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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2013

Entrevista a Graziella Pogolotti
"Hay que construir un puente de confianza"

Ral Garcs y Rafael Hernndez
Revista Temas


Ni su autoridad como una de las intrpretes ms lcidas de la Cuba contempornea, ni su magisterio como formadora de varias generaciones, ni el respeto con que se le escucha entre artistas y polticos, han modificado la humildad sobrecogedora con la que recibe a Temas. A ratos, deja escapar frases como estoy tratando de aprender comprend la importancia de escuchar, como si la experiencia, las vivencias y el conocimiento solo fueran para ella permanentes puntos de partida. Tal vez por eso acepta con tanta naturalidad nuestra invitacin a conversar sobre asuntos polmicos de la realidad cubana actual. No soy filsofa aclara, y de inmediato da riendas sueltas a un dilogo donde cultura, economa y poltica se entrecruzan frente a la claridad conceptual de la ensayista, la vocacin pedaggica de la maestra y la sensibilidad de una mujer que, si bien est dispuesta a fundar caminos, tambin viene de vuelta de muchas batallas.

Temas: En un artculo suyo reciente (Algunas reflexiones sobre poltica cultural),1 usted alerta que la valoracin econmica del trabajo cultural no puede hacerse siguiendo los indicadores utilizados para la produccin mercantil. Cmo cree que podra conciliarse el discurso de la racionalidad, inherente a la actualizacin de nuestro modelo econmico, e imprescindible a nuestra sobrevivencia como nacin, con la necesidad cultural de no ponerle lmites a la creacin?

Graziella Pogolotti: Ambas cosas son conciliables, aunque, naturalmente, hay que encontrar las frmulas para hacerlo. Me parece de una urgencia primordial buscar esas soluciones econmicas, porque cualquier actualizacin del modelo econmico implica impactos sociales inevitables; y tiene tambin sus efectos en el plano de la cultura y en el de la economa, es decir, en el plano de la espiritualidad; ese es, digamos, el punto crtico.

En primer lugar hay que plantearse lneas estratgicas que conduzcan a un anlisis del comportamiento social, y por ende, cultural. Desde mi punto de vista, sociedad y cultura no se pueden separar. La cultura llega a su punto extremo de refinamiento en lo que estamos acostumbrados a llamar la creacin artstica y literaria, pero eso histricamente se ha sustentado sobre una relacin orgnica con los procesos sociales. Sin entrar a una conferencia acadmica, hay que reconocer que esta relacin no se revela solo en un pas como el nuestro, sino en la historia de la civilizacin y la cultura en los pases del llamado Primer mundo.

Si no se hace un diseo estratgico por lo menos provisional como puede hacerse en un trabajo de investigacin, partiendo de una hiptesis, que pueda ser modificada en el camino, no podemos encontrar las soluciones que yo llamara administrativas para el funcionamiento de la cultura.

En esa consideracin estratgica hay que tener en cuenta tambin las caractersticas de esta islita pequeita, situada al borde de un imperio poderoso, con todas las caractersticas de lo que Darcy Ribeiro llam pueblo nuevo, con una historia muy corta, donde la nocin de la conciencia nacional surgi hace dos siglos y se fue perfilando primero en los sueos de los intelectuales antes de empezar a fraguar en las guerras de independencia; ese es un proceso muy peculiar que nosotros no podemos olvidar.

La Revolucin se plante ese problema, aunque no lo formulara en trminos tericos, sino mediante una sucesin de decisiones de orden prctico. En el caso tuyo, Rafael, t fuiste alfabetizador y pudiste percibir, como muchos jvenes de tu generacin, el choque de culturas que haba en este pas, ms all de ensearle sobre todo a los campesinos el manejo de la letra. No era solamente eso, sino descubrir las distancias abismales que separaban a unos muchachos de origen ms o menos pequeo-burgus, procedentes de las ciudades, de esa otra realidad campesina, marginada, sin futuro. Por lo tanto, en el sustrato de la Campaa de Alfabetizacin, en 1961, aunque no furamos capaces de formularlo ninguno de nosotros, en trminos tericos estaba implcito ese vnculo cultura-sociedad.

