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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2013

Lo que Beatriz Talegn no dijo y debera haber dicho

Vicen Navarro
Pblico.es


Ha tenido amplia repercusin en la red el vdeo en el que Beatriz Talegn, Secretaria General de la Unin Internacional de las Juventudes Socialistas, critica a la Internacional Socialista (I.S.) por haber perdido su vocacin transformadora de la sociedad y del mundo, habindose apalancado en el poder, insensible a las necesidades de aquellos sectores de la sociedad que les vieron en su da como el instrumento que tales sectores (por regla general los ms vulnerables en la sociedad) haban utilizado en defensa de sus intereses. El simbolismo de que la reunin de la I.S. tuviera lugar en un hotel de cinco estrellas, con muchos de sus delegados llegando al hotel en coches de lujo, mostraba deca Beatriz Talegn- el grado de acomodacin al poder econmico y financiero, y su estilo de vida.

Beatriz Talegn sealaba, como indicador de esta prdida de capacidad transformadora, el hecho de que los movimientos pro democracia que han ido ocurriendo alrededor del mundo, habindose iniciado en el norte de frica, en Tnez primero y en Egipto despus, cogieron a la I.S. por sorpresa. En realidad, la I.S. era totalmente ajena segn la dirigente de las Juventudes Socialistas- a la movilizacin de las poblaciones de aquellos pases en busca de la libertad y de la democracia.

Me alegr or aquella voz de protesta y denuncia que puse en mi blog. La amplsima distribucin de tal vdeo parece reflejar una amplia aprobacin de tal denuncia. Hay un enfado generalizado entre las bases de los partidos socialistas con sus dirigentes, y era esperanzador que, por fin, aparecieran voces de protesta.

Ahora bien, habiendo dicho esto, me preocupa que la situacin es mucho peor que la presentada y denunciada por Beatriz Talegn. La acomodacin de muchos partidos socialistas al poder es peor que la denunciada por Beatriz Talegn. La distancia entre la narrativa del discurso oficial de los partidos socialistas, por un lado, y el estilo de vida y comportamiento de sus dirigentes, por el otro, ha alcanzado niveles muy elevados. Pero, repito, la situacin es mucho peor que esto, pues la I.S. ha sido en muchas partes del mundo la mayor sostenedora de las estructuras del poder. Es decir, su falta (o pecado como dicen los cristianos) no ha sido por omisin, sino por comisin. Los partidos de la I.S. jugaron un papel clave en el mantenimiento de aquellas estructuras dictatoriales que generaron las protestas populares. Hay que recordar que el partido que diriga el dictador de Tnez, Ben Al, perteneca a la I.S. Y lo mismo ocurra en Egipto, donde el partido que diriga el dictador Mubarak era tambin miembro de la I.S. En estos pases, los partidos que dirigan la dictadura eran partidos que se llamaban socialistas y que haban sido admitidos en la I.S. No fue hasta el momento en que millones de personas salieron a la calle en aquellos pases cuando la I.S. los desaprob. Por qu los admiti?

La respuesta a esta pregunta es fcil de dar, viendo el comportamiento de los pases miembros de la I.S. en Amrica Latina. En un excelente artculo, The Socialist International: What is it good for?, Social Europe Journal. (08.02.13), por desgracia no publicado en Espaa, David Lizoain muestra la activa colaboracin, cuando no liderazgo, que los partidos miembros de la I.S. han tenido en la aplicacin de las polticas neoliberales en aquel continente, promovidas por el Fondo Monetario Internacional, que impusieron enormes sacrificios a las clases populares, sacrificios que generaron grandes protestas en muchas ocasiones reprimidas por los Estados gobernados por partidos miembros de la I.S., causando muerte y miles de asesinatos. En Venezuela, el gobierno del Partido Accin Democrtica, miembro de la I.S., llev a cabo polticas duras de austeridad, que generaron unas protestas brutalmente reprimidas (con ms de 3.000 muertos), siendo Ministro de tal gobierno el Sr. Moiss Nam, hoy comentarista para Amrica Latina de El Pas, sin que tal supuesto defensor de los derechos humanos dijera ni po. Algo semejante ocurri en Mxico, donde el PRI (tambin miembro de la I.S.), otro partido socialista gobernante, corrupto y profundamente represor, fue responsable de un gran nmero de matanzas de obreros que protestaron en contra de las polticas de austeridad impuestas por tal partido gobernante. Y lo mismo ocurri en Bolivia y otros pases. En realidad, fueron tales protestas las que crearon como respuesta la eleccin de partidos de izquierda que han revertido aquellas polticas, y que continan gozando de gran apoyo popular, llevando a cabo polticas opuestas a las que aquellos partidos gobernantes, supuestamente socialistas, impusieron a sus poblaciones. Ninguno de estos partidos, ahora gobernantes, es miembro de la I.S., a la cual ven como parte del problema y no de la solucin.

