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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2013

A propsito de las coces de Joan Rosell
Parasitismo empresarial

Ricardo Rodrguez
Rebelin


Lo volvi a hacer, unas semanas atrs. El jefe de la patronal solt tres tpicos tabernarios y todos camos en la provocacin. De nuevo logr que hablsemos de lo que a la lite empresarial le interesa que sea el asunto del da: los funcionarios vagos, los parados gorrones y los jvenes que quieren la vida regalada. Sorprende que a estas alturas continuemos siendo tan cndidos.

Al portavoz de los grandes empresarios espaoles le encanta abrir debates. Sus recomendaciones son simples. Mandar a los funcionarios a casa con un subsidio es la reproduccin exacta del sistema de cesantas del siglo XIX, que es justamente el de la Administracin corrupta del caciquismo que denunciaba Larra, entre otros. Conviene recordar una vez ms que la Espaa del vuelva usted maana era la de la poca en que los funcionarios podan ser mandados a casa a placer por cada Gobierno de turno, y que para evitar esa inoperancia se ide la seleccin de los funcionarios en procedimientos objetivos segn los principios de publicidad, igualdad, mrito y capacidad. No estara de ms que a nuestros grandes empresarios se les sometiera a exmenes de naturaleza similar a los que han de superar los empleados pblicos. Igual nos evitbamos muchos sustos. El correlato lgico y natural del sistema de seleccin objetivo en que se funda la independencia de la Administracin Pblica lo constituye la inamovilidad del funcionario por el poder poltico y su sujecin a estrictos mecanismos de evaluacin del desempeo profesional.

En lo que a las estadsticas se refiere, la supresin de aquellas cuyo resultado no gusta, como pudiera ser la Encuesta de Poblacin Activa, entra dentro de las prcticas habituales de cualquier dictadura que se precie. Para la CEOE la informacin pblica y en general la democracia son un engorro, un gasto superfluo. Lo importante no son los datos, como no lo es el significado de las palabras, sino saber quin manda, que dira Humpty Dumpty.

Y luego est la monserga de los llamados miniempleos -uno de los ms peligrosos lastres de la economa alemana, por cierto, un inquietante foco de generacin de millones de marginados sociales permanentes- y la baladronada esa de que es capaz de cambiar en una semana toda la legislacin laboral. Que el jefe de los patronos necesite una semana para suprimir todos los derechos de los trabajadores de nuestro ordenamiento jurdico es una prueba ms de su ineptitud; si es por eso, yo me atrevo a hacerlo en menos de media hora; el orden jurdico del canibalismo no requiere de grandes meditaciones. Ms bien, el pensamiento le estorba.

A esto se le llama en los tiempos de dominio de los bastardos que sufrimos abrir un debate. A Hitler le hubiese entusiasmado la coartada en los aos treinta, cuando ya llevaba muy avanzada la apertura del debate sobre los judos en Europa.

Y no es que no haya que responder con puntualidad y contundencia cada vez que rebuzna uno de estos esclavistas modernos que se llaman a s mismos liberales. Lo que no hay que hacer es quedarse en el terreno de batalla que ellos han dispuesto. Porque si admitimos que el debate se halla en la reforma de la funcin pblica, en la legislacin laboral o en la metodologa de la EPA, habremos comenzado a comernos el pastel por la esquina que ellos, los Rosell y los Daz-Ferrn del pas, anhelan. Cambios habr que hacer en todos esos campos, desde luego, pero no tenemos por qu discutirlos con el jefe de los empresarios y mucho menos acometerlos cuando y como l disponga.

De entre las mayores estafas de la transicin espaola que sigui a la muerte de Franco, parece que nadie quisiera abordar la que probablemente reviste ms gravedad: la pervivencia sin alteracin alguna al frente de nuestra economa del mismo empresariado franquista, arcaico, burocratizado, esclertico y esclavista que domin el pas por regala del Estado durante dcadas y que solamente haba visto amenazados sus privilegios en los turbulentos pero esperanzadores aos de la Segunda Repblica. Un empresariado parasitario, rentista en el peor sentido de la palabra, compuesto por familias de ineptos y dbiles mentales, al que nadie, y menos que nadie los grandes sindicatos, ha pedido cuentas nunca.

Pues ya va siendo hora. Resulta incomprensible que los representantes de CC.OO. y UGT hayan aceptado una y otra vez sentarse a negociar reformas laborales, invariablemente centradas en destrucciones mayores o menores de derechos, sin exigir que se comience por una reforma en profundidad del empresariado espaol, cuya rigidez y obcecada resistencia al cambio constituyen los verdaderos males de nuestra economa y la ms profunda causa de nuestro escandaloso volumen de desempleo. Y toda la ciudadana tiene derecho a que se inicie este debate, aunque solo sea por la incontestable certeza de que no exista ni un gran empresario espaol capaz de sobrevivir sin succionar cantidades astronmicas de recursos pblicos en forma de subvenciones, desgravaciones fiscales, adjudicaciones de servicios o regalos de empresas privatizadas.

En un reciente y muy recomendable artculo (El mito de las reformas en Alemania, El Pas , 4 de enero de 2013), el profesor de sociologa de la Universidad de Oviedo Holm-Detlev Hhler explicaba la diferencia existente entre los grandes empresarios industriales germanos y los espaoles, diferencia que dara cuenta de por qu la economa alemana ha resistido mejor los embates de la crisis, a despecho de las reformas acometidas por la casta poltica del rgimen, que padece de la misma incompetencia en Alemania que aqu, sin que quepa salvar a la sobrevalorada ngela Merkel, ni por supuesto a su siniestro ministro de Finanzas. Afirma el profesor Hhler que en las grandes empresas industriales alemanas se posibilita la participacin en la gestin de los trabajadores por medio de sus sindicatos y se negocian con ellos las reorganizaciones de la empresa, medidas de mejora de la produccin y de flexibilidad de horarios, que se computan anualmente. De tal manera que, en las pocas de bonanza, las empresas aprovechan las mayores ganancias para invertir en mejoras tecnolgicas que impulsen su productividad, mientras que en los periodos de depresin se acuerdan reducciones de jornada y aprovechamiento del tiempo sobrante en la formacin de los trabajadores, lo que permite que se conserve el empleo cualificado dentro de la empresa y la posicin ventajosa de la misma en el mercado. Por el contrario, los grandes empresarios espaoles se limitan a contrataciones masivas de trabajadores sin derechos y con bajos salarios en los das de prosperidad, para luego despedirlos tambin masivamente cuando se precipita la crisis. De modo que jams invierten en mejoras tecnolgicas ni en empleo cualificado; pueden competir con los talleres multitudinarios de esclavos del Tercer Mundo, pero jams podrn hacerlo con la moderna industria europea. Su participacin en sectores tecnolgicos ms avanzados ha de basarse, significativamente, en la subcontratacin, sobre todo para cazar las correspondientes subvenciones y desgravaciones fiscales.

Las empresas alemanas representan a la moderna burguesa industrial centroeuropea en un mundo capitalista en crisis, por supuesto. Pero es que nuestra tragedia estriba en no haber alcanzado ni tal punto del desarrollo histrico; nosotros llamamos empresarios a un estamento que concibe su funcin de liderazgo social como la de seores feudales, o an peor, porque ni siquiera asumen la obligacin de proteger a sus vasallos de enemigos exteriores.

Poco puedo decir yo de los empresarios alemanes; imagino que el profesor Hhler sabr de lo que habla. Pero s podra ofrecer, quiz, testimonio de cierto valor acerca de los empresarios espaoles, con los que he tenido que tratar a lo largo de ms de veinte aos de ejercicio como funcionario de Hacienda (soy, efectivamente, un gastador de folios y bolgrafos, segn la representacin del universo de Joan Rosell).

Mi experiencia, si es que posee algn valor, desmiente por completo la imagen habitual de los gestores de las grandes empresas privadas como guilas de las finanzas, incluso en la versin de ejecutivos despiadados y manipuladores geniales. La tica, desde luego, no es una virtud que uno vea florecer en demasa, pero tampoco el talento abunda. Gordon Gekko, el personaje de Michael Douglas en la pelcula Wall Street , es una figura diablica y pica que despierta en nosotros en idntica proporcin temor y reverencia, pero en nuestro pas no se corresponde con ningn tipo real. En nuestra realidad, su lugar lo ocupan vulgares mamarrachos que basan su enriquecimiento en el trfico de influencias facilitado por polticos y funcionarios convenientemente sobornados.

Por supuesto, en este alto nivel, lo que llamo mi experiencia se limita a los efectos de las decisiones empresariales. Los ejecutivos no acostumbran a tratar personalmente con simples funcionarios gastadores de folios y bolgrafos. Pero la cosa no mejora mucho si se desciende al escaln de los abogados, los contables y los departamentos financieros, salvo honrosas excepciones. Desde el principio me pareci inslito el escaso esmero que nuestras empresas privadas ponen en la organizacin de sus cuentas. No es raro que, si uno desea conocer cmo se ha elaborado el balance de una sociedad mercantil, tenga que acabar hablando por telfono con un administrativo o un auxiliar de la empresa porque el director financiero o el jefe de contabilidad no saben responder a preguntas concretas y elementales. No es raro tampoco que las empresas rehagan sus cuentas anuales varias veces, y tengan que depositar media docena de modificaciones en el Registro Mercantil en apenas unos meses e instar otras tantas rectificaciones completas de la declaracin de Impuesto sobre Sociedades. Porque se ajustaron mal los desfases del Plan General Contable de 2007, porque no se saben calcular las provisiones, porque se ignora lo ms bsico del funcionamiento del IVA, porque se les colaron dos milloncitos en una amortizacin, o contabilizan invariablemente mal las primas que cobran los directivos, o porque, simplemente, alguien de la empresa olvid formalizar la solicitud de devolucin de medio milln de euros. En la medida en que, salvo los jvenes becarios, uno va viendo desfilar por la oficina a los mismos abogados y contables, es de esperar que, cuando la empresa pierda dinero por las pifias de contabilidad, a quien se despida sea al auxiliar o al administrativo.

Por semejantes meteduras de pata podra abrirse expediente de responsabilidad patrimonial a cualquier funcionario pblico y exigirle que pagara de su bolsillo el quebranto econmico que fuese consecuencia directa de sus errores. Claro que, en la Administracin Pblica, igual que en la empresa privada, los directivos suelen quedar a salvo de responsabilidad. Y no es de extraar, por ello, el fenmeno de la llamada puerta giratoria entre el sector pblico y el privado: para moverse con soltura a un lado y otro de la puerta, si se dispone de la adecuada agenda de relaciones con el poder, el grado de incompetencia es perfectamente homologable. Ahora bien, en la Administracin Pblica an pervive un nivel mnimo de solvencia tcnica que desaparecer tan pronto como, segn los anhelos de Joan Rosell, se consiga que los funcionarios no afectos al rgimen sean enviados a su casa, con o sin subsidio.

La ineptitud en la contabilidad y la gestin fiscal de las empresas no es ms que un caso particular de la ineptitud generalizada. Los grandes empresarios espaoles constituyen una casta carente de responsabilidad; las catastrficas consecuencias de su inutilidad las pagan con prdidas de derechos millones de trabajadores y trabajadoras que s cumplen en su abrumadora mayora y de manera diligente la tarea que les compete, as como casi todos los contribuyentes con su ruina.

En los primeros meses de la crisis, el antiguo ministro y actual presidente de la Fundacin Everis Eduardo Serra asegur en un coloquio televisivo que, dado que Espaa careca de una industria de alta tecnologa que pudiera competir con los ms avanzados pases europeos, deba necesariamente conquistar una posicin en el mercado con bajos salarios y menos derechos laborales. Y es curioso que se hable de la falta de desarrollo tecnolgico como de una condicin dada, a semejanza del clima o la aridez de la tierra en un poblado del Neoltico. Nuestro sistema educativo pblico, se que ahora se empean en destruir, ha formado a excelentes ingenieros que contratan con gusto empresas alemanas o britnicas, dado que las empresas espaolas aspiran a explotarlos con jornadas insoportables y salarios de miseria. Son los empresarios los que no entienden la importancia del talento y los culpables del subdesarrollo industrial espaol. Acerca de este extremo, ha escrito con mayor conocimiento de causa que yo mi buen amigo Manuel Martnez Llaneza (Empresarios o diazferranes? , Rebelin, 24 de febrero de 2011). Como l, creo que Daz-Ferrn, a quien los patronos tuvieron al frente de su organizacin ms representativa hasta el final, es ni ms ni menos que la expresin ms fiel de lo que es, o lo que se entiende que es, un empresario espaol. Cabe temer que lo que le diferencie con muchos de sus colegas sea solamente que a l ya lo han desenmascarado.

Recuerdan ustedes alguna propuesta de la CEOE, una sola, de mejora en la organizacin de la produccin industrial, alguna idea para aprovechar mejor la capacidad de los equipos tcnicos, alguna reforma que no vaya de incrementar directamente su beneficio por empobrecimiento de los trabajadores? De manera ms general, en qu consiste en Espaa la actividad empresarial exactamente?, en conseguir del Estado la posibilidad de pagar salarios ms bajos, despedir ms barato, pagos de subvenciones y rebajas de impuestos y cotizaciones sociales, amn del regalo de trozos del sector pblico a medida que arruinan los sectores econmicos que se les haban regalado antes? Finalizado el franquismo, y an en los ltimos lustros de la dictadura, las Administraciones pblicas les cedieron miles de millones de plusvalas en el sector inmobiliario, a costa del derecho a la vivienda de millones de ciudadanos, a costa de la quema del territorio y la destruccin del entorno natural y a despecho del artculo 47 de la Constitucin. Hicieron reventar el sector inmobiliario y, con l, dinamitaron la totalidad de la economa. Ahora exigen cobrarse la suculenta pieza de la educacin y la sanidad, sobre la que harn barbecho si se les consiente.

Pero es que se les han ido cediendo otras muchas reas econmicas que el sector pblico gestionaba perfectamente. Cabe algo ms irracional que el mercado de la electricidad espaol? Las empresas productoras de electricidad han de buscar operadores de mercado que las representen y los operadores de mercado negocian con demandantes, que con frecuencia son empresas del mismo grupo que las productoras o incluso que las operadoras de mercado; los operadores del sistema realizan las mediciones, que transmiten a la Comisin Nacional de Energa, que a su vez comunica los consumos a los operadores de mercado, que negocian con demandantes y liquidan con las empresas productoras. Al final, el ciudadano que paga el recibo de la luz no puede saber si le han facturado consumo de energa o una cabra. Gracias a este galimatas que al cabo desemboca en esas subastas que nadie entiende se consigue el milagro de que las grandes elctricas aumenten sus beneficios a medida que incrementan los costes, justo lo contrario que predican todos los manuales de liberalismo. La razn econmica no distorsionada por el fundamentalismo neoliberal dice, sin embargo, que el sector de la produccin de energa elctrica, de ser gestionado por el Estado, se aprovechara de la economa de escala: dadas las inversiones bsicas de produccin, el coste unitario de produccin desciende segn aumenta la produccin, lo que posibilitara mejoras tcnicas y de prestacin del servicio combinado con el abaratamiento del recibo al consumidor. Pero esto slo sera posible con la gestin pblica, llevada a cabo por empleados pblicos que gastasen folios y bolgrafos en alto til para todos.

Entonces, cul es, en suma, la aportacin del empresario: slo engordar su cuenta corriente y disfrutar de la compaa del rey en las caceras y de los ministros en los banquetes? Y si no hay ninguna aportacin del empresario, por qu no prescindir de l?

Nosotros, la gente de a pie, sabemos que, aunque nuestros gobernantes no lo crean cuando lo dicen en sus actos de propaganda, ste es un gran pas. La inmensa mayora de nuestros carpinteros hacen muy bien su trabajo, igual que los fontaneros, los transportistas y los conductores de autobs; tenemos a magnficos profesores y a los mejores mdicos del mundo, a investigadores de enorme prestigio y a entregados policas municipales y bomberos. Somos millones de ciudadanos y ciudadanas honrados y laboriosos dispuestos a poner nuestro saber y nuestro esfuerzo al servicio de la prosperidad comn.

La desdichada rmora que nos paraliza es que hayamos confiado durante demasiado tiempo el poder econmico a aquellos pocos que, llamndose a s mismos empresarios, no saben hacer absolutamente nada. La esperanza estriba en que cada da ms gente se est percatando de la trampa.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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