Lo mismo sucede en las Palabras a los intelectuales, de Fidel. En ese discurso, cuando se est hablando de esa frmula tan repetida, dentro y contra, lo que se estaba debatiendo en realidad era la cuestin del realismo socialista. La preocupacin fundamental de los intelectuales del mundo de las letras y de las artes era que se impusieran normativas. Es lo que dice Virgilio Piera en su intervencin con aquello de que tenamos miedo; a lo que se le tena miedo era al modelo estalinista del realismo socialista. Sin embargo, el cuerpo mayor del discurso de Fidel no se centra en eso, sino en una nocin de participacin en el proceso de disfrute y de creacin de la cultura por parte de las masas: los instructores de arte fueron la frmula, una de orden prctico que probablemente no tuvo los resultados ms felices, precisamente porque tanto aqu como en otros referentes que pudiramos tener entonces, se segua pensando en la cultura artstico-literaria, y en ltima instancia en el trasplante de determinado modelo. Qu hicieron los instructores? Organizaron el Movimiento de Aficionados. Les llevaban a los aficionados lo mismo que se estaba haciendo en el mundo profesional, en lugar de escarbar y buscar cules eran las fuentes vivas de su cultura.

En un momento en que la situacin econmica va a traer tantas repercusiones no solo en el plano de lo que llamamos cultura en un sentido estrecho, sino tambin en el plano de la educacin, hay que rescatar estas fuentes vivas de la cultura, y tambin preservar el vnculo esencial entre tradicin y cambio, porque si renunciamos a determinados elementos de la tradicin y de la memoria, nos quedamos absolutamente desfasados, lo que quiere decir, para emplear un trmino popular, nos serruchamos el piso.

Cuando yo escrib ese trabajo al cual ustedes estn aludiendo, no pretenda abarcar la totalidad del problema, lo que hubiera sido imposible para m, pero s ilustrarlo con tres zonas fundamentales. Una de ellas es la conservacin del patrimonio. Nosotros sabemos, en primer lugar, cul es la situacin del patrimonio edificado ms all de la experiencia de la Habana Vieja, porque ese patrimonio no est nicamente en la Habana Vieja. En ese sentido, habra, quizs, determinadas frmulas. Una de ellas fue la que dise Eusebio Leal, consistente en beneficiar la preservacin del patrimonio con las ganancias del turismo. En el plano del turismo, todas las islas del Caribe tienen sol, playa, y en algunos casos tienen unos ambientes absolutamente paradisiacos. Pero nosotros, por la historia y el tamao de la isla, que es la ms grande del Caribe, tenemos un importante patrimonio edificado en muchas ciudades, no solo en las siete primeras villas fundadas por Diego Velzquez.

Ahora bien, hay otra zona del patrimonio que est en una situacin absolutamente crtica, el patrimonio documental. Ese es un problema que yo he tocado con las manos en la prensa, que est hecha polvo en nuestras bibliotecas, y en libros publicados, tanto en el siglo XIX, como en el XX. Esa preservacin requiere una subvencin del Estado; se trata de una inversin que tiene que hacer este, para preservar esa dimensin cualitativa, no mensurable, pero que tiene que ver con la esencia de nuestra historia, de lo que queremos defender, si no nos queremos convertir en una factora. El otro tema que yo abord tena que ver con la necesidad de plantearse los problemas y las soluciones de una manera integral. Esa es una palabra que usamos constantemente, pero como tantas cosas, no aplicamos. Yo usaba el ejemplo que tena ms cerca, el del mundo del libro y la literatura. La institucin literaria est desarticulada por completo; las editoriales preparan la edicin de libros ms o menos bien, pero esa accin editorial est desvinculada de la investigacin literaria, y lo que es ms grave todava, de la educacin. Mediante un proyecto de la Fundacin Carpentier, empezamos a hacer una contribucin a la superacin de los profesores de los preuniversitarios. Yo acabo de descubrir que este es el nico pas del mundo occidental donde no se estudia la literatura nacional. De qu estamos hablando cuando nos referimos al sentido de pertenencia, si nos encontramos con un programa de literatura en el cual la literatura cubana est subsumida en la universal, y que se pasa, por ejemplo, de estudiar a Jos Mart, solo como periodista, para abordar inmediatamente despus a Franz Kafka?

