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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-02-2013

La organizacin poltica en transicin

Hilary Wainwright
Red Pepper

Traducido del ingls para Rebelin por Christine Lewis Carroll


La autora inaugura ambiciosamente el ao nuevo. Trata aqu de cmo transformar el Estado y por qu les cuesta tanto a los polticos radicales mantener el impulso radical una vez elegidos al Parlamento o al Ayuntamiento. Cmo se podra cambiar esto?

En el contexto actual de incertidumbre y cambio continuo ayuda empezar desde lo especfico. Mi punto de partida es el auge de Syriza, la coalicin radical de izquierdas enraizada en los movimientos que resisten la austeridad, que se ha convertido en el principal partido de la oposicin del Parlamento griego. La capacidad de Syriza de dar voz poltica a la ira y a la desesperacin de millones de personas ha supuesto un gran avance del que podemos aprender.

No se trata slo del elevado apoyo electoral, que se vio incrementado del 4% del voto nacional en 2009 al 27% en junio de 2012 sobre la base del rechazo a las polticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisin Europea (CE) y el Banco Central Europeo (BCE), sino tambin del hecho de que este mandato electoral se ve reforzado por los movimientos organizados y las redes de solidaridad que Syriza ha contribuido a edificar.

Esto no significa que el xito de Syriza sea estable o que su impulso se mantenga necesariamente. Uno de sus 71 diputados, exmiembro del Pasok y dirigente sindical Dimtris Tsoukalas, advierte de que los votos pueden ser como la arena. Habr vientos amenazadores procedentes de los medios de comunicacin hostiles resueltos a explotar cualquier seal de divisin, de las elites nacionales y europeas interesadas en que se tenga miedo a la izquierda y de un partido fascista violento que explota con cierto xito -habiendo conseguido el 7% del voto- las tendencias xenfobas dentro de la sociedad griega.

Syriza no es una plantilla que pueda trasplantarse a otros lugares; es un nuevo tipo de organizacin poltica en construccin. Sin embargo la reflexin sobre su auge -que ha tenido lugar junto con el colapso del Pasok (del 40% del voto en 2009 al 13% en 2012)- permite un desahogo para el dilema actual de la izquierda, sobre todo en Europa. Estimula tambin nuevas reflexiones sobre las formas de organizacin poltica que nos pueden proporcionar salidas.


El fracaso de los partidos socialdemcratas

El dilema es el siguiente: Por un lado los partidos socialdemcratas son incapaces no slo de enfrentarse a la austeridad, sino tambin de negociar alguna solucin para las personas frente a la crisis financiera. Estos partidos demuestran -algunos con ms fortuna que otros- su incapacidad de asumir el desafo al proyecto neoliberal que est muy desacreditado. Adems el desmoronamiento de la democracia y la cultura de partido, junto con el atrincheramiento de las mentalidades de mercado, ha significado que en los partidos socialdemcratas las fuerzas renovadoras son muy dbiles o insignificantes.

Por otro lado la mayora de las organizaciones polticas de la izquierda radical, con la excepcin notable de Syriza, est en una posicin ms dbil que antes de la crisis financiera de 2008. Adems las formas tradicionales de organizacin del movimiento obrero son tambin ms dbiles. Ha habido un crecimiento impresionante de resistencia y alternativas de todo tipo, muchos conectados entre s y otros, como Occupy, que menosprecian un sistema ya de por s desacreditado. Pero son las estrategias, las formas de organizacin y los medios de activismo poltico capaces de conseguir una transformacin duradera lo que se est discutiendo activa y ampliamente.

En otras palabras mientras que la derecha, bajo la forma del neoliberalismo, estaba preparada para el derrumbamiento del bloque sovitico en 1989, la izquierda del norte, ante el colapso virtual del capitalismo -dada la capacidad de ste de conseguir avales de los Estados- ha sido incapaz de encontrar los modos apropiados de construir para la sociedad una dinmica de cambio impulsada por orientaciones y valores alternativos.

