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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-02-2013

Entrevista a Jacques Rancire
"Hacer algo 'contra' no construye un comunismo positivo"

Amador Fernndez-Savater
Le Sabot / eldiario.es


Nota preliminar: Esta entrevista, con el ttulo "Construir los lugares de lo poltico", se public en El tiempo de la igualdad. Dilogos sobre poltica y esttica, Jacques Rancire, presentacin y traduccin de Javier Bassas Vila, ed. Herder, Barcelona, 2011, pp. 289-304. Este texto ha sido cedido por la editorial Herder para su reproduccin aqu.


Comentario introductorio de Amador Fernndez-Savater:

Propuesta de lectura de fin de semana: una entrevista larga y densa pero muy jugosa de la revista militante Le Sabot al filsofo francs Jacques Rancire, en la que podemos encontrar muchas pistas e imgenes para pensar (es decir, reimaginar) algunos problemas de las luchas actuales, dira que por lo menos tres:

-el problema de la articulacin y la transmisin entre experiencias. 15-M, marea verde, marea blanca... Qu es lo que puede transformar la energa de las luchas que se suceden en una capacidad colectiva? Es en parte la pregunta por la organizacin. Las respuestas clsicas piensan en trminos de frente, bloque, convergencia o de la necesidad del partido como instancia unificadora. Rancire propone imgenes distintas: lugares de encuentro, relevos, extensin de capacidades, nombres capaces de nombrar lo que es comn como dinmica de accin y esperanza de porvenir... La pregunta por la organizacin como suma de las luchas se reformula as ms bien en: cmo prolongar las resonancias de una experiencia o de una lucha? La organizacin pensada, no como coordinacin, sino como "multiplicador" de las capacidades de cualquiera. Rancire desarrolla la misma idea en esta otra entrevista.

-el problema de la ruptura, la violencia y el enemigo. Rancire hace una crtica de las polticas estratgicas que parten del enemigo y de la pregunta por cmo daarle. O bien se parte de una potencia contra la cual se lucha, o bien se lucha en nombre de una potencia comn, de una capacidad comn. Si la poltica consiste en atacar al enemigo, entonces se trata de una concepcin militarista del enemigo. Hacer algo 'contra' no construye un comunismo positivo. Rancire parece proponernos pensar la ruptura en el interior y subordinada a situaciones donde se afirme esa potencia comn, esa capacidad comn. La radicalidad de una interrupcin slo se entiende as en su relacin con una situacin viva de lucha, no de forma aislada o en general. Hay aqu una discusin crtica con las consideraciones del Comit Invisible y su insurreccin que viene.

-el problema del sujeto poltico. Rancire recuerda su militancia en los aos 70 en el grupo maosta Izquierda Proletaria. Todas las actividades del grupo tenan un presupuesto: la fuerza estaba ya ah, en la clase obrera. Haba que vincularse a sus elementos ms radicales, participar en sus sociabilidades, identificar los focos de lucha e intensificar sus potenciales. Pero se trataba siempre de acciones ligadas a ncleos activos y sociabilidades ya existentes. Esa configuracin social y poltica ha estallado. Cmo hacer hoy un pueblo a partir de fragmentos dispersos? Es el problema del vnculo, de cmo tejer vnculos, no ya entre realidades previas y existentes, sino vnculos que creen realidad al mismo tiempo que la tejen.

***

Le Sabot quiere ser un medio para vincular a los diversos componentes de lo que se presenta como un cuerpo social: asalariados, campesinos, estudiantes, parados.... Qu semejanzas y diferencias pueden advertirse ahora respecto a la situacin de finales de los 60?

