Portada :: Colombia :: Derechos Humanos en Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2013

23 de febrero de 1963
La masacre de Santa Brbara, Antioquia

Andrs Juregui y Renn Vega
Rebelin


En la historia colombiana del siglo XX se presentaron muchas huelgas en diversos sectores de la actividad econmica. Algunas de esas huelgas terminaron en forma sangrienta, debido a la represin a que fueron sometidas por el Estado. Esta pauta se haba iniciado en el pas desde finales de la dcada de 1910, cuando fueron reprimidas las huelgas de los puertos de la Costa Atlntica, con un saldo trgico de varios obreros muertos. Despus, en numerosas ocasiones, fueron abaleados por las tropas oficiales los huelguistas que realizaban movimientos reivindicativos de protesta laboral.

Durante el Frente Nacional (1958-1974) se acentu esta tendencia represiva del Estado colombiano para impedir la protesta de los trabajadores y sabotear o terminar de manera abrupta con las huelgas. Eso sucedi con los trabajadores de Rio Paila en 1959 que fueron tiroteados por el Ejrcito, lo que caus dos muertos y numerosos heridos. Lo mismo aconteci en Puente Rojo, en el Valle del Cauca, cuando el 26 de agosto de 1962 fueron masacrados 11 trabajadores por parte del ejrcito, que atac a mansalva una pacfica reunin que haba sido convocada por la Federacin de Trabajadores del Valle (FEDETAV). En el mismo sentido, el 23 de febrero de 1963 en la pequea poblacin de Santa Brbara, Antioquia, el Estado colombiano masacr a trabajadores, campesinos y habitantes de ese municipio, que participaban en la huelga de Cementos El Cairo. Sea esta una ocasin propicia para describir y analizar estos acontecimientos, como se hace en este artculo.

La huelga

El municipio de Santa Brbara se encuentra situado en el flanco Occidental de la Cordillera Central, en el suroeste antioqueo, a 57 kilmetros de distancia de Medelln. La fbrica de Cementos El Cairo est localizada a 13 kilmetros de la poblacin de Santa Brbara, en la depresin formada por el ro Buey y la quebrada Sabaletas. En 1963 laboraban en esta planta de cementos 230 trabajadores de planta, 221 de los cuales estaban organizados en un sindicato (SINTRACAIRO), afiliado a la Federacin de Trabajadores de Antioquia (FEDETA).

Ante la difcil situacin econmica que afrontaba el pas y que afectaba de manera directa a los trabajadores por la galopante inflacin y el deterioro del poder adquisitivo de sus salarios, Sintracairo present un pliego de peticiones en el mes de octubre de 1962. En ese pliego se solicitaba aumento general de salarios, prima de vacaciones, auxilio escolar, servicio mdico y odontolgico, prstamos para adquisicin de vivienda, mejoras en la calidad del servicio en el casino, remuneracin de dominicales y festivos trabajados, entre otros aspectos. La Empresa dilat las discusiones del pliego por varios meses, y no atendi la mayor parte de las solicitudes del Sindicato, en especial las relativas a aumento salarial. Por esta circunstancia, los trabajadores se fueron a la huelga, que se inici el 23 de enero de 1963.

Desde un principio, la empresa sabote la huelga con el fomento de los esquiroles y rompehuelgas. Para sabotear la huelga, la empresa continuaba movilizando cemento y clinker materia prima del cemento- desde la factora de El Cairo hacia la fbrica de Cementos Argos en Medelln, como si no existiera un cese legal de actividades. Su accin de rompehuelgas se vio facilitada por el respaldo del gobernador Fernando Gmez Martnez y por la activa participacin de las Fuerzas Militares en el transporte del cemento. Esto, obviamente, desencaden la protesta de los obreros de El Cairo, quienes a los pocos das de iniciada la huelga instalaron una carpa en la carretera central, con el fin de oponerse a la maniobra patronal.