La I.S., incluido el PSOE, ha intentado diferenciar a estos partidos gobernantes, separando a los buenos, como los partidos de izquierda de Brasil, Uruguay o Chile, de los malos, como Venezuela, Ecuador o Bolivia, divisin bastante irreal y que no corresponde a la situacin actual. Lula fue y contina siendo el gran defensor de Chvez, habindole definido como el mejor Presidente que Venezuela haya tenido.

Los partidos socialistas europeos pagan un coste en su credibilidad cuando (leales a los partidos socialistas latinoamericanos que se convirtieron en los baluartes de las polticas de austeridad) critican con gran hostilidad las reformas de partidos gobernantes como el presidido por Hugo Chvez, al cual han demonizado. El Presidente Chvez es sumamente popular entre las clases populares de Venezuela.

La urgente y necesaria autocrtica de tales partidos

Una ltima observacin. Con frecuencia recibo crticas por referirme a los partidos que se autodefinen como socialdemcratas que han gobernado el Estado espaol y las CCAA como partidos de izquierdas. El hecho de que muchas de sus polticas econmicas no hayan sido socialistas cuando gobernaron explica que se considere mi definicin de tales partidos como partidos de izquierda como errnea. Pero un partido es mucho ms que su direccin o incluso su burocracia o nomenclatura. Un partido es una institucin colectiva que la constituyen sus miembros, simpatizantes y votantes, que comparten una cultura, una narrativa y una historia. La mayora de militantes y votantes de tales partidos son personas que son y/o se consideran de izquierdas. Y las encuestas crebles muestran que, en general, las bases de aquellos partidos, as como sus simpatizantes, adoptan, creen en y simpatizan con los valores de izquierdas. En realidad, el gran desencanto de tales bases explica el deterioro electoral de tales partidos.

Es un error que, en partidos tan poco democrticos como son los partidos polticos de Espaa, se consideren las decisiones de sus dirigentes como representativas de las opiniones de la mayora de sus militantes, simpatizantes o votantes. De ah la paradoja de que partidos de izquierda estn desarrollando polticas de derechas. Ahora bien, la lealtad institucional y cultural tiene sus lmites. Y el enorme desencanto de las bases con tales partidos explica su gran declive. El caso del partido socialista italiano es el ejemplo ms claro de ello. En realidad, el mayor problema de tales partidos es la creciente distancia entre sus aparatos y sus bases. Un nmero muy elevado de tales aparatos son profesionales con ttulos universitarios que desarrollan contactos y complicidades con las instituciones que dominan la vida poltica y econmica del pas. As, las polticas econmicas suelen llevarlas a cabo no personas que provienen de las bases de tales partidos, sino profesionales procedentes de las instituciones que dominan las culturas econmicas del pas. Se establece as una puerta rotatoria entre profesionales de los partidos socialistas y las instituciones del sistema financiero y econmico que est alcanzando unos lmites escandalosos. La gran mayora de economistas que trabajaron en las administraciones socialistas de elevado poder decisorio estn hoy trabajando en las empresas, en la banca y en las asociaciones empresariales que configuraron la estructura del poder financiero y econmico del pas. Y ah est la raz del problema: la captura de las lites gobernantes en tales partidos por los intereses econmicos y financieros que dominan la vida poltica del pas.

Vicen Navarro. Catedrtico de Polticas Pblicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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