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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2013

Afganistn, jardn del Imperio

Julien Mercille
Znet

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Extractos de Cruel Harvest: US Intervention in the Afghan Drug Trade [Cosecha cruel: Intervencin de EE.UU. en el narcotrfico afgano] (Pluto Press, 2013), de Julien Mercille.

Mientras Obama proclama que la aventura de EE.UU. en Afganistn llegar a su fin en el plazo de un par de aos, podemos considerar el balance respecto a una de las supuestas justificaciones de la ocupacin: la lucha contra la herona afgana. El resultado ha sido un fracaso total. De hecho, mientras a veces se habla de Afganistn como cementerio de imperios porque a lo largo de lahistoria grandes potencias han intentado sin xito invadir y controlarlo, el pas ya puede calificarse de jardn del imperio porque la ocupacin de EE.UU./OTAN ha resultado en un drstico aumento de la produccin de drogas.

La produccin de opio en Afganistn aument vertiginosamente de 85 toneladas a 8.200 toneladas entre 2001 y 2007 (actualmente ha bajado a 3.700 toneladas). La mayor parte de los comentarios restan importancia a la gran responsabilidad de Washington en esta dramtica expansin mientras magnifican el rol de los talibanes, que segn los datos disponibles es relativamente menor. Asimismo, la identificacin de las drogas como la causa principal del crecimiento de la insurgencia absuelve a EE.UU. y a la OTAN de su propio papel en su fomento: la presenciade tropas extranjeras en el pas as como sus ataques destructivos contra civiles son factores significativos tras los aumentos del apoyo popular a los talibanes o la tolerancia hacia ellos. En los hechos, como seala un reciente informe de UNODC [Oficina de las Naciones Unidos contra la Droga y el Delito], la reduccin de la produccin de drogas tendra solo un mnimo impacto en la amenaza estratgica de la insurgencia, porque los talibanes reciben considerable financiamiento de donantes privados de todo el mundo, una contribucin que eclipsa el dinero de la droga.

Un informe de UNODC titulado Adiccin, crimen e insurgencia: la amenaza transnacional del opio afgano provee un buen ejemplo de la visin convencional del papel de los talibanes en el narcotrfico. Afirma que reciben anualmente 125 millones de dlares de los narcticos, lo que da como resultadola tormenta perfecta de drogas y terrorismo que se dirige hacia Asia Central y pone en peligro sus recursos energticos. UNODC afirma que cuando estuvieron en el poder en la segunda mitad de los aos noventa, los talibanes ganaron entre 75 y 100 millones de dlares anuales gracias a las drogas, pero que desde 2005 esa cifra ha aumentado a 125 millones. Aunque esto se presenta como un aumento significativo, los talibanes juegan un papel menor de lo que el informe quiere que creamos en la economa del opio, ya que capturan solo una pequea parte de su valor total. Adems, el dinero de la droga probablemente solo es una fuente secundaria de financiamiento para ellos: la propia UNODC estima que solo entre el 10% y el 15% de las finanzas de los talibanes proviene de las drogas y un 85% de fuentes diferentes del opio como las donaciones privadas.

El ingreso total generado por los opiatos en Afganistn es de casi 3.000 millones de dlares anuales. Segn los datos de UNODC, los talibanes solo obtienescerca de un 5% de esta suma. Los agricultores que venden su cosecha de opio a los traficantes reciben un 20%. Y el 75% restante? Al Qaida? No: el informe especifica que no parece tener un papel directo en el comercio afgano de opiatos, aunque puede participar en el contrabando de drogas de bajo nivel y/o de armas a lo largo de la frontera paquistan. En su lugar, el 75% restante lo obtienen los traficantes, funcionarios del gobierno, polica y personas influyentes; en resumen, muchos de los grupos actualmente apoyados o tolerados por EE.UU. y la OTAN son importantes protagonistas del narcotrfico.

Por ello, las afirmaciones de que los insurgentes talibanes consiguen grandes beneficios del trfico con opio son engaosas. A pesar de todo, UNODC insiste en la conexin entre talibanes y drogas pero presta menos atencin a losindividuos y grupos apoyados o tolerados por Washington. La agencia parece que est actuando como un facilitador de polticas de la coalicin en Afganistn: cuando le preguntaron qu porcentaje del ingreso total de las drogas de Afganistn reciben los funcionarios del gobierno, el representante de UNODC que supervis el informe mencionado respondi rpidamente: No hacemos eso, no lo s.

