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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-02-2013

Consciencia desdichada y dialctica colonial

Ral Prada Alcoreza
Rebelin


 

 

Consideraciones preliminares

Hay un problema inherente a las palabras, los conceptos, los discursos, las teoras, los lenguajes; terminan de apoderarse del espritu, por as decirlo, de los referentes, que pueden ser comprendidos como relaciones, como mbitos de relaciones, hasta como rdenes de relaciones. Desde que se construyen los significados, los sentidos, las representaciones, los conceptos de los referentes, ya no se habla de stos desde la dinmica misma de los referentes, sino a partir de los sentidos y conceptos construidos. Una vez establecidos los leguajes, discursos, teoras, los lenguajes se refieren a los lenguajes, los discursos a los discursos, las teoras a las teoras. Se crean metalenguajes, meta-discursos y meta-teoras. Se producen entonces el distanciamiento respecto de la experiencia de las dinmicas moleculares, respecto del acontecimiento de las singularidades. Estas son absorbidas en representaciones generales y en universales. Empero, no se trata slo de meta-teoras y metalenguajes, no se trata de una metafsica, pues no slo se trata de representaciones, pues no se sostendran los discursos; se evaporaran. Esta meta-teora, incluso las teoras mismas, estos metalenguajes, incluso los leguajes mismos, este meta-discurso, incluso los discursos mismos, se sostienen por y en la materialidad de las instituciones. Son estos agenciamientos concretos de poder, que renen discursos y articulan fuerzas, los que sostienen el flujo de los discurso y que stos sean crebles, hacen que stos transmitan su verdad.

El problema entonces es que se nombran conceptos como modernidad, colonialidad, capitalismo, Estado; conceptos que suponen teoras, formaciones enunciativas, formaciones discursivas; los conceptos se vuelven sujetos, como tuviesen vida misma. Se olvida que estos conceptos no son otra cosa que representaciones, cuyo referente son dinmicas moleculares, composiciones de estas dinmicas, procesos singulares y devenires. Estos referentes continan su propia vida, independiente del decurso de las teoras y los discursos, aunque las mismas teoras y discursos sean dispositivos de poder que inciden en la captura de las dinmicas moleculares, orientando esta captura a la reproduccin institucional.

Por eso se hace problemtico hablar de modernidad, colonialidad, capitalismo y Estado, pues cuando se lo hace, estas entidades aparecen como sujetos, cuando de los que se trata es comprender los mbitos de relaciones referenciales. Relaciones que no se dan entre sujetos exactamente, sino entre singularidades, entre dinmicas moleculares singulares. Los sujetos, los sujetos sociales, responden al concepto de sujeto y al concepto de sociedad; cuando se habla de relaciones sociales o de relaciones de sujetos sociales, estas relaciones suponen sujetos constituidos, suponen una sociedad conformada; las relaciones entonces terminan siendo relaciones entre conceptos, no relaciones entre singularidades. Cuando hablamos de esta forma, podramos decir que nos encontramos ante la produccin abstracta de la economa poltica generalizable, economa que ocasiona fetichismos de toda clase, no solamente el fetichismo de la mercanca. Por lo tanto, economa poltica que produce ideologa, adems de sus producciones concretas y de la propia produccin de relaciones. La des-fetichizacin pasa por la crtica de la economa poltica generalizable; pasa por retornar al anlisis de las relaciones entre singularidades. Entonces se trata de comprender los fenmenos o, mejor dicho, la fenomenologa, de la modernidad, de la colonialidad, del capitalismo, del Estado, a partir de acontecimientos concretos y singulares.

A pesar de esta introduccin, ahora no nos vamos a ocupar de las episteme o las epistemologas de las formaciones discursivas de las que hablamos, tampoco de una crtica de las epistemologas en cuestin, ni de una crtica general de la epistemologa. Esto queda pendiente. Trataremos de abordar dos grandes temas; uno relativo a la constitucin de subjetividades, que llamamos consciencia desdichada; trmino por cierto hegeliano, pero usado connotativamente, en su diseminacin connotativa, a la manera de la de-construccin. El otro gran tema es el que nombramos como dialctica de la colonialidad, retomando la tradicin crtica de la dialctica del iluminismo, mejor an, la dialctica de la modernidad. Estos temas no van a ser tratados como corpus tericos, como tesis elaboradas, sino a partir de ciertos sntomas y ciertos eventos anecdticos. Entonces, trataremos de hablar de estos temas a partir de la ilustracin que permiten la descripcin de sntomas y el ejemplo de ancdotas.

Consciencia desdichada

Antes de seguir aclararemos lo que queremos decir al usar el concepto de consciencia desdichada. Hegel usa este concepto en Fenomenologa del espritu [1] , entendida como Ciencia de la experiencia de la consciencia. La consciencia desdichada o desventurada, segn las traducciones del alemn al castellano, aparece en Fenomenologa del Espritu despus de recorrer minuciosamente la experiencia de la consciencia; se encuentra en la esfera de la autoconciencia, en la verdad de la certeza de s mismo. La certeza de s mismo comprende la autoconciencia en s, la vida, el yo y la apetencia; estos son los movimientos de la dialctica de la autoconciencia; el momento de la contradiccin entre autoconciencia en s y la vida; el momento de la superacin, el yo y la apetencia. Despus Hegel se concentra en la dialctica de independencia y sujecin de la autoconciencia; seoro y servidumbre. Tambin tiene tres movimientos, el momento de la contradiccin entre la autoconciencia duplicada y la lucha de las autoconciencias contrapuestas, el momento de la superacin, seor y siervo. Este momento comprende el seoro, el temor y la formacin cultural. Una vez expuesta la dialctica de independencia y sujecin, el filsofo expone la dialctica de la libertad de la autoconciencia, que comprende el estoicismo, el escepticismo y la consciencia desventurada. En la introduccin de esta parte anota: la fase de consciencia a que aqu se llega: el pensamiento. La consciencia desventurada es precisada como subjetivismo piadoso. Hegel define la consciencia desventurada as:

Esta consciencia desventurada, desdoblada en s misma, debe ser, por lo tanto, necesariamente, puesto que esta contradiccin en su esencia es para s una sola consciencia, tener siempre una consciencia tambin la otra, por donde se ve expulsada de un modo inmediato de cada una, cuando cree haber llegado al triunfo y a la quietud de la unidad. Pero su verdadero retorno a s misma o a su reconciliacin consigo misma se presentar como el concepto del espritu hecho vivo y entrado en la existencia, porque ya en ella es, como una consciencia indivisa, una consciencia doble; ella misma es la contemplacin de una autoconsciencia en otra, y ella misma es ambas, y la unidad de ambas es tambin para ella la esencia; pero, para s no es todava esta esencia misma, no es todava la unidad de ambas [2] .

Llama la atencin que el trmino, no el concepto, de consciencia desdichada se haya usado en sentido de descalificacin, adjetivando, calificando negativamente, a la referencia a la que se aplica. Se hace hincapi en la condicin desdichada, en tanto desdicha. Este uso est muy lejos del concepto hegeliano de consciencia desdichada. Incluso Ren Zavaleta Mercado la usa en este sentido calificador cuando se refiere a la casta seorial, casta de gamonales y propietarios mineros [3] . En todo caso, si se hace un uso histrico para referirse a las dominaciones efectivas dadas en la historia poltica de Bolivia, en un periodo determinado, habra que referirse a las autoconciencias contrapuestas, la gamonal y la del pongo, la de los propietarios mineros y la de los mitayos o, en su caso, del proletariado minero, la de la casta seorial y la del pueblo indgena y mestizo. La consciencia desdichada concurre en ambas, en su duplicacin, en su contradiccin, en su lucha, en su extraamiento e inversin, as como despus, en la superacin de esta contradiccin, como pueblo. Sin embargo, no hay que olvidar que cuando Hegel expone la dialctica de la autoconciencia se refiere al pensamiento, pero, todava a un pensamiento no logrado. Es posible la metfora de la consciencia desdichada, su metaforizacin, su parfrasis; empero, habra que hacerlo de manera completa, no parcial, menos usar el trmino de manera adjetiva, descalificadora. Ese no es el sentido dialctico, puede serlo en otro discurso. El sentido es de desgarramiento, tambin de inacabamiento, de tensin y desventura. Tampoco hay que olvidar que la consciencia desdichada se define como subjetivismo piadoso, no agresivo, no racial. La casta seorial no se destaca por la piedad, al contrario, expresa un discurso racial, agresivo y descalificador de lo indgena para justificar su posicin dominante. No es tan apropiado usar el trmino de consciencia desdichada para referirse slo a la casta seorial. En cambio, resulta til el manejo de la dialctica de seoro y servidumbre, su transferencia a otras figuras contrapuestas de dominacin y subordinacin, en todo su desplazamiento.