Syriza se ha forjado al calor intenso del ms despiadado giro de tuerca de la austeridad. Syriza se enfrentar a muchos problemas, tanto dentro de su propia organizacin mientras la coalicin de partidos y grupos se convierte en un partido con afiliacin directa, como ante las nuevas presiones que recibirn de sus opositores dentro y fuera de Grecia. Sin embargo, despus de entrevistar a una gran diversidad de activistas y leer entrevistas e informes realizados por otros, tengo datos fundamentados para creer que el largo y difcil proceso de desarrollar un marco que permita repensar la organizacin poltica ms all, tanto del leninismo como del sistema parlamentario, producir nuevos resultados cualitativos.

Muchos recursos polticos que dieron forma a la respuesta de Syriza a las condiciones actuales y lo llev al lugar que ocupa actual, exclusiva pero todava condicionalmente en que tantos griegos le confieren su confianza, son consecuencia de haber aprendido de los errores de otros partidos radicales europeos y de la experiencia del Foro Social Europeo.

Este ensayo pretende contribuir a la dialctica de aprendizaje poltico transnacional de la izquierda. Al extender las caractersticas distintivas de Syriza y si tenemos en cuenta las experiencias de otros partidos con ambiciones similares que han sido incapaces de mantener su dinmica transformadora, sugerir formas de abordar los problemas de la organizacin poltica en aras de superar el dilema de la izquierda.


Transformar el Estado


Mi enfoque sobre estos temas se centrar en la transformacin del Estado. ste es un asunto muy importante para Syriza mientras hace campaa y se prepara para gobernar dentro y contra un Estado notablemente corrupto y antidemocrtico. Una de las cuatro secciones del programa redactado en 2009 por miembros de Synaspismos, el partido ms grande de la coalicin Syriza, se titula Reestructurar el Estado.

El marco del cual me sirvo para acercarme a este tema fundamental considera decisivas las fuentes de un poder democrtico transformador autnomo del Estado para las posibilidades de cambio.

La dimensin econmica es aqu crucial. El cambio poltico se obstaculiza gravemente si carece de una base de relaciones no capitalistas de produccin, lo que incluye la produccin de servicios y cultura, por parciales e incompletos que stos puedan ser. Al mismo tiempo, el conflicto dentro y contra el Estado es condicin necesaria para el cambio del sistema. Tal compromiso ha de enraizarse en las fuerzas sociales del cambio democrtico y rendir cuentas a stas. Sin una estrategia de este tipo para transformar y, donde sea necesario, romper el poder del Estado, las luchas transformadoras se convertirn recurrentemente en contraculturas contenibles y su potencial para la mayora de las personas no se conseguir.


Aprender de la democratizacin local


Con el fin de desarrollar mi argumento recurrir a la experiencia de la izquierda radical del Partido Laborista cuando gobern en Londres entre 1982 y 1986 y en el Partido de los Trabajadores de Brasil (PT) cuando inici sus discusiones sobre las nuevas inversiones municipales que desembocaron en un proceso de participacin popular en Porto Alegre entre 1989 y 2004. A pesar de la popularidad de estos casos sus lecciones para la organizacin poltica todava han de reconocerse en su totalidad.

Lo importante es que sus logros -cada experimento de la ciudad constituy una redistribucin de los recursos y durante un tiempo del poder y la capacidad de los ricos y poderosos a los pobres y excluidos- dependieron del hecho de compartir recursos con las fuentes autnomas de poder democrtico en las ciudades. En otras palabras combinaron las iniciativas de cambio dentro de las estructuras del gobierno con el desarrollo de fuentes ms radicales y amplias de poder externas.

Pero es muy significativo que tal orientacin estratgica no slo no cambi al Partido Laborista en el Reino Unido sino que tampoco cambi al PT de Brasil una vez elegido a nivel nacional, lo que explica en parte las limitaciones del gobierno de Lula para cumplir tantas expectativas de cambio social radical como haba despertado.

En los experimentos del Greater London Council, GLC [consejo local del Gran Londres de 1965 a 1986] y Porto Alegre los partidos polticos utilizaron sus mandatos electorales para ir ms all de las restricciones impuestas por el sistema vigente para fortalecer y extender los desafos a dicho sistema. El espritu que stos encarnaron lo enarbolan en la actualidad los trabajadores y usuarios de servicios pblicos en las campaas contra la privatizacin que implican estrategias efectivas para cambiar la manera en que se gestionan los servicios pblicos y se administra el dinero pblico y arrastran con ellos a los partidos polticos.

