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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2013

Las no resueltas cuestiones sociales y nacionales en Espaa

Vicen Navarro
Pblico.es


Hoy Espaa, incluyendo Catalunya, vive un momento histrico de gran agitacin social. Nunca desde el inicio de la democracia se vio tanta gente (en su gran mayora procedente de las clases populares, es decir, de las clases trabajadoras y de las clases medias) en la calle protestando por las polticas impuestas por unos gobiernos que no tienen mandato popular (pues no estaban en sus programas electorales) para realizarlas. Tales polticas son un ataque frontal con sus recortes de derechos laborales y sociales al Estado del Bienestar en Espaa, incluyendo Catalunya. Existe hoy un sentimiento generalizado de hartazgo hacia los establishments polticos y mediticos que han estado gobernando este pas y que han perdido toda la legitimidad (los primeros) y credibilidad (los segundos) debido a su aprobacin y promocin de tales polticas.

El grado de desaprobacin de estas polticas es enorme, la impopularidad de la clase poltica gobernante es elevadsima y el desapego hacia las instituciones mal llamadas representativas es generalizado. Nunca antes, desde que se estableci la democracia en Espaa, tales instituciones haban sido tan cuestionadas. Y este cuestionamiento deriva de una preocupacin ampliamente compartida entre las clases populares de que estas instituciones llamadas representativas no estn en realidad representando sus intereses. El famoso eslogan del movimiento 15-M No nos representan tiene gran resonancia entre las clases populares. La distancia entre lo que la poblacin desea y lo que sus representantes en las Cortes Generales o en el Parlament aprueban ha alcanzado unas dimensiones ms que preocupantes. De ah que la protesta de los gobernados frente a los gobernantes surja de un compromiso profundamente democrtico. La mayora de la poblacin cree que las instituciones representativas no son ni suficientemente representativas ni democrticas. Y la evidencia que avala tal preocupacin es slida y robusta. No hay ninguna duda de que la poblacin lleva razn. De ah que la gente est en la calle. La agitacin social es la respuesta diaria a esta situacin.

Este hartazgo se ha presentado no slo a nivel social, sino tambin, en el caso de Catalunya, nacional. Una parte creciente de la poblacin, incluyendo sectores importantes de las clases populares, ha expresado su hartazgo hacia el establishment espaol, basado en Madrid, que, a travs de varias intervenciones (tales como la nefasta decisin del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Catalunya), ha fomentado una protesta que demanda que sea la nacin catalana la que decida sobre su futuro, cansada ya de la insensibilidad del Estado central espaol, basado en Madrid, hacia la realidad de que Espaa es una entidad plurinacional.

El porqu de esta agitacin social y nacional

Un anlisis no idealizado de nuestra historia seala claramente las races de estos problemas. Una de ellas ocurri en los aos treinta. Fue durante la II Repblica cuando hubo un intento serio de hacer las reformas sociales y del carcter del Estado espaol para iniciar las transformaciones profundas que Espaa requera. El dirigente obrero cataln el Noi del Sucre, en un discurso en Madrid, lo dijo claramente cuando acentu que la lucha social y la nacional estn entrelazadas, exigiendo reformas en ambos frentes. El golpe fascista de 1936 tena como objetivo, precisamente, parar y retroceder en estas reformas, lo cual hizo con una brutalidad sin precedentes en la historia de Europa de aquel periodo. Incluso los agentes de represin nazi se sorprendieron de tanta crueldad. Era el intento de los poderes econmicos, financieros, religiosos y militares que siempre han dominado la historia de Espaa, incluyendo Catalunya, de no perder sus privilegios. Fue una lucha de clases, realizada primordialmente por la burguesa en contra de la clase obrera, encaminada a eliminar fsicamente a toda voz crtica y a sembrar el miedo (que, por cierto, todava contina) entre las clases populares.

Pero, adems de una guerra de clases, fue una lucha para eliminar las naciones catalana y vasca, realidad que no se reconoce todava hoy. El sueo de aquel rgimen fue eliminar tales naciones, convirtindolas en regiones de Espaa. Recordar siempre cuando las tropas fascistas (que para mayor ofensa se autodefinan como nacionales) entraron en el pueblo donde mis hermanos y yo estbamos con mi madre (mi padre estaba en el frente, defendiendo la Repblica espaola) y mataron a diestro y siniestro, con un odio hacia lo cataln. Esto no se conoce o entiende y, todava menos, se siente, en la mayor parte de Espaa.