Y el ltimo tema que yo abord fue el del llamado trabajo comunitario, en busca de una posible sustentabilidad que no responda bsicamente a mecanismos mercantiles. Desde mi punto de vista, lo esencial en este trabajo es que no se puede establecer un modelo nico aplicable universalmente, sino hay que partir de la base hacia arriba y no al revs. Un ejemplo es lo que pasa con las parrandas de Remedios. Para los remedianos presentes y ausentes, es el acontecimiento fundamental en el curso del ao. Como se trata de una competencia entre dos barrios, se est trabajando en secreto durante el ao entero en un proceso que es extraordinariamente creativo. No s si en estos momentos reciben alguna subvencin, pero a travs de los aos ellos han encontrado recursos y apoyo en su propio entorno inmediato. En alguna instancia, hay que contar con lo que se deriva del turismo como beneficio tangible en una zona que incluye Remedios, Caibarin, los cayos, donde se puede ofrecer una satisfaccin mltiple del entorno, y en una ciudad que tiene, adems, un carcter colonial.

Si nosotros sumamos en la base, en el barrio, la cantidad de instituciones culturales, deportivas, educacionales que hay, encontraremos una infraestructura deteriorada, o al menos, parcialmente deteriorada. No es posible una complementariedad en el empleo de esa infraestructura, si se trata de satisfacer las necesidades e intereses prioritarios de la poblacin local?

Hay otro aspecto que no tiene que ver con la creacin artstica, sino con las llamadas empresas, que tambin tienen sus problemas. Si uno piensa en hacer rentable una editorial, tiene que contar con ttulos que tengan una respuesta en el mercado interno del pas. Pero en este momento existe una limitacin objetiva relacionada con la doble moneda. Si aspiramos a democratizar la recepcin de la literatura, no puedo vender los libros en CUC con los precios que tienen en otros pases, porque nuestros salarios no alcanzan para eso, y, por lo tanto, estaremos marginando a un sector importante de la poblacin, entre ellos los jvenes, los estudiantes, las nuevas generaciones. Lo que hace rentable al libro es la magnitud de la tirada. En el mundo entero, las grandes tiradas compensan las tiradas ms limitadas que hay que amparar con vistas a proteger un espacio para pblicos especficos, para experimentacin, etctera. Esa es la primera limitante.

Esta cuestin se hace an ms compleja cuando la situamos en el contexto internacional, donde no cabe la menor duda de que la cultura o la creacin se han convertido en mercanca como lo predijo Carlos Marx, que no est muy de moda, pero tena razn en muchas cosas. Y qu pasa en el mercado editorial internacional? Se ha producido una transnacionalizacin de las empresas editoriales, que en lengua espaola acabaron con la autonoma del mundo editorial latinoamericano. Cuando yo era joven, los libros que nosotros comprbamos procedan fundamentalmente de Argentina, que tena un espectro muy amplio de editoriales, y en segundo lugar, de Mxico. Eran empresas autnomas, con su propia poltica, su destinatario. Hoy en da esto se maneja como una inversin monda y lironda, con estudios de marketing y manejo de publicidad de todo tipo. Los medios masivos llegan a crear una expectativa en torno a un libro, y por tanto una demanda. El mundo de la msica, como se sabe, tiene un nivel de especializacin altsimo, y en los pases subdesarrollados forma parte de los grandes negocios. Y las artes visuales estn sujetas a otros mecanismos, suntuarios, especulativos, mucha gente en las subastas, que son las que determinan los valores, como si se tratara de la bolsa de Wall Street. Hay quien invierte en obras de artes visuales sobre todo en pocas en que las monedas y otras inversiones son menos seguras, porque se piensa que esa s es una inversin duradera y que quizs en el mercado an se puede ganar con el transcurso del tiempo.

Ese es el entorno en el cual nosotros nos movemos, y, efectivamente, necesitamos el desarrollo de estudios sobre las industrias culturales, que aqu no se hacen. Hace poco me hablaron de alguien que quera hacer un doctorado en Economa sobre ese tema, y le dijeron que no poda, porque no tena contraparte.

Temas: Las instituciones culturales cubanas han jugado un papel trascendente como mediadoras entre la poltica cultural revolucionaria y los creadores. Pero un escenario marcado por el impacto de las tecnologas y la necesidad de buscar fuentes alternativas de financiamiento ha obligado a muchos de esos creadores a fundar sus propios proyectos al margen o paralelamente a esas instituciones Qu desafos imponen los nuevos escenarios para la institucionalidad cultural de la Revolucin?

