera de nuestro pas, se pregunta sorprendida qu est sucediendo aqu, y es natural. Hemos pasado de crear ms empleo que nadie en Europa a tener casi seis millones de parados, de nadar en la abundancia a una recesin aguda, de tener supervit presupuestario a una deuda galopante, y de alardear de sistema financiero a tener que rescatarlo por la puerta de atrs. Y, adems de todo ello, de una alternancia poltica ms o menos ordenada entre dos partidos a una desafeccin creciente que amenaza con poner a ambos a los pies de los caballos en las prximas elecciones, por culpa de su traicin al electorado y por su constante vinculacin con casos vergonzosos de corrupcin.

Es muy ingenuo creer que todo ello es solo el efecto de una crisis financiera importada. Es mucho ms: los partidos que gobiernan se pasan por el arco del triunfo las promesas electorales, los principios que consagra la Constitucin son papel mojado, la Jefatura de Estado se ve envuelta en escndalos ms propios de rufianes que de monarcas, la gente no confa en los jueces, la polica apalea a los que protestan por la corrupcin y protege a quienes defienden a los corruptos, los banqueros se forran con el dinero de las familias humildes que pierden sus viviendas y se llenan los bolsillos del dinero pblico que sus voceros niegan a quienes ellos han arruinado. Se encarcela a ladrones de tres al cuarto y se indulta a los financieros y delincuentes de cuello blanco.

No vivimos una crisis puntual o de alternancia. Lo que a mi juicio est ocurriendo es que se viene abajo sin remedio el edificio de la transicin postfranquista.

En contra de lo que se quiere hacer creer, la dictadura no fue solo un gobierno de un militar algo autoritario sino un rgimen de terror en el que los grupos oligrquicos que dominaban las finanzas y los grandes capitales usaban el poder poltico para obtener beneficios extraordinarios. Un sistema que permiti hacerse ricos, muy ricos, a quienes lograban estar cerca del poder, afianzando lo que ms tarde se ha llamado el capitalismo de amiguetes. Lgicamente, todos esos grupos procuraron que la muerte del dictador solo fuese, en todo caso, el fin de un rgimen poltico y no el del entramado econmico y financiero constituido en los aos de dictadura.

Por eso no fue fcil el equilibrio entre las clases dominantes y las que luchaban por la democracia y la libertad. Ni los grupos oligrquicos procedentes del franquismo estaban en condiciones de imponer sus condiciones (aunque lo intentaron tratando de dejar fuera de la nueva institucionalidad al PCE y a otros grupos a la izquierda del PSOE) ni las clases trabajadoras tenan poder suficiente como para lograr una democratizacin efectiva de los aparatos del Estado y, por tanto, la autntica ruptura con el fascismo. Pero la influencia alemana y estadounidense, la actitud acomodaticia del PSOE, el temor reverencial de la clase poltica procedente del franquismo a los nuevos tiempos que llegaban y el papel casi arbitral concedido a los nacionalismos de derechas perifricos para anular el contrapeso de la izquierda ms transformadora que hubiera podido ser decisivo, lograron cuadrar el crculo.

El sistema ha funcionado as durante aos, sin perjuicio de sufrir las tensiones lgicas y los vaivenes derivados no solo de la tensin entre los principales partidos sino tambin de la que igualmente existe entre las diferentes corrientes internas de cada uno de ellos.

Pero la aparente estabilidad poltica institucional no ha podido evitar que poco a poco hayan ido apareciendo innumerables vas de agua que iban demoliendo sigilosamente el edificio. El incremento de la desigualdad, la prdida de peso del gasto social, el debilitamiento de la ya de por s frgil estructura democrtica de las instituciones de representacin, de gobierno y de control, una serie ininterrumpida de escndalos derivados del reparto del botn en que en tantas veces se ha convertido la accin de gobierno, el bienestar insuficiente y la democracia incompleta, en expresin del profesor Vicen Navarro, han terminado por minar el afecto de la ciudadana a los dos grandes partidos.

La traicin del anterior gobierno socialista a sus principios, al deseo de sus electores y militantes y su incapacidad no ya para resolver la crisis sino para mostrar la mnima credibilidad que requiere la accin de gobierno comenzaron a colmar el vaso. Y ms tarde, casi las mismas razones, aunque quiz ahora de modo an ms acelerado, llevan al Partido Popular a una situacin de desafeccin igualmente generalizada en medio de un escndalo poltico casi sin precedentes.