La dictadura fue una dictadura sobre todo de clase, pero tambin de nacin. En Catalunya, la burguesa, incluida la nacionalista, apoy el golpe fascista, tal como el Noi del Sucre haba profetizado, y la clase burguesa catalana, incluyendo la nacionalista, se benefici de la dictadura. Los sectores realmente daados por tal dictadura fueron las clases populares.

La transicin inmodlica

El segundo momento histrico fue la transicin que se hizo en condiciones muy favorables a la Nomenclatura del Estado dictatorial y de las fuerzas conservadoras que controlaban, adems del Estado, los instrumentos de formacin ideolgica, desde las escuelas y universidades a los medios de mayor difusin. Las izquierdas, sin embargo, que lideraron a las fuerzas democrticas, acababan de salir de la crcel, de la clandestinidad o del exilio. No era una situacin equilibrada ni de lejos. Era profundamente desigual. Y an cuando la dictadura muri, como resultado de una enorme agitacin social (Espaa vio en aquel periodo el mayor nmero de huelgas existente en Europa), esta agitacin liderada por el movimiento obrero no tuvo la suficiente fuerza como para romper con el Estado anterior. Su dimensin poltica los partidos polticos de izquierda- tena muy poco poder.

Fue, pues, una transicin que reflejaba un enorme desequilibrio de fuerzas. El producto final (desde la Constitucin a las leyes electorales) refleja este desequilibrio, pues la democracia que la transicin estableci es una democracia enormemente sesgada, insuficiente y de baja calidad. Desde la elevada corrupcin (no hay pan para tanto chorizo) hasta la limitadsima diversidad ideolgica de los medios (con clara discriminacin a las izquierdas) muestran esta realidad.

Es profundamente errneo, por lo tanto, mantener el respeto a la Constitucin que detecto en amplios sectores, incluso de las izquierdas. Tal Constitucin tiene un escassimo contenido social y participativo. Y no reconoce (por mucho que se diga) la plurinacionalidad de Espaa. No permite una plena participacin de la ciudadana en la gobernanza del pas, ni permite tampoco el derecho a la autodeterminacin de las naciones catalana y vasca. Hoy los referndums de todo tipo (a nivel autonmico y local) ni existen ni se les espera. Y la legtima demanda de Catalunya de autodeterminacin ha causado una gran hostilidad (como era predecible) en el establishment espaol (centrado en Madrid). Las izquierdas en Catalunya y en Espaa (incluyendo, por cierto, el PSOE) siempre reconocieron el derecho de autodeterminacin de Catalunya. Dnde est hoy esa izquierda?

Autodeterminacin no es independencia

Autodeterminacin es la potestad de la poblacin en una nacin de determinar su propio presente y futuro. Tal derecho es inherente en la cultura democrtica de un pas y nacin. Y en esta decisin puede incluirse, entre otras alternativas, el derecho de independizarse y escindirse, si as se desea, del resto de Espaa, realidad que hoy, constitucionalmente, no puede ocurrir. De ah que recurrir a la legalidad como condicin indispensable para que pueda llevarse a cabo una reforma que permita esta alternativa sea imposible con la presente Constitucin, resultado de la transicin inmodlica.

Por otra parte, las propuestas iniciales de CiU y ERC, hechas hace unas semanas, llamando a la autodeterminacin eran claramente una llamada a la independencia, lo cual disminuye la posibilidad de conseguir una amplia mayora en Catalunya a favor de la autodeterminacin, que es el principio fundamental para que Catalunya pueda afianzarse como nacin. Tal autodeterminacin es clave para conseguir la identificacin como nacin. De ah que deba realizarse, ya sea legal o ilegalmente. La desobediencia civil, por cierto, es parte del proceso democrtico. Los negros de EEUU iran, todava hoy, en el fondo del autobs si no hubiera habido una campaa masiva de desobediencia civil.

Como ejercicio del derecho a la autodeterminacin, hay que incluir la seleccin de varias alternativas, siendo una de ellas la independencia. Y hasta que no se permita el ejercicio de la autodeterminacin, no se sabr si la poblacin catalana desea o no la independencia. El hecho de que se diga que un milln y medio de catalanes salieron a la calle no puede considerarse que sea la prueba de que el pueblo cataln quiera la independencia, por mucho que la televisin pblica de la Generalitat, instrumentalizada por CiU, lo afirmara antes, durante y despus de la manifestacin del 11 de septiembre. Sin ninguna promocin en tales medios (en realidad, con su gran hostilidad), hubo meses antes una manifestacin organizada por el movimiento 15-M, que tambin llen las calles de Barcelona. Catalunya y Barcelona, como rasgo de su carcter nacional, siempre han salido a la calle siguiendo su conciencia cvica y democrtica, de una forma pacfica y con nimo festivo.