Los trabajadores comenzaron el saboteo activo a las volquetas que transportaban cemento o clinker hacia Medelln obstaculizando la va entre El Cairo y Santa Brbara, con el uso de tachuelas y lanzndoles piedras. Este mecanismo de resistencia se aplic hasta que los choferes de las volquetas se vieron presionados a entregar los vehculos a la empresa para evitar problemas con los huelguistas, quedando temporalmente suspendido el suministro de la mercanca.

El sbado fatal

Tras quedar paralizado totalmente el transporte de materia prima para la fbrica de cementos Argos, el 22 de febrero el Gobernador del Departamento, Fernando Gmez Martnez, dio a conocer la determinacin de transportar cemento y clinker costara lo que costara, aunque fuera necesario pasar por encima de los cadveres de los trabajadores.
En las horas de la tarde de ese viernes 22 de febrero, el sindicato convoc a una Asamblea Extraordinaria en las carpas de la huelga, para presentar una propuesta de los inspectores de trabajo en materia salarial, que no satisfizo a los trabajadores porque no tena en cuenta las solicitudes del pliego de peticiones. En esa misma reunin, el Inspector del Trabajo comunic a los obreros que se haba ordenado a la empresa que cancelara los salarios que adeudaba a sus trabajadores, segn la Ley primera de 1963, con retroactividad al primero de enero.

Por esa razn, el sbado 23 de febrero de 1963 desde tempranas horas los trabajadores se congregaron en las carpas de la huelga para esperar el pago del salario adeudado. En efecto, el pago se efectuara, pero no en dinero, sino con plomo y metralla, como una respuesta represiva y cobarde para los obreros y el pueblo de Santa Brbara.

A las 9 de la maana de ese fatdico sbado 23 de febrero de 1963 se trasladaron al municipio de Santa Brbara el comando del Batalln Girardot, un pelotn de la Compaa Militar y dos pelotones de la compaa B que estaban en guarnicin, con el fin de transportar el cemento de la fbrica El Cairo hasta la ciudad de Medelln. A las diez y media de la maana, la caravana pas por el sitio donde estaban los integrantes de la huelga, en las afueras de la poblacin de Santa Brbara, quienes manifestaron que permitiran el paso de los carros que fueran a traer el cemento, pero que no los dejaran regresar. La caravana atraves el lugar en donde se encontraban los huelguistas y ningn carro fue apedreado. Tan pronto llegaron las volquetas a las instalaciones de la empresa se inici la carga del material, labor que fue asumida por algunos esquiroles y por los soldados del ejrcito nacional siguiendo las rdenes de sus superiores.
Mientras tanto, los obreros decidieron bloquear la carretera central en el punto donde se encontraba la carpa obrera, en inmediaciones del municipio de Santa Brbara, en cercanas a la bomba de Gasolina Codi. El bloqueo de esa carretera fue hecho por grupos de obreros que se acostaron sobre el pavimento, una estrategia que en semanas anteriores funcion para impedir la salida de las volquetas de la fbrica.

A las 4 de la tarde parti la caravana de 40 volquetas con cemento y clinker, desde las instalaciones de la fbrica con rumbo a la ciudad de Medelln. En esa caravana se encontraban volquetas, con placa oficial, pertenecientes al Municipio de Medelln, y volquetas particulares conducidas por esquiroles, escoltadas por ms de 100 efectivos del ejrcito, que se haban desplegado para que trasladaran el cargamento. La caravana se ubic aproximadamente a unos 300 metros antes de llegar al sitio donde se encontraban los huelguistas, muchos familiares de los trabajadores, algunos campesinos, mujeres, nios, curiosos y toda clase de personas del pueblo de Santa Brbara, que se haban congregado en este lugar, pendientes del paso de las volquetas. Miembros del ejrcito empezaban a tomar posiciones estratgicas a lado y lado de la carretera y el Coronel Valencia Paredes exigi a los huelguistas que se dispersaran para dar paso a la caravana que prcticamente llevaba todas las existencias de clinker que se encontraban en las instalaciones de Cementos El Cairo.

