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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-02-2013

Egipto al rojo vivo
A dos aos de la cada de Mubarak, crisis poltica y movilizacin de masas

Eduardo Molina
www.ft-ci.org


Se cumplen dos aos desde aquel 11 de febrero de 2010 en que un gran levantamiento obrero y popular, con epicentro en la histrica Plaza Tahrir, derrib a Mubarak, el siniestro dictador y aliado de los yanquis. Ahora, Egipto ingresa en el tercer ao desde que comenz la Primavera rabe, bajo el signo de la continuidad del proceso revolucionario: Dos meses de grandes y extendidas protestas, pese a la feroz represin, vienen enfrentando al intento del presidente Mursi de aplicar duras medidas de ajuste exigidas por el FMI, concentrar el poder en sus manos e imponer una Constitucin de tinte islamista que recorta las libertades democrticas conquistadas por las masas. La aguda crisis poltica deja al descubierto el debilitamiento del gobierno de Mursi a poco ms de medio ao de haber asumido, y ms an, arroja una sombra sobre las perspectivas del rgimen de transicin democrtica (es decir de desvo contrarrevolucionario) pactado con los militares y el imperialismo, en la variante islamista moderada que Mursi pretende consolidar. Est en curso una dura prueba de fuerza, cuyos actores principales son de un lado Mursi, apoyado por las FF.AA. y el imperialismo; y por el otro las masas obreras y populares que defienden lo que consideran conquistas, aunque bajo la influencia de la oposicin burguesa que se monta en su movilizacin para presionar a Mursi y evitar el riesgo de un desborde de masas que ponga en peligro el desvo. Los acontecimientos que se suceden en Egipto no slo muestran al proceso revolucionario en su complejo desarrollo, sino que junto con la conmocin poltica y las multitudinarias protestas que provoc en Tnez por estos mismos das el asesinato de un dirigente opositor, vienen a confirmar que contina abierto el profundo proceso de lucha de clases a nivel regional iniciado con la Primavera rabe, pese a las intervenciones y maniobras imperialistas (desde Libia a Mali), la trampa de las transiciones a la democracia y el desangre y empantanamiento en las guerras civiles (Siria). En Egipto, la dinmica de la actual coyuntura de enfrentamiento es de gran importancia para las perspectivas revolucionarias en el pas, clave estratgica de la revolucin en el mundo rabe, que es hoy tambin su principal laboratorio.

La movilizacin

Desde los primeros das de diciembre, se ha venido desarrollando un nuevo ciclo de movilizaciones de masas, uno de los ms importantes desde la cada de Mubarak (comparable slo a la gran oleada de manifestaciones y huelgas de septiembre-noviembre de 2011, que forz a retirarse al gobierno militar del CSFA [1] y ceder elecciones), con la particularidad de que su carcter eminentemente poltico enfrenta a la gran mediacin con que la reaccin cuenta para desviar el proceso revolucionario: el islamismo moderado de los Hermanos Musulmanes (HM) en el gobierno, radicalizando sus consignas hasta hacer sentir cada vez con ms fuerza el grito de que Mursi se vaya. Un sinnmero de manifestaciones tuvieron lugar en estos dos meses, enfrentando a la represin policial y militar y a las bandas de matones de los HM. Unos 60 muertos, numerosos heridos y detenidos, en medio de escenas de salvaje represin y torturas, incluyendo las agresiones sexuales a mujeres manifestantes como mtodo represivo, dan cuenta de la violencia del rgimen. Pese a ello, las multitudes de jvenes, trabajadores, mujeres, sectores de clase media y populares, llenaron una y otra vez la Plaza Tahrir y otros sitios en El Cairo, Alejandra y muchas otras ciudades, llegando a sitiar el Palacio Presidencial.

Un elemento notable fue la explosiva extensin de las protestas a las ciudades a lo largo del estratgico canal de Suez. En Port Suez, Port Said e Ismaila, durante los ltimos das de enero los enfrentamientos con las fuerzas represivas se sucedieron con decenas de vctimas, desafiando el estado de emergencia declarado en esas ciudades y obligando a un gran despliegue militar con tanques en las calles. Decenas de locales de los HM han sido destruidos. Edificios del gobierno en Mahalla, Tanta y Kafr el Zayat fueron sitiados. El 8/02 en Kafr el Sheikh los manifestantes rodearon la sede del gobernador (islamista), enfrentndose con la polica. En el gran centro industrial de Mahalla, los trabajadores declararon que desconocan la autoridad de Mursi.

El viernes 8/02, en la Plaza Tahrir, a la que nuevamente acudan miles de manifestantes, una gran pancarta llamaba a la solidaridad con el pueblo tunecino, movilizado en esos mismo das contra el gobierno islamista y proimperialista de Dzhebali. Una vez ms, los gritos de Fuera el rgimen!, Fuera los lderes! (Yasqut, yasqut hokm el morshed) se hicieron sentir mientras se repetan los choques con la polica, pese a los pedidos de calma de la oposicin burguesa.

El programa de Morsi y el respaldo imperialista

Morsi enfrenta su hora ms difcil desde que asumi el gobierno, presentndose como el primer presidente civil surgido de elecciones y contando con la amplia base social que le proporcionaban los HM. Despus de algunos duros forcejeos, pact con los militares, garantizndoles la impunidad, autonoma en el manejo de su enorme complejo de intereses (ayuda norteamericana, empresas, manejo del presupuesto, estructura de mandos, etc.) y el rol de institucin custodia del rgimen y garante de los acuerdos con Israel y el imperialismo. El papel reaccionario de Mursi en la crisis de Gaza, tras la visita de Hillary Clinton, habilit un pacto ms profundo, ganando el sostn y reconocimiento de Estados Unidos como pieza clave para construir un rgimen estable, fundado en la colaboracin entre el islamismo moderado y las Fuerzas Armadas, al estilo de Turqua. Apoyndose en este respaldo, Mursi intent avanzar en su poltica de ajuste, represin y concentracin bonapartista de poderes, presionado por las condiciones de la crisis econmica.

El derrumbe de las reservas internacionales y el deterioro general de la situacin econmica han empujado al gobierno Mursi a solicitar ayuda a Washington, a Europa y a las petromonarquas (Qattar ofreci 2.500 millones de dlares). Tras largas negociaciones pact un paquete de prstamos con el FMI por 4.800 millones de dlares, cuya contrapartida es la aplicacin de un duro ajuste. El intento de eliminar subsidios a productos bsicos como el pan y los combustibles y elevar los impuestos para una serie de bienes de consumo fue uno de los detonantes de las protestas. La devaluacin de la libra egipcia signific un golpe adicional para la poblacin, cuando ms de un tercio de los egipcios sobrevive con dos dlares o menos al mes y hay una grave desocupacin, sobre todo entre la juventud, an la que ha podido estudiar.

Por otra parte, el curso bonapartista de Mursi va ms all de las relaciones de fuerza creadas por el levantamiento revolucionario de 2011. Adems, al implicar un papel dominante para las corrientes islmicas en el marco de la nueva Constitucin, abre contradicciones con los partidos laicos de oposicin, as como el rechazo de sectores medios, ya no slo obreros, juveniles y populares, que ven amenazadas los espacios de libertad democrtica conquistados a tan alto precio en el levantamiento contra la dictadura, rechazan el papel reservado al Ejrcito, as como la represin y la dura legislacin contra las huelgas y los sindicatos independientes.

Desnudada su debilidad, Mursi intent maniobrar, retrocedi parcialmente en algunas medidas (pero manteniendo en pie su plan) y debi recostarse en el Ejrcito, cedindole atribuciones extraordinarias en la represin as como un mayor rol en los intentos de dilogo con la oposicin, confirmando a su manera que el verdadero rbitro del rgimen son las FF.AA. El Ejrcito mantiene su apoyo al gobierno, aunque manteniendo su juego propio. El Ministro de Defensa y jefe de las FF.AA., Gral. Abdul Fatah al-Sisi, advirti que El conflicto en curso entre varias fuerzas polticas podra llevar al colapso del Estado y amenazar el futuro de las generaciones por venir, en lo que puede ser ledo tanto como una advertencia ante la profundidad de la crisis, reclamando a "todas las fuerzas polticas" que encuentren una salida a los "problemas polticos, econmicos, sociales y de seguridad" del pas [2], como una velada amenaza de que el Ejrcito podra intervenir si la situacin no puede ser controlada.

