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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-02-2013

La gran minera de carbn en Colombia

Joan Martnez Alier
La Jornada


El presidente Santos de Colombia no cesa de predicar las virtudes de lo que llama la locomotora minera de la economa, basada sobre todo en el carbn y el oro. Pero tropieza con protestas. En febrero de 2012, una protesta en el Cesar (al nordeste de Colombia) debida a la contaminacin que produce la explotacin del carbn bloque la va que comunica La Jagua de Ibirico con La Loma, por donde transita el carbn que sale de las minas La Francia, El Hatillo y El Descanso Norte hasta el puerto de Santa Marta. Las compaas Prodeco, Drummond, Vale, no cumplen con su obligacin de reubicar poblaciones. Una tractomula atravesada sobre los rieles paraliz varias veces al da el tren que va a Santa Marta con 135 vagones de 60 toneladas cada uno.

Un ao despus, el Anla, la autoridad nacional de licenciamiento ambiental, anunci el pasado da 5 que negaba la licencia a diversas empresas multinacionales para aumentar la extraccin de carbn en la Guajira y el Cesar. All se extraen y exportan 90 millones de toneladas al ao hacia Europa y Estados Unidos. Queran aumentar hasta 180 millones de toneladas. En enero pasado, una barcaza de la Drummond naufrag y el carbn cay al mar. El Anla quit temporalmente a la compaa la licencia de embarque de carbn. No todo marcha bien.

En La Guajira, otro ferrocarril lleva carbn de El Cerrejn a Puerto Bolvar. Los habitantes wayu nunca han dado consentimiento a la destruccin de su territorio. El motivo principal de protestas es la mala calidad del aire, que causa enfermedades respiratorias que afectan a poblacin vulnerable. El agua de manantiales y de pozos est contaminada y hay mucha prdida de suelos y de bosques.

En la Guajira y el Cesar, la expansin de la minera requiere evacuar habitantes y reubicarlos en otros entornos con nuevas viviendas y nuevos servicios pblicos (escuelas, hospitales). Eso no se ha hecho. Las empresas se ahorran los costos de los desplazamientos. No pagan por la mala salud ni los daos al ambiente natural. No han realizado consultas previas en lugares con poblacin indgena en la Guajira, o afrocolombiana en el Cesar.

Nadie est calculando todava esos pasivos ambientales por daos a la biodiversidad, a la morfologa de los ros y los niveles freticos, y tambin a la salud humana. El PIB de la Guajira y el Cesar, y el de toda Colombia, son magnitudes engaosas porque, si la contabilidad de las empresas est equivocada al no restar los pasivos ambientales, entonces tambin est mal medida la contabilidad macroeconmica.

Las exportaciones de carbn tienen gran huella hdrica; una tonelada deja en promedio una huella material (de escorias y material de desecho) de diez toneladas. Mientras tanto, los importadores, contentos e ignorantes, queman carbn y producen dixido de carbono.

La locomotora minera que impulsa el presidente Santos no consigue arrancar con fuerza. Entre protestas, la Anglo Gold Ashanti no despega con la minera de oro en Tolima, mientras Greystar fracas en su intento de sacar oro del pramo de Santurbn. La minera en los pramos est legalmente prohibida, pero eso no se respeta siempre.

La poblacin de Colombia es de 47 millones, los departamentos de la Guajira y el Cesar tienen apenas un milln cada uno. Son zonas de sacrificio ecolgico y social. All, como en todas partes, los conflictos ambientales son causados por el aumento del metabolismo social. La extraccin anual de carbn en Colombia representa casi dos toneladas por persona, ms de cinco kilogramos al da, unas 40 mil kilocaloras. Colombia vende energa barata con graves costos sociales y ambientales en esas zonas de extraccin, y tambin en las playas de Santa Marta, muy perjudicadas por el trasiego de trenes y barcazas llenas de carbn.

En febrero 2013 se anuncia una vez ms una huelga del sindicato de El Cerrejn de la BHP Billiton, Xstrata y Anglo American. El sindicato representa a 3 mil trabajadores. Entre sus peticiones est un incremento salarial y legalizar la situacin de 7 mil empleados tercerizados. El pliego de reclamos incluye otros dos temas: las enfermedades laborales, producto de la explotacin minera, y la prohibicin de la brutal desviacin del ro Ranchera a lo largo de 27 kilmetros. El ro Calenturitas, en el Cesar, ya fue destruido por la minera de carbn.

Vemos pues que el ecologismo no es un lujo de los ricos, sino una necesidad de todos. Hay un ecologismo de los pobres e indgenas, e incluso un ecologismo de los sindicalistas.

(*) Joan Martnez Alier es investigador del Instituto de Ciencia y Tecnologa Ambientales (ICTA) de la Universidad Autnoma de Barcelona

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/02/16/opinion/022a1mun


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