G. P.: Yo creo que al hablar de las instituciones y su papel mediador, hay que tener en cuenta el papel en la trasmisin de problemas y preocupaciones que, a partir de finales de los aos 80, ha desempeado la UNEAC, como factor mediador con la direccin poltica. La UNEAC ha puesto sobre la mesa unos cuantos problemas de la sociedad cubana, aunque no es la institucin preparada para dar respuestas, y creo que ese papel debe mantenerse y seguir desarrollndose.

En otro sentido, uno de los problemas que afectan la crisis institucional y existen en varias zonas del pas, es la prdida del profesionalismo. Los artistas hoy pueden establecer su propia va para encontrar un espacio en el mercado nacional, e incluso en el internacional, porque consiguen lo que se llama un representante ms o menos habilidoso, que ha ido aprendiendo las reglas del juego sobre la marcha. Esa habilidad no se encuentra en la mayor parte de las instituciones, con respecto a lo cual habra que reformular el diseo, la preparacin de los cuadros, el sistema de este trabajo. El ICAIC es un ejemplo de lo que est ocurriendo, y que, en este caso, responde, en lo fundamental, al impacto de las tecnologas. Hace treinta aos, para hacer una pelcula haba que mover una cantidad gigantesca de recursos, que implicaban cmaras, transporte, una logstica impresionante; hoy en da cualquier joven con una camarita de video hace un documental y puede hasta producir un corto dramtico. Dnde estara aqu el papel de la institucin? Ms que monopolizar el proceso productivo aunque el apoyo institucional tiene que seguir existiendo para pelculas con otras ambiciones, como se hace en todas partes del mundo, el papel de la institucin es gestionar una presencia efectiva en el mercado, en primer lugar, interno, as como externo.

Temas: Usted mencion que la UNEAC haba desarrollado una capacidad para identificar problemas, incluso algunos para los cuales no estaba capacitada en trminos de buscarle una solucin. Curiosamente, si uno mira para atrs, en el Perodo especial, en el arte, en la literatura, en la novelstica, en la cuentstica, en el cine, en el teatro, es donde se tratan primero algunos problemas, antes de ser expuestos o discutidos en ninguna otra parte. Ese fenmeno coincide, en el tiempo, con un nuevo dilogo entre la direccin poltica y los escritores y artistas, que, por cierto, no se da de igual manera con otros sectores de la cultura en un sentido amplio que usted ha mencionado. Los escritores y los artistas se vuelven interlocutores privilegiados de la direccin poltica en el contexto del Perodo especial. Podra comentar sobre esto?

G. P.: Sobre ese tema, como es lgico, yo tengo una visin en cierto modo parcializada, por haber estado involucrada en ese proceso. Esa nueva base de dilogo empez, efectivamente, con el Perodo especial, pero tiene el antecedente de la eleccin de Abel Prieto a la presidencia de la UNEAC.

Recuerdo que, cuando empezamos all, se dio el gran problema de la pelcula Alicia en el pueblo de Maravillas. Los escritores y artistas siempre han demandado cierto grado de atencin, porque son todos voces reconocidas. Qu se logr en aquel momento? Que ese vnculo eliminara los intermediarios. Los intermediarios, en una estructura de poder, desempean un papel importante, en la medida en que trasmiten estados de opinin sobre un sector, o sobre una personalidad. Se estableci un dilogo directo, en una situacin tan difcil como aquella, pues hay que tener en cuenta que el Perodo especial signific, en su primer momento, la paralizacin de todos los medios de difusin de la cultura, de las imprentas, la aparicin de soluciones como aquellos plaquettes con unas pocas hojas, en lugar de libros; se redujo drsticamente la produccin de cine, la presencia de la televisin, hubo problemas de desempleo en el sector artstico. Sin embargo, a pesar de esos problemas de orden objetivo, en todas las ocasiones hubo un dilogo, en un marco ms estrecho, como las reuniones del Secretariado de la UNEAC con Fidel, o en los Congresos y en los Consejos Nacionales. l trataba de no perderse ninguno; a veces no estaba oficialmente invitado y se apareca. Recuerdo una vez en que, por ahorrar dinero, nos reunimos en el MINCEX, en un saln que era muy incmodo porque tena columnas por el medio, de modo que impeda la visualidad. Fidel apareci all y empez diciendo: Pero, por qu se reunieron aqu en este lugar tan incmodo?, es que yo no puedo ver a la gente porque estn las columnas por el medio.

