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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-02-2013

Cambios econmicos y cambios sociales

Manuel Acua Asenjo
Rebelin


Una silenciosa y soterrada era de cambios pareciera comenzar a gestarse en Chile. Podra ella explicar, por lo dems, el por qu de la generalidad de las explosiones sociales de estos dos ltimos aos. Permitira, adems, construir proyecciones acerca de lo que puede suceder en el futuro. Los elementos que dan cuenta de esos cambios, paradojalmente, estn a la vista de todos. Para percibirlos se requiere, sin embargo, una predisposicin especial por parte del investigador. Especialmente, al interior de los sectores que asumen la representatividad de hecho de los movimientos populares. Esta tarea resulta, a menudo, poco menos que imposible. Los prejuicios predominan ampliamente.

Para introducirnos en este razonamiento, previo es recordar algunas premisas bsicas; en especial, la naturaleza del modo de produccin capitalista. Y, dentro de sta, aquella afirmacin de Karl Marx segn la cual, de todos los sistemas establecidos a lo largo de la evolucin del ser humano, ha sido el capitalista el mejor de ellos pues hizo ms tolerable la vida de aquel. En las tesis del filsofo alemn dicho sistema debera ser reemplazado por el comunismo, organizacin social cuya manifestacin terica no guarda correspondencia alguna con los variados experimentos llevados a cabo por las revoluciones triunfantes de los pasados siglos veinte y veintiuno. El verdadero comunismo, sealaba Karl Marx, ha de ser la igualdad en la abundancia, sentencia que pone en entredicho la generalidad de las experiencias comunistas realizadas hasta la fecha, caracterizadas por conducir al conjunto social a una igualdad en la escasez o miseria. Tal vez este rasgo es uno de los ms importantes del comunismo, sistema que slo puede advenir tras un desarrollo sostenido y al ms alto nivel , de las fuerzas productivas, y al consiguiente reemplazo de sus relaciones de produccin. As, pues, el comunismo no es una simple revolucin o el triunfo militar de un sector de desposedos frente a los explotadores como parecen estimarlo los defensores de la tesis de la guerrilla. Muy por el contrario: un triunfo de esa naturaleza conlleva el peligro de conducir al retorno de lo viejo (situacin que Sorel denominaba la venganza del pasado) o al establecimiento de un rgimen autoritario basado en el poder del estado que, por definicin, no es sino la organizacin social mediada por la fuerza por sobre la comunidad. Dejamos aqu para otra oportunidad, las discusiones acerca de las diferencias entre estatismo y socialismo o comunismo.

Establecida esa premisa, debemos sealar otras de crucial importancia.

El sistema capitalista se funda en la existencia del capital, valor que se valoriza (en palabras de los economistas clsicos), concepto que repite Marx. Pero formular semejante afirmacin implica desde ya explicar que el capital no nace per se, sino porque para crearlo es necesario contraponer, una contra otra, a dos clases sociales compradores y vendedores de fuerza o capacidad de trabajo de las cuales solamente la segunda tiene la misin de producirlo. El sistema capitalista, por ende, es un sistema que se organiza en base a una contraposicin estructural. No debe sorprender que, en su evolucin, presente constantemente otras contradicciones; y experimente, consecuencialmente, crisis.

Cuando se habla de la existencia de crisis dentro del sistema capitalista, frecuentemente se las relaciona con los sectores dominados. Sin embargo, en estricta teora, debemos hablar siempre de crisis de las clases o fracciones de clase dominantes; las crisis del sistema capitalista jams son, por consiguiente, de las clases dominadas que, por definicin, constantemente viven en crisis. Ese es su modo natural de existencia.