La idea de vincular a los estudiantes, a los obreros y a veces a los campesinos desempe un papel fundamental en 1968, especialmente en experiencias como las de la comuna de Nantes, aunque la perspectiva de los grupos militantes constituidos era generalmente ms utilitaria. En el caso de la Gauche Proltarienne [Izquierda Proletaria], el establecimiento de militantes en las fbricas o el trabajo militante en lugares de vida social, como los cafs, serva principalmente para conseguir cierta presencia en el medio obrero, es decir, para obtener a la vez cierta legitimidad, un conocimiento del medio mismo y la capacidad de extraer el potencial de lucha, en trminos de situaciones y activistas. Pero la creacin de un vnculo o la construccin de lugares de vida social como medio para constituir una fuerza no era una preocupacin prioritaria. Se presupona que la fuerza ya estaba ah. Se parta de la existencia de una tradicin de lucha obrera, intentando apoyarse en los elementos ms radicales de la clase obrera: sindicalistas duros o ex sindicalistas que haban roto con la CGT, obreros inmigrantes radicalizados. Se trataba de participar en sociabilidades existentes antes bien que crear otras nuevas. Exista un rechazo a la representacin de la clase obrera bajo la forma tradicional de partido y, al mismo tiempo, una adhesin a la idea de la clase obrera como elemento dirigente. La idea de vincular presupone, actualmente, la explosin de esta configuracin social y poltica.

Le Sabot basa su mtodo en la constatacin de una disolucin de la clase obrera como sujeto poltico. Hace unos quince aos, algunos exaltaban el redescubrimiento de las formas-de-vida irreductibles contra la clase-medianizacin generalizada. Se trataba de arrancarse de las formas de vida empobrecidas para instituir nuevas colectividades. Pero result que las colectividades constituidas de esta manera digamos las colectividades de desercin no podan como tales coincidir con las fuerzas polticas. Y esta no-coincidencia es lo que ha hecho resurgir la necesidad del vnculo o del tejido poltico.

Las formas de militantismo radical se engendran mediante acontecimientos que crean su propia temporalidad. En Mayo del 68, la comunidad militante fue creada por el acontecimiento mismo. De ah surge una lnea de divisin que separ, por un lado, a los dirigentes del PCF y, por el otro, a las personas que no estaban en relacin con esa tradicin; de ah, empero, tambin surge la seguridad de encontrarse ante una especie de potencial revolucionario clsico, es decir, la conjuncin entre una explosin democrtica y una fuerza proletaria histrica anclada en los desarrollos del capitalismo. O, si se prefiere, la conjuncin entre una explosin democrtica y el esquema revolucionario de una fuerza social transportada por la historia. As, el acontecimiento y el largo tiempo de la historia parecan coincidir. Las derrotas de los movimientos obreros y revolucionarios durante 1980 dinamitaron esta configuracin. Pero el presupuesto sociolgico se ha vuelto a encontrar en la idea de la clase-medianizacin general en su doble versin: en la izquierda, la exaltacin de formas de vida liberadas y, en la derecha, la denuncia del individualismo democrtico destructor del vnculo social. Actualmente, reaparecen la violencia sin ambages propia de la dominacin de clase y la necesidad de repensar la lucha de clases como poltica, o la poltica como lucha de clases. Y lo que as reaparece es que esa lucha no se confunde con ninguna necesidad histrica.

El concepto de proletariado parece remitir, al mismo tiempo, a dos cosas diferentes: por un lado, a una pertenencia comunitaria, a una comunidad de gestos o de formas de vida; y, por el lado opuesto, a cualquiera en la medida en que el proletario es aquel que quiere la abolicin de las clases como tales.

Creo que cabe distinguir dos cosas. Por un lado, est la tensin entre una definicin del proletariado como grupo sociolgico constituido y, por el otro, la visin del proletariado como la no-clase, la comunidad de cualquiera, constituida en un proceso poltico de lucha. La confusin entre ambas ha producido sucesivamente la figura marxista clsica del partido de la clase obrera y, despus, su otra cara, la figura postmarxista y neo-nietzscheana del triunfo universal del discurso de una pequea burguesa narcisista en la que solo existen individuos aislados. A partir de esto, nos topamos con otra tensin: por un lado, hay que recrear comunidades visibles, comunidades ejemplares de vida; por el otro, hay que volverse invisibles para asestar golpes a ese orden global. Los anlisis que quieren evitar el dilema fusionando las dos figuras sociolgicas en una misma clase de trabajadores inmateriales se ven obligados a ignorar que el trabajo material contina existiendo por todas partes. Me parece que habra que hablar de un proceso material estallado antes bien que de un devenir inmaterial del trabajo.

