Portada :: EE.UU.
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-02-2013

En la zona de guerra
La increble y trgica historia de Christopher Dorner

Luis Martn-Cabrera
Rebelin


El capitalismo y su gemelo siniestro, el colonialismo, le han puesto precio y le han quitado el valor a todo o a casi todo. La modernidad colonial inaugur una larga tradicin segn la cual algunas vidas, las de los colonizados, tenan menos valor o no tenan valor alguno comparadas con las vidas de los colonizadores europeos blancos. Con creciente intensidad desde 1492 en adelante la devaluacin y estratificacin de ciertas vidas ha ido aumentando hasta volver completamente irrelevantes vidas que por su propia humanidad no tienen precio, no lo pueden tener, a menos que queramos deshumanizarlas y deshumanizarnos nosotros en el proceso de confundir vidas con mercancas, cuerpos y dignidades con cosas y objetos inanimados. Y sin embargo, la memoria colectiva hegemnica de este pas jerarquiza todo el tiempo el valor de las vidas distinguiendo, por ejemplo, entre catstrofes imborrables como la del 11 de septiembre del 2001 y catstrofes permanentemente borradas como el 11 de septiembre de 1973 en Chile. Todo tiene su precio, unas vidas valen ms que otras en esta necrfila ley del valor ley de la biodevaluacin, en realidad-- que no hace sino confirmar lo que el filsofo Walter Benjamin escribi al borde de la catstrofe del nazismo: que si el enemigo gana ni siquiera los muertos estarn a salvo, y ese enemigo no ha dejado de ser victorioso.

Esta semana hemos tenido otra vez la ocasin de comprobar que esta ley de la biodevaluacin sigue estando vigente, sigue jerarquizando vidas que vale la pena ser vividas y vidas sagradas que pueden extinguirse sin que tal hecho constituya un crimen, tal y como explica Giorgio Agamben en sus meditaciones de "Homo Sacer" . En este sentido, no puede sorprendernos que El Pais , el diario imperial global, como lo llama el compaero Salvador Lpez Arnal, tan atento y obsecuente con cuanto sucede dentro de los Estados Unidos, le haya prestado mucha menos atencin a la increble y trgica historia de Cristopher Dorner, un ex oficial afroamericano del Departamento de Polica de Los ngeles (LAPD) y un veterano marine retirado con mltiples condecoraciones, que a las masacres de Newton o Aurora.

A principios de Febrero, Dorner subi a la red un manifiesto [1] enfticamente titulado ltimo recurso en el que explica por qu ha decidido librar una guerra de guerrillas asimtrica contra la polica de Los Angeles. En el prembulo del manifiesto puede leerse:

S que ser vilipendiado por el LAPD y los medios, es un mal necesario que no me gusta, pero en el que debo participar y que debo completar para que se hagan cambios substanciales en el LAPD y para limpiar mi nombre. El Departamento no ha cambiado desde los das de Rampart y Rodney King. Ha empeorado. El decreto de acuerdo no debera haberse levantado nunca. La nica cosa que ha evolucionado es que los oficiales involucrados en el escndalo Rampart y en los incidentes de Rodney King han sido ascendidos a supervisores, comandantes, comandantes en jefe y posiciones ejecutivas.

En muchos sentidos el manifiesto de Dorner y los acontecimientos que le siguieron pueden leerse como una versin crtica y deconstructiva de la famosa pelcula Crash (2005). Crash , ganadora de todos los Oscars en el ao de su produccin, es una fantasa liberal diseada para suturar todas las heridas abiertas por el linchamiento de Rodney King en 1992. La tesis central de la pelcula es que en Los ngeles todo el mundo es racista, incluso las mismas minoras tnicas que sufren directamente los efectos del racismo. Si todo el mundo es racista, obviamente nadie es culpable del racismo, ergo, nadie es racista; pero adems Crash, como buena fantasa liberal, reduce el problema del racismo a una cuestin de sentimientos y acciones individuales: el mismo polica blanco que acosa sexualmente a una mujer para humillar al marido afroamericano es capaz despus de salvarla de morir entre las llamas de su coche.

