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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-02-2013

Hay alternativas, incluso dentro del euro

Juan Torres Lpez
Alternativas Econmicas


 

La situacin en la que se encuentra la economa espaola y la de otros pases de la Eurozona es dramtica. Se mire por donde se mire, permanecer en las condiciones en las que estamos no puede llevarnos sino a un desastre de consecuencias imprevisibles.

No se trata de ser catastrofistas sino de contemplar con realismo lo que est sucediendo y de anticipar lo que es previsible que venga detrs, a la vista de lo que ya ha ocurrido en otros pases que pasaron por circunstancias parecidas a las nuestras.

Permanecer sin ms en el euro y aplicar las polticas de austeridad va a destruir la actividad productiva y a poner en las nubes la cifra de parados. Nos hundir en la depresin durante aos y har que se vaya acumulando un volumen de deuda insoportable que imposibilitar cualquier tipo de cambio en el futuro inmediato. Seguir como estamos, simplemente aguantar el chaparrn, es suicida y, a mi modo de ver, la peor poltica posible.

La impresin generalizada es que no hay alternativas a las imposiciones de Europa, que no queda ms remedio que obedecer lo que dice la seora Merkel y aplicar sin rechistar lo que impone la Troika, la Comisin Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

Es cierto que nuestra pertenencia a la Unin Monetaria supone un cors agobiante teniendo en cuenta la forma tan inadecuada en que conform en su da. Y tan apretado que, a estas alturas, sera muy difcil salir de l sin tener que soportar un trauma social extraordinario (de hecho, ni siquiera est formalmente contemplado que un pas abandone el euro) y costes econmicos muy grandes.

Pero, incluso en el marco de ese estrecho cors, hay posibilidades alternativas y caminos diferentes a los que estamos siguiendo en Espaa bajo el gobierno del Partido Socialista primero y ahora del Partido Popular.

No me refiero aqu a polticas concretas o sectoriales, de las que me ocup junto a Vicen Navarro y Alberto Garzn en nuestro libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en Espaa , sino a los grandes escenarios en las que podra ser posible afrontar la parlisis econmica en la que estamos como consecuencia, sobre todo, del incremento de la deuda soberana y de la falta de demanda y financiacin que nos agobia.

En este sentido ms general ta mbin hay alternativas diversas, de diferente naturaleza y efectos, que incluso son compatibles con la pertenencia al euro. Me he ocupado de alguna de ellas en los ltimos artculos que vengo escribiendo, que pueden encontrarse en mi web ( http://www.juantorreslopez.com ), y ahora me voy a limitar a mencionar las cinco que sealaba Ellen Brown hace unos meses refirindose al caso griego ( G reece and the euro: fifty ways to leave your lover ) y que creo que son perfectamente extrapolables a nuestro pas.

Una primera sera la emisin por parte del Banco de Espaa de una moneda complementaria al euro. Sera una moneda de curso legal electrnica, cerrada, es decir, no convertible en otras divisas y utilizada como paralela y complementaria del euro, solo en los intercambios nacionales y que servira para que se puedan realizar las transacciones que ahora no se pueden llevar a cabo por insuficiencia de euros.

Aunque su puesta en marcha presenta lgicas dificultades tcnicas y legales, que son comprensibles y evitables sin demasiados problemas, tendra grandes ventajas porque permitira reducir el dficit comercial, bajar la necesidad de financiacin y su coste, y propiciar una rpida recuperacin de la liquidez interna para dinamizar la actividad empresarial y el consumo.

Otra segunda va sera que el propio Banco de Espaa fuese el que emitiese euros para financiar sin apenas coste al Estado y evitar as que ste tenga que pagar unos intereses tan elevados como los que han provocado el gran incremento de la deuda en los ltimos aos. Puede parecer una posibilidad estrambtica pero lo cierto es que lo permite la normativa que regula el funcionamiento del BCE y del Sistema Europeo de Bancos Centrales, y que ya se ha utilizado en Irlanda. Si all se permiti para salvar a los bancos privados lo complicado sera justificar que no se haya permitido para salvar a los pases enteros.

La tercera es una va que si no ha sido utilizada ya es porque los gobiernos actan o con una torpeza gigantesca o con una enorme complicidad con los intereses privados ms poderosos. Como es sabido, el Banco Central Europeo tiene prohibido financiar a los gobiernos y eso es lo que ha obligado a estos ltimos a endeudarse a altos tipos de inters en lugar de haberlo hecho sin apenas coste (Espaa ha debido pagar en concepto de intereses unos 350.000 millones de euros de 1995 a 2011). Pero el artculo 123.1 del Tratado de Lisboa s le permite financiar a las entidades de crdito pblicas, de modo que si se hubieran nacionalizado bancos o cajas de ahorros podran recurrir a la liquidez que proporciona el BCE sin apenas coste (actualmente al 0,75%) y utilizarla, a diferencia de lo que estn haciendo los bancos privados que la reciben a manos llenas, para proporcionar crdito a las empresas y consumidores.

El argumento que se da para no adoptar estas dos vas anteriores es que provocaran inflacin. Pero eso no tiene fundamento. Si esa medida va acompaada de un plan efectivo de recuperacin econmica no cabe temer que produzca alza de precios y, en todo caso, no tiene por qu tener un efecto inflacionista mayor que el que puede provocar el extraordinario incremento de la base monetaria que se ha generado inyectando liquidez a los bancos privados.

La cuarta va que propone Ellen Brown la hemos defendido tambin otros muchos economistas y organizaciones sociales: un impuesto sobre las transacciones financieras. Algunos clculos, como el del investigador Simon Thorpe a partir de los datos del Banco Central Europeo cifran el volumen total de transacciones financieras en Europa entendidas en el ms amplio sentido en 1.600 billones de euros ( Total Eurozone Transactions in 2011: 1.6 quadrillion) lo que da idea de la inmensa cantidad de recursos que se podra obtener (adems de otros efectos positivos de la medida) si se aplicase incluso un impuesto moderado del 0,3 0,5% .

Cualquiera de estas medidas o su combinacin permitira abordar y solucionar los problemas que padecemos con mayor eficacia y desde luego con mucha ms justicia. El mencionado Simon Thorpe pone el ejemplo de Grecia y seala que si all se crease una banca pblica y esta recibiera prestado del Banco Central Europeo al 1% el dinero suficiente para comprar la deuda griega, podra amortizar ese prstamo en diez aos solo con el rendimiento de un modesto impuesto del 0,3% sobre las transacciones financieras. Es decir, sin necesidad de recurrir a los dramticos recortes y sacrificios que se le estn imponiendo a su poblacin.

Finalmente, Ellen Brown indica que los pueblos tambin tienen como alternativa, y como derecho, el repudio de una deuda que es verdaderamente odiosa si se tiene en cuenta que en gran parte es el resultado de manipulaciones en los mercados o, simplemente, de no haber tomado medidas como las que acabo de sealar y de las que ni siquiera nadie puede decir que sean contrarias a lo establecido en las normas que regulan la unin monetaria.

Es precisamente el hecho de que no se hayan tomado para evitar fcilmente el sufrimiento de la poblacin y la ruina de las economas lo que demuestra que las polticas que se vienen imponiendo no se aplican porque sean irremediables o no tengan alternativas sino porque lo que se desea es favorecer con ellas a los grandes poderes financieros y empresariales. As lo demuestra el resultado distributivo tan desigual que vienen produciendo. Y de ah, justamente, el carcter inmoral, odioso y repudiable de la deuda que generan.

Hay, pues, alternativas, no dir abundantes pero s suficientes, que si se pusieran en marcha podran evitar los daos que estn causando las polticas actuales de austeridad y recortes de derechos.

Nadie afirma que los caminos alternativos sean de fcil factura o que su implementacin est exenta de riesgos y dificultades pero lo cierto es que estn a nuestro alcance. Es mentira que no los haya y que solo se pueda hacer lo que dictan los de arriba por boca de la seora Merkel. Se podran poner en marcha si hubiese voluntad poltica y eso demuestra una vez ms que los problemas econmicos no tienen soluciones tcnicas y neutras sino polticas que tienen ms bien que ver con el poder y con la democracia realmente existente.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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