Ante la negativa de los obreros, el oficial se comunic con el gobernador Gmez Martnez, quien le respondi tajantemente: Hombre, coronel, si no es capaz de pasar ese cemento, vngase inmediatamente que yo mando a otro!. Al mismo tiempo, los militares comenzaron a insultar a los trabajadores, dicindoles que si no despejaban la carretera seran despedidos y que tena ms valor el clinker que todos los huelguistas all presentes. Ante la provocacin, los obreros lanzaron tambin gritos ofensivos y desafiantes contra los militares y se proveyeron de piedras, canecas llenas de agua y toallas, e intentaron desinflar las llantas de las volquetas; los nimos y el espritu de lucha de los obreros se exasperaban ante la actitud amenazadora y de rompehuelgas asumida por el ejrcito.

Cuando, el reloj sealaba las 4 y 45 de la tarde, el comando del Batalln emiti la siguiente orden: dispersin con gases. Enseguida, el Capitn lvaro Guzmn Bastidas y el Teniente Vctor J. Jaramillo, avanzaron con los soldados, carretera arriba y llegaron a la bomba de gasolina Codi, (propiedad de Ral Moreno, administrador de la fbrica Cementos El Cairo). Desde all se produjo la primera descarga de gases sobre la multitud y un pelotn del ejrcito empez a capturar a los dirigentes de la huelga. Ante la arremetida de las Fuerzas Armadas, la multitud respondi con una nutrida lluvia de piedras, los nicos objetos con que contaba para defenderse. Haba confusin y miedo y, ante los ataques aleves de la tropa, la gente se cubra la cara con toallas y pauelos hmedos. Los huelguistas intentaban repeler la embestida de las fuerzas militares e impedir el paso de las volquetas.

En forma inesperada, el ejrcito empez a disparar balas de pistola, de ametralladora y de fusil dirigidos a mansalva y a sangre fra contra los inermes trabajadores y contra la multitud presente en el lugar, Ante la agresin violenta e indiscriminada de las fuerzas represivas, la multitud comenz a correr, unos hacia los cafetales aledaos a la carretera, otros hacia las casas vecinas en busca de refugio. En las ventanas del hospital que daban a la bomba se hallaban varios mdicos, que alcanzaron a tomar algunas fotos del accionar represivo de la tropa. Tan pronto los miembros del ejrcito se percataron de las cmaras dispararon hacia el hospital y enviaron soldados a arrebatarles los rollos fotogrficos. A las 5:15 de la tarde se observaban los primeros heridos y varios muertos y el ejrcito continuaba la inmisericorde persecucin contra los obreros y los habitantes de Santa Brbara trataban de huir del lugar de la masacre.

El Teniente Vctor J. Jaramillo, al frente de un pelotn de soldados, cruzaba por un callejn que una la calle de la casa de Luis Eduardo Zapata con la Bomba Codi, para continuar la persecucin de los huelguistas. All despus de recibir varias descargas de fusiles y pistolas, cay muerta con un impacto de bala en su cabeza la nia de 10 aos Mara Edilma Zapata, quien hua aterrorizada por la balacera que el ejrcito desplegaba contra los trabajadores. Esta nia era hija del obrero y sindicalista de la fbrica Cementos El Cairo, Luis Eduardo Zapata, quien haba sido detenido esa maana en desarrollo de uno de los primeros altercados ocurridos en la carpa de los obreros. La persecucin prosigui. El ejrcito empez a allanar domicilios, en busca de los obreros, mientras otros pelotones de soldados se dispersaban por el hospital, el camino del Cauca, los cafetales, los almendros y el llano, continuando con la masacre. Los obreros estaban acorralados y muchos haban sido concentrados por el ejrcito en las carpas de la huelga.

Otros muertos y heridos se encontraban en cercanas de la bomba de gasolina Codi, enfrente y diagonal al Hospital Santa Mara, en el cafetal, y en las calles del barrio obrero, denominado Los Almendros. La masacre finaliz a las 5:30 pm aproximadamente. A las 6 de la tarde, cuando la noche comenzaba a caer, los comandantes del operativo dieron la orden de pasar las volquetas con el clinker, cuando todava estaba fresca la sangre de los obreros cementeros que haban sido masacrados. Sin embargo, el cobarde ataque del ejrcito sobre la poblacin de Santa Brbara se extendi hasta las 7 de la noche cuando se decret el toque de queda. Entre las 6 y las 7 de la noche los militares patrullaban las calles de Santa Brbara, allanaban casas y capturaban a los lderes de la huelga.