La corriente dominante en los comentarios culpa en parte a la corrupcin del tamao de la industria de narcticos y de los males de Afganistn. Pero concentrarse en las manzanas podridas del gobierno y la polica de Afganistn es pasar por alto la responsabilidad sistmica de EE.UU. y la OTAN de la dramtica expansin de la produccin de opiatos desde 2001 y de su apoyo a numerosos individuos corruptos del poder. EE.UU. atac Afganistn en asociacin con los seores de la guerra y de la droga de la Alianza del Norte y los inund de armas, millones de dlares y apoyo diplomtico. El empoderamiento y enriquecimiento de esos individuos posibilitaron que impusieran tributos y protegieran a los traficantes de opio, llevando a la reanudacin inmediata dela produccin de narcticos despus de la interrupcin de la prohibicin de 2000-2001 impuesta por los talibanes, como han documentado numerosos observadores. Ahmed Rashid ha escrito que todo el Ministerio del Interior afgano se convirti en un importante protector de narcotraficantes y Karzai se neg a limpiarlo a fondo. Cuando las milicias de los seores de la guerra fueron desmovilizadas y desarmadas por la ONU, los comandantes encontraron nuevas posiciones en el Ministerio del Interior y siguieron protegiendo a los narcotraficantes. EE.UU. tampoco estaba interesado en limpiar Afganistn de narcotraficantes. Por lo tanto, culpar de la situacin actual la "corrupcin" y a los "criminales"a la corrupcin es ignorar los efectos directos y predecibles de las polticas estadounidenses, que han seguido un modelo histrico de tolerancia y proteccin de polticos brutales involucrados en los narcticos.

En 2004, lasfuerzas afganas hallaron un enorme escondite de herona en un camin cerca de Kandahar, pero tanto Wali Karzai, el hermano del presidente, como un asistente del presidente Karzai llamaron al comandante del grupo que realiz el descubrimiento para decirle que dejara ir las drogas y el camin. Dos aos despus, fuerzas antinarcticos estadounidenses y afganas confiscaron ms de 50 kilos de herona cerca de Kabul, que investigadores estadounidenses dijeron que estaban vinculados con Wali Karzai. Pero Wali Karzai solo era la punta del iceberg, ya que un antiguo oficial de la CIA afirm que prcticamente todas las personalidades significativas afganas han tenido que ver con el narcotrfico. En privado, los funcionarios estadounidenses reconocen vnculos con personalidades afganas relacionadas con las drogas. Un cable de WikiLeaks que menciona reuniones de funcionarios estadounidenses con Wali Karzai en septiembre de 2009 y febrero de 2010 seala que aunque debemos considerar a AWK [Ahmed Wali Karzai]jefe del Consejo Provincial, es de amplio conocimiento que es corrupto y un narcotraficante. Pero en pblico se niegan los vnculos. Como dijo el senador John Kerry, presidente del Comit de Relaciones Exteriores del Senado: No debemos condenar a Ahmed Wali Karzai o daar con nuestras crticas las relaciones con su hermano, el presidente Karzai, sobre la base de artculos en los peridicos o rumores.

Del mercado global anual de opiatos, de 65.000 millones de dlares, se estima que solo entre el 5% y el 10% (de 3.000 a 5.000 millones de dlares) se lavan a travs de sistemas bancarios informales, mientras dos tercios (entre 40.000 y 45.000 millones) estn disponibles para lavarlos a travs del sistema bancario formal. Un reciente informe de UNODC estim que cerca de 220.000 millones de dlares de dinero de la droga se lavan anualmente a travs del sistema financiero. Sin embargo, solo cerca del 0,2% de todo el dinero criminal lavado se confisca y se congela, ya que los gobiernos tienen otras prioridades que regular la industria bancaria, que se beneficia de esa liquidez adicional.

POLTICA ANTINARCTICOS DE EE.UU.

Aproximadamente hasta 2005, la poltica estadounidense en general no se preocupaba por las drogas. El general Tommy Franks, quien dirigi el ataque inicial, declar en 2002 que las tropas de EE.UU. se mantendran distantes de la interdiccin de las drogas y que la solucin de los problemas de narcticos corresponda a afganos y civiles. Cuando preguntaron a Donald Rumsfeld en 2003 qu estaba haciendo EE.UU. respecto a los narcticos en Helmand, respondi: Me pregunta qu vamos a hacer y la respuesta esquerealmente no lo s. Un portavoz militar de labase Bagram, el sargento mayor Harrison Sarles, declar: No somos una fuerza de tareas para la droga. No forma parte de nuestra misin. Adems, la DEA solo tena dos agentes en Afganistn en 2003 y no abri una oficina en el pas hasta 2004.