Kojeve tambin desarrolla la interpretacin filosfica de esta parte de la Fenomenologa del espritu en su libro Dialctica del amo y el esclavo. Kojeve hace hincapi en la dialctica de la dominacin. Es sugerente esta interpretacin e iluminadora de las relaciones de dominacin; sin embargo, no hay que olvidar que Hegel expone la dialctica del pensamiento, aunque supone en la demanda de reconocimiento de las autoconciencias, su lucha a muerte, la relacin de poder en la que deriva esta lucha, por temor a perder la vida. Por otra parte, los trminos de amo y esclavo, usados metafricamente, no en sentido estricto, haciendo referencia a las relaciones de poder en distintas formas, pueden llevar a aplicaciones no histricas. La referencia histrica de Hegel no es la del amo y el esclavo de la poca esclavista griega o romana, tampoco se refiere al fenmeno de la esclavizacin africana, el comercio de esclavos, en la conformacin extendida de la colonizacin y las sociedades coloniales, como base de la compuesta acumulacin originaria de capital. La referencia histrica de Hegel es la relacin de dominacin feudal, aunque no la use sociolgicamente, tampoco econmicamente, sino como figura filosfica. Esto es importante, pues Hegel teoriza sobre la dialctica de la libertad, teniendo en cuenta la experiencia de la revolucin francesa.

La consciencia desdichada es la consciencia desgarrada, la consciencia escindida, la que sufre de extraamiento, sufre de enajenacin, empujada a exteriorizarse; aora con volver a su interioridad, a su intimidad, a su mismidad indeterminada, cuando esto ya no es posible despus de experimentar el trabajo abstracto de la determinacin. Su retorno no puede ser otro que la negacin. Este momento de la consciencia dialctica aparece como consciencia colonial, tanto en el colonizador como en el colonizado, ambos como momentos de la contradiccin colonial, como momentos de la dialctica colonial. Ocurre como en la dialctica entre seoro y servidumbre, dialctica del seor y el siervo, donde el seor domina, pero slo es la consciencia cosificada; no puede acceder al conocimiento del movimiento, la consciencia de la cosa en s y de la consciencia para s. En tanto que el siervo es la consciencia enajenada, slo puede ver a travs de los ojos del seor, slo puede querer ser seor, sustituir al seor; en estas condiciones tampoco puede tener consciencia del movimiento, convertirse en consciencia para s. Para la dialctica esta consciencia se logra cuando el siervo se descubre como productor, cuando descubre que la cosa en s, el producto, el objeto de la apetencia del seor, es producto de su trabajo. El seor tiene que renunciar al goce inmediato del objeto de su apetencia, pues si lo hace, si goza, ste desaparece de un solo golpe; es destruido sin posibilidad de reaparicin. Por eso la dominacin, para poder reproducirse como dominacin, es mediada por la economa, por el trabajo del siervo.

Sobre el substrato de la relacin de poder entre el seor y el siervo, se estructura la relacin econmica entre el propietario absoluto y el absolutamente no-propietario. Hay que hacer notar que la relacin de dominacin no es la misma relacin econmica, aunque sta ltima la suponga. Tampoco son los mismos sujetos de la relacin, aunque los sujetos de la relacin econmica se constituyan sobre los sujetos de la relacin de dominacin. Se puede decir entonces que hay una fenomenologa subjetiva, una fenomenologa de la consciencia; hay una historia y una memoria subjetiva. La consciencia econmica, en sus dos momentos contradictorios, el sujeto como propietario y el sujeto como no-propietario, forma parte de una esfera ms concreta, que contiene la esfera ms abstracta, que contiene un desarrollo mayor de determinaciones; comprende, por lo tanto, el desarrollo anterior, la esfera anterior, la consciencia desdichada, en sus dos momentos contradictorios, la consciencia cosificada del seor y la consciencia enajenada del siervo. No es por lo tanto ni el mismo momento ni la misma estructura de contradiccin. La consciencia desdichada se constituye en la experiencia de la violencia inicial, que se manifiesta en el riesgo, en el desafo a la muerte, por un lado; sobre el miedo, el temor a la muerte, la renuncia a arriesgar la vida, por el otro lado. La consciencia econmica se constituye sobre la base de la relacin contractual, que supone el camino de la indeterminacin-determinacin de la libertad.

Ahora bien, la esfera econmica no comprende solamente la relacin contractual entre el propietario y el no propietario, sino tambin la relacin de trabajo, que se efecta como relacin de trabajo, entre el trabajador y el objeto de trabajo. La relacin productiva se da entre el productor y el producto, entre el trabajador y el objeto de trabajo. En esta relacin la parte activa la constituye el productor, en tanto que la parte activa en la relacin de dominacin la constitua el seor. Sin embargo, el seor slo alcanzaba a la consciencia desdichada en su forma de consciencia cosificada, en tanto que el siervo la alcanzaba como consciencia enajenada. De manera diferente, el trabajador, el productor, al ser el creador del producto, descubre que su ser en s se realiza en el producto; esta experiencia de trabajo, de produccin, constituye la consciencia productiva, la consciencia trabajadora, en tanto que el propietario slo puede acceder a la consciencia econmica, en su forma de consciencia propietaria, consciencia que no deja de ser una consciencia cosificada, aunque la cosificacin se d a otro nivel, en la esfera econmica. En esta experiencia el productor, el trabajador, pierde el temor a la muerte, se libera del miedo, se libera de las ataduras de la consciencia enajenada; la libertad indeterminada se convierte en libertad determinada. De la consciencia econmica se pasa a la consciencia poltica, a la experiencia de la libertad.

Hegel llega hasta all, teniendo como referente la experiencia de la revolucin francesa; Marx retoma esta dialctica histrica, concibe la poltica como lucha de clases, pasa de la consciencia en s econmica a la consciencia para s poltica. El productor, el trabajador, el proletariado, es elevado a consciencia histrica. La realizacin de la dialctica histrica no se efecta en la realizacin de la libertad en el Estado, que puede ser representado como repblica, para el caso de Francia, o como monarqua constitucional, para el caso de Alemania, como ocurre con Hegel, sino en la abolicin del Estado, en la destruccin del Estado [4] . La realizacin de la dialctica de la libertad se da en la superacin de la contradiccin entre Estado y sociedad, Estado como unidad y sociedad como pluralidad; superacin que destruye el Estado para dar lugar a la sociedad emancipada, en tanto asociacin de productores libres. Se puede decir que habramos pasado de la consciencia desdichada a la consciencia dichosa, a la consciencia comunista, que habra dado el salto de la experiencia del reino de la necesidad a la experiencia del reino de la libertad.

En este sentido, en el sentido de la interpretacin histrica, Marx contina siendo dialctico, contina la ruta desarrollada por Hegel. La dialctica histrica no deja de ser dialctica de la modernidad, dialctica de la ilustracin. En este sentido Marx no abandona los horizontes de la dialctica hegeliana, los horizontes de la modernidad, los horizontes de la ilustracin; se encuentra al interior de estas dialcticas, que no dejan de ser y conformar la dialctica del modo de produccin capitalista, la dialctica de la acumulacin de capital, en su forma recurrente originaria y en su forma ampliada. Tomando en cuenta la experiencia histrica, la diferencia efectiva radica en que ya no es la burguesa la que administra la acumulacin de capital, sino paradjicamente el Estado, aunque esta experiencia histrica vaya contra los postulados histricos de Marx.

El problema epistemolgico, por as decirlo, es el que se encuentra en la propia formacin enunciativa y discursiva de la dialctica, en la propia forma de pensamiento dialctico. Michel Foucault demostr que la dialctica es la teora histrica ms lcida de la burguesa; teora dialctica, tambin teora poltica, que supera la contradiccin entre la el modelo jurdico-poltico, como teora de la soberana, y el modelo histrico-politico, basada en la teora de la guerra como matriz del Estado, de las leyes, de la propiedad [5] . La dialctica poltica republicana convierte a la revolucin en la ltima guerra, despus viene la paz, el fin de la historia de la lucha de clases, el comienzo de la soberana transferida al pueblo. Desde esta perspectiva, lo que hace el marxismo es seguir la ruta del pensamiento burgus, trasladar la ltima guerra a la revolucin socialista y convertir la soberana popular en autodeterminacin de los productores y trabajadores, la realizacin de la autogestin de los productores. Una soberana de productores, una soberana productiva.