No trivializo la marcha del 11 de septiembre, ni idealizo la marcha del 15-M. Pero la mejor expresin de lo que la ciudadana desea es a travs de las urnas y en un proceso competitivo que debe incluir una exposicin abierta y plural por parte de los medios. La democracia no funciona sin pluralidad meditica. Y hay muy poca pluralidad meditica en Catalunya y en Espaa hoy. Y hasta ahora nadie sabe qu es lo que la ciudadana desea. Las encuestas (del signo que sean), como los medios, estn claramente instrumentalizadas en nuestro pas. Es el voto, lo que cuenta.

No se acepta la plurinacionalidad del Estado espaol

Muchas voces en Espaa han indicado que la independencia debe ser votada por todos los espaoles. Me sorprende que voces de izquierda se hayan aadido a esta peticin. Ser el pueblo cataln, si se le permite que se exprese, el que tendr que opinar. Y si opina que quiere escindirse, tendr que negociar con el Estado espaol las condiciones de su salida, tenindose que refrendar estas condiciones a nivel de Espaa. Pero me parece una negacin del carcter plurinacional que a una nacin se le prohba, por la entidad a la que hasta ahora pertenece, que pueda ejercer su derecho de autodeterminacin. Ni que decir tiene que si Catalunya, en el ejercicio libre de su voluntad, deseara separarse de Espaa, ello ocurrira tras una previa negociacin. Pero supeditar a la aprobacin de toda Espaa el derecho a decidir y, si se escoge, a escindirse, es llevar a un conflicto eterno pues, si Espaa decidiese en contra y Catalunya a favor, se crearan las bases para un conflicto civil de gran hostilidad de amplia envergadura que se resolvera por las fuerzas armadas del Estado espaol, como siempre ha ocurrido.

Escribo estas lneas desde el punto de vista favorable a la autodeterminacin tal como las izquierdas, tanto catalanas como espaolas, siempre han favorecido. Y por mera coherencia democrtica, exigira que la independencia fuera una de las alternativas, sin necesidad de aclarar o supeditar tal independencia a su permanencia en la Eurozona, Unin Europea o lo que fuera. Yo no votara por la independencia, pues me siento, adems de cataln, espaol. Y he dado amplia prueba de ello a lo largo de mi existencia. Pero que el voto independentista crezca, depende primordialmente del resto de Espaa. La negacin de la autodeterminacin llevar sin ninguna duda al deseo de independencia. Cuantas ms voces se opongan a la autodeterminacin y cuantas ms voces insistan en que tiene que ser toda Espaa la que vote sobre si Catalunya puede o no ser independiente, ms amplio ser el apoyo al independentismo. La falta de aceptacin de la plurinacionalidad de Espaa es la mayor causa del independentismo.

El error de las izquierdas (incluidas las catalanas)

En un momento nico de la historia de Espaa en que hay una gran agitacin en la calle a lo largo de todo el territorio espaol en contra del establishment espaol centrado en Madrid existe un gran peligro de que existan estas divisiones entre las fuerzas democrticas anti-establishment. Las existentes en Catalunya deberan concienciarse de que, sin la complicidad de las fuerzas espaolas alternativas a las del establishment espaol, les ser ms difcil poder alcanzar la autodeterminacin, y todava ms, la independencia. Ahora, ms que nunca, es importante descubrir los muchos elementos de comunalidad entre los movimientos anti-establishment, tanto de carcter social como nacional. Fue el Noi del Sucre el que llam a todos los pueblos y naciones de Espaa a rebelarse frente a las alianzas de las clases dominantes a los dos lados del Ebro. No establecer lazos de complicidad, e incluso fraternidad, en los movimientos antiestablishment a los dos lados del Ebro en este periodo, es un error histrico que dificultar la realizacin de la democracia tambin a los dos lados del Ebro.

Vicen Navarro. Catedrtico de Ciencias Polticas y Polticas Pblicas. Universidad Pompeu Fabra

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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