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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2013

La calle es nuestra

Carlos Martinez
Rebelin


El 16 de Febrero, el 23 prximo, as como en todas las capitales andaluzas el 28F. Los das 10 o 12 de Marzo en toda Europa.

Febrero el loco est demostrando que la calle es nuestra. Que debemos estar en la calle, forjar la alianza de las calles y abrir amplias avenidas de libertad que dira el socialista chileno asesinado Salvador Allende, por ser socialista claro. Yo aadira avenidas de libertad, de justicia y de reparto. Amplias avenidas frente a los barrios altos y las urbanizaciones privadas del neoliberalismo, clasista, excluyente, estafador y privatizador.

Desde la lucha contra los desahucios, frente a dictadura del los mercados y contra las polticas de austeridad, la calle, es nuestra.

En la pre-transicin, un ministro del interior franquista, Manuel Fraga Iribarne, responsable del asesinato de tres obreros huelguistas de Micheln en Vitoria afirmo la calle es ma . Saba el viejo len tornado de falangista en liberal autoritario, que controlar la calle, era esencial. Debemos saber nostras y nosotros, que es clave para cualquier avance y resistencia social o democrtica.

Estos das me he emocionado oyendo como en el Parlamento Portugus el neoliberal primer ministro, era interrumpido por el solemne y bello canto del Grandola vila morena el himno de la revolucin portuguesa, el himno de su revolucin democrtica, pero tambin social y de progreso e igualdad. Cuando los capitanes de Abril al son sus estrofas pusieron las tanquetas y los camiones en marcha, queran acabar con la dictadura pero Maia u Otelo tambin queran acabar con el hambre, la guerra de frica y la emigracin. Pero sobre todo los capitanes de Abril queran la dignidad y un pueblo digno, los acompa en las calles, se lanz a las calles y plazas y conquist su libertad. Ahora portuguesas y portugueses defiende su dignidad y sus derechos y por suerte tienen un hermoso y desgarrado grito que les une: terra de fraternidade o povo e que mais ordena

En el estado espaol, por aquellas fechas muchas y muchos contemplamos con envidia e ilusin a los soldados con claveles en la bocacha de los fusiles de asalto. Al pueblo repartiendo vino a la tropa y acompandolo a la toma del palacio presidencial o contemplamos con regocijo, como los fusileiros de la marina, detenan a los agentes de la PIDE -polica poltica hermana de nuestra Brigada Social- y les humillaban en publico dejndolos en calzoncillos para que no huyeran.

Pero en esos mismos aos y hasta 1981, 233 personas, si 233 eran asesinadas en el ya Reino de Espaa, por fuerzas de orden de la dictadura o por la extrema derecha falangista por conquistar sus derechos y lograr la democracia. Miles de huelgas y de manifestaciones y 233 muertos lograron los derechos laborales y sociales que ahora se nos roban. Porqu nadie y menos el Borbn, nos regal nada. La llamada transicin, no fue un paseo, ni la democracia una ddiva real.

Salimos a las calles, nos despidieron de los trabajos, tuvimos huelgas sectoriales de cientos de miles de obreros y obreras. Nos detuvieron, nos dispararon, nos mataron. Y en estos meses se recorta sanidad y educacin. Se ha acabado con la libertad sindical y la negociacin colectiva ya no tiene valor. Por tanto, no nos queda otra que la vuelta a empezar.

Pero esta vez, el proceso constituyente lo hemos de controlar nosotras y nosotros. Esta vez las oligarquas deben ser despojadas de su poder de veto, esta vez hay que regular los derechos y libertades mejor y dotarnos de una jefatura del estado electa. Esta vez no hay un ejrcito de Franco con cuatrocientos mil efectivos acantonado en las afueras de las ciudades, esperando salir a la mnima oportunidad.

En esos aos que JosZeca Alfonso compona su hermoso y solemne canto alentejiano de Grndola, Labordeta el recio aragons cantaba donde poda su canto a la libertad. Pero como la Transicin fue un coitus interruptus y un pacto, no una revolucin, el canto a la libertad levant los espritus de miles de personas, pero no puso en la calle a millones, ni sac al Regimiento 20 de Guadalajara a luchar por la democracia, sali sin embargo el 23F a las Calles de Valencia, para eliminarla.

Por eso la lucha por la democracia qued incompleta. Hay que acabarla y hacerlo bien. Se lo debemos a 233 personas muertas por nosotras y nosotros. Se lo debemos a nuestros hijos que vivirn peor que nosotros si no le echamos coraje y valor. Se lo debemos tambin a nuestros mayores a los que quieren recortar sus jubilaciones y encima arrojarlos del sistema de salud para que mueran antes y gasten menos. Esos viejos que el neoliberalismo quiere asesinar, conquistaron lo poco que todava tenemos.

El paso haca atrs que la reforma del articulo 135 de la Constitucin ha supuesto poniendo los derechos bancarios privados, el dficit pblico y la deuda por encima de los derechos humanos y la dignidad una agresin cruel, que exige salir las calles y volver a conquistar una Constitucin, esa si verdaderamente democrtica y no solo por su texto.

Por todo hoy, los jvenes sin futuro, las mujeres excluidas o ninguneadas, los trabajadores de los astilleros, altos hornos o fabricas que ya no existen, deslocalizadas por la globalizacin neoliberal o la Europa del capital, pero cuyos obreros que si estamos y somos, debemos salir juntos. Todas y todos juntos y llenar las calles. Esas son las nuevas fabricas. Las calles neoliberales llenas de franquicias y supermercados sanguijuelas y llenarlas, llenarlas el 23, el 28 en Andaluca, el 13 de Marzo en toda Europa. Ojal el recio Labordeta nos acompaara con su canto a la libertad, ojala tuviramos nuestro Grndola. Ojala tengamos valor para hacerlo y dignidad para lograrlo. La Troika no nos machacar. La dictadura liberal, no nos sojuzgar. Esta vez, la calle ser nuestra.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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