En vuestra problemtica, cuyo objetivo es la creacin de vnculo, se trata de reafirmar el comunismo articulando la creacin de lugares comunitarios con la multiplicidad de los lugares de trabajo. Se trata, asimismo, de dar figura a las capacidades empleadas en esos procesos de trabajo y de lucha. As pues, no puede haber separacin entre la constitucin de islotes comunitarios y el objetivo consistente en crear vnculos. Los lugares de encuentro son, al mismo tiempo, lugares de vida social y espacios de unin. Puede entonces suprimirse la tensin entre la comunidad comunista modlica y el grupo de lucha clandestino contra el enemigo capitalista.

Pero esta tensin se inscribe en un nuevo contexto. Podemos hablar de una especie de democratismo de tipo management, incluso en los espacios obreros tradicionales. Algo as como un devenir sonriente del capitalismo. En el discurso de tipo management, se requiere constantemente el t puedes, cada uno es capaz de. Y ms an en esta poca de rehabilitacin del keynesianismo, que es histricamente el lugar de una victoria del capitalismo por medio de la integracin de la clase obrera

Hay una tensin entre dos interpretaciones del t puedes: puede entenderse como cada uno puede obtener su lugar empujando a los otros, o bien como cada uno detenta la capacidad de todos. Se trata de introducir una divisin en el seno mismo del cada uno puede. Las frmulas de integracin y las frmulas de lucha siempre han funcionado a la vez. Y no tenemos por qu identificar el discurso de los seminarios de managers con la nueva organizacin del trabajo. Respecto al keynesianismo, me parece que hay que salir de la visin unilateral que considera los aos 30 como un simple movimiento de integracin de la clase obrera una visin ms o menos apoyada en una visin igualmente unilateral del orden biopoltico segn Foucault. El keynesianismo y el Welfare State tambin son el resultado de un desplazamiento y de una intensificacin bajo otras formas de la lucha de clases. Siempre se cree que la Seguridad Social, las leyes sociales, las formas de gestin paritaria, etc., han sido regalos del Capital para integrar a la clase obrera. Pero todo ello son tambin formas que resultan del conflicto y engendran otros. Hay que salir de esquemas totalizantes que ayer afirmaban el papel revolucionario de la clase obrera y que actualmente afirman que esta ha desaparecido por completo. Y, ms particularmente, debe abandonarse la idea de que el sujeto poltico proletariado debe entenderse a partir del desarrollo de las fuerzas productivas o de las fuerzas biopolticas, que viene a ser lo mismo.

La Gauche Proltarienne pareca querer mantener cierta proximidad con las luchas obreras. Actualmente, la violencia que quiera golpear al enemigo corre el riesgo de quedar aislada

No se llevaban a cabo acciones como si se tratara de aplicaciones locales de un objetivo central, sino como prolongaciones de luchas determinadas. Esto es la diferencia con respecto a los recientes sabotajes de las vas de SNCF [referencia al sabotaje de cinco catenarias de la red ferroviaria francesa, llevado a cabo en octubre y noviembre de 2008 e imputado como "acto terrorista" al grupo Comit Invisible]: estos sabotajes no estn asociados a una lucha, sino que son acciones que pretenden bloquear la mquina en general. El objetivo de la Gauche Proltarienne nunca consisti en bloquear la mquina en general, sino en intensificar los potenciales de lucha y, para algunos, los actos radicales podan producir tal intensificacin. Por entonces podan suscitar una especie de vaga simpata. Ahora bien, estas acciones de la Gauche Proltarienne estaban en aquel momento ligadas a algo que ya exista, a ncleos de lucha. No se trataba de aplicaciones en un lugar preciso de un anlisis global. Podan reivindicarse y encontrar un espacio democrtico para difundirlas.

Hay una herencia de la autonoma en la idea de que las acciones no deben ser reivindicadas. La reivindicacin corre el riesgo de hipostasiar un gesto que solo tiene sentido si viene asumido por todos. En esta historia, el problema radica sobre todo en el uso que se hace del significante terrorismo.

