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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2013

Ratzinger y Benedicto

Jaime Richart
Rebelin


Ms all de las razones pblicas para renunciar al papado y ms all de las interpretaciones oficiales y oficiosas de su decisin, Benedicto XVI tiene sin duda otras ms profundas

Ratzinger, cardenal, Benedicto XVI, papa, han sido dos personajes controvertidos dentro de su propia Iglesia. Pero casi del mismo modo que, para los irracionalistas, es controvertido el intelectualismo; como lo es el papado, tanto entre los cristianos de base como para quienes no pertenecemos a ese tinglado histrico que llaman "la Iglesia", vector de cultura pero tambin de sinrazn, de crueldad y de intolerancia. Ah!, la intolerancia...

Una Iglesia que concita tericamente a 1.200 millones de seres humanos que van perdiendo el fuelle de su fe a pasos de gigante; una iglesia que pese a su pretenciosidad afecta apenas a la sexta parte de la poblacin del mundo, desplazada adems rpidamente tanto por el islamismo como por otras iglesias cristianas ms acordes al milenio; una Iglesia que se proclama como la nica titular de la verdad, cuando el mundo sabe que slo existen apariencias de verdad; una Iglesia que dice tener origen divino sin dejar de ser una asociacin de humanos (detalle ste, que siempre le ha servido para justificar lo injustificable); una iglesia que pese a tener inspiracin divina se ha pasado gran parte de su historia a lo largo de mil quinientos aos, descargando todo el peso de su poder sobre parte de la humanidad, mezclando falsas esperanzas con brutalidad, directa o indirecta, y misericordia con abusos a la vista de todos o en la sombra...

Con toda esta complejidad. ms bien prolijidad; con esta manera de explicar al mundo su presencia, su potencia y su misin, esa Iglesia sigue pretendiendo que el orbe entienda y disculpe sus miserias seculares y que las vocaciones no retrocedan alarmantemente cuando, por si fuera poco, siempre se posiciona al lado de los ricos y poderosos. Es verdad que ni el uno ni la otra, ni el papa ni la curia romana, se dan cuenta de que cada vez quedan menos proslitos que se dejan engaar; que, a menos que estemos ofuscados o interesados o tengamos anulada nuestra inteligencia por su influjo, no vemos claramente que lo que hace la Iglesia no es si no traficar con una bella doctrina? Les extraa que escaseen cada da ms las vocaciones? Se da plena cuenta el mundo, pero tambin sus propios administradores, algunos cardenales y numerosos sacerdotes... con la edad. Y Ratzinger no es una excepcin.

Si en otros tiempos el catolicismo, los catlicos, los telogos y los expertos en apologtica pudieron configurar la mente de la grey, del rebao, es decir de los dciles y de los no pensantes, en estos tiempos todo eso estalla en cualquier conciencia medianamente avisada. Y esto es lo que, a mi juicio, le ha sucedido a Benedicto, a Ratzinger, al intelectual. Benedicto ha llegado a la mdula sea del pensamiento sin confines que, si en unos puede generar monstruos, para un verdadero intelectual constituye el gran sentido de la vida ms all de la existencia neurovegetativa.

Benedicto ha traspasado todas las paredes que se interponen entre la vulgar erudicin y el verdadero conocimiento. Y a ese "conocimiento" se llega trascendiendo los cuatro niveles de pensamiento que hay en cada uno de los tres planos del mismo: terico, prctico y emprico, que culminan en el quinto: en el silencio. Y ms, cuando uno se ha pasado la vida, antes y despus, precisamente pontificando, hablando y escribiendo en trminos apodcticos (apodctico: lo necesariamente verdadero en filosofa, que propiamente no existe). As las cosas, Benedicto, a partir del da 28 de febrero se dispone a entrar en el silencio en vida, antes de alcanzar el silencio de la muerte, para que el trnsito a su muerte fsica enlace fluidamente con la vida espiritual que ya no s si cree le espera. Lo dems: responsabilidades, efectos y efectismos frente al mundo, para l carece de relevancia e inters.

Esta idea, y la luz cegadora sobre las "verdades" que ha debido predicar y las "verdades" que encierra el Vaticano, creo es lo que ha pesado como una losa en Benedicto. Y no slo lo creo respecto a Benedicto, antes hombre, cardenal y Prefecto para la defensa de la fe que lleg a cuantificar los demonios y sus clases all por los aos 86 y luego, en tanto que papa, arremeti contra el Islam Esto lo digo y lo creo respecto a todos los grandes intelectuales y a todos los grandes pensadores de la historia cuyo pensamiento nos ha asombrado, deleitado, divertido, formado u orientado. A travs de una intensa intelectualidad es cmo les llega la luz que acaba haciendo irrisoria "la fe"; esa luz que exhalaba su connacional Goethe en el lecho de muerte. Y esa misma luz es la que ha iluminado a Ratzinger antes de su fin, hacindole comprender que su Iglesia no tiene cabida en esta nueva Era; que su Iglesia es una nave que va a la deriva y cada da le dan la espalda ms millones de seres humanos; que la fe no pasa de ser una declaracin de intenciones intermitente, mera intuicin momentnea y por eso el creyente de oficio (el cardenal y el papa) no puede ser comprendido por el creyente ocasional (el hombre y el intelectual); que el ser humano, para dialogar con el Dios real o eventual no precisa de intermediaros ni de animadores; que no es que el Vaticano est ocupado por lobos, es que, salvo la mayora de los humildes prrocos del mundo, la curia y las prelaturas siempre han sido y son quienes verdaderamente disponen, ordenan y deciden parapetadas tras la estampa del poder nominal del papa. Esto es lo que ha "descubierto" Ratzinger tras siete aos como papa. Y ahora, al igual que los esquimales cuando comprenden que ha llegado su hora se adentran en la espesura de la niebla hiperbrea para que los osos acaben con su vida natural, despus de haber contado los demonios y de haber dicho otras tonteras como humano que es, se va Benedicto para eludir la Pasin innecesaria a que le sometan los lobos de su santa Iglesia. Pero tambin, tras el Ratzinger que atisba su redencin en vida en lo inefable del silencio.

En suma, a mis expensas afirmo que Benedicto se ha cado del caballo cuyas bridas conduca y sujetaba Ratzinger, por motivos exactamente opuestos a los que hicieron caer del suyo a San Pablo. Como debe ser. Estaba escrito...

Jaime Richart es antroplogo y jurista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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