Varias razones explican la temprana oposicin a la accin contra narcticos por parte de la Casa Blanca y los militares. Primero, atacaron Afganistn para demostrar que no se deba desafiar a Washington, y la destruccin de cultivos de amapolas y laboratorios de herona no contribuye nada en ese sentido. Por eso no haba motivos por los que se debiera dirigir ningn esfuerzo a esa tarea.A finales de 2005, el teniente general Karl Eikenberry, entonces comandante de las fuerzas de EE.UU. en Afganistn, dej claro que las drogas son malas, perosus rdenes eran que las drogas no eran una prioridad de los militares estadounidenses en Afganistn. Adems, el objetivo ms importante de Washingtonentonces era Irak, cuyos recursos petroleros y su ubicacin estratgica en la regin del Golfo Prsico aseguraban que tuviera la prioridad.

En segundo lugar, muchos de los aliados afganos locales de EE.UU. estaban involucrados en el trfico, que les otorgaba dinero y poder. La destruccin de laboratorios de la droga y campos de amapolas habra representado, en efecto, un golpe directo a las operaciones estadounidenses y sus combatientes testaferros en el terreno. Como reconocieron los diplomticos occidentales en esos das, sin el dinero de la droga, nuestros seores de la guerra amigos no pueden pagar a sus milicias. Es as de simple. Segn James Risen, esto explica por qu el Pentgono y la Casa Blanca se negaron a bombardear las cerca de 25 instalaciones de la droga que la CIA haba identificado en sus mapas en 2001. De la misma manera, en 2005, el Pentgono rechaz, con la excepcin de tres, todas las solicitudes de transporte areo de la DEA. Barnett Rubin resumi bien la actitud de EE.UU. cuando escribi en 2004 que cuando visita Afganistn, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld se rene con comandantes militares conocidos por los afganos como padrinos del narcotrfico. El mensaje ha sido claro: Ayudad a combatir a los talibanes y nadie interferir con vuestro trfico. Como resultado, los funcionarios militares de EE.UU. hicieron caso omiso del narcotrfico. Un Boina Verde del ejrcito dijo que le ordenaron especficamente que ignorara la herona y el opio cuando l y su unidad los descubrieran durante sus patrullas. Un informe del Senado de EE.UU. mencion que comits del Congreso recibieron informes de que las fuerzas estadounidenses se negaban a perturbar ventas y embarques de drogas y rechazaban solicitudes de refuerzos de la Administracin de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas (DEA) para perseguir a los principales cabecillas de la droga.

Tercero, el Departamento de Defensa pens que la erradicacin de cultivos molestara a los agricultores y afectara los intentos de conquistar los corazones y mentes afganas. Por cierto, desde 2001, los talibanes haban tratado de obtener ventajas gracias al resentimiento causado por programas de erradicacin. Por ejemplo, en Helmand parece que han ofrecido proteccin a los agricultores afectados por la erradicacin y en Kandahar se inform de que incluso ofrecieron ayuda financiera a los agricultores cuyos campos eran erradicados, a cambio de apoyo en la lucha contra el gobierno. Por lo tanto, est lejos de ser seguro que la eliminacin de las drogas debilitara a la insurgencia. De hecho lo contrario es ms probable, ya que solo aumentara la oposicin que ya generan las operaciones de la OTAN en el pas. Como seal un analista bien informado: A medida que progresaba el conflicto, las vctimas de abusos de las tropas afganas y extranjeras y los efectos secundarios de la dependencia de EE.UU. del poder areo comenzaron a representar otra fuente importante de reclutas para los talibanes.

Desde 2004, la actividad contra los narcticos comenz a ascender lentamente en la agenda de EE.UU. En 2005, Washington desarroll su primera estrategia antinarcticos para Afganistn, compuesta de cinco pilares: eliminacin/erradicacin, interdiccin, reforma de la justicia, informacin pblica y medios de vida alternativos (aunque los pilares no recibieron la misma importancia: el desarrollo alternativo fue relativamente descuidado, mientras la erradicacin/eliminacin era la prioridad). El gobierno afgano incorpor esta estrategia en su propia Estrategia Nacional de Control de la Droga de 2006, que posteriormente se actualiz y se integr en su Estrategia Nacional de Desarrollo de 2008.