En la medida en que ese dilogo directo se fue fortaleciendo, se fue evidenciando tambin la profunda conciencia revolucionaria, el sentido patritico, nacional, de los escritores y los artistas, aun a veces en discusiones con cierto grado de tensin. Recuerdo la reunin de un Consejo Nacional donde se analiz el problema suscitado por la pelcula Guantanamera; pero hubo dilogo y fue un dilogo franco. O cuando se abord el tema del racismo, y hubo un momento de tensin bastante fuerte, a partir de los planteamientos de Tito Junco; sin embargo, eso puso sobre la mesa un problema que estaba ya hacindose sentir en la sociedad cubana, agudizado por el Perodo especial, que creaba diferencias en el nivel de vida, y aunque eran problemas en apariencia solucionados, no obstante, como sucede con la memoria colectiva, no desaparecen de un da para otro.

Por otras razones, este nivel de dilogo, efectivamente, no se ha establecido con otras reas; pero no puedo encontrar una explicacin, ms all de este carcter preponderante como voz pblica que pueden tener los escritores y los artistas, y la capacidad de establecer un dilogo que priorice los grandes problemas de la sociedad. En ninguna de estas reuniones nosotros pedimos computadoras.

Temas: Nadie duda de la centralidad que los medios de comunicacin tienen en la socializacin de la cultura contempornea. Cmo usted evala la relacin entre medios y vanguardias intelectuales en el momento actual de Cuba?

G. P.: Hay una incomprensin acerca del tipo de mensaje que corresponde a los medios masivos distribuir para dar a conocer. Es un mensaje con un sentido de inmediatez poltica que pierde casi siempre la nocin de la integralidad de los procesos.

Como ha ocurrido en otros campos, se han ido desarrollando parcelas. Y la voz del intelectual se queda fundamentalmente en otro sector, no cuenta con un espacio propio, como columnista en los medios. En los aos 40 y los 50, ese espacio se conoca con el nombre de pginas editoriales de los peridicos, en ellas escriban Jorge Maach, mi propio padre tena una columna en El Mundo, Ral Roa; eran voces ms o menos reconocidas en determinados mbitos, lo mismo poda ser el ms estrecho de la cultura en su sentido tradicional, o en torno a problemas de la realidad nacional. Como es natural, haba reglas del juego difciles, pero con las cuales cada uno saba hasta dnde poda llegar. Mi padre colaboraba en El Mundo, y l saba perfectamente que su pensamiento social no tena espacio en ese peridico; por lo tanto, se concentraba en la cultura y encontraba un resquicio de esa manera.

En la actualidad, sin llegar al fenmeno de Internet y otras derivaciones, la televisin ha sido un medio que, en todas partes, ha instaurado cierto modelo banalizador, que entraa una filosofa de la vida, un sistema creador. En ese terreno y esto tiene que ver con la falta de un pensamiento terico nosotros no hemos definido nuestro propio diseo. A partir de nuestro proyecto, debemos privilegiar en los medios determinados temas no me refiero a una retrica mbitos, variantes; eso no lo hemos encontrado. Nosotros damos una respuesta a partir de la demanda de la inmediatez. Se introdujeron las telenovelas, funcionaron, y ahora estamos con telenovelas hasta las orejas. Yo no tengo inconveniente, pero tiene que haber otras opciones.

Otra preocupacin que tengo es la de dnde est quedando, para los historiadores del futuro, el registro de lo que se est haciendo en Cuba en el campo de la cultura. Cuando un historiador, dentro de cincuenta aos, se plantee investigarlo, dnde va a encontrar las fuentes? Es indiscutible que la actividad cultural ahora es mucho ms extensa de lo que pudo serlo en cualquier otro momento anterior de nuestra historia; suceden cosas, y no solamente aqu en La Habana, pero dnde queda ese registro? Y cmo se convoca a los pblicos? Tenemos decenas de peas literarias. Quines asisten? Los amigos del homenajeado. Se est produciendo una autofagia que no logra conectar y reproducirse en un mbito mayor.

Entonces, el asunto de los medios es en extremo preocupante, entre otras razones porque no hay un pensamiento; porque sufrimos vaivenes; hay ideas como la de darle a la gente lo que le gusta, mientras que los gustos los estamos construyendo nosotros, no son espontneos. De manera que estamos cayendo en la misma banalizacin, menos sofisticada desde el punto de vista profesional.