Todas estas experiencias han subrayado la importancia de luchar para crear ahora relaciones sociales no capitalistas y no posponerlas hasta despus de ganar el poder. Sin embargo las lecciones que podemos extraer de estas experiencias locales pueden contribuir a la necesaria reflexin de cmo ha de ser la organizacin poltica en un contexto de fuentes plurales de poder transformador.

Al aprender estas lecciones necesitamos tener en cuenta tambin que surgen problemas especficos cuando se cambian las instituciones estatales y semiestatales a nivel nacional e internacional. Para comprender el significado ms amplio de cmo estas experiencias locales combinan la lucha que se lleva a cabo como representantes dentro del Estado local con el apoyo de movimientos e iniciativas democrticos externos necesitamos distinguir entre dos significados del poder radicalmente distintos.

Por un lado est el poder como capacidad transformadora y por otro el poder como dominacin, una asimetra entre los que tienen el poder y los que lo padecen. Podramos decir que histricamente los partidos socialdemcratas de masas se han construido alrededor de una versin benvola del segundo significado. Sus estrategias se han basado en ganar el poder para gobernar y usarlo de manera paternalista para satisfacer lo que ellos identifican como las necesidades del pueblo.

Tanto las experiencias del GLC a principios de los aos 80 como las del PT en el gobierno municipal en los aos 90 fueron intentos de cambiar el Estado de un medio de dominacin y exclusin a un recurso de transformacin por la va electoral para descentralizar y redistribuir el poder. Yo dira que en la prctica Syriza lleva a cabo el mismo proyecto a nivel nacional.


Syriza y la dinmica del cambio social

El elemento caracterstico de Syriza, en contraste con los partidos tradicionales de la izquierda, es que no slo se ve como un medio de representacin poltica de los movimientos, sino tambin como partcipe en la construccin de los movimientos. Su instinto poltico hace que sea prioritaria la responsabilidad de contribuir a la difusin y al fortalecimiento de los movimientos que luchan por la justicia social.

En las semanas que siguieron a la eleccin de 71 diputados de Syriza en junio de 2012 sus dirigentes subrayaron la importancia de este hecho para cambiar la idea de las personas respecto a lo que pueden hacer y desarrollar con ellas el sentido de su capacidad de conseguir el poder, en palabras de Andreas Karitzis, uno de los coordinadores polticos clave de Syriza. Aunque el partido cree que el poder estatal es necesario, segn Karitzis tambin es decisivo lo que se hace en los movimientos y la sociedad antes de hacerse con el poder. El 80% del cambio social no se consigue slo con la llegada al gobierno. Esto no es hablar por hablar.

Esta visin de las estrategias para el cambio social influye en cmo Syriza asigna los importantes recursos estatales que recibe debido a su gran representacin parlamentaria. El partido recibir ocho millones de euros (casi el triple de su presupuesto actual) y el Parlamento asigna cinco administrativos a cada diputado.

En la actualidad la idea es que gran parte de los nuevos fondos vaya a las redes de solidaridad de los barrios; por ejemplo para los trabajadores que extiendan iniciativas como los centros mdicos sociales y otras que han tenido xito y conecten los habitantes de las ciudades con los productores de alimentos. Tambin se destinarn fondos al fortalecimiento del partido dentro del Parlamento, pero se dedicarn ms fondos al trabajo de Syriza en la construccin de las organizaciones extraparlamentarias por el cambio social.

De los cinco administrativos asignados a los diputados dos trabajarn directamente para el diputado. Uno trabajar en los comits de polticas que renen a los diputados con los expertos cvicos y dos trabajarn para el partido en los movimientos y los barrios.

Detrs de estas prioridades hay un proceso de aprendizaje que surge de la vulnerabilidad mostrada por los partidos de izquierda en otros pases europeos cuando permiten que las instituciones parlamentarias, con todos sus recursos y privilegios, los aparten de los movimientos a los que pretenden dar voz poltica.


El compromiso de construir movimientos tanto como el partido


Desde sus orgenes en 2004, en el momento ms lgido del movimiento por la justicia global (especialmente fuerte en Grecia), Syriza se ocup tanto de construir los movimientos de cambio de la sociedad como del xito electoral. Hubo tambin un proceso de aprendizaje mediante el Foro Social Europeo y el Foro Social griego.

Esto contribuy no slo a la claridad de la visin estratgica de los lmites del poder estatal para la transformacin social, sino tambin a la insistencia consciente en las normas de pluralismo, el apoyo mutuo y la apertura a los nuevos modos en que las personas expresaban su descontento y alternativas.

El KKE, uno de los ltimos partidos comunistas ortodoxos de Europa y un recuerdo constante de la metodologa poltica que Syriza trataba de evitar, se mostraba confiado en su aislamiento autoimpuesto y cauteloso de la contaminacin de lo no ortodoxo. Los activistas de Syriza, al contrario, participaron de la cultura curiosa, plural y abierta de aprendizaje mutuo promovido por el Foro Social Europeo y sta se convirti en uno de los objetivos explcitos de su nueva coalicin poltica. Esto se vio claramente cuando Syriza se uni a la revuelta juvenil con ocasin de la muerte a manos de la polica de Alexandros Grigoropoulos en 2008 sin hacer valer su opinin ni tomar protagonismo. Y actu de la misma manera cuando se protest en la plaza Syntagma y a lo largo de 2011.

Los activistas de Syriza aportaron sus propios principios -por ejemplo, no permitir lemas contra los inmigrantes- y los aplicaron junto con otros colectivos -por ejemplo, los anarquistas- para encontrar las soluciones prcticas mediante el debate. El ala juvenil de Synaspismos colocaba un taller durante las protestas de Syntagma para explicar y discutir este enfoque de principios y la necesidad de no instrumentalizar la lucha.

La cultura convergente de las diferentes generaciones y tradiciones de la coalicin ha modelado tambin a Syriza. La generacin ms joven, que tiene ahora 20 o 30 aos, se acerc a la izquierda independientemente de la alternativa que pudiera existir. Los veteranos haban formado parte de la resistencia a la dictadura a finales de los aos 60 y 70 y muchos de ellos se convirtieron en eurocomunistas en los aos 80.

Ambas generaciones fueron activas en el movimiento por la justicia global y el foro social. Esto signific que los procesos colectivos de conocimiento y produccin cultural en los movimientos que se resistan a la globalizacin neoliberal, tanto dentro de Grecia como internacionalmente en los aos 90, fueron ms importantes para el desarrollo poltico personal de los activistas de Syriza que el hecho de ser un campo donde intervinieran con el fin de promocionar una alternativa que ya haba funcionado en otro lugar.

Todos los activistas de Syriza son enrgicos acerca de la cuestin de ir ms all de la protesta y tener alternativas convincentes para la gente descontenta con el corrupto Estado griego y la troika de la CE, el FMI y el BCE. Esto ha llevado a un mayor apoyo de iniciativas que tengan impacto ahora en vez de esperar a que Syriza llegue al gobierno. Por ejemplo mientras los recortes destruyen el sistema pblico de salud, los mdicos y enfermeros de Syriza se organizan para crear centros mdicos que solucionen las necesidades urgentes sin dejar de exigir tratamiento gratuito en los hospitales pblicos y la defensa de los servicios sanitarios.

Syriza une tambin a funcionarios vanguardistas con profesores expertos y representantes de padres para preparar cambios en la organizacin del Ministerio de Educacin con el fin de que ste sea sensible a las necesidades del pueblo y para liberar las habilidades reprimidas de los empleados pblicos que quieren realmente servir al pblico.

Syriza est realizando tambin un mapa de la economa cooperativa y social del pas para identificar cmo se le puede ayudar polticamente ahora y cuando el partido llegue al poder; el objetivo de Syriza es conseguir una economa orientada a las necesidades sociales. La sensibilidad del partido al auge gradual de la autogestin de la economa solidaria en medio de la crisis -al reconocer su potencial en trminos de la construccin de una orientacin alternativa de la sociedad- recuerda lo que dijo Andre Gorz cuando al hablar del concepto estratgico de las reformas no reformistas en su Strategy for Labor subray la importancia de permitir a los trabajadores ver el socialismo no como el ms all trascendental sino como una meta visible de la praxis en el momento presente.

Cuando Alexis Tsipras declar que el partido estaba preparado para gobernar, basndose en el rechazo inequvoco de la poltica econmica, consigui que los activistas de Syriza se concentraran y se organizaran con disciplina. El estilo y la cultura de movimiento de la organizacin dieron lugar a una campaa de gran determinacin en la que las lealtades particulares de grupo o tendencia dentro de la coalicin se debilitaran para permitir que surgiera una nueva unidad.