En contraste, en el manifiesto de Dorner se puede leer que todo el mundo tiene o puede tener prejuicios raciales, pero no todo el mundo tiene el poder ni la fuerza letal para ejercer esos prejuicios, porque, aunque el racismo sea vivido a travs de fantasas que no tienen nada que ver con la realidad de los grupos tnicos a los que se refieren, la produccin de cuerpos como objetos de odio y vidas devaluadas se produce en una estructura que va ms all de los individuos concretos, sus fantasas y sus prejuicios. En el manifiesto Dorner escribe, nadie dice que no puedas tener prejuicios o ser un racista. Somos todos humanos y tenemos prejuicios. Pero si dices que no tienes prejuicios, mientes! Pero cuando se acta sobre estos prejuicios y se victimiza a ciudadanos inocentes y a compaeros oficiales, eso s que me preocupa.

En este sentido, el origen del manifiesto de Dorner est en una disputa en agosto del 2007 con la sargento Teresa Evans. Segn Dorner, Teresa Evans se li a darle patadas en la cara y el pecho a Christopher Gettler, un sospechoso con discapacidades mentales. Dorner denunci el hecho a sus superiores, pero fue ignorado a pesar de que tanto un vdeo del incidente como el padre de Gettler corroboraron la denuncia de Dorner. Dorner no slo fue ignorado, sino que, siempre segn el manifiesto, en el 2008 fue expulsado de la fuerza policial. A esta denuncia en el manifiesto de Dorner siguen una serie de incidentes de brutalidad policial y de comportamientos racistas que, pendientes de su verificacin, apuntan a una estructura de poder donde la violencia contra la poblacin civil, especialmente las minoras tnicas, est justificada y naturalizada. Dorner relata cmo en la academia de polica se cantaban eslganes nazis, sus broncas con compaeros de la polica que seguan utilizando el epteto N***er --una palabra que es pura violencia contra los afroamericanos y que nos negamos a escribir o pronunciar--, policas que compiten por ver quin tiene la foto ms salvaje del cuerpo desfigurado de una vctima en el telfono mvil, policas a los que solo les importa una escena del crimen porque van a cobrar las horas extras

Independientemente del juicio moral y tico que nos merezcan las acciones de Dorner es necesaria una investigacin para saber cunto de lo que cuenta es verdad. Pero al margen de lo que arroje la investigacin es meridianamente claro y as lo entienden quienes se han lanzado a las calles de Los Angeles en su apoyo que la brutalidad policial contra las minoras en los barrios de Los ngeles y de otras ciudades no ha cesado. Por eso, entre las mltiples transgresiones que ha perpetrado Dorner en los ltimos das est la de haber puesto de manifiesto el secreto abierto, un secreto a voces que tiene incluso un cdigo, blue line, el vnculo entre oficiales para no denunciar nunca los abusos violentos en que incurre la polica en su quehacer diario. Todo el mundo sabe que existe la brutalidad policial, pero nadie puede denunciarla sin arriesgar su trabajo o su vida.

Lo que llama la atencin en el caso de Dorner es que no slo denuncia el secreto abierto, sino que adopta un lenguaje claramente militar para justificar sus acciones ulteriores, como si Los ngeles fuera Falullah, un teatro de operaciones militares en el que segn Dorner hay civiles no-combatientes y policas enemigos combatientes, los oficiales del LAPD. Dorner, por ejemplo, escribe:

Pondr en prctica operaciones DA [operacin militar especial para atacar por sorpresa un objetivo] para destrozar, explotar y tomar objetivos designados. Si no triunfo o no soy capaz de alcanzar mis objetivos en estas acciones ofensivas iniciales a pequea escala, proceder a reevaluar mi BDA [Battle Damage Assesment, evaluacin de daos en la batalla] para volver a atacar hasta que alcance mis objetivos. No tengo nada que perder. La prdida de mi vida no significa nada

