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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2013

Otra economa, otra poltica, otra izquierda

Jose Luis Coraggio
ALAI AMLATINA


En cierto sentido, Amrica Latina experimenta una suerte de primavera econmica, con trminos del intercambio favorables para las economas nacionales, que vuelven a re-colocarse en la divisin internacional del trabajo como productoras de materias primas con posibilidad de captar significativas cantidades de renta internacional. De hecho, se da un proceso de industrializacin interno a las actividades primarias, aplicando tecnologas basadas en innovaciones espectaculares, pero en general con expulsin o precarizacin del trabajo e irreversible destruccin de los ecosistemas. Es decir que la denominada nueva cuestin social no se resuelve por s sola con estos cambios en la insercin econmica. La captacin de renta a nivel mundial no debe verse sino como un remanso dentro de la crisis epocal que enfrenta el mundo y particularmente esta regin.

Esa crisis incluye, pero no se agota en ella, la de la institucionalidad del capitalismo y su capacidad de integracin de las sociedades nacional y ahora global. Su estrategia de globalizacin con predominio absoluto del capital financiero, especulativo, expoliador y cortoplacista se muestra destructora de los lazos sociales, polarizadora a nivel internacional y militarizadora de las relaciones econmicas. Avanzar en la resolucin de esa crisis supone transformaciones fuertes, particularmente en lo relativo a la economa, pero no menos importante en lo que hace a la poltica. Porque, de dnde sino va a surgir la fuerza capaz de contrarrestar la fuerza del capital global y los Estados dedicados a impulsarlo siguiendo los dictados del Consenso de Washington? Pues el capitalismo, lejos de tener a la democracia como correlato poltico, la usa como fachada del principal sistema de dominacin vigente hoy en el mundo. Como deca Polanyi, la economa que corresponde a una democracia es una economa socialista, slo que an estamos buscando el modo de definirla y las vas para construirla.

El programa neoliberal de expansin y profundizacin del mecanismo de mercado, dando al Estado la funcin de facilitar, si es que no de imponer, ese proceso de mercantilizacin de la vida, no ha cejado y sigue siendo hegemnico, al punto que los mismos procesos polticos de orientacin popular que han marcado la ltima dcada no logran escapar al sentido comn legitimador del sistema. El crecimiento, la eficiencia y el productivismo en trminos del valor de las mercancas producidas ao a ao con relacin al trabajo invertido, sigue siendo un criterio central con que se autoevalan esos procesos. Sin duda que se agrega el criterio de equidad o de mayor igualdad, pero esto no se aleja demasiado de la idea del derrame, no dejado ya al mercado sino impulsado por el Estado y sus polticas sociales focalizadas o, en algunos casos, con tendencia a generalizarse.

La justificacin del primer criterio es que constituye la condicin de posibilidad del segundo, evitando un recrudecimiento de las luchas internas por la redistribucin no ya de los ingresos sino de las riquezas y los activos productivos. En cambio, la mayor captacin de renta tiene como componente poltico principal la redefinicin de las relaciones con el capital extranjero que vena monopolizando esas actividades. Si bien se amengua la presin a la baja del costo directo del trabajo, caracterstica de la competitividad espuria (CEPAL), no se supera el modelo extractivista, desde la minera hasta las fuentes de fertilidad de la tierra. Este segundo componente de la cuestin que enfrentan las sociedades en un mundo irreversiblemente global, no reducible a la denominada cuestin social (Mora), es el de la irracionalidad capitalista que amenaza con agravar las consecuencias de su desprecio por los lmites a la acumulacin pero tambin a la reproduccin de la vida. Esto no est desligado del modo social de consumo, tanto en lo material como en lo simblico, y constituye un componente crtico de la construccin de hegemona en estos procesos, como mostr la experiencia de la Nicaragua Sandinista. En todo caso, est en discusin si esas estrategias suponen una reforma al estilo del desarrollismo nacional precedente al neoliberalismo, o un desafo mayor al sistema capitalista.

Las propuestas que se vienen sistematizando de Economa Social y Solidaria, tanto en el sentido de la Constitucin del Ecuador (el sistema econmico es social y solidario) como del sentido de prcticas de promocin o surgimiento, consolidacin y desarrollo de formas no capitalistas de organizacin econmica, dan al sistema que institucionaliza el proceso econmico otro significado. A diferencia de una economa que ubica al mercado como institucin total, conducente a una sociedad de mercado, necesariamente injusta y frgil en su cohesin, se trata de definir combinaciones sinrgicas de una diversidad de principios de organizacin econmica, relativos a la organizacin del trabajo, la relacin entre trabajo y propiedad de medios de produccin, la calidad del metabolismo socio-natural (intercambio restitutivo o extractivismo), el peso de la complementariedad/solidaridad/cooperacin respecto al de competencia catica, la distribucin primaria (muy ligada a la propiedad colectiva o privada individual de los medios de produccin y a los mecanismos de determinacin de los precios relativos, especialmente de la fuerza de trabajo, la tierra, el dinero y ahora el conocimiento privatizado), la redistribucin (progresiva o regresiva) a partir de autoridades centrales, los intercambios segn reglas de reciprocidad (desde la minga(1) hasta los sistemas pblicos de seguridad social) o de comercio (justo o no) y mercado (para el cual los criterios de justicia son una irracionalidad), de consumo (responsable o ilimitado), y finalmente de coordinacin (combinaciones de planificacin estatal, social, comunitaria y mercado). Tal combinacin no puede ser el resultado de cierta evolucin natural sino de una construccin poltica de las sociedades (como lo fue la construccin de las actuales economas por el proyecto neoliberal iniciado en 1973 en Chile).

Considero que para las concepciones de economa alternativa que puede asumir una izquierda renovada, lo poltico y lo econmico no pueden separarse, ni ya limitarse a mbitos nacionales. En ese sentido es promisorio el desafo de construir la Unin de Naciones Suramericanas -UNASUR-, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amrica -ALBA- o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeos -CELAC-, impulsados desde esos procesos en confrontacin con la estrategia de globalizacin capitalista y sus organizaciones polticas (Mora, Rauber). En tanto la concepcin sustantiva de economa pone como sentido de la institucionalizacin del proceso de produccin, distribucin, circulacin y consumo el resolver la reproduccin de la vida digna de todas y todos, al partir de una situacin de extrema desigualdad, de pobreza y concentracin de la riqueza inditas, lo poltico se vuelve central. Es importante, por ejemplo, definir el papel de los sectores medios en estos procesos. Lo que tiene mucho que ver con las posibilidades de consumo que permita el proceso de transformacin. Y que las mayoras puedan expresarse y ser la base de nuevos sujetos sociales y polticos que impulsen otra sociedad y otra economa requiere ms y mejor democracia. En la mayora de los procesos con sentido popular antes mencionados se avanza de manera significativa en el cumplimiento de las normas de la democracia electoral, pero poco en el desarrollo de formas de democracia participativa, sosteniendo en cambio modelos presidencialistas que se pretende justificar por la necesidad de lograr unidad bajo una estrategia que define el poder poltico concentrado. Todo esto est sujeto a variaciones no despreciables, pues no es lo mismo Argentina que Brasil, ni Uruguay que Bolivia o Ecuador, ni ninguno de ellos que Venezuela (Vargas-Arenas) o que Cuba en su actual proceso de transicin (Rauber).

Si la economa debe proveer las bases materiales para cualquier transformacin social y poltica progresista en este momento de transicin epocal, es preciso preguntar cul es la utopa realista de esa otra economa, base de otra sociedad y otro modo de institucionalizar lo poltico. Y en particular qu proyecto econmico tiene o puede tener la izquierda. Esto nos lleva a re-preguntarnos qu es la izquierda en este momento y cules son sus desarrollos posibles. Compartimos la idea de que la modernidad tuvo su propia izquierda, finalmente institucionalizada. Y que el socialismo del siglo XX propuso un modelo de otra economa, centralmente planificada, y/o fuertemente reguladora de la propiedad privada y de la libertad de mercado, pero que comparti con el capitalismo el mismo modelo de industrializacin, de eficiencia, de extractivismo. Que, por otro lado, no super el economicismo en sentido limitado (bienestar=acceso creciente al consumo, racionalidad=oportunismo individualista, lazo social=intercambio competitivo) ni las formas de discriminacin o el sistema patriarcal (Quiroga Daz y Lpez Correa) que hoy constituyen reivindicaciones particulares con pretensin de universalidad de diversos movimientos sociales.

El sentido declarado de la poltica de izquierda sigue siendo la igualdad, pero est claro que no puede avanzarse hacia ella sin transformar profundamente las estructuras econmicas, sin mucha ms y mejor democracia, sin atacar los sistemas de dominacin, sin transformaciones culturales contra-hegemnicas. Varios de esos procesos se autodenominan revoluciones (Bolivia, Ecuador, Venezuela), pero aquella idea de una vanguardia revolucionaria que tome el poder centralizado para desde all dirigir las transformaciones econmicas que conducirn a otras relaciones sociales ya ha demostrado ser un camino no conducente. Por otro lado, el desarrollismo enmarcado en una concepcin crtica de la relacin centro periferia puede ser reflotado y aggiornado (Rendn, Cordera) y en convivencia con l (aquel proyecto social-demcrata?) habr que armar alianzas, pero el vector que abren los nuevos movimientos sociales traer inevitablemente tensiones pues el mismo concepto de desarrollo est en cuestin (Rauber). Tensiones que se manifiestan como conflictos entre los movimientos sociales que lideraron las transformaciones institucionales para orientar la sociedad hacia otro futuro, por un lado, y las tendencias al pragmatismo inmediatista de la izquierda gobernante por el otro. Tensiones y conflictos que no son caprichosos, pues reflejan contradicciones objetivas de estos procesos en este contexto mundial.

Sin embargo, es preciso superar el falso dilema mercado-Estado o pretender substituirlo por la igualmente falsa opcin Estado-sociedad. La sociedad civil es parte del Estado en el sentido gramsciano de Estado ampliado, y lugar de confrontacin hegemona-contrahegemona. Una de las fuerzas culturales ms potentes del sistema capitalista es la de los valores mercantiles introyectados en todas las prcticas sociales, la privatizacin/mercantilizacin de la vida en todos sus aspectos (educacin, salud, seguridad, artes, deportes, y todas las condiciones esenciales de la vida). Luchar contra esa fuerza no implica pretender abolir el mercado. Recuperar la soberana monetaria reduciendo la capacidad de emisin de dinero-deuda por el sistema financiero privado es otra accin urgente. Para avanzar en la construccin de otro sistema econmico, todas estas acciones requieren construir su legitimidad social y, para ello, mostrar la viabilidad y conveniencia de sus resultados en nombre del bien comn. Nada de esto se da sin conflicto, incluso si es que no principalmente- entre las diversas versiones de la izquierda.

Una va para resolver estos conflictos paralizantes es enfrentar un desafo mayor: constituir el pueblo como convergencia de las reivindicaciones de los nuevos movimientos sociales plenamente reconocidos como sujetos polticos, y hacerlo buscando una articulacin con un sistema poltico representativo que no se reduzca a la necesaria lucha electoral o a las tentaciones clientelistas. Esto, por ejemplo, pone a la izquierda gobernante lmites estrictos a los modos de implementar los imprescindibles procesos de redistribucin, restableciendo y superando el sistema de derechos sociales que el neoliberalismo destruy tan eficazmente. Y realzando que uno de esos derechos es el de acceder a medios de produccin bajo formas asociativas, comunitarias, a cogestionar los pblicos con el Estado, a participar real y no vicariamente en las decisiones econmicas crticas en el mediano y largo plazo.

Otra economa requiere cambios institucionales en la normatividad jurdica (como las nuevas constituciones o la restitucin del derecho a nacionalizar actividades y recursos crticos) pero tambin culturales, que hoy podran ser ilustrados por la posible hegemona de las propuestas del Buen Vivir o el Vivir Bien. Pero adoptar esta nueva filosofa (Elizalde) requiere concretarla, encontrar las mediaciones con el accionar concreto de gobierno y sociedad civil, y con la transformacin de las prcticas econmicas cotidianas de los actores econmicos. Puede adelantarse que, al menos durante una larga transicin, no se trata de soar una economa del ocio, sino del trabajo emancipador, contrapuesta a la economa del capital. Que debe admitir la diversidad (Mora) y no pretender imponer modelos nicos de organizacin econmica (economa domstica, familiar, comunitaria, cooperativista, pblica, privada, gestin de los bienes comunes), mxime admitiendo que lo econmico es pluridimensional y no meramente crematstico. Y que estamos iniciando un proceso de exploracin y aprendizaje y no implementando soluciones con pretensin de verdad universal.

- Jos Luis Coraggio es Director Acadmico de la Maestra en Economa Social (MAES), ICO/UNGS, Argentina. Es coeditor de la entrega No. 482 de Amrica Latina en Movimiento.

(1) Minga: trmino andino para el trabajo colectivo comunitario.

http://alainet.org/active/61755


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