En Santa Brbara unas 80 personas fueron privadas de su libertad y en varios vehculos fueron trasladadas al Batalln Girardot. Incluso, el ejrcito emple un bus de color rojo, propiedad de Cementos El Cairo, para transportar a los detenidos. Se capturaba en forma indiscriminada a todos los habitantes de Santa Brbara. El balance final de ese trgico sbado 23 de febrero de 1963 fue terrible: 12 muertos, ms de cien heridos y decenas de detenidos.

Los responsables y la impunidad

A las ocho de la noche de ese sbado sangriento, la gobernacin de Antioquia neg que en Santa Brbara haya habido una masacre y expidi un comunicado en el que aseguraba que el ejrcito fue atacado sorpresivamente en un punto vecino a Santa Brbara. El ataque se hizo desde los barrancos de la carretera, desde los cafetales, y desde la misma va y en l se usaron revlveres, fusiles, armas automticas y piedras. Las Fuerzas Armadas repelieron el ataque y del choque resultaron tres sub-oficiales heridos con bala, ocho soldados con piedra, ocho muertos civiles, entre ellos una nia que recibi una pedrada, y numerosos heridos ms.

As se fraguaban las mentiras oficiales para justificar la masacre y responsabilizar a los trabajadores de una supuesta emboscada al ejrcito. Era tambin el comienzo de la impunidad, como producto de la cual los responsables directos de la masacre se presentaban como defensores de la patria contra los embates del comunismo internacional. Entre esos responsables se encuentran el gobernador de Antioquia, Fernando Gmez Martnez, dueo de El Colombiano, un peridico desde donde se calumni a los huelguistas; los militares, que cumplieron el papel de rompehuelgas y accionaron sus armas contra pacficos habitantes de Santa Brbara; Belisario Betancur, Ministro de Trabajo, quien respald a la empresa cementera; Eduardo Uribe Botero, Ministro de Gobierno y accionista de Cementos El Cairo; las camarillas sindicales de la UTC y la CTC, por su complicidad directa con la poltica antiobrera del Frente Nacional

El crimen cometido por estos personajes qued en la impunidad absoluta puesto que la exhaustiva investigacin que se realiz los declar inocentes y como compensacin por sus mltiples servicios a la patria (es decir al capitalismo criollo) fueron premiados con altos cargos en la administracin pblica, tales como embajadores en Washington, Ministros y uno de ellos alcanz la Presidencia de la Repblica, y fue responsable directo en la masacre del Palacio de Justicia en 1985.

La pregunta final es obvia: poda haber investigacin imparcial en el proceso de Santa Brbara bajo un rgimen antidemocrtico, excluyente, represivo y anticomunista que observaba cualquier protesta social como una accin subversiva contra el Estado? Evidentemente no, la investigacin fue toda una farsa y nunca se conden a los responsables de la masacre. Ms exactamente, nunca se realiz una investigacin de verdad, sino un simple simulacro, por lo dems propio de un pas de leguleyos santanderistas.

Con en este caso se comprueba que los actos judiciales no pueden convertirse en veredictos de tipo histrico, porque como lo ha dicho Carlo Ginzburg: Un historiador tiene el derecho de percibir un problema all donde un juez decidira un no ha lugar a proceder.

 



(*) Renn Vega Cantor y Andrs Juregui Gonzlez son historiadores colombianos, autores del libro "Sangre y Cemento", investigacin histrica sobre la huelga y masacre de trabajadores en Santa Brbara en 1963, recin publicado en Colombia por el Sindicato Unitario de la Industria de Materiales para la Construccin (SUTIMAC), en conmemoracin de los 50 aos de la masacre.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter