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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-02-2013

De meteoritos, toros y suicidas

Jos Manuel Rambla
Rebelin


Vivimos tiempos apocalpticos. Acechados por el asteroide 2012 DA14, magullados por el impacto de los meteoritos de Chelibinsk, aturdidos por las explosiones de los blidos que nos lanza Mario Draghi. El sndrome del fin del mundo va poco a poco convirtindose en un referente cotidiano, una vivencia, sin embargo, ajena tanto a los cabalsticos clculos del calendario maya, como a los milenarismos histricos del medievo, a pesar de que en este ltimo caso la renuncia del Papa parezca anunciar la inminencia del Anticristo.

En realidad vivimos un fin del mundo aburrido, gris y decepcionante. Solo en los mbitos de la derecha poltica, tan habituada a las sacristas, parecen dispuestos a recurrir a la transcendencia para afrontar la lluvia de estrellas mortferas que desde la constelacin de Brcenas amenazan las estructuras de la calle Gnova. Es as, en fin, como estos das han sacado a pasear de nuevo a la ms transcendente de las transcendencias: la Muerte. Ah est para demostrarlo el entusiasmo con que los populares junto a los novatos de UPyD-han acogido en el Congreso la peticin de convertir la tauromaquia en bien de inters cultural, esencia del alma espaola.

En realidad, la derecha siempre ha apostado por convertir a la muerte en una especie de cromosoma imprescindible del genoma hispano, como atestiguan esas calaveras evocadoras de la fugacidad de la vida desde los cuadros de nuestro Barroco. Pero sin duda, quien ms patente simboliz este apego catrtico por la amiga de la guadaa fue Milln Astray y su Muera la inteligencia! Viva la muerte!, lema que vena a resumir lo que le esperaba a los espaoles en los siguientes cuarenta aos de su historia.

Este culto a la Muerte no siempre ha adquirido, por fortuna, extremos tan asesinos. As, la derecha logr sublimar esta devocin transformndola en fiesta nacional. Por eso, como ya destacara Manuel Vicent, Fernando VII opt por cerrar las universidades de Madrid y abrir la escuela de tauromaquia. Porque, aunque Picasso o Miquel Barcel se aproximen desde su modernidad al festejo taurino con la misma curiosidad que les despierta las mscaras africanas, lo cierto es que el arte del toreo siempre ha estado ligado a la mentalidad ms carpetovetnica. Por eso, mientras la burguesa europea se esforzaba por ser vista en los palcos de la pera, con Verdi como msica de fondo, sus homnimos espaoles se unan a la vetusta aristocracia para dejarse ver por las plazas, entre peinetas, olor a sangre y excrementos, pasodobles, caballos destripados y toros muertos.

Se dir que tambin el pueblo llano vibra con el espectculo taurino, aunque curiosamente ningn apologista de la tauromaquia revindica como arte las manifestaciones ms populares (y numerosas) de la fiesta, esas que llenan las calles de toros lanceados, corridos o con las astas ardiendo. En esto el pueblo suele ser ms honesto y modesto, por ello nunca se reclam protagonista de ningn arte, tan solo aspir a encontrar en el toro un desahogo temporal y brutal frente a sus miserias. O a escapar de las cornadas del hambre saltando furtivo al ruedo en una tarde de suerte.

No, para los pueblos la muerte no es arte ni transcendencia, sino rutina. La misma rutina con que sobrellevan el trabajo basura o los derechos perdidos. Rutina implacable, eso s, esperando mortfera a la vuelta de una orden de desahucio, carta de despido o la ltima deuda impagada. Tal vez ha sido su visin fascinada de la muerte la que ha llevado al PP a admitir, en el ltimo momento, la iniciativa legislativa popular contra los desahucios. Eso, claro, y la soledad de las encuestas, el terror a la revuelta. Con todo su gesto deja abierta una puerta a la esperanza: hasta puede que, junto a los toros, acaben declarando el suicidio un bien de inters cultural, encarnacin de las esencias de esta nueva Espaa.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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