Ocurre que, cuando las crisis acometen a los sectores dominantes, de inmediato comienzan stos la frentica labor de trasladar sus efectos a los dominados aumentando, en consecuencia, la carga social que sobre los mismos ejerce permanentemente la propia estructura desigual del sistema. Cuando as sucede, el desempleo se hace presente. Legiones de trabajadores (ejrcito de reserva industrial) son arrojadas a la calle. Y es que el trabajador no es un ser humano sino un recurso del cual se hace uso en los perodos de auge y se abandona en los de crisis. No hay que olvidar que, desde la dcada de los ochenta, el sistema capitalista ha comenzado a actuar ms desembozadamente y a llamar a los fenmenos por su nombre; ya no habla de personal para referirse a los trabajadores, sino de recursos humanos. No por algo se denomina jefes de recursos humanos o gerentes de recursos humanos a quienes, anteriormente, eran conocidos como jefes o gerentes de personal. Y es que, como ya se ha dicho, en los perodos de crisis se puede prescindir de estos recursos y reclutrseles cuando el auge se hace presente. El empleo y el desempleo dependen, pues, de esa premisa bsica que son los perodos de crisis y de auge; no de la voluntad de los trabajadores como errneamente se acostumbra a sostener. Queremos decir con ello que no basta querer trabajar para encontrar trabajo y resolver los problemas que aquejan al ser humano; tampoco que los problemas de la cesanta se originan en la flojera de las personas, como errneamente sostienen, incluso, militantes de la llamada izquierda chilena.

La crisis de los sectores dominantes, al ser trasladada hacia los sectores dominados, se traduce en desempleo. Cuando ello sucede, las consecuencias son tremendamente dainas para los trabajadores, sea que pertenezcan al sector que mantiene sus puestos de trabajo o han pasado a engrosar el ejrcito de reserva industrial. Sus rebeliones siempre han de fracasar o, simplemente, no tendrn lugar. Porque una rebelin de desempleados tiene escasa o nula importancia social; no va ms all de la que podra representar una protesta de jubilados. Y una rebelin de quienes han conseguido mantener sus puestos de trabajo podra ser enormemente daina para los mismos, pues no slo debern enfrentar al patrn sino, adems, a sus ex compaeros (los desempleados) que competirn entre s y con los propios trabajadores para acceder a los escasos cargos que existan en el mercado laboral.

El desempleado, al igual que el jubilado, pierde su poder: no tiene cmo hacer valer su protesta. Y es que, contrariamente a lo que muchas personas sostienen, durante el desempleo las organizaciones sindicales y sociales se debilitan. Las razones son obvias: un desempleado deja de cotizar sus cuotas sindicales, necesita proveer de recursos a su hogar, invierte todo su tiempo en conseguir dinero. Las labores de conservacin, que no son sino aquellas que demanda la reproduccin individual y familiar del trabajador, ocupan todas sus energas. Privadas de recursos econmicos, las organizaciones sociales y sindicales comienzan a extinguirse pues no hay quien las sostenga. Y puesto que los efectos de las crisis son trasladados a los sectores dominados, los perodos de crisis debilitan profundamente a dichos sectores.

Al contrario de lo que sucede en las pocas de crisis, en los perodos de auge los ndices del desempleo descienden violentamente. Sin embargo, jams pueden llegar a la cifra 0. Eso no sucede por casualidad. Para los expertos chilenos, como Natalie Kramm, del Instituto Libertad y Desarrollo,

[] la tasa de desocupacin en cualquier pas nunca puede llegar a cero por un tema de definicin [1] .

Segn esta persona,

[] al relacionar el nmero de personas desempleadas expresado como porcentaje de la fuerza de trabajo, siempre va a existir gente que va a estar entrando y saliendo del mercado por diversas razones (jubilacin, personales, sin ganas de trabajar, entre otras situaciones) [] [2]

Tal afirmacin es relativa. Para los economistas europeos, la tasa de desempleo que desciende al 3 o 4% constituye un sntoma de enfermedad, lo cual implica que algo nefasto sucede a la economa. Porque la tasa de desempleo ha considerarse, ms que nada, como una funcin de la tasa de empleo lo que, en otras palabras, implica estimarla como el factor destinado a regular el precio de la mano de obra o, si se quiere, de la fuerza o capacidad de trabajo. Por eso, si desciende ms all de un 3 o 4% puede estar indicando que toda la estructura econmica de la nacin se encuentra gravemente deteriorada. Y que tal situacin puede conducir a una crisis de proporciones. Por consiguiente, para la economa, el pleno empleo se obtiene cuando la tasa de desempleo se acerca a un 4%. Cuando as sucede, la economa comienza a experimentar sntomas de auge.

El promedio de la tasa de desempleo en Chile se encuentra, actualmente, en un 6,4%. Un promedio es una cifra intermedia. Significa que en determinadas regiones del pas, algunas localidades presentaron un porcentaje mayor de desempleo y otras uno menor. Veamos una tabla, segn los datos suministrados por el Instituto Nacional de Estadsticas INE:

Arica y Parinacota 6,1%

Tarapac 4,2%

Antofagasta 4,9%

Atacama 4,8%

Coquimbo 6,0%

Valparaso 7,3%

Regin Metropolitana 6,6%

OHiggins 5,8%

Maule 6,0%

Biobo 8,1%

Araucana 7,2%

Los Ros 6,3%

Los Lagos 3,8%

Aysn 4,2%

Magallanes 3,8%

Total Nacional 6,4% [3]

Sobre el particular, ha expresado, al respecto, David Bravo, director del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile:

Las cifras de empleo confirman la tendencia que ya viene delinendose de acercarnos al pleno empleo en 2013. La tasa de diciembre de la Universidad de Chile (para el Gran Santiago) marca la tendencia de los prximos tres meses del INE, generalmente. Y sta indica que as ocurrir, salvo que el crecimiento econmico decayera [4] .

Estamos frente al comienzo de un posible perodo de auge? Las cifras as parecen indicarlo. Porque, cuando as sucede, los habitantes de una nacin comienzan a encontrar trabajo; pueden rechazar los que no les resultan atractivos o rentables y tomar aquellos que les son ms convenientes a sus intereses. Para evitar el xodo hacia otros sectores de la produccin o de los servicios, los empresarios se ven obligados a aumentar sus ofertas salariales; los salarios, en consecuencia, crecen. Hay efervescencia patronal. Las empresas funcionan y contratan a ms trabajadores. Y puesto que se crean expectativas de mejores condiciones de vida, las organizaciones sociales y sindicales se fortalecen: hay dinero para sostenerlas, hay relativa tranquilidad para pensar en arreglos salariales convenientes y mejorar las condiciones de trabajo. Se puede, en suma, pensar en el futuro. Las necesidades de los trabajadores se multiplican y se multiplican sus luchas; hay efervescencia social.

Por qu sucede todo aquello? La ley de la oferta y la demanda nos ensea que, en perodos de auge, la mercanca llamada fuerza o capacidad de trabajo, como toda mercanca sometida a su arbitrio, tiende a escasear. Sube, por consiguiente, de precio. Los salarios se incrementan para poder mantener contentos a quienes desean un mejor reparto del producto social. Aumenta, tambin, la velocidad en el intercambio de los puestos de trabajo; hay mayor movilidad en busca de mejores oportunidades. La competencia entre los capitalistas por obtener trabajadores se exacerba haciendo incrementarse los salarios que normalmente pagaban por esos servicios.

El Chile construido bajo el ideario pinochetista contempl la privatizacin de la enseanza como forma de promover la formacin de profesionales universitarios; el negocio desatado en torno a la educacin logr su objetivo de aumentar el nmero de profesionales. Descuid, sin embargo, la formacin de tcnicos y obreros especializados. Existen, hoy, ocupaciones para estos ltimos; paradojalmente, escasean para los primeros. Las remuneraciones para los sectores requeridos hoy, aumentan; hay oferta de puestos de trabajo. Y hay negativas a trabajar en determinados rubros.

De acuerdo al INE, los salarios en el pas subieron un 6,3% nominal en 2012 y hubo seis sectores de un total de trece que exhibieron un alza mayor al promedio nacional [5] .

En efecto, las variaciones que ha experimentado el ndice de remuneraciones (IR) durante el ao pasado en los seis sectores a que hace mencin la informacin anterior fueron las siguientes:

1. Construccin 8,9%

2. Minera 8,5%

3. Transportes 7,7%

4. Administracin pblica 7,0%

5. Enseanza 6,5%

  1. Industria manufacturera 6,5%

En una sociedad donde la ley de la oferta y la demanda opera sin restricciones y es el mercado quien determina el precio de la venta de la fuerza o capacidad de trabajo, la mano de obra tiende a escasear y los salarios de quienes realizan esas labores a multiplicarse. Tambin las de quienes realizan servicios despreciados por no pocos sectores sociales a pesar que dependan de ellos: aseadores, maestros, barrenderos, jardineros, obreros, conserjes, choferes, empleadas domsticas, entre otros. Es lo que ha comenzado a suceder en Chile.

El caso de las llamadas nanas pareciera ser el ms emblemtico. Ha acaparado la atencin de numerosos medios de comunicacin y del propio Instituto Nacional de Estadsticas. Es que las llamadas nanas no son sino el conjunto que se denomina servidumbre domstica. Porque en Chile siempre se ha tratado de ocultar la vergenza que produce la existencia de estas profesiones a travs de eufemismos. Se les denomin en un principio empleadas domsticas; luego empleadas de casa particular; ms tarde, asesoras del hogar; hoy, se les denomina nanas. Este sector es uno de los que ha evolucionado.

Mientras en 1990 el 18% de los empleos femeninos corresponda a los servicios domsticos, de los cuales uno de cada cuatro corresponda al tipo puertas adentro, 20 aos despus la realidad es diferente. Hoy este porcentaje no supera el 13% cayendo continuamentey solo una de cada 17 empleadas domsticas trabaja puertas adentro [6] .

El problema de la llamada servidumbre domstica no es el nico que experimenta cambios. La multiplicacin de los grandes edificios de 300, 500 o 1.000 departamentos exige la presencia de conserjes, mayordomos y maestros que puedan estar dispuestos a solucionar los problemas de las comunidades que all habitan. Los conserjes han comenzado a escasear; nadie quiere trabajar por el salario mnimo establecido por las autoridades. Lo mismo ha comenzado a suceder en el campo y en otras actividades de la ciudad. Existen dificultades para las llamadas pequeas y medianas empresas o PYMES que no encuentran trabajadores a quienes puedan pagarles sueldos bajos. En la construccin, los sueldos de los operarios han experimentado fuertes alzas que han contribuido a elevar el precio de las viviendas. Segn el ltimo ndice de Costos de Edificacin elaborado por la Cmara Chilena de la Construccin

[] el fuerte incremento del 50% en los salarios de esta industria entre enero de 2010 y diciembre de 2012 fue el elemento que ms incidi en que, en dicho lapso, los costos de la construccin subieran 26% [7] .

Segn lo expresara Javier Hurtado, representante de la Cmara Chilena de la Construccin

[] dado el escenario de la escasez de mano de obra, han subido los costos asociados a remuneraciones. Para este ao el gremio prev un crecimiento de los salarios, ms en lnea con la expansin de la economa local, en torno a un 4,5% [8] .

Los choferes de camiones y buses urbanos e interurbanos escasean; hay ofertas para choferes especializados que se elevan por sobre los 600 mil pesos (mil euros aproximadamente) y alcanzan al milln en otros (mil setecientos euros aproximadamente).

La minera ha sido el rea de la produccin que priva de trabajadores a las otras. No por otra causa se ha explicado la escasez de mano de obra en la construccin. Y es natural que as sea pues los elevados bonos concedidos a los trabajadores de la minera son tremendamente atractivos para el mundo laboral [9] .

En el sector de la construccin coinciden en que existe escasez de mano de obra, ya que la minera ha atrado a gran cantidad de sus trabajadores, en particular a los ms calificados. Ello, en un contexto de expansin del sector construccin e inmobiliario, que necesita ms personal en las empresas [10] .

En efecto, en enero de 2010, el porcentaje de desempleo en el sector de la construccin era de un 17,2%; a fines del ao recin pasado (2012), los desocupados en la construccin eran 650 mil aproximadamente, lo que arroja el porcentaje de apenas un 6,8% de desempleo en el rubro.

Comentando esta situacin, expresaba el gerente general de SOCOVESA Santiago, Cristbal Mira, que un jornal (el puesto ms elemental en las obras de la construccin) se contrataba por el sueldo mnimo en 2010,

[] pero hoy no se encuentra por menos de $ 300 mil [11] .

Esta misma tendencia ha sido observada por la Superintendencia de Pensiones para quien en 2010 el ingreso promedio imponible de los trabajadores de la construccin era de $ 424 mil; a diciembre de 2012, esa cifra se ha elevado a $ 525.969.

En el campo de la industria extractiva, Alvaro Merino, representante de la Sociedad Nacional de Minera SONAMI, indicaba que

[] el aumento radica, principalmente, en la falta de trabajadores especializados [] la tendencia continuar si tal carencia no se suple [12] .

No vaya a pensarse que el capitalismo se encuentra, por ello, ante una encrucijada. No. Los sistemas de dominacin encuentran siempre solucin a sus problemas, aunque sea parcialmente. Por una parte, en los trabajos temporales, especialmente en pocas de vacaciones, ha comenzado a emplear a los estudiantes con una frecuencia mayor a la de antao; por otra parte, la afluencia de extranjeros (latinoamericanos) que proceden tanto de los pases limtrofes como de otras regiones, ha permitido suplir la falta de mano de obra en numerosos rubros. De si la competencia de estos trabajadores extranjeros con los chilenos pueda desatar contradicciones perniciosas no es algo que interese al patrn, para quien su nico objetivo es la percepcin de una cuota cada vez ms alta de plusvalor. En otras naciones, ese tipo de competencia exacerba las tendencias nacionalistas y racistas. Las nanas han resultado ser un laboratorio de experimentacin al respecto.

El proceso tambin ha afectado las caractersticas de quienes desempean esta actividad. Por ejemplo, en dos dcadas, la edad promedio en el sector pas de 35 a 46 aos, y de no ser por la llegada de inmigrantes jvenes, el fenmeno de envejecimiento se hubiese acentuado. De hecho, actualmente el 8% del servicio domstico de la Regin Metropolitana es provedo por extranjeros, alcanzando el 15% en el caso de los servicios de puertas adentro [] Mientras en 1990 el ingreso promedio del servicio domstico puertas adentro era de 48% del ingreso de los empleos femeninos en otras actividades, en 2011 este porcentaje se increment al 69% [13] .

En Europa, los precios de los llamados en Chile servicios menores alcanzan niveles tan altos que para un trabajador comn es muy difcil encontrar una persona que le cuide los hijos, le prepare la comida o haga el aseo de su casa durante el tiempo que trabaja: sus ingresos no le permiten pagar ese servicio. El acercamiento en materia de remuneraciones facilita un mejor trato social. Algo similar sucede en Estados Unidos y dems pases denominados desarrollados. Pero eso no significa, en modo alguno, que sea el sistema capitalista quien conduzca a la humanidad hacia una mayor igualdad. Por el contrario: las remuneraciones entre quienes compran fuerza de trabajo y quienes la venden se distancian cada vez ms y lo hacen en forma escandalosa.

Como lo expresa el comentarista citado:

El costo de contar con nanas a tiempo completo ser prohibitivo para la mayora de la poblacin. Los padres tendrn que ajustar sus horarios a los nuevos tiempos [14] .

No puede, sin embargo, concluirse de todo ello como lo hace con entusiasmo un comentarista que el desarrollo sostenido de este sistema sea la solucin a los problemas sociales, que conduzca a eliminar el estigma social del trabajo de servidumbre o a modernizar ese

[] sector que por aos ha sido reflejo de nuestro subdesarrollo [15] .

No. El SK es un sistema fundado en la existencia del capital, de un valor que se valoriza, de un valor que se acrecienta a s mismo. La moral del sistema capitalista no es otra que el lucro o, si se quiere, la avaricia. Jams el avance del sistema capitalista podra conducir a una igualdad o a eliminar estigmas pues est fundado en una estructura en donde unos (los que venden la mercanca fuerza o capacidad de trabajo) se subordinan a otros que la compran. La estructura del sistema permanece, por consiguiente, inalterable a travs del tiempo. Nada la hace variar. Por lo mismo, tampoco tienen mayor valor las expresiones de Pinochet cuando aseveraba que slo haciendo ms ricos a los ricos se hace ricos a los pobres. Esa reflexin no es slo una falacia sino un completo disparate. La pobreza no es una relacin econmica. Como bien lo expresara Andr Gorz, se trata de un estado psicolgico; la pobreza es un sentimiento, una emocin. Como ese mismo autor lo expresa, paradojalmente, jams los franceses se sintieron ms pobres que cuando tuvieron satisfechas sus necesidades esenciales. Y sin tenerlas satisfechas, ajenos a los avances de la tcnica y del mercado, los habitantes de Kerala se manifiestan hoy como las personas ms satisfechas de la vida en el planeta.