Lo que est pasando en Espaa es simplemente que ese edificio se viene abajo. No puede mantenerse ya sin dejar al descubierto los intereses que realmente hay detrs de l y la servidumbre y putrefaccin tan gigantesca que afecta a gran parte de los dirigentes que nos gobiernan, alternndose cada cierto tiempo y mostrando uno detrs de otro, ante una poblacin cada vez ms asqueada, su continua vinculacin con casos de corrupcin.

Lo singular es que al caerse el edificio hipoteca tambin a otros partidos, que es verdad que han sido en gran medida ajenos al negocio que han tenido entre manos los dos grandes y los nacionalistas gobernantes en Catalua y Pas Vasco, pero que, quieran o no, transitan por la misma va que ellos. Por eso ni UPyD ni incluso Izquierda Unida registran un incremento en la estimacin de voto que pueda considerarse decisivo a la hora de generar, en el marco institucional actual, una nueva gobernabilidad.

La conclusin es obvia. No hay solucin posible dentro del espacio poltico que marcaron los pactos de la transicin. Ya no es posible disimular por ms tiempo que no fue un diseo modlico, como tantas veces se ha querido hacer ver, sino un reparto de poder e influencia que a la postre dejaba las manos libres a los grandes grupos empresariales y financieros y cuyo gran poder poltico ha hecho estallar, oh paradoja!, el propio sistema que los privilegiaba. La avaricia de los mismos banqueros que para salvar sus privilegios monitorizaron el diseo del rgimen de la transicin lo han hecho saltar por los aires al generar, en su beneficio, una burbuja insostenible y una deuda desbocada.

La estrategia ahora teledirigida contra Mariano Rajoy y su equipo es la toma de posiciones de una buena parte de estos ltimos grupos que ya no se sienten convenientemente representados por ellos. Si el PSOE tuvo que or que "no nos representan" de la boca del 15-M, Rajoy escucha ahora lo mismo, aunque no solo desde las calles sino tambin desde grupos que posiblemente nunca pens que iban a defenestrarle.

Cualquier intento de darle solucin a los problemas de Espaa manteniendo la actual institucionalidad, creyendo de nuevo que el PP y el PSOE se lo van a guisar y comer todo, es infructuoso -como empiezan a mostrar las encuestas-, y solo puede conseguir retardar la salida a la crisis multipolar en la que estamos.

Cualesquiera que sean las medidas que hubiera que tomar para resolver de verdad los problemas que en este momento tiene Espaa hay una cosa fuera de duda: necesitan el apoyo de una gran mayora social, del 60 o 70 por ciento de la sociedad para ponerlas en marcha. Y para ello no basta con que un partido tenga mayora absoluta. Una y otra cosa, como est demostrando el PP, son muy distintas.

Y si el apoyo que se necesita para tomar esas medidas y para que stas sean efectivas es tan grande, en estos momentos es imposible que las adopten exclusivamente el PP y el PSOE. O incluso stos dos con el apoyo de otros grupos minoritarios o de los nacionalismos perifricos.

Para que cualquier tipo de medida pueda tener semejante apoyo, debe responder a principios ticos y polticos transversales, comunes a personas de un espectro social muy amplio, que respondan a intereses de muchos grupos sociales. No pueden ser definidas, por tanto, en trminos de derechas e izquierdas, porque ninguno de stos es capaz de unir en torno a s a una mayora social tan grande como la que se precisa. Y si ese tipo de mayora social no se puede conformar mirando a derecha o a izquierda, solo se puede constituir contemplando el arriba y el abajo. Solo esto es lo que permite unir hoy da a la inmensa mayora de la sociedad en torno a una serie de valores, de principios y medidas que me atrevo a decir que se asumen de forma generalizada, que han pisoteado, sobre todo en sus ltimos aos de hegemona, el PP y el PSOE, y que ya ni siquiera los garantiza la actual Constitucin: la lucha transparente contra la corrupcin, la democracia real, el ejercicio efectivo de la libertad y de los derechos sociales que no solo no se conquistan sino que comienzan a perderse uno tras otro.

La nica salida que tiene Espaa es articular una nueva mayora social y moral. Es la hora de poner sobre la mesa propuestas concretas para una nueva gobernabilidad y para afrontar con decisin los problemas econmicos porque stos van a empezar a pasar pronto una factura quiz impagable.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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