En este caso, reivindicacin no significa apropiacin. Significa difusin de una prctica radical en un espacio democrtico. Toda la cuestin reside en la admisibilidad de ciertas prcticas ilegales. Las luchas polticas y sociales siempre han supuesto un espacio de juego entre legalidad y legitimidad. Este espacio de juego bloquea el concepto de terrorismo. Hay que ver la novedad que supone. En torno a 1968, se incriminaba a los violentos de cara a la opinin pblica despolitizando as sus acciones y, por otro lado, se utilizaba contra los militantes una legislacin que prohiba la reconstitucin de ligas disueltas que haba sido establecida por la izquierda en 1936 contra las ligas de extrema derecha. Pero, por aquel entonces, no se hablaba de terrorismo. Lo que tiene lugar hoy en da es principalmente una criminalizacin de los ilegalismos, lo cual era impensable en aquellos aos. La ocupacin de locales o el secuestro de miembros administrativos eran considerados en aquella poca como elementos de la relacin de fuerza, y se persegua el sabotaje como accin criminal ordinaria.

La cuestin consiste en saber lo que puede provocar una ruptura, ya que actualmente las acciones de sabotaje se han convertido en actos terroristas. Los escritos no consiguen, por ellos mismos, ocasionar una ruptura. Se necesita al mismo tiempo la construccin de discursos radicales y de acciones de ruptura, precisamente como los actos de sabotaje.

Ms vale evitar la fetichizacin de los gestos de ruptura como gestos espectaculares y excepcionales. Y hay que asumir que no toman necesariamente la forma de sabotaje, de secuestro, etc. Estoy pensando por ejemplo en la Red de Educacin Sin Fronteras [red de solidaridad con los nios y nias de familias sin papeles y los jvenes sin papeles escolarizado, constituida por colectivos en las escuelos y en los barrios], en quienes impiden que despeguen los aviones que llevan a bordo a una persona sin papeles expulsada del territorio... Es importante pensar que la ruptura siempre es local y que tiene lugar en el momento en que se cuestiona la estructura de autoridad o la estructura de explotacin. Ahora bien, es cierto que no hay poltica al margen de la conflictividad y de los ilegalismos.

Hay quiz algo que unifica esas prcticas de lucha y esos ilegalismos, algo as como el horizonte de un bloqueo de la economa

Pero entonces hay que saber lo que ello significa. Bloquear la economa, es un acto simblico o un acto real? Un acto que bloquea las vas ferroviarias durante algunas horas no bloquea la economa. Materialmente, la accin de los piratas somales o las especulaciones osadas de los traders tienen un efecto superior. El problema se plantea en trminos de eficacia simblica. Este tipo de acciones da por hecho actualmente cierta inversin de la lgica militante. Presupone que el nivel de las luchas de masas no es suficiente para provocar, como antes, prcticas ilegales (sabotaje u otras) por su dinmica y que, por tanto, hay que invertir las cosas: provocar, mediante acciones aisladas, una llamada a la renovacin de la accin de masas. Esta lgica que quiere fundamentar la radicalizacin porque presupone el debilitamiento de los potenciales de lucha no me parece defendible.

Pero debemos salir de la alternativa: o bien el esquema totalizante de la poltica marxista, o bien la poltica de las minoras; o bien la totalidad, o bien las multiplicidades emergentes, irreductibles, intotalizables. Bloquear la economa es bloquear la poltica del capital. Si se quiere trazar la lnea divisoria respecto al enemigo, entonces eso tiene sentido.

Puede pensarse la lnea de divisin poltica a partir de la designacin del enemigo? Hay aqu dos posibilidades: o bien se parte de una potencia contra la cual se lucha, o bien se lucha en nombre de una potencia comn, de una capacidad comn. Si la poltica consiste en atacar al enemigo, entonces se trata de una concepcin militarista del enemigo. Hacer algo contra no construye un comunismo positivo. En mi opinin, ese es el problema de los actos que dicen: lo estamos haciendo para que despertis, panda de cretinos. Por qu se quiere crear un comunismo con aquellos que han sido considerados como cretinos?

Al menos en estos casos no queda eludida la dimensin del acto, que no aparece en ningn lugar de lo que se presenta como poltica.

Pero se produce al riesgo de una fetichizacin del acto que lo separa de aquello que lo inscribe en la dinmica de una accin y de un pensamiento colectivos para convertirlo en un acto ejemplar, en un gesto que pretende despertar a los pasivos lo que los constituye ipso facto como pasivos.

El tipo de actos del que hablamos pretende alcanzar objetivos precisos, cortar los flujos. No tienen por qu interpretarse forzosamente como gestos para despertar a los cretinos. Se trata ms bien de partir de la clera acumulada en el lugar en que se detuvo la lucha. Acaso no haba en los maostas la voluntad de determinar el paso al acto mediante una identificacin con el pueblo que sufre?

Esta voluntad no se confunda con la voluntad de despertar a los adormecidos, ni con una identificacin con el pueblo que sufre: se trataba solamente de pasar a una fase superior. Servir al pueblo no era servir al pueblo que sufre. Servir al pueblo no era una consigna caritativa, contrariamente a lo que explicaban los trotskistas sobre los maostas, sino que era servir a las luchas populares, identificar los focos, prolongar su resonancia.

El problema siempre radica en una consistencia poltica, constituir un grupo con vistas a la accin. Desde este punto de vista, querra volver a la cuestin de la lucha de los obreros de la fbrica de relojes LIP: qu es lo que determin exactamente? Se consideraron el grupo o la organizacin militante, a partir de ese momento, como apoyos auxiliares de las luchas obreras? Qu suceda entonces con el tema de la vanguardia?

La Gauche Proltarienne tena muchos defectos, pero no el de ser una vanguardia. Tampoco era un simple soporte. Se consideraba ms bien como fermento en el seno de las masas, creando las condiciones de emergencia de una verdadera direccin obrera. Tena la idea de ser un intermediario para que se constituyera un verdadero movimiento obrero. LIP coincidi con el derrumbe de la Gauche Proltarienne, pero resulta que fue el ejemplo soado del grupo de obreros que construye una lucha. La gente de LIP fue capaz de unir las formas de lucha, la capacidad de organizarse en colectivo de produccin e incluso de hacer circular una inteligencia colectiva.

Por qu se interrumpi entonces la radicalidad maosta? Se produjeron varios acontecimientos (LIP, pero tambin la revolucin de los claveles en Portugal) que hicieron pensar que se haba tomado el relevo, que el impulso tomaba fuerza en otros lugares. En cierto modo, LIP permiti un final pacfico a la Gauche Proltarienne. En Francia, el izquierdismo persisti bajo la forma de movimiento democrtico difuso, antes de quedar liquidado definitivamente por los socialistas. A finales de los aos 1970, los socialistas tenan un programa hipermarxista, un discurso de clase. Lo que ha sucedido desde entonces no habr sido ms que una gigantesca impostura histrica: el Partido Socialista se ha apropiado de todo el espacio, recuperando el electorado del Partido Comunista y las energas intelectuales y militantes de la izquierda. Lo que ha pasado en Alemania e Italia es diferente.

Hay una diferencia entre Alemania e Italia, pas en el que se puede hablar de un movimiento de masas que reuna a cientos de miles de obreros y de estudiantes. No haba una separacin entre sus componentes, como fue el caso efectivamente en Alemania y Francia. En este sentido, me gustara plantearle una pregunta: en el ao 1977 en Bolonia, o en la gran manifestacin de Roma, cree que el rechazo al esquema de la toma del poder dej pasar algo importante? Oreste Scalzone explicaba que un periodista le pregunt varios aos ms tarde: Haban preparado alguna cosa para ese da?, Scalzone se qued algo ruborizado y acab respondiendo: No, no habamos pensado en ello.

En la Gauche Proltarienne, nuestra perspectiva tampoco era la toma del poder. De manera general, las revoluciones estn hechas por personas que no quieren tomar el poder: pienso en 1830, en 1848 Las barricadas no estn hechas para tomar el poder, sino para oponer una afirmacin material del pueblo a la confiscacin estatal del poder comn.

El problema es que, por un lado, estbamos en un esquema marxista de poder obrero y que, por el otro, la idea de hacer algo como en 1917 no tentaba a muchos. Mayo del 68 fue, ante todo, una huelga general en un sentido amplio, una interrupcin de las formas de trabajo, autoridad y legitimidad de la dominacin. Falt ciertamente imaginacin respecto al medio de constituir una potencia colectiva popular de un nuevo tipo. Adems, los movimientos de izquierda en general y maostas en particular fueron en Francia muy minoritarios. Todo esto no tiene nada que ver con la historia de la autonoma italiana.

La autonoma no se tom en serio la idea de que algo poda sustituir a la organizacin policial de la sociedad. En el libro del Comit invisible, incriminado actualmente en el asunto de los sabotajes de la SNCF, observamos tambin un rechazo de la perspectiva consistente en tomar el poder. En la perspectiva de este libro, son las comunas las que efectan la deposicin del poder; no tiene que haber gobierno, hay que volverse ingobernables, etc. Sin embargo, la cuestin del gobierno revolucionario es precisamente muy importante.

Hay que distinguir lo que depende de problemas de organizacin en el seno del grupo y la cuestin de la toma del poder. En el caso de la organizacin leninista, ambos problemas se confunden

La cuestin del gobierno revolucionario puede, no obstante, plantearse en una situacin en la que el poder de Estado vacile. Se trata de saber cmo pensar y qu hacer con ese momento de vulnerabilidad del poder.

La verdadera cuestin es la de la persistencia. Nos encontramos confrontados, primeramente, con la dispersin en la que cada uno se define por un horario que est fragmentado y saturado. Por ejemplo: acciones con RESF, reuniones para mantener vivo un colectivo informal, tiempo de movilizacin puntual, etc. Creo que es necesario salir de esta distribucin del tiempo y asumir cierta irreversibilidad en el encadenamiento de los actos. La cuestin no es tanto la de tomar el poder que es una consigna trotskista que Daniel Bensad parece querer rehabilitar actualmente, sino ms bien la del poder de tomar el poder.

Todas las variantes del trotskismo persistirn hasta el fin del mundo. Todo ser tiende a perseverar en su ser. Pero es cierto que la cuestin consiste en saber lo que puede unir las luchas que se suceden unas tras otras (sin vivienda, sin papeles, hospitales, cierre de fbricas). Qu es lo que puede transformar esas energas en una capacidad colectiva? Si se responde diciendo Hace falta un partido, se est respondiendo con un parche, puesto que se est afirmando que, en definitiva, para unificar hace falta una instancia unificadora. Pero tambin sabemos que no es la convergencia de luchas, los encuentros entre una mirada de mini-organizaciones lo que opera esta transformacin. Se trata de saber cmo extraer un nombre comn que sea susceptible de nombrar lo que es comn como dinmica de accin y como esperanza de porvenir.

Respecto al argumento de la dispersin, es reversible. Hay cierta alegra militante en mantener la abertura del mundo, incluso podra decirse que tambin existe tal alegra en la irresolucin. Podemos hablar de un comportamiento consistente en sistematizar la espera en el sentido fuerte del trmino: estamos en un presente que se basta a s mismo. Es algo que queda demostrado claramente en el ejemplo de la autonoma obrera, y solo retrospectivamente puede decirse habramos podido hacer algo. Si ciertas personas se implican en poltica, si le consagran sus energas vitales, es para conseguir una vida ms intensa, con ms comunidad, y en el presente. Es lo que intent mostrar en La noche de los proletarios: el futuro comunista siempre ha sido un presente. No hay comunismo sin la puesta en comn de las capacidades implicadas en ciertos puntos de resistencia.

Querra abordar otro punto. Creo que resulta interesante ir en contra de la idea de una extincin de la clase obrera. Sin duda, es cierto que est dispersada, desmantelada. Pero la cuestin es saber si no se puede considerar una unificacin poltica por medio de la figura obrera.

Cabe distinguir dos cosas. Est el nivel de la descripcin de lo contemporneo, de la realidad de los procedimientos de explotacin: a este nivel, puede afirmarse que la desaparicin de cierta idea del proletariado no impide la conflictividad obrera. En este sentido, hay que reafirmar el componente obrero en la constitucin de una fuerza democrtica. No estoy seguro, en cambio, de que figura obrera pueda ser el nombre comn que buscamos. Puede el obrero ser el nombre de la figura de los sin parte? Y, si no, qu puede sustituirlo? Hay que encontrar nombres que sean capaces de dividir de otra manera la distribucin de las identidades. Recientemente, las personas que forman la RESF han redactado un manifiesto de los innumerables. Es una bella palabra, pero tampoco basta para operar el tipo de unificacin que buscamos. Hay que pensar en una figura subjetiva que pueda tener la consistencia de lo obrero y, al mismo tiempo, la inconsistencia de lo innumerable.