Constituye otra falacia, a la vez que exageracin, atribuir a un gobierno determinado el xito de determinados modelos. Un gobierno es incapaz de modificar las constantes econmicas; tampoco una alianza de partidos, y menos un individuo. El SK tiene su propia dinmica que no es atribuible a gobierno o autoridad alguna. Funciona en forma automtica. Establecido determinado modo de acumular slo es necesario ir realizando en su interior los ajustes necesarios para que contine en la forma establecida y se perpete. Los efectos de esa accin se manifestarn como consecuencia inmediata de la misma, no como algo querido o deseado por sus mentores.

Insistamos aqu en algo esencial: tampoco puede sostenerse que, si el SK se desarrolla a altos niveles, tal empresa va a conducir ineluctablemente al comunismo. Esa es otra de las tantas mentiras que se propagan a diario. Un sistema es una estructura viva. Aprende, como lo hacen todos los seres vivos. Y no tiene vocacin suicida. Cuando sienta amenazada su existencia, cuando tema que se alteren sus elementos esenciales o deba enfrentar tareas imposibles de realizar, adoptar las medidas de rigor. En cada traspi derivar a otra forma que parezca o sea ms tolerable para las clases dominadas; u otra, ms severa, que implique la aplicacin de soluciones de fuerza. Experimentar crisis, pero saldr airoso de todas ellas. Como lo ha hecho anteriormente. Jams volver a repetir la crisis de 1929. Continuar su marcha inalterable y slo llegar a su fin cuando una fuerza social igual o superior le haga frente y lo derrote, no necesariamente en el plano militar sino, tambin, en el plano de las ideas, con una clara propuesta para construir una sociedad mejor.

En consecuencia, y contrariamente a lo que se supone, una poca de auge es una poca propicia para intentar cambios, transformaciones, alteraciones, vuelcos en la situacin que presentan numerosos mbitos de la economa. Hay una base social expectante que espera encontrar los caminos que puedan conducirla a una victoria en sus pretensiones. Por eso, en una poca como la que vive Chile, de justas electorales, de renovacin de sus autoridades administrativas y legislativas, conveniente es recordar estas premisas. Quienes sean elegidos para gobernar la nacin se encontrarn con efervescencia social, peticiones, exigencias, proyectos, proposiciones para la obtencin de las cuales sus sostenedores estarn dispuestos a emprender largas y agotadoras jornadas de lucha. Es un panorama similar al que correspondi experimentar a Eduardo Frei Montalva en 1964, luego del gobierno de su antecesor Jorge Alessandri Rodrguez. Ambos fueron antesala de un gobierno popular.

Aunque la historia jams se repite, es posible que una situacin similar vuelva a presentarse en esta nacin. Hay que estar preparado para ello.



[1] Celedn Porzio, Silvana: Las cifras confirman la tendencia de acercarnos al pleno empleo, El Mercurio, 1 de febrero de 2013, pg.B-2.

[2] Celedn Porzio, Silvana: Id. (1).

[3] Celedn Borzio, Silvana: Tasa de desempleo en 2012 cay a 6,4% [] , El Mercurio, 1 de febrero de 2013, pg. B-2.

[4] Celedn Porzio, Silvana: Id. (1).

[5] Aguirre, Josefina y Celedn, Silvana: Dinamismo de construccin y minera hace [], El Mercurio, 8 de febrero de 2013, pg. B-2.

[6] Urza, Sergio: La revolucin de las nanas, El Mercurio, 03 de febrero de 2013, pg. A-3.

 

[7] Gutirrez V., Marco: Costo de construccin crecen [], El Mercurio, 19 de febrero de 2013, pg. B-7.

[8] Aguirre, Josefina y Celedn, Silvana: Id. (5).

[9] Los ltimos bonos entregados por trmino de conflicto a fines de 2012 sumaron ms de 20 millones de pesos por trabajador en las dos grandes empresas mineras que los concedieron (Codelco y otra), si incluimos el prstamo sin intereses de 3 millones por trabajador que tambin concedieron las empresas indicadas.

[10] Gutirrez V., Marco: Id. (7).

[11] Gutirrez V., Marco: Id. (7).

[12] Aguirre, Josefina y Celedn, Silvana: Id. (5).

[13] Urza, Sergio: Id. (6).

[14] Urza, Sergio: Id. (6).

[15] Urza, Sergio: Id. (6).



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