Temas: Fernando Martnez Heredia, al recibir un premio otorgado por la AHS, dijo a la juventud: No permitan que prosperen dos Cubas en la cultura. Se refera a la tensin siempre presente entre una Cuba mercantilizada, mediocre y banal, y una Cuba rebelde y libertaria. Yo creo que es una tensin histrica de este pas, que est desde la misma fundacin de la nacin y que se reflej en los primeros cincuenta aos de la Repblica de modo singular. Qu singularidad usted ve a esta tensin en el momento actual de Cuba y cmo pesa sobre la juventud?,

G. P.: Lo que plantea Fernando efectivamente es un problema central. Yo quizs lo matizara en el sentido de que, en el plano de la cultura, no hay dos Cubas, sino varias, partiendo de los mismos presupuestos que yo antes he planteado. Y ciertamente, uno no puede ahogar el desarrollo de estas distintas culturas, no se trata de eso, sino de reconocerlas, definirlas, pensarlas y establecer un dilogo.

En la historia de Cuba, ha habido intelectuales que se plantearon ejemplarmente este tema, como por ejemplo, Fernando Ortiz. l reconoci que culturalmente haba otra Cuba; pero al estudiar el tema, desde el punto de vista de un intelectual formado en la alta cultura, estableci coordenadas que favorecan el dilogo entre estas distintas zonas. El problema est claro.

Una de las preocupaciones fundamentales que yo tengo en este momento se relaciona con la juventud, y con la necesidad de preservar una continuidad histrica, de abrirles horizontes, en el sentido de sus posibilidades de participacin y desarrollo en el contexto cubano. Para enfrentar este problema de la juventud, como ocurre a mi entender en muchas otras cosas, hay que eliminar las abstracciones. En primer lugar, me pregunto qu quiere decir joven. Hay un rango que llega hasta los treinta y cinco aos, no?

Temas: S, convencionalmente.

G. P.: Bueno, en ese rango de edades hay diferencias enormes, biolgicas en primer lugar, entre un muchacho que est en pleno brote de adolescencia y un joven que ya se est planteando su carrera profesional, que va a establecer una familia; se trata de mundos diferentes. Puedo tener cierta idea de lo que sucede con algunos jvenes en el universo que me resulta ms cercano los estudiantes universitarios; pero no s lo que piensa un joven campesino en este momento, no tengo la menor idea. De modo que lo primero que hay que despejar es el problema de a qu nos referimos cuando hablamos del joven.

En segundo lugar, hay que repetir algo que se ha convertido en un lugar comn, pero todava no se aplica en la prctica. Hay que saber escuchar, renunciar a cierto reflejo condicionado que hemos venido desarrollando en el tiempo, y que nos tiene siempre en guardia para dar una respuesta inmediata. El dilogo, la capacidad de escuchar no es eso; se trata de saber de dnde vienen esas preocupaciones e intereses de los jvenes, dejar que hablen y no sientan que pueda producirse a consecuencia de eso alguna forma de represalia. Hay que construir un puente de confianza. Te voy a hacer una ancdota personal. Cuando se construy el Partido en la Universidad, que fue un proceso complejo de asambleas de ejemplares, etc., ya terminado aquello, yo pude saber qu decan de mi persona algunos compaeros. Una de las cosas que decan es que yo saba escuchar, y que en la medida de mis posibilidades yo trataba de dar una respuesta; era algo que haba operado en m de manera inconsciente, tena que ver con mis caractersticas personales, con la curiosidad que me inspira el mundo que me rodea. Pero a partir de ah, me dije: Caramba, es verdad que eso es importante. Y eso no lo hemos sabido hacer.

En estos das, yo recordaba cules eran los reflejos condicionados que histricamente tenan los maestros. Uno de esos reflejos era que siempre los estudiantes tenan que sentir que t estabas a su lado en los momentos difciles. Recordaba una ancdota de Ricardo Alarcn, durante la poca de la reforma universitaria y los das de Girn, cuando el decano en la Facultad recin estrenada de Humanidades era Elas Entralgo. Al producirse el ataque de Girn, todo el mundo era miliciano, se acuartelaron primero en Zapata y G y, despus, haba que partir hacia el estadio universitario, donde les daran las indicaciones de lo que haba que hacer. Entralgo, en aquel momento, era un hombre ya maduro, al cual nosotros no lo sabamos, le quedaba poco tiempo de vida. Acostumbraba siempre a usar un traje gris, una camisa blanca y una corbata negra, segn l porque guardaba luto por la memoria de Arango y Parreo; y llevaba un maletn con sus papeles. Y vestido as parti para Zapata y G, con su sempiterno traje gris, y encabez la marcha de los estudiantes y profesores. Estaban todos con sus uniformes de milicianos. Y Alarcn, que estaba en la Junta de Gobierno de la Universidad en aquel momento, le dijo: Mire, doctor, usted no se involucre en esto, yo me hago cargo; y l respondi: No, yo tengo que estar junto a mis estudiantes. En la prctica, l no iba a hacer nada, porque no tena ni un revlver, pero era un smbolo moral.