Ha sido necesario hacer el duelo de la idea de que se podra llevar a cabo la toma de conciencia, que se tendra que llevar la verdad a las masas. Como tambin hay que hacer el duelo de una confianza en la simple capacidad de propagacin de las ideas y de los actos. El problema, por tanto, es el de una redefinicin de la transmisin en el orden de la poltica. As pues, la cuestin puede ser la siguiente: qu podra ser polticamente el equivalente del encuentro entre Jacotot y sus alumnos?

Hay que conjugar una doble exigencia: por un lado, poder dar confianza a la puesta en comn de esas capacidades dispersas, lo cual corresponde a lo que vosotros llamis un trabajo de vnculo. Por otro lado, crear una forma de ruptura simblica fuerte. Es decir, crear una forma de agrupacin en la que todos los que despliegan una capacidad propia puedan tener confianza en la extensin de esa capacidad. Para ello, hay que crear modos de informacin y de archivo, formas de circulacin y de discusin de las ideas, de los lugares sociales, de los modos de afirmacin y de las formas de accin que se erijan claramente como alternativa a lo que se llama la vida poltica con sus organismos, sus medios de comunicacin, sus partidos, sus maneras de construir los problemas y sus soluciones. Se trata de construir los lugares de una problematizacin diferente de lo poltico, lugares verdaderamente autnomos que den testimonio de una singularidad fuerte, con tesis claras sobre lo que se entiende por poltica, sobre lo que puede quererse y lo que se piensa poder. Para ello, no es necesaria la arrogancia del Comit Invisible. La ultra-izquierda sostiene actualmente un discurso de pedagogo embrutecedor en el sentido jacotista del trmino, presentndose como la ltima chispa de inteligencia crtica que brilla en el seno de un mundo de cretinos alienados.

La perspectiva que consiste en bloquear o atacar la economa, desarrollada entre otros por el Comit invisible, no constituye justamente una ruptura simblica fuerte, un discurso de ruptura?

Insisto de nuevo: la ruptura simblica debe hacerse en nombre de la igualdad y no en nombre de un ataque a la economa. Es decir, que debe operarse en nombre de una afirmacin (la igualdad) y no en nombre del enemigo (la economa).

Hay una verdadera toxicidad de los discursos sobre la economa. Se juega, por ejemplo, con la oposicin entre economa financiera y economa real, pero es una falsa divisin. Y los que son capaces de no sostener esta falsa divisin permanecen encerrados en horizontes limitados. Estoy pensando, por ejemplo, en la entrevista entre Moulier Boutang y Frdric Lordon: se trata una vez ms de saber cmo acabar con las crisis financieras. Hay consenso sobre el hecho de que debe evitarse absolutamente el derrumbe de la economa real, porque sera el desastre, el caos, lo impensable. Ahora bien, lo que sucede actualmente es esencialmente eso: podemos pensar al margen de la evidencia de que es la economa la que hace mundo. Podemos pensar al margen de la economa, colocndonos en el lugar mismo de lo impensable.

Se trata de saber lo que es exactamente ese lugar de lo impensable, ese afuera o al margen de la economa. El debate sobre economa financiera y economa real es insuficiente, efectivamente, pero atesta el hecho de que cierta figura de la economa la que se identifica con el todo de la evolucin de las sociedades est justamente en debacle. El beneficio de la crisis financiera es justamente liberarnos de la economa como realidad unvoca y ley ineluctable. El pensamiento de la economa como modo de gobierno del mundo que se impone por s mismo se encuentra debilitado. Ello significa, asimismo, que la des-responsabilizacin de los Estados en nombre de la necesidad econmica est debilitada, que vuelve a ponerse de manifiesto que son ellos mismos los que crean esa necesidad. El poder oligrquico se ejerce, entre otras maneras, como necesidad econmica y no hay razn alguna para aislar la economa como potencia autnoma. Ahora bien, esta obsesin por un nombre oculta evidentemente otra cuestin: qu otra organizacin de formas de produccin, de consumo y de intercambio podemos considerar actualmente como posible y deseable?


Fuente original: http://www.cip-idf.org/article.php3?id_article=4442

Fuente de la traduccin y el comentario: http://www.eldiario.es/interferencias/Jacques_Ranciere-organizacion_6_101549853.html




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