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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-02-2013

Sobre la violencia poltica en Uruguay, los 60 y 70
La engaosa objetividad

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


He ledo, lo ms atentamente que he podido, el abordaje de Fernando Moyano analizando la violencia poltica del Uruguay en los 60 y 70.

Y desde ya, algo me alarm por su incongruencia: la intencin o la pretensin de un abordaje objetivo, cuantificable y consecuentemente veraz por un lado y ciertos fallos, incluso aritmticos o ausencias por otro.

El artculo al que me refiero es un trabajo circunstanciado y relativamente largo,1 y me limitar a los puntos, que entiendo merecen observaciones y porque muchos pasajes del trabajo me resultan de difcil evaluacin, por mi ignorancia y/o ajenidad, aunque ciertamente vivimos la misma poca, el mismo pas el mismo terror.

El artculo refresca aspectos de nuestra historia reciente que conviene ventilar, como por ejemplo, que la derecha, armada, investida de los marcos institucionales aumenta su violencia de manera totalmente incomparable respecto de los actos violentos de la izquierda revolucionaria. Clara expresin de que el sistema de poder establecido no quera slo desembarazarse de la guerrilla sino que proyectaba una nueva forma de dominio sobre la sociedad toda.

Pero vayamos al grano, a los granos.

Moyano hace una descripcin inicial, con cierta carga irnica sobre las interpretaciones vulgares de la violencia entonces. Comenta la hiptesis de los errores histricos, la de gente que se equivoc y resume ese descarte con un planteo de Daniel Bensaid (que cita Moyano sin referencia) contra la interpretacin policial de la historia. Interpretacin que est centrada, explica Moyano, en las intrigas, los planes, las conspiraciones, las traiciones, listado que transcribe de Bensaid.

Una vez desechada semejante interpretacin histrica, por su manifiesta superficialidad y escasa envergadura para entender lo que nos pas, tengo la impresin que Moyano entra al anlisis ms objetivo, cuantificable, estrictamente cronolgico de los acontecimientos y sus posibles encadenamientos. Yo dira a la historia cientficamente analizada.

Y as, a mi modo de ver acierta cuando nos recuerda que el asesinato (probablemente ultraintencional) del docente Arbelio Ramrez y las vejaciones a Soledad Barrett2 son anteriores a la requisa de armas del Tiro Suizo y tambin acierta al deslindar que una, la de derecha, era violencia a las personas y lo del Tiro Suizo fue en todo caso, a las cosas.

Sin embargo, poco ms abajo Moyano encara otra comparacin, vinculada con los mrtires estudiantiles. Y aqu entiendo que la situacin es ms vidriosa. Afirma Moyano, basndose en el anlisis de Rey Tristn:3

<[] cmo ocurren las cosas, ms all de las leyendas y la historia oficial? Rey Tristn aporta un elemento muy interesante para abordar esta interrogante, el caso de los mrtires estudiantiles.

La violencia represiva provoca muertes de militantes antes de que la accin de los llamados grupos guerrilleros se hubiese planteado ese grado de violencia.>

Plantea entonces la hiptesis del crecimiento y desarrollo de esos ltimos gracias a la radicalizacin social y poltica del Uruguay, algo en cuyo inicio las organizaciones armadas no tuvieron responsabilidad directa [].> 

Qu significa que haya habido asesinados por la represin antes de que la accin de los llamados grupos guerrilleros se hubiese planteado ese grado de violencia? Los primeros mrtires estudiantiles acaecen en 1968 y proseguir la sangra al menos en 1969 y 1970. Lber Arce, Susana Pintos, Hugo de los Santos, Heber Nieto

Pero sepamos que en 1966 (claro que por un azar a partir de un procedimiento policial callejero), muere enfrentando a la polica Carlos Flores. E inmediatamente en el allanamiento consiguiente, Mario Robaina. Son los primeros muertos tupamaros a manos de la represin. 1966. Y all tambin muere un polica, Silveira Regalado, aunque las versiones periodsticas dirn entonces no a manos de tupamaros sino de fuego amigo, lo cual es factible y hasta probable.

Un ms preciso eslabonamiento cronolgico sera: en 1966 enfrentamientos y muerte de tupamaros y policas; en 1967, sobrevienen tambin enfrentamientos a tiros, en los cuales, sin embargo, no se registran muertos ni guerrilleros ni policas. Pero s heridos. Esto, obviamente, es producto del azar y no refleja profundizacin ni de la revolucin ni de la represin; 1968, mrtires estudiantiles a manos de la represin oficial pero no antes, entonces, de que la accin de los llamados grupos guerrilleros se hubiese planteado ese grado de violencia.

LA ESPECIFICIDAD DEL PAISITO

Aqu deberamos hacer una consideracin cultural: no sabemos si por la modernizacin batllista, Uruguay se fue convirtiendo a lo largo del siglo XX en un pas sin armas, y con violencia relativamente escasa. El militarismo se fue reduciendo y comprimiendo, aunque no desapareciendo, ciertamente, como lo prueba su vigoroso renacimiento con la crisis econmica y el desquicio de la estructura dependiente y perifrica del pas, donde los privilegiados de siempre empezaban a perder sus canonjas.

Ms all de la especulacin de Felipe Arocena que cita Moyano sobre una presunta frontera temporal de no menos de cien aos, que le viene justo al referido pensador para llegar con holgura de 1904 hasta el brote pos-Cuba 1959, entendemos que Uruguay, y fundamentalmente la macroceflica Montevideo perteneca al orden de sociedades pacificadas y/o amansadas. No mediante el palo, sino mediante la modernidad.

El MLN fue muy consciente en sus inicios de esos rasgos tan poco guevaristas o castristas del Uruguay. Esa diferencia con los pases caribeos bajo la frula de dictaduras tteres madeinUSA, casi todas ellas sin taparrabos. Tan conscientes eran de esa peculiaridad que sus primeras acciones programadas son ms pedaggicas que violentas, como el arrebato de las armas reglamentarias a policas que se cumplimentaban con cartas explicativas (los episodios generaron alguna violencia, e incluso alguna muerte, pero no buscadas por la guerrilla).

Tanta es nuestra ajenidad cultural a la violencia, la del paisito, que para el MLN ser un gran, grandsimo esfuerzo, la forja del combatiente. Hay documentos de avanzado 1972, en rigor cuando el MLN ya se encontraba en una crisis que iba a ser irreversible, donde se seala lo difcil (lo imposible?) que ha sido formar verdaderos combatientes,4 que puedan lidiar no ya con policas callejeros sino con militares de cuartel.

A ver si nos entendemos: la ilacin planteada por Moyano/Rey Tristn merece un ajuste: antes de los mrtires estudiantiles, el MLN ya se ha entreverado con violencia y muerte (aun concediendo que fuera tcticamente indeseada).

1967, adems, es un ao de enrarecimiento poltico. La violencia revolucionaria empieza a llamar a las puertas del pas, bien que en ese primer momento haya sido de modo ideolgico, como con el llamado a la violencia liberadora de seis organizaciones polticas desde el cotidiano poca. Tal era la locura a que haba llegado el paisito: la tradicin poltica liberal y democrtica conceba hasta diarios de circulacin legal que llamaban directamente el derribamiento del sistema legal.

En muchos pases ha habido gobiernos despticos, prensa amordazada y periodismo clandestino llamando a la resistencia incluso armada. En alguno, hay o ha habido gobiernos democrticos o tolerantes y prensa relativamente libre planteando sus pareceres y sus diferencias a veces radicales con la poltica oficial. Pero no es habitual que haya prensa democrtica y legal que convoque a derribar el gobierno al menos formalmente constituido, elecciones mediante.

Esa esquizofrenia desquici a la sociedad uruguaya. Y las fuerzas represivas ya saban, en 1967, con qu bueyes deban arar.