Cerca de 2005, las operaciones antinarcticos todava estaban relativamente aisladas de la estrategia ms amplia de contrainsurgencia. A pesar de ello, el Pentgono comenz a considerar la posibilidad de involucrarse en misiones contra la droga y emiti nuevas directivas autorizando a los militares a transportar a agentes contra la droga en helicpteros y aviones de carga y a ayudar en la planificacin de misiones y el descubrimiento de objetivos, entre otras cosas. Se establecieron una serie de unidades antinarcticos, como la Fuerza de Tareas 333 (un escuadrn encubierto de agentes especiales) y la Fuerza Central de Erradicacin de Amapolas, un equipo afgano entrenado por el contratista privado estadounidense Dyncorp a un coste de 50 millones de dlares, y supervisado por EE.UU. a travs del Ministerio del Interior afgano, donde el principal contacto de Washington era el teniente general Mohammad Daoud. No pareca constituir un problema que Daoud fuera un exseor de la guerra del norte del que se deca que tena importantes conexiones con el narcotrfico.

Desde 2007, EE.UU. ha intensificado sus esfuerzos antinarcticos y ha tratado de integrarlos de un modo ms estrecho con la campaa de contrainsurgencia. En particular a finales de 2008, el Pentgono cambi sus reglas de enfrentamiento para permitir que las tropas de EE.UU. atacaran a los traficantes aliados con insurgentes y terroristas y se permiti que los soldados acompaaran y protegieran operaciones antinarcticos realizadas por estadounidenses y afganos. Este cambio tambin fue adoptado por la OTAN y se permiti que sus miembros participaran en misiones de interdiccin.

Desde 2009, la estrategia del gobierno de Obama ha reducido la importancia de la erradicacin abandonando el apoyo a la fuerza central de erradicacin afgana, mientras se concentraba en la interdiccin y en la destruccin de laboratorios de herona, basndose en el razonamiento de que esto atacara con ms precisin el nexo droga-insurgencia. Tambin se ha anunciado un enfoque en el desarrollo rural porque,como declar Richard Holbrooke, la erradicacin es un derroche de dinero, enajena a los agricultores y podr destruir algunas hectreas, pero no reduce un solo dlar la cantidad de dinero que reciben los talibanes. Solo ayuda a los talibanes. La cantidad de agentes permanentes de la DEA en Afganistn aument de 13 a ms de 80 en 2011 y el Pentgono ha establecido un Nexo de Fuerza de Tareas Conjunta Combinada Inter-agencias en Kandahar para proveer apoyo de coordinacin e inteligencia a las misiones de interdiccin de la DEA y a las operaciones de contrainsurgencia de ISAF que ataquen a los insurgentes con vnculos con el narcotrfico.

En general, un tema interesante es explicar la emergencia, intensificacin y militarizacin de las operaciones antinarcticos de EE.UU. en Afganistn. Aunque una discusin semejante sigue siendo algo especulativa, lo que sigue seala posibles motivos que podran ser los responsables de la evolucinde la estrategia antidroga. Algunos han sealado la renuncia de Donald Rumsfeld como Secretario de Defensa en 2006. Rumsfeld siempre se opusoa la participacin militar en el control de la droga y por lo tanto se pens que su partida contribuy a un cambio radical de la actitud del Departamento de Defensa, que entonces se involucr ms en la actividadantinarcticos. Sin embargo deberamos minimizar la importancia de los cambios de personalal explicar las lneas generales de la poltica. No se puede decir que Rumsfeld impidiera por s solo que un ejrcito de enemigos de la droga en el gobierno de EE.UU. realizara operaciones antinarcticos en Afganistn. Como hemos visto anteriormente, hubo claras razones estratgicas para la ausencia de participacin militar en la actividad antinarcticos en los primeros aos despus de 2001.

Tambin se ha identificado como motivolas presiones del Congreso. Esta presin poltica, dice el argumento, termin por llevar al Pentgono y a la CIA a aceptar en pblico que la insurgencia estaba financiada por las drogas y a aprobar la estrategia antinarcticos de 2005. Por cierto, en 2004-2005, una cantidad de artculos crticos en los medios urgi a ms accin a la luz de la gran cosecha de opio de 2004. Por ejemplo Henry Hyde, republicano de Illinois, declar que exista una clara necesidad en este momento de accin militar contra los depsitos de almacenamiento de opio y los laboratorios de herona y que si los militares no se involucraban, EE.UU. tendra que enviar soldados de sitios como Turqua para enfrentar este desafo. Los demcratas tambin vinieron en ayuda, como cuando John Kerry critic a Bush por no eliminar los narcticos en Afganistn.

Semejantes explicaciones podrn ser correctas en trminos de causas inmediatas, porque las presiones y debates del Congreso contribuyeron a colocar el tema en la agenda de los responsables polticos y generaron cobertura en los medios. Sin embargo, para empezar, plantean el interrogante dePor qu el tema de los narcticos se convirti en un debate ms destacado en los crculos gubernamentales? Algunos han apuntado a la explosin del cultivo de amapolas en Afganistn y las presiones polticas que ha generado en EE.UU. para que se haga algo frente al problema. Por ejemplo Ahmed Rashid seal que el mayor nfasis en la droga en la poltica de EE.UU. desde 2005 fue causado en parte por el hecho de que se haba hecho demasiado obvio que el cultivo afgano de la amapola estaba fuera de control. Por motivos de relaciones pblicas EE.UU. ya no poda permitirse con tanta facilidad que se viera que no estaba haciendo nada. La masiva cosecha de opio de 2004 embaraz lo bastante a Washington y Londres como para llevarlos aencarar con ms seriedad el tema de los narcticos: la superficie de tierra cultivada de amapolas acababa de aumentarun 64% y por primera vez se cultivaban amapolas en las 34 provincias de Afganistn. De la misma manera, la produccin de opio aument a 6.100 toneladas en 2006 y a 8.200 toneladas en 2007, la mayor cantidad jams registrada. Afganistn representaba ahora un 93% de la produccin global de herona. No se poda ignorar indefinidamente el aumento vertiginoso de la produccin de droga en 2006 y 2007, publicado en los informes de UNODC.

Probablemente esta interpretacin contiene algo de verdad. Incluso si el control de la droga no es un objetivo de EE.UU., el discurso que se ha creado alrededor del tema ha adquirido una fuerza propia. Por ello, cuando el cultivo de la amapola se propag en Afganistn hasta un punto en el que era difcil ignorarlo, Washington se vio obligado a hacer algn gesto que aparentemente encarara el problema; de otra manera podra mancillarse su imagen de gobierno supuestamente preocupado por los daos causados por la droga.

Finalmente, otra posible razn es que desde 2004-2005 se hizo polticamente til hablar de una guerra contra la droga para envilecer a los insurgentes talibanes al asociarlos con los narcticos. Por cierto, la intensificacin de la retrica y las operaciones antinarcticos tuvieron lugar con el trasfondo de un aumento de la oposicin armada al gobierno afgano respaldado por EE.UU. Es decir, mientras en los aos inmediatamente posteriores a 2001 el narcotrfico estaba controlado en gran parte por aliados de EE.UU. (seores de la guerra), desde el momento en que los talibanes reaparecieron como una fuerza significativa parcialmente financiada por la droga, los narcticos se convirtieron en un tema que poda utilizarse para darles una mala imagen. Por cierto, es interesante que desde 2004, la intensificacin de la retrica de la guerra contra la droga haya tenido lugar en paralelo con el aumento de la insurgencia.

En resumen, mientras de 2001 a 2005 las drogas simplemente no formaban parte de la agenda de EE.UU. en Afganistn, desde 2005 se ha hablado ms del control de la droga y ha habido ms operaciones antinarcticos. Sin embargo, esto no significa que EE.UU. se acerque a realizar una verdadera guerra contra las drogas. Una guerra real contra la droga no se identifica por la intensificacin de misiones militaristas antinarcticos per se, sino por la implementacin de estrategias que reduzcan los problemas de las drogas. Desde ese punto de vista, Washington ha fracasado. Adems, EE.UU. ha seguido apoyando a aliados involucrados en el narcotrfico y Obama declar explcitamente que su guerra contra la droga es esencial por la lucha contra la insurgencia y no por la propia eliminacin de las drogas. Por cierto, en 2009 su gobierno present su nuevo enfoque de los narcticos y elabor una lista de objetivos de 50 importantes narcotraficantes que ayudan a financiar la insurgencia para que los militares los capturen o los maten. Por lo tanto atacarn a los traficantes si ayudan a los talibanes, pero si apoyan a las fuerzas gubernamentales parece que los dejarn en paz. Esto sugiere que la guerra contra la droga se utiliza para atacar a los enemigos.

Julien Mercille es profesor de laUniversity College Dublin, Irlanda.

Fuente: http://www.zcommunications.org/afghanistan-garden-of-empire-by-julien-mercille

rCR



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