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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-02-2013

En primera persona
Simbologa de la colonizacin canadiense durante la ceremonia para adquirir la ciudadana

Fernanda Snchez Jaramillo
Rebelin


Fueron 5 largos aos esperando, resistiendo y llenando la soledad echando mano de los recuerdos para adquirir el tan codiciado pasaporte canadiense. A simple vista no tiene nada de especial, solo un color diferente.

Pero es la puerta de entrada a destinos -donde como colombianos no somos bienvenidos, al menos no sin rigurosas requisas y en algunos casos investigaciones- si tienes el dinero para viajar de un lugar a otro.

Adems, representa la pertenencia, en trminos burocrticos y en papeles, a un pas considerado Dominio de Inglaterra, pero que cuyo gobierno acta como un apndice colonial de los britnicos.

Al llegar a la ceremonia, yo no saba exactamente lo que me esperaba. Pero haba decidido proyectar mi identidad colombiana, suramericana, india, y poltica, como de costumbre, en la forma de vestirme para la ceremonia.

No descuid ni un solo detalle. Llevaba una falda de color caf de pliegues, las botas con molas, un chal de colores amarillo, rojo, naranja, las flores en el cabello, la mochila Wayu y unos aretes personalizados con la fotografa de Piedad Crdoba, bellsima con un turbante de color rojo

Debo admitir que durante estos cinco aos y medio de inmigracin, mi confrontacin con el racismo, la discriminacin y los estereotipos acerca de mi pas y la etnia que represento provocaron en mi un proceso de autoafirmacin sin precedentes, que solo ocurre cuando se nos ofende y se cuestiona duramente nuestra identidad cultural.

Al entrar a la sala, dos aspectos llamaron poderosamente mi atencin: los agentes de seguridad eran personas de color, como yo, probablemente de la India, y los empleados de mayor rango eran caucsicos, canadienses y europeos.

La sala no era demasiado grande, tampoco lujosa, supongo que no merecemos tantopero era un espacio tenso. Un espacio controlado sicolgicamente con cada detalle: las fotos de la reina Isabel y sus representantes en Canad, llamados gobernadores generales.

El poder de la reina y del pas estaban representados en la jueza, blanca tambin. Nuestros movimientos controlados; nuestro tono de voz, nuestra postura, nuestros asientos asignados.

Solo hubo un momento de espontaneidad cuando una de las empleadas, quien recibi mi antigua tarjeta de residente, que devuelves cuando recibes la ciudadana, mir con curiosidad mis aretes y pregunt quin era esa mujer

Yo le contest que era Piedad Crdoba, una poltica colombiana valiente, inteligente y muy digna y que yo celebraba su existencia llevndola conmigo a todas partes y sirvindome de excusa para hablar de ella y de Colombia.

La ceremonia comenz a tiempo y aunque no fue larga me sent abrumada. Esquivaba la foto de la reina Isabel, Liz como la llaman coloquialmente, pero senta que ella me observaba. Me senta humillada al estar ah de pie, fingiendo afirmar, se tiene la opcin de afirmar o jurar por la reina, yo eleg la primera opcin a regaadientes, y sin pronunciar las palabras correctamente.

Para conjurar lo que deca, a medias o maldeca, haca pistola con mis dedos. Era mi conjuro moral y emocional ante la humillacin de volver a los tiempos de la conquista y la colonia cuando miles fueron forzados a convertirse al cristianismo, a reconocer a los reyes.

Mientras estaba all yo pensaba: que irona! En lo que es ahora Colombia, mi atribulado pas, nuestros antepasados libraron esa gran batalla por nuestra independencia y hace poco celebramos el bicentenario, mientras yo estoy aqu de vuelta al pasado en un pas del primer mundo y en pleno siglo XXI.

Luego de la ceremonia, el anhelado pasaporte est guardado en el colchn de mi cama. Para identificarme localmente, presento siempre mi pasaporte colombiano. Despus de todo, quien dijo que la nacionalidad, ese concepto que indica una pertenencia a una determinada cultura puede adquirirse automticamente con un documento?

Esto no puede lograrse en un pas donde la nacionalidad est ligada a la etnia caucsica y sus privilegios; no la pasan muy bien tampoco los canadienses de color, todo aquel que no es blanco como yo, ni los indgenas.

Ese pasaporte que muchos me envidian, no me protege contra el racismo, contra el hecho de ser siempre una extranjera de color y ancestros indgenas en una tierra ocupada por los herederos de los conquistadores ingleses en estas tierras.

El pasaporte que simboliza mi segunda ciudadana, no sirve de antdoto contra la discriminacin, contra la falta de oportunidades, contra la desconfianza de una etnia que se considera superior, que siempre me observa como algo extico -la declaracin de exotismo del otro no es ms que otra forma de ejercer el racismo- el racismo democrtico canadiense.

Este es un pasaporte que simboliza sometimiento a la corona, aunque ellos digan que no son una Colonia sino un Dominio. Un pasaporte que te garantiza unos derechos bsicos pero que no borra mi verdadera nacionalidad, mi identidad cultural, mi ser colombiano, mis antepasados director e indirectos indgenas, mi pertenencia a un pueblo que necesita conquistar su segunda independencia de una generacin nueva de conquistadores.

Conquistadores caucsicos con trajes de empresarios y diplomticos, entre ellos canadienses, que quieren mutilar a nuestra joven Repblica, de apenas 200 aos, reconquistando pedazo por pedazo a punta de proyectos mineros y aurferos, entre otros.

En medio de estos mezclados sentimientos y mis constantes opiniones acerca de estos temas sueo con mi regreso por ahora sigo representando con orgullo la etnia altiva y altanera esa que siempre honraba Jorge Elicer Gaitn en las tribunas.

Fernanda Snchez Jaramillo, periodista colombiana y sindicalista desde Canad.

Articulo publicado en Voz (Colombia), Febrero 13, 2013.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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