Por eso, entiendo, sobreviene el endurecimiento. Las infames muertes estudiantiles, de gente desarmada forman parte como en una tragedia griega− del resquebrajamiento de la reja, de la frgil reja que separaba a las fuerzas represivas de la sociedad. La reja se iba resquebrajando con acciones como la declaracin conjunta de las seis organizaciones revolucionarias (diciembre 1967).

No sirve entonces el recuento contable del lado en que van apareciendo los muertos. Parece objetivo, aritmticamente impecable, pero carece del sentido de la poltica, de las crisis del factor humano.

VOLUNTARISMO

Porque se es el otro gran ausente del anlisis de Moyano y/o Rey Tristn: la voluntad revolucionaria, el papel de la subjetividad humana en la historia. Con tantos numeritos, nos pasamos por alto el entusiasmo que dispar la Revolucin Cubana prcticamente en toda Amrica Lapobre, tal vez por mejor decir en toda la militancia de izquierda de nuestra Amrica.

EL VENDAVAL CUBANO

En Montevideo, reestructur todo el cuadro poltico. Desde el PC (no tanto) hasta el PS (mucho ms); hasta la forja de agrupamientos que se irn escindiendo de los partidos tradicionales, hasta el movimiento sindical, el estudiantil.

El movimiento sindical dominado hasta entonces por el PC (y sus contracaras amarillas, por los servicios de EE.UU.), tendrn un verdadero tercero en discordia, surgiendo tendencias no reformistas al lado de la coexistencia pacfica ms o menos caracterstica de los comunistas, o directamente sindicatos nuevos y combativos. All Ral Sendic fue figura clave con su papel inicial de asesor legal de remolacheros, arroceros en el este uruguayo y por ltimo en el norte, con los caeros y la UTAA.

El movimiento estudiantil universitario, con el antiimperialismo primero areliano, con Carlos Quijano y los encuentros latinoamericanos de universitarios antiimperialistas de 1928, con la Federacin de Estudiantes Universitarios del Uruguay, la FEUU, y su participacin del lado antifranquista en la Revolucin Espaola, adoptando el tercerismo durante la 2GM, contra El Eje, pero tambin contra Los Aliados, con el papel protagnico para acabar con 93 aos de gobierno colorado, a fines de 1958, tena un perfil, o mejor dicho, una direccin anarquista. La FEUU es la organizacin que invita al flamante Fidel Castro triunfante, en abril de 1959, organizando un acto de masas en la Explanada Municipal de Montevideo. La llegada de Fidel Castro al poder en Cuba significar el ascenso de una nueva corriente poltico-gremial, los unitarios en la FEUU, y los anarquistas entrarn en un cono de sombra.

La lucha revolucionaria no slo modific direcciones sindicales o gremiales. En todo el arco de la izquierda, fundamentalmente capitalina, la influencia de la revolucin cubana liquida lo que se llamaba revolucionarios de caf que discutan durante dcadas cmo hacerla. Y la nueva corriente, de clara inspiracin en la nueva Cuba har un aporte, un aparente enriquecimiento que ser un empobrecimiento poltico y sobre todo intelectual o ideolgico. Los flamantes tupamaros dirn: las palabras sobran, ya est todo dicho. Ahora se trata de actuar. Las palabras nos separan. Los hechos nos unen.

Se entiende el hartazgo ante la noria militante y sobre todo el palabrero. Pero sin querer o queriendo, esta actitud iba a ir desplazando la cuestin poltica, que era realmente la que tenamos entre manos, o tenamos que tener, hacia lo militar. Algo que, adems, la misma dinmica represiva tambin se iba a encargar de estimular, incrementar.

Debilitando todava ms la apuesta de la izquierda por lo que ahora llamamos otro mundo posible.

Se trata de integrar estos factores cualitativos en el complejo estado de situacin al que queremos reaproximarnos. No nos alcanzan los elementos cuantitativos.

CRTICA A LA DIRECCIN

Observo un acierto en la crtica que Moyano ensaya contra la tesis, que atribuye a Eleuterio Fernndez Huidobro, que por lo visto ya entonces tena una relacin muy pragmtica e instru-mental, casi como militares incursionando en tierra ajena, con lo que se llama el pueblo:

<[] sostiene que el accionar armado de la organizacin "guerrillera" cambiara el panorama poltico del pas "obligando al gobierno a reprimir al pueblo" y poniendo a las organizaciones polticas reformistas ante la disyuntiva de pasar a ser irrelevantes o quedar a la cola de la organizacin armada. []

Porque el resultado fue exactamente al revs. El fracaso del MLN, que ya se vea, sumado al nivel creciente de represin, dio nueva vida al reformismo, y fue la organizacin armada la que termin marchando a la cola de la tctica electoral de la que no mucho antes se mofaba.>

[subrayados del original].

Con estos estrategos s que estbamos al horno: porque fueron los generales de la derrota. Pero qu habra sido del pueblo, de la poblacin, si hubieran ganado.5

SITUACIN ACTUAL

Ahora han ganado aparentemente con los votos lo que no alcanzaran con las armas. Pero la situacin es radicalmente diferente. Porque el FAEPNM encarna cierto colegialismo, porque han cambiado hasta lo irreconocible lo que los mismos dirigentes frentistas sostenan como oposicin y lo que sostienen como gobierno (pasteras, Hait); porque incluso han teorizado sobre semejantes vueltas de tortilla, como lo hizo EFH; algunos planteos ya no se sostienen ni con la habitual coartada de la coyuntura histrica (−ahora eso est mal, pero en aquel momento, ehhhh?).

La verdad es revolucionaria; slo que es tambin como el bho de Minerva

Me parece ver esto respecto de la claudicacin que con tan contadas excepciones tuvimos que arrostrar en febrero de 1973.

Por ejemplo, con el elogio del actual presidente Mujica al almirante Zorrilla. Algo que a ningn integrante del MLN se le ocurri hacer entonces. Incluso ms; muchos estaban empeados en una accin conjunta antioligrquica con presuntos militares peruanistas. A Mujica eso ltimo se le olvid decirlo, qu cosa, pero la verdad histrica es tozuda. Y en ese sentido, revolucionaria.

Notas:

1 La violencia poltica en el Uruguay de los 60 y 70, que he ledo en postaportenia, 5/2/2013.

2 Es preciso sealar que, como Barrett, fueron secuestrados otros militantes que Moyano no menciona pero que pueden otorgar otro sentido al estado de situacin de entonces, para tipificar si estbamos en la antesala del fascismo: entre la media docena de marcados con las esvsticas del invierno de 1962 haba no slo militantes de izquierda comunista, como Soledad entonces sino tambin militantes de franca derecha, que revelaba el carcter artesanal e intestino de las medidas (probablemente entre porongas de Chicotazo y de Eduardo V. Haedo, y seguramente con intervencin de miembros del FEDAN, Frente Estudiantil de Accin Nacionalista, un grupsculo nazi-franquista).

3 Es un historiador espaol que comenta y sobre el que se apoya Moyano: A la vuelta de la esquina. La izquierda revolucionaria uruguaya. 1955-1973, 2005.

4 Balance del ao 1972, setiembre de ese ao, que citamos con medias comillas puesto que proviene de Subversin. Paz. Las Fuerzas Armadas al pueblo oriental, p. 585. una edicin de la Junta de Comandantes en Jefe, de 1976, de psima calidad bibliogrfica (para no hablar de sus otras calidades)

5 Me vuelve a la memoria el libro de Jorge Masseti (h), editado en castellano como El furor y el delirio (Tusquets, Barcelona,1999), pero por su ttulo en la traduccin al sueco: Fue una suerte que no ganramos. Las memorias del hijo del lugarteniente del Che fueron desechadas genricamente entre izquierdistas e izquierdosos con el fcil y recurrido dictamen de que era un agente de la CIA. Conexin cierta a veces y a veces, mera calumnia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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