Las guerras de Oriente Medio vuelven a casa, nunca se marcharon. En su estado de perturbacin mental, Dorner --un oficial de la Marina retirado, no lo olvidemos procede a librar una guerra de guerrillas contra quienes considera sus enemigos combatientes y sus familias. El 3 de febrero Dorner presuntamente asesina a Monica Quan y a su novio , Keith Lawrence; Quan era hija de un capitn de la polica de Los ngeles. El 7 de febrero Dorner dispara y asesina a Michael Crain, un polica de Irvine (una ciudad al sur de Los Angeles). A partir de ese momento, la polica de Los Angeles, con el apoyo absoluto del alcalde Antonio Villarraigosa, entra en un estado de histeria y militarizacin, como si la muerte de un oficial de polica justificara completamente la desaparicin de las garantas judiciales con las que supuestamente debe operar la polica en un pas democrtico. De hecho, en lo nico que parecen estar de acuerdo el LAPD y Dorner es en que estn todos en un escenario de guerra. En los das siguientes, la polica dispara mltiples rondas en un barrio residencial contra un coche; ni el ocupante ni el coche respondan a la descripcin de Dorner. Lejos de pedir disculpas por el error o evaluar el incidente, recomiendan a aquellas personas que se parezcan a Dorner que no salgan de casa, un caso tcito de aceptacin del racial profiling.

Toda esta tragedia termina en las montaas de San Bernardino, al este de Los ngeles, donde la polica localiza a Dorner en una cabaa de madera el 13 de febrero. En el tiroteo inicial, Dorner presuntamente asesina a otro oficial de polica. Ante la imposibilidad de obligarlo a salir de la cabaa o ante el asesinato de un nuevo oficial, el sheriff de San Berbardino decide utilizar botes de humo primero y quemadores (gases lacrimgenos calientes). La transcripcin de las comunicaciones internas de la polica es espeluznante:

Una voz masculina dice: Muy bien, Steve, vamos a seguir adelante con el plan, con el quemador". Otra voz masculina dice: S, lo queremos, como habamos hablado. Una voz masculina dice: Desplegamos siete quemadores y tenemos un incendio". Una voz femenina dice: Copiado. Desplegamos siete quemadores y tenemos un incendio". [2]

La autopsia ya ha confirmado que el cuerpo calcinado que hallaron en la cabaa es el de Christopher Dorner. En el programa del viernes de Democracy Now! Radley Balko explic que este incidente no es un hecho aislado, sino que corresponde a una militarizacin creciente de las fuerzas policiales que se viene dando en Estados Unidos desde el ao 2000. Esta militarizacin incluye el uso de tecnologa militar como el gas lacrimgeno caliente (quemadores) en asaltos a dispensarios de marihuana o a casas donde se trafica con crack para aterrorizar a la poblacin.

Con todo esto estamos diciendo que Donner es un hroe o un mrtir? No, estamos diciendo que es un perturbado mental, una persona con una larga historia de depresin como l mismo explica, pero cuyas denuncias no podemos simplemente desestimar; porque, como explica Martn Bar, es imposible pedir reacciones normales ante situaciones de guerra completamente anormales, porque la locura nos pertenece como sociedad, porque muchas veces la locura es la nica respuesta posible frente a la violencia y la opresin permanentes. Estamos diciendo que no podemos aceptar quemar vivo a un ser humano y quedarnos cruzados de brazos o en silencio, porque su vida vale menos que las de otros por el color de su piel; estamos diciendo que la locura no puede ser expulsada simplemente del cuerpo social. No podemos aceptar sin deshumanizarnos la ley de la biodevaluacin y por eso aspiramos a conectar y combatir la locura estructural del racismo en casa y las guerras coloniales en el extranjero.

[1] http://boywithgrenade.org/2013/02/07/christopher-dorners-manifesto/  

[2] http://www.democracynow.org/es/2013/2/14/titulares#2141

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter