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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2013

A las puertas de Damasco

Elas Khoury
Al-Quds al-Arabi


En el nico encuentro que tuve con el monje sirio, el padre Paolo, en Beirut, y despus de que nos contara los trgicos rasgos adoptados por la represin que se sale de toda lgica en Siria, hablamos sobre la siria post-Asad.

Ello fue el ao pasado, cuando la destruccin de Homs no se haba generalizado a todo el pas. Dije que iramos a Damasco y lo celebraramos en sus plazas, y le cont la promesa que haba hecho una amiga de bailar descalza en la plaza del Merje. Le dije que todos deberamos celebrarlo bailando descalzos.

El noble monje sirio me mir con ojos tristes y dijo No, antes de bailar, hemos de ir a visitar Homs y llorar y borrar la sangre de las calles. Aquel da sent vergenza, la idea de la cada del rgimen me haba hecho olvidar la ingente tragedia humana que vivan y viven los sirios. Le confes mi vergenza al padre Paolo, y nos rode el silencio.

Hoy, despus de que el rgimen sirio que se cree un len haya logrado convertir a toda Siria en un Homs, nos invade la tristeza, y nos acecha el fantasma de los muertos cuyo nmero concreto nadie conoce. La tristeza siria es la materializacin de la tragedia de la relacin de los rabes modernizadores con su historia: una historia de tristeza que finalmente acab en explosin trgica, despus de que la dictadura lograra convertir el Estado en una banda y las fuerzas armadas en un ejrcito de ocupacin. El estallido era inevitable, lleg en forma de sorpresa, sorpresa que rpidamente el aparato de represin salvaje convirti en una serie trgica.

Los sirios y las sirias no pueden retroceder hoy, pues solo estn la victoria o la victoria, nada ms. Hablar de otra cosa es perder tiempo y esfuerzos, a no ser que los rusos logren convencer a su aliado dictador de que el tiempo de su marcha apremia y que deben apoyar la posibilidad de una solucin poltica cuya base sea la salida de Asad y sus esbirros de la imagen.

Pero, al margen de los resultados de las negociaciones ruso-estadounidenses (de las que no sabemos nada y que exigen precaucin de cara a las intenciones reales de sus partes), no es seguro que los rusos logren convencer a su cliente sirio de algo as, porque Asad se ha convertido en una especie de rehn de Irn, y puesto que los mollahs de Irn no pueden digerir la derrota de Asad, tras tanta apuesta militar y econmica, y despus de que sus prcticas hayan ayudado a encender el fuego sectario en Siria y en la zona. Pero pase lo que pase, se prolongue lo que se prolongue, el rgimen caer, no aguantar mucho, y pasar la horrible pesadilla que ha matado las vidas poltica y cultural sirias durante cuatro dcadas o ms.

Si cayera maana, qu pasara?

La prxima batalla ser en Damasco, y las expectativas indican que ser la ms sangrienta, porque el rgimen y las fuerzas aliadas con l destrozarn la ms bella de las ciudades como expresin de su rencor hacia la gente y su odio hacia el pueblo sirio.

Hacia las puertas de Damasco se dirigen nuestros ojos y corazones, con miedo por la gente de la ms antigua ciudad habitada de la historia. La leyenda cuenta que el nombre de la ciudad est derivado de dos palabras: sangre (damm) e incisin (shaqq) [1], de cuando la sangre de Abel incidi la tierra tras el primer crimen de la historia.

A las puertas de Damasco, se levantan las palabras con Nizar Qabbani:

Di a los que estn en tierra de Damasco, que han llevado a vuestro muerto al abismo, y que permanece asesinado.
Me gustara que me plantaran en ti como un alminar o que me colgaran en la puerta como un candil.
Oh, ciudad de los siete ros, oh mi pas, oh camisa teida del rojo de la ciruela,
Oh caballo que se desprendi de su montura y sali a conquistar lo conocido y lo desconocido.
Tu brisa, ro Barada, es como el sable que me invade y no tengo ms alternativa que amarte.

Damasco, la ciudad en la que cant Fairuz y se convirti con la poesa de Mahmud Darwish en el collar de la paloma damasceno, donde el enamorado se envuelve del Barada. Ese Damasco amenazado hoy con que la muerte lo borre poco antes de la cada del rgimen, que caer. A las puertas de Damasco, todos deben gritar que la masacre ha de detenerse. El silencio se ha prolongado demasiado, Siria, y no s cmo ha de levantarse hoy una voz que impida al rgimen de los asesinos asesinar a Damasco. Es esta muerte inevitable? Y no contesta.

No hemos encontrado en lo que queda de Estado y ejrcito en Siria a quien escuche a la voz de la conciencia, y ponga fin a esta tragedia que se perfila en el horizonte?

Sea como sea, nuestra cita damascena est en camino y entonces no bastarn todas las lgrimas de la tierra para borrar los restos de este crimen. Entonces habr llegado la cita para trabajar, para construir una nacin que se parezca a las otras y sea para todos sus hijos e hijas. Ese da comenzar el verdadero trabajo para enfrentarnos a las cuestiones aplazadas y construir una autoridad extrada de un nuevo pacto social. Esa es la misin que la oposicin poltica ha de materializar hoy, antes de que la realidad nos tome por sorpresa y Siria se encuentre a s misma en un ciclo de odio, extremismo y estpido sectarismo.

Un ltimo apunte:

El preso palestino Samer Issawi ofrece hoy un modelo de sacrificio y heroicidad, con su huelga de hambre continua. Samer Issawi, que se seca hoy ante nuestras miradas y cuyos ojos no pierden el brillo de Jerusaln, est en huelga de hambre acercndose a la muerte y anunciando el nacimiento del nuevo palestino. Este nuevo palestino se une hoy al nuevo sirio que muere en los stanos de la tortura de las crceles sirias. Samer Issawi es la otra cara de Omar al-Aziz, el intelectual luchador sirio que ha muerto en una de las crceles sirias.

A ambos, a la heroicidad de Samer y el martirio de Omar, la gloria.

[1] Damasco en rabe es Dimashq.

Tomado de


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