El rol de la oposicin burguesa laica

Desde la prensa imperialista se intenta presentar la oposicin de los sectores burgueses que encabezan el Frente de Salvacin Nacional como la alternativa de la democracia frente al islamismo de Morsi y los HM. Sin embargo, el-Baradei (liberal y pro-occidental ex funcionario de la OIEA -agencia Internacional de Energa Atmica- y premio Nobel), Amro Mussa (que encabez a la reaccionaria Liga rabe y estaba estrechamente ligado a Mubarak), junto con ellos el nasserista Hamdeen Sabbahi, quieren fortalecer la pata laica del rgimen de desvo para contrapesar a la pata islamista moderada hoy en el gobierno. Lamentablemente se han sumado a su carro el Movimiento 6 de Abril y otros sectores prestigiados por su papel en la Primavera egipcia. El FSN, con su acusacin a Morsi y los HM de traicionar a la revolucin busca utilizar las movilizaciones, convocando a los viernes de liberacin y los llamados a Plaza Tahrir, como un factor de presin para obligar al gobierno a negociar y respetar las reglas del juego como dicen sus voceros. Los puntos centrales que reclama el FSN son conformar un gobierno de unidad nacional, puesto que segn sus voceros un slo sector "no puede dirigir el pas, sino que es necesaria una asociacin verdadera para administrar los asuntos del Estado", y aceptar la revisin de los aspectos en disputa de la nueva Constitucin de corte islamista, aunque, estrechamente ligados al empresariado egipcio, no se oponen a lo esencial del programa econmico de Mursi.

Baradei ha insistido en que Necesitamos un encuentro inmediato entre el Presidente, los ministros de Defensa e Interior, el partido dirigente, los salafistas y el Frente de Salvacin Nacional para dar urgentes pasos para detener la violencia e iniciar un dilogo serio [3]. La diferencia de fondo con Morsi radica en que ven peligroso un curso bonapartista que, chocando con las aspiraciones democrticas de las masas y la resistencia a las medidas de ajuste, termine por provocar un nuevo estallido revolucionario. Muestra de su temor a esa posibilidad fue el acuerdo del 31/01 para renunciar a la violencia promovido en la Universidad islmica de Al Azhar, por el Gran Imn al Tayeb (del clero sun), y firmado por representantes del oficialista PJL (Partido Justicia y Libertad, expresin poltica de la Hermandad Musulmana), del FSN y otras corrientes. Por supuesto, tal llamado no afecta a la represin oficial, pero ilustra la disposicin opositora a encarrilar las protestas para que no deriven en un levantamiento, aunque amenace sumarse a las consignas contra Mursi coreadas con creciente fuerza por los manifestantes. Esa adaptacin al candente clima de las calles y plazas da cuenta de la agudizacin de la crisis poltica, tanto como de la necesidad de la oposicin de interponerse a la posibilidad de que los sectores movilizados abran una perspectiva abiertamente revolucionaria al movimiento obrero y popular.

El desgaste de Morsi y las perspectivas

El gobierno apuesta a desgastar la movilizacin mediante una combinacin de represin, maniobras y retrocesos tcticos, mientras mantiene lo esencial de su plan, y trata de encaminar la crisis hacia nuevas elecciones legislativas a celebrarse en abril. Pero esto significa jugar con fuego, en los lmites de una crisis poltica muy aguda y ante un movimiento de masas que una vez ms emerge con una acelerada experiencia poltica, particularmente entre sectores juveniles y obreros de vanguardia. La coyuntura desnuda la debilidad estratgica de Mursi para estabilizar un nuevo rgimen y poner fin al proceso revolucionario, a pesar del sostn de los militares, de la gran burguesa y del imperialismo. Sin embargo, Mursi cuenta an con el amplio aparato poltico, cultural y asistencial de la Hermandad Musulmana, y mantiene una cuota no desdeable de base social. Y trata de hacer valer el chantaje del miedo a una mayor desestabilizacin que abra las compuertas a la irrupcin de los explotados. Y aprovecha cada hecho, como la reciente cumbre de la Organizacin de Cooperacin Islmica en El Cairo (donde mantuvo un indito encuentro con el presidente iran Ahmadinejad) para recomponer su imagen. Est an por verse cmo se resolver la actual prueba de fuerzas, que a fn de cuentas, se dirime en las calles. El aniversario del levantamiento contra Mubarak traer movilizaciones superiores, o puede empezar a decaer el nivel de las protestas? Est por verse. Entre tanto, parece muy poco probable que Mursi pueda escapar a las consecuencias del altsimo costo poltico que supone este enfrentamiento. Entre tanto, la crisis poltica se ve fogoneada por la movilizacin de masas, y al mismo tiempo, abre nuevas brechas para que sta se desarrolle.

Los trabajadores en escena

Los trabajadores son un factor activo en el actual ciclo de protestas, como lo han venido mostrando en los centros de Mahalla, el Canal de Suez o Alejandra. El gran centro industrial textil de Mahalla, con ms de 20.000 obreros, se ha convertido en uno de sus focos ms avanzados y politizados en la lucha contra el rgimen. Desde la cada de Mubarak la clase trabajadora egipcia ha protagonizado miles de conflictos, incluyendo huelgas nacionales de algunos sectores, y avanzado en la formacin de nuevos sindicatos, e incluso comenzando a recuperar mtodos de lucha avanzados como los piquetes o las ocupaciones de fbrica (como en la gran planta de Pirelli en Alejandra en julio de 2012), lo cual no es poco teniendo en cuenta que para muchos trabajadores, se trata de sus primeras experiencias de accin colectiva tras dcadas de dictadura. No slo sectores como los maestros, mdicos y trabajadores de la salud han realizado paros importantes, sino tambin del transporte, como los conductores de buses de El Cairo. Significativamente, la agitacin obrera y los procesos de organizacin parecen crecer en centros estratgicos de la industria, el transporte y los servicios, sea en las grandes plantas estatales (textiles, cemento, aluminio, etc.) como en las filiales de transnacionales (la mencionada Pirelli, servicios petroleros Schlumberger y otros) y los portuarios del Canal de Suez y Ain Sokhna [4]. La vieja Central sindical ligada a la dictadura por dcadas, pese a que sigue siendo reconocida y sostenida por el Estado, ha perdido influencia y se ha desprestigiado. En muchos sectores han surgido nuevos sindicatos ligados a las luchas. La Federacin Egipcia de Sindicatos Independientes (FESI) declara 160 sindicatos de empresa, 25 sindicatos generales y 290 comits sindicales, y casi 2 millones de afiliados [5] . Tambin se ha formado el Congreso Obrero Democrtico Egipcio (CODE), un desprendimiento menor de la anterior. La fuerza de la clase obrera egipcia empieza a manifestarse en su creciente participacin en la escena nacional.

Fatemah Ramadan, vicepresidenta de la FESI y parte de la izquierda sindical, escribi que El modo de salir de esta complicada situacin est en manos del movimiento sindical (...) Si el movimiento alcanza un elevado nivel de organizacin y cohesin, el pueblo confiar en l y podr desempear un importante papel en el avance de la revolucin. En verdad, la llave de la situacin poltica la tiene la clase obrera, que debe luchar por la hegemona en el movimiento contra Mursi y el rgimen. Ramadan aade: Ahora tenemos claro que las manifestaciones por s solas no pueden provocar el cambio al que aspiramos. nicamente las protestas y las huelgas de los trabajadores/as pueden obligar al rgimen en el poder a cambiar sus polticas y responder a las reivindicaciones del pueblo. Pero esto no es suficiente para garantizar la derrota de Mursi y el rgimen, que por otra parte no van a cambiar su plan ni responder a las reivindicaciones del pueblo [6]. La mejor forma de impulsar la lucha actual y unificarla es la preparacin de una huelga general de masas, en lo que el paro de 24 horas decretado por los sindicatos tunecinos el 8/02, a pesar de sus lmites, muestra un primer antecedente.

Los sindicatos independientes no representan an a la mayora de la clase obrera egipcia, pero s son influyentes en sus sectores ms combativos. Una poltica sistemtica de agitacin por la huelga y de preparacin, impulsando instancias de coordinacin local y nacional democrticas para unir a los miles de centros obreros, barriadas populares, sectores juveniles, etc. y la autodefensa para enfrentar a la represin estatal, tanto como a los matones de la HM; podra abrir el camino a la realizacin de la huelga general, para asestarle un golpe decisivo al rgimen. Sera tambin la mejor forma para que el movimiento obrero, que al actuar disperso en las actuales movilizaciones no imprime todava de manera decisiva su sello de clase, pueda pasar, con sus mtodos y organizaciones, a centralizar y dirigir la alianza obrera, campesina y popular contra la reaccin y el imperialismo.

Adems de los procesos de organizacin sindical existe una incipiente tradicin de autoorganizacin en el surgimiento de los Comits populares durante el levantamiento contra Mubarak. Este tipo de organismos para la lucha, creados espontneamente, tuvo una existencia fugaz y dispersa, y tendieron a desaparecer pronto. Sin embargo, algunos Comits parecen haber sobrevivido en los barrios pobres, como formas de organizacin para la lucha por demandas locales y de agrupamiento de la juventud. La lucha actual demandara recoger estas experiencias y su resurgimiento en el combate contra Mursi y sus medidas. Pero eso reclama tambin una perspectiva poltica superior, como la que podra brindar la huelga general.

Esa perspectiva es inseparable de la ruptura de toda confianza o ilusin en la oposicin burguesa. Los Baradei, Mussa o Sabbahi temen tanto a los trabajadores y son tan enemigos de sus intereses y demandas como los islamistas o los militares. Es necesario superar esas direcciones, apuntando a que en la lucha la clase obrera pueda ganar la ms amplia independencia respecto al rgimen burgus y sus representantes, pues es la nica clase que puede aglutinar y conducir al pueblo oprimido y explotado, disputando su direccin a las corrientes pro-burguesas y al oscurantismo religioso y abriendo el camino a una salida revolucionaria, obrera y popular.

Un programa para desarrollar la revolucin

Un programa de accin del movimiento obrero debera recoger las demandas democrticas de todo el pueblo, dirigindolas no slo contra el gobierno de Mursi y los islamistas con su Constitucin (que reconoce entre sus principios la sharia), sino contra el conjunto del rgimen de desvo y la trampa de la transicin democrtica para enterrar el proceso revolucionario. De hecho, las demandas de pan, libertad y justicia social y dignidad humana levantadas por la Primavera egipcia permanecen sin respuesta y no puede esperarse solucin a ellas de los representantes de la clase dominante, sean islmicos, liberales o militares. Slo como parte de un programa de accin obrero, para que la crisis la paguen los capitalistas y se aseguren esas justas demandas, podrn ser realizadas.

En este sentido, sera necesario ligar al programa de la movilizacin y la huelga general, partiendo del reclamo de que se vaya Mursi y contra su reaccionaria Constitucin, digitada por los islamistas en connivencia con los militares, la lucha por una Asamblea Constituyente Revolucionaria, es decir, por una Asamblea Constituyente verdaderamente libre y soberana, no sujeta a la custodia de los militares, los imanes ni las instituciones heredadas de la dictadura mubarakista que reorganice la sociedad y el pas desde sus cimientos, en la que representantes libremente electos puedan debatir y decidir sobre los grandes problemas, desde la ruptura con el imperialismo y con el Estado de Israel, el no pago de la deuda externa y el rechazo al FMI, la expropiacin de las transnacionales y de los terratenientes, salario digno y trabajo para todos, plenos derechos de organizacin para los trabajadores, el fin de todas las formas de opresin sobre la mujer, las demandas de los pobres urbanos, etc.). Para asegurar una Asamblea as, la garanta estara en un Gobierno provisional de las organizaciones de masas que conduzcan la lucha. Esta consigna, articulada con las de desarrollo de la auto-organizacin de masas (en el camino de Consejos obreros y populares) y de armamento de los trabajadores (hacia milicias obreras y populares) contribuira poderosamente a acelerar la experiencia poltica de las masas y acercarlas a la conviccin de que slo imponiendo revolucionariamente un gobierno obrero y popular y tomando el poder a travs de sus propias organizaciones democrticas para la lucha podrn garantizar la resolucin ntegra y efectiva de las tareas democrticas y nacionales que son el motor de la revolucin egipcia, abriendo el camino para la construccin socialista y la unidad en una Federacin de Repblicas Socialistas de toda la regin.

Notas

[1] Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas

[2] Discurso del Gral. al-Sisi. Www.terra.com; 29/01/13.

[3] Declaraciones de El Baradei del 31/01/13.

[4] Datos tomados de: http://www.industriall-union.org; www.rebelion.org; http://www.equaltimes.org; www.egyptindependent.com

[5] http://www.fiteqa.ccoo.es, informe del 24/09/2012

[6] Los sindicatos son la respuesta a los problemas de Egipto. En www.equaltime.com


Fuente original: http://www.ft-ci.org/article.php3?id_article=6120


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