Yo, en este momento, adems de ocuparme de la pelota como fenmeno cultural y social, estoy tratando de aprender algo sobre los distintos modelos educacionales. Creo que nuestro modelo de formacin, supuestamente venido de la Unin Sovitica, se basa en una concepcin psicolgica conductista. Esa no es la va adecuada. Aunque tengo pocos contactos personales con el mundo de la pedagoga y la psicologa, en particular de la psicologa de la educacin, estoy tratando de orientarme en ese sentido por lo menos para organizar un ciclo en la Fundacin Carpentier, que es el espacio del que yo dispongo, que aborde el tema de Cultura y Educacin, porque en este terreno hay que remover muchas ideas y mucha prctica.

Temas: Volvamos a lo tctico y lo estratgico en las relaciones entre cultura y sociedad. Al comenzar esta entrevista, usted nos hablaba de la Campaa de Alfabetizacin y otros hechos culturales de los aos 60, como acciones destinadas a resolver problemas perentorios y concretos de la poca, impelidos por los imperativos del momento de insertarse en la formulacin de un diseo de mayor alcance. Cincuenta aos despus, disponemos de esa visin estratgica para analizar los vnculos entre economa, cultura y poltica?

G. P.: El problema de los diseos tericos es en este momento una demanda inaplazable. Por eso publiqu ese trabajo sobre el Che,2 destacando que an en aquella terrible situacin de la guerrilla boliviana, l se preocupaba por plantearse problemas de orden terico, a pesar de que, cuando uno lee el Diario del Che en Bolivia, se da cuenta de que no hubo situacin ms terrible y ms dolorosa que la que ellos atravesaron all.

Ahora bien, en un mundo cada vez ms complejo, en una realidad nuestra tambin ms compleja porque estamos entrando en una sociedad heterognea, con muchos componentes, con caractersticas propias, se trata de algo inaplazable, que debe plantearse desde los distintos campos de las llamadas ciencias sociales. No tengo una idea muy clara de por dnde anda el pensamiento en esa rea. Me han llegado algunos comentarios acerca de lo que est sucediendo con la formacin de los economistas, a mi juicio muy preocupante. Segn me dicen, alcanzan un nivel tcnico bastante alto; pero han dejado de lado el nfasis en la economa poltica, y tambin en la historia de la economa cubana. Sin embargo, un economista no puede ignorar la historia de una economa que fue construida desde el inicio y fundamentalmente a partir del siglo XIX como un modelo dependiente, y las consecuencias que eso trajo en la formacin, como deca Juan Prez de la Riva, de una Cuba A y una Cuba B, que todava no hemos superado del todo. Esta es una de mis mayores angustias en estos momentos.

Porque la maduracin de un pensamiento terico no se hace en un da, sobre todo cuando tenemos que ir revisando muchas cosas, y replanteando en cierta medida nuestras premisas. En los aspectos tangibles, aplicables en la prctica, los resultados de ese rediseo no van a estar disponibles maana.

Notas

1. Graziella Pogolotti, Algunas reflexiones sobre poltica cultural, La Jiribilla, a. XI, n. 591, La Habana, 1-7 de septiembre de 2012, disponible en www.lajiribilla.cu (consultado el 30 de octubre de 2012).

2. Se refiere a El Che nos invita a pensar, publicado en Juventud Rebelde, La Habana, 6 de octubre de 2012.

Fuente: http://www.temas.cult.cu/articulo.php?titulo=Graziella%20Pogolotti:%20%ABHay%20que%20construir%20un%20puente%20de%20confianza%BB&autor=Ra%FAl%20Garc%E9s%20y%20Rafael%20Hern%E1ndez&datos=Temas&numero=72%20octubre-diciembre%20de%202012&link=revistas/72/004-010_Pogolotti.pdf&num=72&name=Mirar%20%28y%20ver%29%20desde%20la%20cultura



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