La dialctica es profundamente teleolgica, los hilos de las finalidades aparecen desde un principio, dese el origen mismo de las contradicciones; la historia es comprendida a partir de los fines inscritos en su desenvolvimiento. La dialctica es notablemente moderna, es la forma de pensamiento que expresa de la manera ms adecuada las dinmicas duales y binarias de la economa poltica generalizada. Los lmites de la dialctica se encuentran aqu, en su pensamiento teleolgico; los problemas de la dialctica se pueden interpretar como problemas inherentes de la economa poltica generalizada, de la cul es su expresin radical. Por eso, la dialctica no puede convertirse en una alternativa a la modernidad, no puede constituirse en una alter-modernidad [6] , pues no sale de la dialctica de la modernidad, dialctica de la contradiccin entre antimodernidad-modernidad, donde la modernidad se supera, realizndose ms enriquecida y ampliada [7] .

Dialctica colonial

Nos toca hablar de la dialctica colonial. Quizs sea el estrato ms fuerte de la geologa de la modernidad; no hay modernidad sin colonialidad. El nacimiento de la modernidad supone la conquista, el colonialismo y obviamente la formacin del sistema-mundo capitalista. La dialctica colonial no slo es una forma de pensar, una teora, una interpretacin histrica, una hiptesis sobre los orgenes de la modernidad, sino tambin es una experiencia social. Imaginario y experiencia social entonces de la vertiginosidad, del trastrocamiento de las estructuras y de las relaciones sociales, sobre todo de la experiencia dramtica de la destruccin de pueblos, culturas y sociedades singulares. Sociedades locales, sociedades regionales, sociedades territoriales, tan distintas a la sociedad universal, a la sociedad moderna, conformada como suspensin de los valores y estructuras tradicionales de las sociedades locales. Una sociedad cohesionada por el mercado, el consumo generalizado; la produccin, la circulacin, la distribucin, la comercializacin y el consumo de mercancas. Una forma de sociedad mundializada, a pesar de la heterogeneidad local y regional, una sociedad moderna estructurada por procesos de homogenizacin, disciplinamiento, control y simulacin. Una sociedad moderna estructurada por estrategias de individualizacin y la trans-valorizacin, donde los valores se relativizan o se suspenden, haciendo posible el juego desnudo de los intereses. Estamos ante la emergencia de una cultura, si se pude hablar as, nihilista; la valorizacin de la suspensin de valores. La comprensin de que los valores existen por convencin, por acuerdo; no hay ninguna sustancialidad de los valores.

La dialctica colonial enfrenta la contradiccin de lo local y lo general, de lo particular y lo universal. Lo general y universal se produce primero por comparacin, por identificacin de analogas y diferencias, se produce por destruccin de la diferencia, por subsuncin de la singularidad, sobre todo por colonizacin de lo local, lo regional, lo territorial. Colonizacin que implica la desterritorializacin, la decodificacin, la suspensin de los cdigos, de las plusvalas de cdigos, por lo tanto, la liberacin de los flujos de-codificados. El tumulto y la mezcla de cdigos, la insercin de los cuerpos en la divisin del trabajo y del mercado internacional. Sobre todo la instauracin de instituciones disciplinarias, sobre la base de la racializacin de las relaciones sociales. La dialctica colonial, tiene que superar, desde un principio, la contradiccin de lo que aparece como lo no-moderno y los que aparece como proyeccin de modernidad. El discurso colonial nombra como salvaje y brbaro a lo que se opone a la generalizacin y la modernizacin. La ideologa colonial concibe la civilizacin europea como el paradigma de la modernidad, cuando la modernidad se hace posible como civilizacin mundial. La modernidad no es europea sino mundial, se construye a partir de la circulacin violenta de los fragmentos civilizatorios y culturales que estallan con la conquista y la colonizacin. Si bien los conquistadores tienen a mano sus lenguajes, sus culturas, sus instituciones, su religin, no pueden sino inventar nuevos lenguajes, experimentar la emergencia de una cultura universal, la conformacin de instituciones extraterritoriales, que puedan administrar los inmensos territorios conquistados y sus propios territorios, que tambin sufren los cambios ocasionados por los procesos de mundializacin.

La modernizacin es la superacin de la contradiccin entre anti-modernidad, en tanto resistencias mltiples, y proyecto emergente de mundializacin. La colonizacin entonces concurre primordialmente en los territorios y poblaciones conquistadas; sin embargo, no acontece slo en stos, pues tiene que acaecer tambin en los territorios y poblaciones de los pases conquistadores. Las monarquas absolutas, los estados de entonces, al momento de la conquista, se transforman en estados modernos, obligados por las exigencias administrativas de los territorios conquistados. El Estado moderno es un producto colonial. La modernizacin tiene como operador principal a la colonizacin, a la conformacin de la colonialidad. La dialctica colonial es la matriz, el substrato profundo, de la dialctica de la modernidad y de la dialctica de la ilustracin.

En su nacimiento la dialctica colonial supera la contradiccin entre sociedades, culturas, civilizaciones, poblaciones, enfrentadas, con la construccin de una sntesis social, cultural, civilizatoria y poblacional global, aunque controlada por los referentes jerarquizados de la sociedad, cultura y civilizacin de los conquistadores. Despus de este nacimiento la dialctica colonial se prolonga como superacin de las contradicciones entre anti-modernidad y modernidad, logrando sntesis que incorporan la anti-modernidad a formas enriquecidas y heterogneas de la modernidad. La dialctica colonial se despliega y desenvuelve como colonizacin recurrente y reiterada de la diferencia, de las resistencias, inscribiendo en los cuerpos modulaciones homogneas, disciplinamientos, domesticaciones, como inducciones de comportamientos y conductas, como constituciones de subjetividades. La colonialidad se constituye como sociedad global racializada, como estructura de poder racializada, como saber jerarquizado; diferenciando ciencia de saberes puestos en la sombra.

Ilustraciones anecdticas

Como dijimos, ahora vamos a ilustrar sobre los perfiles singulares de estos grandes problemas abordados, a partir de la descripcin puntual de singularidades ocasionales y el ejemplo anecdtico de eventos provisionales. Vamos a seleccionar al azar algunos, y buscar en su manifestacin particular y espordica las mltiples e indefinidas formas que adquieren las singularidades, la composicin de singularidades, los hechos cotidianos, reunidos como pertenecientes a los grandes problemas enunciados. Este pequeo grupo de eventos puntuales y ancdotas sueltas tiene connotaciones polticas.

Ancdota 1

Comenzaremos con una: El discurso del presidente de Bolivia en Tiquipaya-Cochabamba, al inaugurar la Conferencia de los Pueblos contra el Cambio Climtico y Defensa de la Madre Tierra, en 2009. Despus del discurso del presidente en Copenhague ante la Cumbre Social paralela a la Cumbre de Naciones Unidad sobre el Cambio Climtico, en la misma ciudad, discurso dado ante cien mil activistas ecologistas y sociales, donde se declar la guerra al capitalismo en defensa de la Madre Tierra, el presidente hablo del dao que causan la Coca-Cola y los pollos con hormonas, haciendo hincapi en los efectos, en la cada del cabello, calvicie, y en la transformacin de los hombres en homosexuales, gay. Parte del pblico asistente, sobre todo extranjeros, que asistieron emocionados y solidarios a la Conferencia, se sali desconcertado al escuchar semejante discurso. Los dems escucharon atnitos el discurso; mucha gente de las organizaciones sindicales campesinas escuch el discurso y le pareci gracioso, como que el presidente hacia broma. Despus del acto, que dej un sabor indescifrable, pocos comentaron el discurso, muchos prefirieron no hacerlo. En el coliseo de una escuela, donde fueron a almorzar las organizaciones sociales, sirvieron en la mesa pollo con Coca-Cola; los dirigentes se miraron sorprendidos, luego se rieron, tardaron un tiempo en comer lo que se encontraba en la mesa.

Las resoluciones de la Conferencia terminaron de declarar la guerra al capitalismo en defensa de la madre tierra, prohibir la tala de bosques, la exploracin y explotacin extractivista en los territorios boscosos y en los territorios indgenas, criticar y atacar al modelo extractivista, proponer su sustitucin por un modelo basado en la soberana alimentaria. La Conferencia plante la lucha por una civilizacin alternativa al capitalismo y a la modernidad, la defensa de los equilibrios ecolgicos, el pago de la deuda histrica de los pases centrales por costos de depredacin y contaminacin, por deuda colonial a los pueblos indgenas y a los pases perifricos. Tambin se propuso la transferencia tecnolgica y cambio de tecnologa contaminante a tecnologas limpias, la disminucin de los gases de efecto invernadero en un 50%, la exigencia que los pases firmantes de la Convencin de Kioto cumplan con sus compromisos y que los pases contaminantes que no firmaron lo hagan. La Conferencia hizo un llamado a formar una internacional de los pueblos en defensa de la madre tierra y en lucha contra el capitalismo.

La homofobia est bastante extendida en la fraternidad masculina; el terror a la alteridad sexual, a la otredad, a lo que est fuera de los cnones establecidos, de los constructos culturales victorianos. La dominacin masculina burguesa no slo se basa en el dominio sobre las mujeres, en el dominio minucioso del cuerpo de la mujer, sino tambin en la exclusin y represin de subjetividades no-masculinas, no-femeninas, aunque en el fondo esconda su homosexualidad implcita y hasta la practique a ocultas. El dominio del cuerpo de la mujer implica su ocupacin, su modulacin, su conversin en objeto de intercambio, en objeto de los escenarios de poder; la esttica, la belleza, es llevada a la teatralizacin del poder. El cuerpo de la mujer es lo que se puede comprar, forma parte de los abalorios de la riqueza; durante el esplendor de la burguesa y el desborde consumista de las formas de reproduccin del capital, la mujer es smbolo publicitario, una invitacin al comprador a travs de la seduccin del paraso terrenal. El cuerpo del homosexual si no es martirizado como en otros tiempos, forma parte de los ejemplos del castigo religioso, Sodoma y Gomorra. En el imaginario popular forma parte del chiste y de la burla.

Las activistas del feminismo radical de-colonial dicen que si no se toca profundamente y crticamente este tema, si no se entra a fondo en las races y los alcances del Estado patriarcal, se est lejos de afectar las condicionantes mismas de la colonialidad. Los grandes temas de las luchas sociales contemporneas, la descolonizacin, la crtica de la modernidad, la lucha contra el capitalismo, las luchas de los pueblos indgenas, las emancipaciones femeninas, las emancipaciones de las subjetividades diversas, la defensa de los derechos de los seres de la madre tierra, las luchas por la democracia participativa y por las autogestiones sociales, estn ntimamente articuladas. No es posible separar unas luchas de otras, concentrarse en unas, dejando pendiente las otras. Cada una de las luchas tiene que ver con las otras, los logros de unas repercute en los logros de las otras. Todos los frentes estn ensamblados, forman parte de la guerra prolongada contra las dominaciones polimorfas, que se refuerzan tambin mutuamente. Es la crtica y la lucha integral contra la economa poltica generalizada, la economa poltica restringida y la economa poltica ampliada a la economa poltica del cuerpo, a la economa poltica del poder, a la economa poltica del signo, a la economa poltica colonial. La lucha contra el Estado patriarcal, contra la dominacin masculina y la homofobia forma parte de la lucha contra el sistema-mundo capitalista y la colonialidad. No se puede pues sostener que se puede ser anticapitalista y anticolonial, por un lado, y machista, adems homofbico por otro.

Ancdota 2

El vicepresidente escribe, publica y difunde masivamente un libro que titula Geopoltica de la amazonia [8] . El libro pretende demostrar que la Amazonia del Beni, departamento del noreste de Bolivia, cuya geografa comprende los extensos llanos inundables y el llamado monte alto de la Amazonia, est dominada por latifundistas y ONGs, que la materia de esta dominacin son los pueblos indgenas, primero por los terratenientes, quienes los explotan y esclavizan, segundo por la ONGs que los engaan y utilizan, teniendo como escusa programas ecologistas incorporados en el capitalismo verde. El libro tambin es una defensa de la tesis del gobierno de que la carretera que cruzara el ncleo del TIPNIS es parte de una geopoltica que recupera la soberana de la Amazonia, frente al control que ejerce la oligarqua crucea sobre esta vasta regin y la ocupacin virtual de la Amazonia por parte de ONGs, que responden a la estrategia imperialista. El libro no es elocuente en geopoltica, menos en una descripcin de la Amazonia, aunque slo exprese la hiptesis de que la carretera integra al pas y conecta territorios fragmentados y dispersos. Es un texto poltico cuyo eje argumentativo tiene que ver con la propuesta de la necesidad de desarrollo; por otro lado, el texto no se guarda descalificaciones de las marchas indgenas de defensa del TIPNIS, as como de las ONGs que apoyan estas marchas.

Uno de los grandes temas de la crisis actual del capitalismo es la consciencia catastrfica de la crisis ecolgica. A lo largo de la historia del capitalismo, las luchas anticapitalistas han venido transformndose; se pas de la lucha del proletariado por alternativas sociales y polticas a la sociedad capitalista y al Estado moderno, durante el siglo XIX, a las luchas antiimperialistas, durante el siglo XX, pasando a luchas ecologistas contra la destruccin del planeta efectuada por el modo de produccin capitalista, en lo que va del siglo XXI. Las formas de luchas anticapitalistas anteriores no han desaparecido, se combinan con las nuevas formas de luchas aparecidas, configurando una gama y un conglomerado de luchas anticapitalistas ms complejo y variado. El desmontaje del sistema-mundo capitalista abarca distintos planos constitutivos, diferentes campos organizativos, productivos y reproductivos, distintos mbitos problemticos. La problemtica ecolgica se ha convertido en uno de los tpicos de ms recurrencia crtica al capitalismo, a la modernidad y a la colonialidad. Descalificar este tratamiento por parte de activistas y organizaciones ecologistas y de demandas sociales es situarse en un terreno altamente conservador, ponerse del lado de los depredadores, contaminadores y extractivistas, es ponerse de lado de las empresas trasnacionales abocadas al extractivismo minero e hidrocarburfero. Aludir en defensa de esta tesis geopoltica al paradigma del desarrollo es situarse, en el mejor de los casos, en la ilusin desarrollista de la primera media centuria del siglo XX, incluyendo la dcada de los sesenta. Esta apuesta se explica por el imaginario modernista de las corrientes socialistas de entonces, as como de los nacionalismos y populismos perifricos, apoyados en la crtica de la teora de la dependencia. La dramtica construccin del socialismo, la cada de los estados socialistas de la Europa oriental, el contradictorio decurso de los nacionalismos y populismos, su fracaso, la constatacin de no salir del crculo vicioso de la dependencia, mostraron los lmites y contradicciones de este desarrollismo, su concomitancia con la acumulacin ampliada de capital, el orden imperial y la forma de dominacin y hegemona del sistema del capital financiero. Volver a este desarrollismo de una manera tan acrtica es dejar pendientes los grandes problemas constatados, reducir las luchas actuales a la elemental tesis de la contradiccin de desarrollo y subdesarrollo. Es levantar el fantasma de las antiguas luchas para no comprometerse con las luchas contemporneas. Hoy en da, una posicin anti-ecologista es francamente reaccionaria y pro-capitalista.

Ancdota 3

Cuando el ministerio de gobierno presenta a la cmara baja el proyecto de ley sobre extincin de bienes, la comisin respectiva, la cmara baja, de diputados, la entonces presidenta de la cmara de diputados, deciden revisar el proyecto de ley, respondiendo a sus atribuciones constitucionales, entre ellas la de deliberar y fiscalizar, adems de legislar. El proyecto de ley es revisado en un sesenta por ciento. La mayora del pas, que conforma la economa llamada informal, protesta contra el proyecto de ley del gobierno; la denuncian como atentatoria y en contra de los derechos propietarios constitucionalizados. Sobre todo gremialistas y transportistas hacen conocer su protesta. El Ministro de Gobierno entra en debate con la entonces presidenta de diputados y la descalifica diciendo que no est a su altura intelectual. El presidente acusa a los transportistas y gremialistas de estar a favor de los narcotraficantes por no apoyar el proyecto de ley. Por ltimo, ante la magnitud de la resistencia y el debate encarado en el mismo parlamento, enfrentando la imposicin autoritaria del ejecutivo, el presidente se ve obligado a mandar el proyecto de ley al Tribulan Constitucional.

El proyecto de ley de expropiacin de bienes exige que se demuestre que los bienes que se tienen corresponden a los ingresos declarados, son bienes adquiridos por la economa legal y formal, por el propio trabajo, y no de ingresos extraordinarios, de la economa ilegal. Esta ley supuestamente va dirigida contra el narcotrfico, el contrabando y el lavado de dinero ilcito. Qu impacto tiene esta ley en un pas donde la mayor parte de la poblacin econmicamente activa se mueve en la economa informal? No es casual que los transportistas y gremialistas se hayan levantado contra el proyecto de ley. Al parecer esta ley tiene que ver con compromisos del Estado con organismos internacionales para contar con dispositivos legales contra el lavado de dinero. Pero, que hay respecto a los derechos fundamentales y el conjunto de generaciones de derechos consagrados en la Constitucin. Acaso no se cuentan ya con dispositivos legales que cumplen con esos objetivos mencionados? Por qu una ley especfica sobre la extincin de bienes? Echndole el ojo a otras leyes promulgadas, sin discutir su pertinencia constitucional, como. por ejemplo. la Ley Marcelo Quiroga Santa cruz, cuyo objeto de la ley es la lucha contra la corrupcin, se puede decir que ha logrado sus objetivos? Lo paradjico de esta ley es que, a pesar de sus drsticas disposiciones, que convierten al funcionario de antemano en culpable, la ley ha inmovilizado ms an la actividad del aparato pblico. Nadie quiere comprometer su firma con facilidad. Por otra parte, lejos de detener la corrupcin, est se ha expandido mucho ms. Por qu sucede esto? Cules son los objetivos implcitos de este tipo de dispositivos legales?

Est demostrado que el principal dispositivo de lavado de dinero es el sistema financiero, es la banca; tambin se sabe que los gobiernos prefieren optar por el control y contencin del narcotrfico, que por una lucha frontal; muchas veces optan por el controlado lavado de dinero. No hay dispositivos legales en contra del flujo financiero especulativo, ni contra el gigantesco y a gran escala lavado de dinero institucionalizado. Se puede crear dispositivos de control contra operadores menores; empero, es muy difcil que se lo haga respecto a los grandes operadores y grandes operaciones financieras. La famosa ley 1008, impuesta por el imperio, recae tambin en los eslabones ms dbiles de la cadena del narcotrfico; las crceles estn llenas de los operadores menores, los burros y mulas de carga, que tambin son vctimas, en medio del fuego cruzado, entre los carteles y los aparatos represivos. Al final este tipo de leyes forman parte de estructuras jurdicas descomunales ineficaces, que amparan operativos represivos, acompaados de gran publicidad, que para lo nico que estn es para justificar el presupuesto, el gasto, la existencia de aparatos en una guerra de antemano perdida contra el narcotrfico.

Ancdota 4

Ante el debate abierto entre la entonces presidenta de la cmara de diputados y el ministro de gobierno, el vicepresidente declara que en el MAS no hay libres pensadores, todos son soldados; los que quieren ser libres pensadores pueden irse. En el informe final de la presidenta de la cmara baja, que dejaba sus funciones, dice que en la Constitucin los constituyentes se olvidaron poner, en principios y valores, el cdigo moral de ama llunku, adems del ama llulla, ama quilla y ama sua. Los voceros de la Asamblea Legislativa lanzan el grito al cielo y airados dicen que la expresidenta de la cmara de diputados habla por resentimiento.

Emmanuel Kant considera que la ilustracin corresponde al uso crtico de la razn, cuando la razn se convierte en la nica autoridad, cuando el uso de la razn manifiesta madurez, pero, sobre todo libertad. Las luchas sociales no solamente hacen uso crtico de la razn, sino que usan la razn como crtica y la crtica es expresin de libertad. No podra darse el uso crtico de la razn y el uso de la razn como crtica sin esta condicin primordial que es la libertad. El pensamiento est asociado a la libertad; ser libre es pensar; pensar es devenir [9] . Cuando se prohbe el libre pensamiento, ocurre como si se retrocediera a una etapa anterior a la ilustracin; se exige obediencia a una autoridad irracional, a una autoridad que no es la razn sino el mito de una verdad carismtica. El gran patriarca exige obediencia, fidelidad, lealtad, sumisin. El gran patriarca ha convertido a sus sbditos en menores de edad; lo nico que puede hacer esta minoridad es obedecer. No puede pensar. En estas condiciones se descartan las luchas sociales; la poltica se ha reducido a la alabanza y a la repeticin tautolgica de las rdenes. Cuando se cuentan con soldados y no con libre pensadores, no se est ante un partido poltico, sino ante un cuartel. Se ha confundido la prctica poltica con el servicio militar. Algo parecido pasa con los soldados polticos que con los soldados del servicio militar; stos obtienen su libreta y adquieren ciudadana, aquellos obtienen el permiso de usufructuar del poder y son reconocidos como miembros natos del partido.

Ancdota 5

Un senador del MAS por el departamento de La Paz lanza una indita tesis poltica: No importan los derechos, no se trata de respetar derechos, sino de obedecer la direccin de la lnea poltica.

Qu se puede esperar de personas que declaran que no importa que se vulneren derechos, lo que importa es lo que decide la bancada? En esta declaracin por lo menos hay dos rasgos sintomticos; uno es el relacionado a la suspensin de los derechos; el otro es mantener la lnea poltica, pese a quien pese, pase lo que pase, vulnere o no derechos. En el primer rasgo vemos claramente la manifestacin desenvuelta y desmesurada del poder; lo real es el poder, los derechos son simplemente enunciados. En el segundo rasgo tenemos el ejemplo ms evidente de la complicidad y concomitancia; la bancada, los nuestros han decidido. La lnea del partido como determinacin. Ciertamente esta declaracin tiene distintas connotaciones dependiendo de dnde se la emita. En relacin al segundo rasgo, no estamos ante un discurso leninista, por as decirlo; no es partido de vanguardia que define una estrategia insurreccional para la toma del poder por parte de los trabajadores. No hablamos de esta lnea poltica, tampoco de esta situacin. El poder ya est tomado, por as decirlo, o, por lo menos, ya se es gobierno. No es un partido de vanguardia el que se plantea una lnea poltica insurreccional o, en su caso, de medidas transformadoras, estructural e institucionalmente. Se trata de un movimiento que no ha llegado a construirse como un instrumento poltico de las organizaciones sociales; tampoco su perfil es de un partido de gobierno. Se trata de un instrumento poltico que no gobierna; nunca se le consulta sobre la estrategia a seguir, las tcticas con las que se va operar, menos sobre las polticas pblicas que despliega el gobierno. Es un movimiento poltico reducido a la convocatoria electoral. La lnea poltica la decide el ejecutivo, donde no necesariamente se encuentra la gente del movimiento popular, sino los hombres y las mujeres de confianza del presidente o del vicepresidente. A estas alturas del partido, ya da lo mismo.

El discurso se emite en el escenario del Congreso; el tema es minsculo, contratos de personal de senadores. Puede haber una lnea poltica sobre esto? Hay un reglamento, est la Constitucin, adems de contar con el derecho de los senadores a conformar su equipo. Ocuparse de esto, tener una reunin de bancada para decidir sobre temas reglamentados y constitucionalizados, no solamente mostrara las grandes ocupaciones del partido, fuera de atentar contra los procedimientos administrativos. Ms grave an es haberse inventado una reunin de bancada, que nunca se dio. Esta improvisada e inventada declaracin muestra ms desesperacin que determinacin, ms banalidad que algo de seriedad. Ciertamente esto no es una muestra de madurez en quien divide la sociedad entre adultos mayores y nios.

El Congreso no puede ser, por lo menos no est destinado para eso, un lugar donde se pisoteen derechos, aunque esto ha venido ocurriendo en relacin a los derechos fundamentales y los derechos de las naciones y pueblos indgenas originarios, en relacin al derecho del pueblo a participar en la construccin colectiva de las leyes, como dice la Constitucin. Que un senador diga que no importan los derechos ya habla mucho de este senador. Qu lleva a decir semejante cosa? Cul es la psicologa que se manifiesta en esta declaracin? El Congreso, que adems se nombra como Asamblea Legislativa Plurinacional, debe garantizar el sistema de gobierno de la democracia plural y participativa, el ejercicio plural de la democracia, directa, representativa y comunitaria. Debe garantizar el cumplimiento de los derechos. Que se emita una declaracin del tipo no importan los derechos precisamente en el Congreso, ya habla mucho del respeto que se tiene por esta Asamblea Legislativa Plurinacional.

Lo que se puede constatar es que no hay lnea poltica de partido, no hay consulta de bancada; lo que hay es un conjunto de decisiones arbitrarias del pequeo grupo dominante del partido, seleccionado como el de los ms leales y obedientes. Se vislumbra tambin los perfiles de una psicologa desconcertada, una psicologa que no encuentra punto de apoyo. Ha perdido sus referentes pasados, sindicales, de lucha campesina; se encuentra en un espacio de poder donde para mantenerse en la jerarqua se tiene que ser sumiso y obedecer, no la lnea que discute y construye la bancada, sino la lnea decidida por el otro grupo, de mayor jerarqua y poder, de clarividentes del ejecutivo. Qu pasa en el alma, por as decirlo, de un ex-dirigente campesino que ya no puede hacer valer su voz, ni discutir, tampoco consulta a sus bases, ms bien es cuestionado por ellas, que, en vez de esto, tiene que someterse a las determinaciones del mando que no se discuten? Hay como la experiencia de la desdicha en todo esto. Una sensacin de navegar sin rumbo, una decisin de mejor no preguntarse sobre esta deriva. Lo que queda es tener fe en las rdenes de los mandos supremos, no cuestionar nada; lo importante es mantenerse en el grupo privilegiado de voceros, aunque la vocera se reduzca a la transmisin de ventrlocuo; lo que importa es contar con las direcciones, el control de comisiones y representaciones. Este pragmatismo de sentido comn, que ms bien es un oportunismo, vaca el contenido de los discursos polticos y las declaraciones de los representantes, de los hombres que han escogido este camino de la sumisin y la obediencia.

Es triste constatar lo que ha hecho el poder con los dirigentes sindicales; les ha quitado su orgullo, la dignidad que tenan, ha evaporado de su memoria la historia de las luchas en las que participaron. El poder los ha vuelto llunku. Entonces estamos hablando de una destruccin moral, tica y psicolgica. A este paso ya no quedaran dirigentes que puedan defender el proceso y acompaar su profundizacin; slo tendremos soldados al mando de generales que llevan al proceso al abismo, generales constructores de la derrota de la guerra anticolonial y anticapitalista. Amerita una reflexin profunda lo que sucede con quienes han sido luchadores y combativos en los tiempos de las resistencias, en los tiempos de la ofensiva popular, en los tiempos de la movilizacin general, tiempos de apertura del proceso que nos toca vivir ahora. Por qu se vuelven tan sumisos, tan obedientes, tan oportunistas, tan tteres? Qu ha sido de su estructura subjetiva rebelde? Se ha desestructurado? Se ha desmoronado con tanta facilidad; slo bast gozar de los privilegios que otorga el poder?

Dialctica de la rebelin

Aparte de la hiptesis de que el poder transforma, que el poder toma a los que acceden al poder, que hemos venido utilizando en varios textos, deberamos preguntarnos tambin: Qu hace a una rebelin radical? Son los objetivos que se plantea? Es la profundidad de su interpelacin que tocan los cimientos mismos del poder? Esta pregunta es importante para evaluar el alcance de las rebeliones campesinas en el Altiplano. Nos concentraremos en dos periodos de la rebelin campesina contempornea; una, la que se dio despus de la masacre del valle (1974), en Cochabamba, que alcanz a irradiarse en el Altiplano, sobre todo del departamento de La Paz; la otra, durante el 2000, que volvi a repercutir el 2003. En los dos casos la forma de organizacin principal fueron los sindicatos campesinos, organizados ya en 1945 en Ucurea, empero expandidos despus de la Revolucin de 1952.

En el segundo quinquenio de la dcada de los setenta el control de la organizacin sindical campesina pas de manos del Estado al control independiente de la nueva expresin de la organizacin campesina, el katarismo. ideologa y proyecto poltico cultural indianista, anticolonial, cuyas races se encuentran en el Partido Indio fundado por Fausto Reinaga. La resistencia campesina a la dictadura militar, la lucha por un sindicalismo independiente de la tutela estatal, se transform en un proyecto poltico que retomaba como matriz y referencia histrica los levantamientos indgenas pan-andinos del siglo XVIII. La radicalidad del katarismo se encuentra en su interpelacin al Estado boliviano y a la sociedad boliviana, al llamado colonialismo interno, planteando un proyecto poltico descolonizador. Se vuelve a plantear el problema de la tierra, despus de la reforma agraria de 1953; pero, ahora se lo haca a partir de un discurso descolonizador y haciendo referencia a la comunidad indgena. Que este proyecto poltico y cultural haya derivado en la formacin de partidos polticos kataristas, que incursionan en elecciones nacionales, que forman parte de frentes polticos, uno, el MRTK, con Genaro Flores a la cabeza, aliado al frente de izquierda de la UDP, el otro, bajo la direccin de Macabeo Chilla, aliado al frente de derecha, que propuso la candidatura a la presidencia de Paz Estensoro, habla de las contradicciones inherentes al katarismo de entonces. No podemos olvidar que uno de los idelogos del katarismo, Victor Hugo Crdenas, termin siendo el vicepresidente de Gonzales Snchez de Lozada, el presidente neoliberal ms connotado, que en su segunda gestin de gobierno fue expulsado del pas por la movilizacin de la guerra del gas (2003).

La lucha sindical y la competencia poltica entre kataristas van a fragmentar al movimiento poltico cultural en pedazos. La radicalidad anticolonial y descolonizadora del katarismo quedar en el discurso, el mismo que va a encarnarse, ms tarde, en otros movimientos indgenas, mientras la prctica poltica destroza a las organizaciones kataristas. El desmembramiento del movimiento poltico y cultural de-colonial es ocasionado no solamente por la lucha de liderazgos y facciones, sino por su rpida adaptacin a las formas y prcticas polticas peculiares del periodo republicano, posterior a la guerra del Chaco y a la revolucin de 1952. Qu pas con el radicalismo? Por qu lleg tan rpido el pragmatismo poltico? Se debe al condicionamiento de la organizacin sindical, moderna y maleable, como dicen los crticos involucrados en el proyecto de reconstitucin de los ayllus, proyecto que reaparece durante la dcada de los ochenta? O las razones y causas se encuentran en las contracciones inherentes a los movimientos indigenistas y campesinos, como plantean otros? Vamos a asumir las dos hiptesis; la del condicionamiento de la estructura sindical; y la de las contradicciones de los movimientos indgenas y campesinos.

La reforma agraria de 1953 al entregar la propiedad privada de la tierra a familias campesinas, descartando una reforma agraria comunitaria, y al institucionalizar la forma de organizacin sindical en el rea rural, introduce una relacin de representacin y mediacin con el Estado de carcter moderno, donde prepondera la filiacin partidaria. Por otra parte, incorpora tambin prcticas clientelares de convocatoria electoral. Los sindicatos son permeables a las lgicas de las luchas polticas externas a la comunidad. No ocurre necesariamente esto en el ayllu, donde prepondera el circuito dual de la cohesin comunitaria; la filiacin es mas bien consangunea y territorial. Los sindicatos son absorbidos por el Estado, son integrados a la reproduccin estatal, a la zona perifrica de los aparatos de Estado. Aunque se conforme una Confederacin Sindical nica de Trabajadores Campesinos de Bolivia Tupac Katari independiente (CSUTCB), es vulnerable y permeable a las polticas de cooptacin del Estado.

La lnea que separa radicalismo y pragmatismo poltico es, a veces, imperceptible; esta lnea se la cruza sin darse cuenta, sin que se haga notar este traspaso. Los dirigentes polticos y sindicales pueden seguir considerando que siguen con la misma posicin de antes, radical e interpeladora, cuando en los hechos ya cedieron, ya se trasladaron a una poltica de pactos. En estos momentos se da un desfase entre discurso y prctica poltica. El discurso anticolonial es usado, a partir de determinado momento, para acumular fuerzas y prestigio, usados despus con fines pragmticos. El principio de realidad es ms fuerte que el principio utpico? El principio de realidad se vuelve condicionante precisamente debido a la presencia gravitante de las lgicas y prcticas sindicales. En estos momentos de desfase, los dirigentes se encuentran ante un dilema: continuar con el radicalismo u optar por el realismo poltico. Generalmente, no en todos los casos, se opta por lo segundo. El desfase entonces convierte al discurso en meramente convocativo, mas bien retrico, sin consecuencias prcticas, convierte a la prctica poltica efectiva en una consecuencia gravitante; el movimiento rebelde se termina incorporando a las formas de reproduccin del Estado. Cmo explican los dirigentes este traslado de un lugar a otro del escenario poltico? Esta pregunta hay que inquirirla a los que fueron dirigentes del sindicalismo katarista, tambin a los actuales dirigentes campesinos convertidos en gobernantes y en asamblestas.

La segunda rebelin campesina contempornea reciente estalla a fines de siglo XX y comienzos de siglo XXI. Ya durante la segunda dcada de los noventa se dan lugar la resistencia y las marchas de las Federaciones Campesinas del Trpico de Cochabamba en defensa de la hoja de coca. En abril y septiembre de 2000 se desata la rebelin campesina del Altiplano y se extiende a todo el pas. En abril se inician los bloqueos de caminos, en apoyo a la rebelin de la guerra del agua en Cochabamba; en septiembre se da lugar el bloqueo de caminos a nivel nacional y el sitio de cuatro ciudades, El Alto, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. La CSUTCB dirige esta rebelin campesina, que recuerda a los levantamientos indgenas anticoloniales del siglo XVIII, tambin se conecta, en la historia reciente, con el bloqueo de caminos nacional efectuado por la CSUTCB en 1979. El bloqueo de caminos de 1979 fue dirigido por el sindicalismo katarista del que hablamos, bajo la direccin del legendario lder Genaro Flores. En cambio, el bloqueo de caminos de 2000 fue dirigido por un sindicalismo compuesto por distintas fuerzas sindicales regionales y, se podra decir, diferentes ideologas campesinas. Disputaban la direccin de la CSUTCB el sindicalismo del trpico de Cochabamba con el sindicalismo campesino del valle de Cochabamba; disputa que se present como la competencia entre dos lderes campesinos, Evo Morales Ayma, de las Federaciones del Trpico de Cochabamba, y Alejo Veliz de los sindicatos del valle de Cochabamba. El peso de ambos sindicalismos regionales era equivalente; ambas fuerzas sindicales no se pusieron de acuerdo, la amenaza de divisin de la Confederacin sindical campesina era evidente. Ante esta perspectiva peligrosa, se opt por buscar una tercera fuerza sindical y a un tercer lder campesino, que pueda mediar, manteniendo la unidad del sindicalismo campesino. Se consensu con que esta tercera fuerza sea la del sindicalismo campesino del Altiplano de La Paz, bajo el liderazgo de Felipe Quispe, quien se encontraba encarcelado por alzamiento armado. En esta coyuntura, el sindicalismo campesino ms radicalizado era ste, el del Altiplano, influenciado por los Ayllus Rojos, organizacin campesina irradiada por el Ejrcito Guerrillero Tupac Katari (EGTK). Felipe Quispe perteneca a esta agrupacin guerrillera y era el principal lder de los Ayllus Rojos. En la CSUTCB de entonces queda a la cabeza el lder campesino guerrillero, aunque la direccin sindical se conforma con la composicin de las fuerzas sindicales regionales mencionadas. En gran parte, la radicalidad de los acontecimientos del 2000 en el campo, particularmente en el Altiplano, que vuelven a repetirse el 2003, con su prolongacin hasta el 2005, se explica por la presencia de los Ayllus Rojos y la direccin carismtica de Felipe Quispe. El punto ms alto de la rebelin campesina fue indudablemente el bloqueo de caminos de septiembre de 2000, tanto en el terreno de las acciones como en la puesta en escena del discurso. Como dijimos, el sitio de las ciudades, de septiembre de 2000, recuerda al sitio de La Paz de 1781, efectuado por parte de las fuerzas indgenas dirigidas por Tupac Katari. Es, durante el sitio de septiembre de 2000, cuando el lder campesino de la provincia de Omasuyo lanza su tesis de las dos Bolivia; la indgena y la criolla-mestiza. El pas se encontraba virtualmente ante el preludio de una guerra civil.

En las postrimeras de las elecciones de 2002, contando con el prestigio adquirido por Felipe Quispe, los Ayllus Rojos, al parecer tambin el EGTK, deciden, no sin desacuerdos y con fuerte discusin interna, conformar un partido para participar en las justas electorales de 2002, el Movimiento Indio Pachacuti (MIP). El MIP logra obtener seis diputados, cuando el MAS se convierte en la segunda fuerza en el Congreso. La experiencia parlamentaria destroza al MIP, movimiento indgena y campesino que termina dividindose, por ltimo desaparece del escenario poltico. En cambio el MAS va a ser la opcin electoral, no solamente del campo sino tambin urbana, en las elecciones de 2005, que llevan a la presidencia a Evo Morales Ayma por mayora absoluta. La pregunta es: Por qu los Ayllus Rojos y el EGTK, que estaban ms cerca del levantamiento armado en el campo, abandonan la posibilidad de dirigir una guerra civil y terminan optando por formar un partido poltico para participar en las elecciones nacionales; es decir, terminan prefiriendo una solucin pacfica? A qu se debe el cambio? Razones prcticas? Tcticas de coyuntura o una estrategia no-consciente inscrita como lgica de estatalizacin?

La historia parece repetirse como una condena; todo parece como si el Estado, como matriz republicana, como acumulacin institucional, es decir, como reproduccin poltica, tambin como telos estructural, termina venciendo a sus adversarios, termina incorporndolos a sus ciclos cortos, medianos y largos de reproduccin del poder. Es as o se trata de resistencias diferidas y dilatadas, que efectan una guerra prolongada contra el Estado? Por el momento todo parece confirmar lo primero. Lo mismo ha ocurrido con el proyecto de instrumento poltico de las organizaciones sociales, el MAS; su resistencia en el Chapare, en defensa de la hoja de coca, su articulacin a las luchas de los movimientos sociales anti-sistmicos, desatados en abril de 2000, el crecimiento vertiginoso de su convocatoria electoral el 2002, su victoria contundente en las elecciones de 2005, terminan convirtiendo a la rebelin cocalera, en plena guerra de baja intensidad del imperio contra los productores de la hoja de coca, en la expresin poltica que estataliza a los movimientos sociales, ampliando el espacio de la reproduccin estatal, y extendiendo masivamente la legitimacin del Estado. No hay escapatoria? Las lneas de fuga terminan capturadas por la maquinaria estatal.

Ahora vamos a detenernos en la segunda hiptesis, la relativa a las contradicciones inherentes a los movimientos indgenas y campesinos. Antes bien, tenemos que decir que no son los nicos movimientos que contienen contradicciones, en realidad todos los movimientos sociales anti-sistmicos las comprenden en su seno. Slo que el perfil de las contradicciones no es el mismo en uno y otro movimiento social. Las contradicciones en los movimientos indgenas y campesinos tienen que ver con la contradiccin entre anti-modernidad y modernidad, contradiccin que suele superarse de manera dialctica, por as decirlo, en una sntesis de reforzamiento de la modernidad enriquecida, que subsume la anti-modernidad en la reproduccin ampliada de la modernidad. Es indispensable leer a Frantz Fann para comprender esta dialctica de la ilustracin y tambin dialctica colonial [10] .

Tomamos la dialctica en su sentido hegeliano, como superacin de las contradicciones en una sntesis tensa, que salta de una esfera ms abstracta a otras esferas ms concretas, contrayendo una acumulacin de determinaciones, en un desenvolvimiento en espiral cada vez ms logrado, marcha hacia la realizacin del saber absoluto y del Estado absoluto. Esta es la forma del desarrollo del capitalismo, el desenvolvimiento acumulativo y reproductivo de la modernidad, por tanto tambin dialctica colonial [11] . Tal parece que los movimientos anti-sistmicos, los movimientos anti-modernos, los movimientos anti-coloniales, los movimientos indgenas y campesinos, los movimientos anti-capitalistas, terminan reforzando la reproduccin de la modernidad, del capitalismo, de la colonialidad, del Estado. No hay posibilidades a otro desplazamiento distinto al dialctico, a la subsuncin de la historia a la dialctica? La dialctica no solamente es la filosofa de la historia, la fenomenologa del espritu, como ciencia de la experiencia de la consciencia, la ciencia de la lgica, que responde a la dialctica del concepto, tampoco es slo la historia del capitalismo pensada como materialismo dialctico, es mucho ms, es la forma de reproduccin del capital, de la modernidad, de la colonialidad y del Estado. Ahora bien, considerar que la historia efectiva se reduce a la filosofa de la historia o al materialismo histrico, es reducir todas las formas de desenvolvimiento, de desplazamiento, todos los devenires de las dinmicas sociales moleculares, a la figura acumulativa de la dialctica. El acontecimiento, entendido como multiplicidad de singularidades, no puede pensarse desde la dialctica, rompe con la reproduccin ampliada del poder, del capital, de la modernidad y del Estado. El acontecimiento, como pluralidad de procesos singulares, slo es comprensible en tanto devenir; es decir, como metamorfosis, como transformacin, como repeticin y diferencia. Devenir distinto, devenir otro, devenir animal, devenir naturaleza. El desafo es entonces salir de la dialctica antimodernidad-modernidad, lograr la diferencia radical en la alter-modernidad.

Los movimientos indgenas y campesinos se debaten en ese dilema, cmo salir de la dialctica antimodernidad-modernidad y encontrar la ruta de la alter-modernidad. Hasta ahora se ha reforzado la modernidad y la colonialidad, saliendo de la sociedad dual de castas e ingresando a la sociedad de clases, mediante la reforma agraria. Tambin se ha reforzado la modernidad, la colonialidad y el Estado, saliendo de la exclusin e ingresando a las estructuras y formas de reproduccin del poder estatal. Indudablemente se ampla la democracia, se avanza en las igualaciones y equivalencias; esto no est en discusin. Empero, esto tambin refuerza la modernidad, el capital, la colonialidad y el Estado. No se trata, de ninguna manera, de rechazar las conquistas democrticas, las igualaciones y equivalencias; al contrario, se trata de profundizarlas. De lo que se trata es de salir de la reproduccin ampliada de capital, de modernidad, de colonialidad y del Estado, que son la matriz paradjica de las dominaciones, de las desigualdades, exclusiones, discriminaciones y explotaciones.

La reforma agraria ha convertido a los comunarios en propietarios privados de la tierra, ha abolido, por as decirlo, la dualidad externa de las dos sociedades, de las dos repblicas, la republica de indios, la republica de criollos y mestizos, dualidad colonial por cierto. Empero, ha trasladado la colonialidad al interior de una sociedad de clases, ha conformado y configurado un colonialismo interno, reforzando la colonialidad con el desenvolvimiento de nuevas formas de dominacin colonial. La llegada al poder de las organizaciones indgenas y campesinas ha abolido la exclusin del poder de las poblaciones indgenas; sin embargo, ha convertido a los indgenas y campesinos en los mejores defensores de la modernidad, del capitalismo, de la colonialidad y del Estado. La legitimacin del Estado-nacin se ha expandido considerablemente, abarcando a las grandes mayoras indgenas y campesinas a la reproduccin ampliada del poder. As se explican las contradicciones generadas en el proceso de cambio entre el gobierno indgena y popular contra las naciones y pueblos indgenas originarios en el conflicto del TIPNIS. Tambin se explica el desfase y distanciamiento entre la prctica gubernamental y la Constitucin.

Ahora bien, cmo se asume subjetivamente esta dialctica colonial? Se entiende la dificultad para sumir crticamente el proceso poltico en curso. Para muchos se trataba de eso, de obtener tierras en 1953, de llegar y administrar el poder en 2006; como interpreta un idelogo del realismo poltico, que de lo que se trata, en resumidas cuentas, es de cambio de lites. Nada ms que esto, mientras sigue la misma estructura de poder, la misma estructura colonial, la misma estructura de la modernidad, la misma estructura del capital, la misma estructura del Estado. Esta interpretacin de la descolonizacin, tambin de la emancipacin, es muy pobre y obviamente colonial. Ciertamente los que piensan de esta manera se colocan en posicin defensiva, defienden al gobierno y sus logros; consideran a los que critican al gobierno, develando sus contradicciones, como contrarios al proceso. Asumen la defensa cerrada del Estado, de la modernidad y del capitalismo de Estado. Segn ellos, la guerra anti-colonial y la lucha descolonizadora habran dado un gran salto cualitativo, si es que no habran concluido; una forma de tesis del fin de la historia, convirtindose la descolonizacin en una tarea menor.

Esta concepcin se manifiesta en distintas psicologas desgarradas. Al ocupar el lugar del otro, del patrn, del doctorcito, en la misma estructura de poder, lo que queda hacer es lo mismo que ste, imitarlo, reproduciendo sus mismas prcticas. En el mejor de los casos se va simular hacer algo distinto, empero esto se reduce a la representacin, a lo nominal, a lo simblico, a lo folklrico. Los que pretenden desestructurar el poder, conformar otras estructuras, son inmediatamente desplazados y descartados. Esta pretensin es rechazada, es descartada, de ninguna manera es aceptada; de lo que se trataba es de llegar al poder y punto. Ahora se trata de conservarlo. Frantz Fann hace la crtica a esta dialctica colonial, dice que cuando esto ocurre, cuando se ocupa el lugar del patrn, del colonizador, simplemente se reproduce la colonialidad, la estructura colonial, ahora ocupada en la casilla vaca del patrn por el colonizado convertido en gobernante. El lugar del blanco es ocupado por el negro, empero se mantiene la estructura de la dominacin blanca [12] . La descolonizacin no se reduce a ocupar el lugar del otro, sino a destruir la estructura colonial [13] .

En todo caso, los que ocupen el lugar del otro slo pueden ser pocos, una nueva lite. Este no es un lugar para las masas, para las multitudes, para las comunidades, para el proletariado nmada. En una estructura colonial, en la estructura de la sociedad capitalista, en la estructura del Estado-nacin, las masas, las multitudes, las comunidades, el proletariado nmada, seguirn siendo lo que son, el pueblo de referencia para la legitimacin del Estado, las multitudes alterativas a la reproduccin del poder, la multiplicidad como potencia social, las comunidades sometidas al diagrama colonial, el proletariado explotado por el capital. Puede haberse ensanchado la base, quizs de una manera ms amplia que la revolucin de 1952, pero las grandes mayoras no son precisamente las privilegiadas en la pirmide estructurante del poder. El proyecto del realismo poltico acaba aqu, en el cambio de lite. Por eso se pueden dedicar, como todas las lites gobernantes de los Estado-nacin subalternos, de las periferias del sistema-mundo capitalista, a enriquecerse, a formar los nuevos ricos, nombrados por ellos mismos como la nueva burguesa nativa.

Sin embargo, la historia no llega a su fin, como hubiera querido el realismo poltico. Las contradicciones profundas del proceso no tardan en estallar; las masas, las multitudes, las comunidades, el proletariado nmada, vuelven a movilizarse. Primero sorprendidas ante un gobierno popular que termina parecindose a los gobiernos anteriores, despus concentrndose en sus reivindicaciones ms inmediatas; poco a poco adquieren consciencia de que las estructuras de poder contra las que combati se mantienen intactas, aunque hayan cambiado sus apariencias y se presenten ms populares. Es cuando los enfrentamientos arrecian, como en el caso del levantamiento popular contra el gasolinazo, como en el caso de la resistencia prolongada en el TIPNIS. Lo que ocurra despus va a depender de la capacidad de rearticulacin del bloque popular que abri el proceso. Si no ocurre esto, si el bloque popular no se re-articula en la perspectiva de la re-conduccin del proceso, lo ms probable es que se viva una regresin a formas de gobiernos de coalicin, donde puede participar el MAS como mayora o, en su caso, como minora. Es improbable que el MAS vuelva a ganar por mayora absoluta. Este decurso regresivo es una especie de condena de casi todas las revoluciones; se hunden en sus contradicciones despus de cambiar el mundo. Empero no se puede aceptar esta historia como destino; es indispensable apostar por lograr un punto de inflexin e iniciar otra historia. A veces, cuando se dan grandes cambios, la historia suele acontecer por el decurso improbable, incluso hasta imposible. No hay peor derrota que no haber intentado.



[1] G. W. F. Hegel: Fenomenologa del espritu. Fondo de Cultura Econmica 1978; Mxico.

[2] G. W. F. Hegel: Fenomenologa del espritu. Fondo de Cultura Econmica 1978; Mxico; Pg. 128.

[3] Ver de Ren Zavaleta Mercado Lo nacional-popular en Bolivia. Plural; La Paz.

[4] Vase de Marx Crtica de la filosofa del Estado de Hegel.

[5] Ver de Michel Foucault Defender la sociedad. Fondo de Cultura Econmica; Buenos Aires.

[6] Revisar de Ral Prada Alcoreza Alter-modernidad; Horizontes nmadas 2013; La Paz.

[7] Ver de Michael Hardt y Antonio Negri Commonwealth. Akal 2011; Madrid.

[8] Ver de lvaro Garca Linera Geopoltica de la amazonia. Vicepresidencia del Estado plurinacional de Bolivia 2012; La Paz.

[9] Ver de Ral Prada Alcoreza Pensar es devenir. Universidad Nuestra Seora de La Paz; La Paz.

[10] Leer de Frantz Fann Los condenados de la tierra. Fondo de cultura econmica. Mxico. Tambin revisar del mismo autor Dialctica de la liberacin. Ediciones Pirata. Buenos Aires; as como Piel negra, mscaras blancas. Akal. Madrid.

[11] Revisar de Ral Prada Alcoreza Alter-modernidad. Horizontes nmadas 2013; La Paz.

[12] Ver de Frantz Fann Piel negra, mscaras blancas. Akal. Madrid.

[13] Ver de Ral Prada Alcoreza Epistemologa pluralista y descolonizacin. Horizontes nmadas 2013; La Paz.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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