Pero surgieron tambin quejas de una cierta opacidad sobre cundo, dnde y cmo se tomaron las decisiones y temores de que esto se reforzara en el caso de que un gran grupo parlamentario llegase a ser una celebridad de la que dependiera el futuro del partido, lo que debilitara la democracia y el debate interno del partido, recordando los casos de Lula y Andreas Papandreu en 1981. Aunque la coalicin est unida sobre la importancia de gobernar, se debate cmo compartir el liderazgo, cmo rendir cuentas a los activistas del partido y del movimiento, cmo mantener una cultura politizada y crtica de debate, desafo y militancia estratgica; en otras palabras, cmo evitar convertirse en otro Pasok.


Repensar el derecho a voto: desde la atomizacin a la representacin social


La experiencia de Syriza aporta un enfoque prctico a las discusiones recientes en el seno del movimiento por la justicia global sobre la conveniencia, en las democracias liberales, de involucrarse en el sistema poltico y luchar contra l y en particular sobre la conveniencia de perseguir la representacin poltica por otras razones que las propagandsticas y bajo qu formas de organizacin.

La combinacin consciente de Syriza de organizar para gobernar junto con la capacidad de cambio independiente del sistema poltico -mediante el trabajo solidario dentro de la comunidad, la agitacin de base en los sindicatos, las campaas por los derechos polticos y sociales y contra el racismo y la xenofobia- plantea una vez ms si el voto es todava un recurso de transformacin social o una fuente perpetua de desilusin y alienacin.

En otras palabras, es posible que la representacin en las actuales instituciones de democracia parlamentaria, junto con los esfuerzos para cambiar estas instituciones, fortalezca la lucha ms amplia que acabe con el poder capitalista, es decir el poder de los mercados financieros, los bancos privados y las corporaciones, todos ligados a las instituciones estatales y avalados por ellas? Mi respuesta es positiva, aunque muy condicionada.

Este condicionamiento se basa organizativa y culturalmente en la concepcin social y concreta de la ciudadana. En las sociedades de hoy, llenas de desigualdades, esto implica involucrarse en la poltica electoralista mientras se combate lo que representa hoy el sufragio universal: una igualdad poltica formal y abstracta en una sociedad que en esencia es desigual.

Muchas personas desposedas y sus aliados que lucharon por el voto creyeron que el hecho de desenmascarar, desafiar y superar las relaciones desiguales y explotadoras estaba en el corazn de la poltica parlamentaria. Para los Chartists [reformistas polticos britnicos entre los aos 1838 y 1848] y para muchas sufragistas, el voto representaba la apertura de una nueva fase de lucha poltica, no una meseta donde acomodarse. La representacin poltica signific para ellos un medio de hacer visible en el sistema poltico la lucha contra la desigualdad econmica y social.

La capacidad de la clase dirigente britnica, a menudo con la complicidad tcita y ostensible de la direccin laborista del Parlamento y de los sindicatos, de contener esta dinmica potencial es un ejemplo bien documentado de un fenmeno comn en las democracias liberales.

El resultado es una forma estrecha de representacin en la que se trata a los ciudadanos de manera abstracta en lugar de que sean un elemento de unas relaciones sociales complejas y, en la actualidad, desiguales. Es un proceso poltico que tiende a disfrazar en vez de desenmascarar las desigualdades y protege en lugar de desafiar el poder econmico privado.


Volver a la radicalidad democrtica


Las generaciones posteriores desafiaron esta tendencia. Recuperaron los objetivos democrticos radicales de los pioneros al pretender romper la membrana protectora de la poltica parlamentaria y abrir la poltica al impacto directo de las luchas que estn cambiando el equilibrio del poder en la sociedad.

Hay mucho que aprender a este respecto de dos experiencias: la administracin laborista radical del GLC y el gobierno del PT de Porto Alegre. Ambas direcciones polticas construyeron en la prctica su estrategia de implantar el mandato electoral basndose en compartir el poder, los recursos y la legitimidad junto con los ciudadanos organizados en torno a los temas de igualdad econmica y social.

Los polticos municipales se basaron en el reconocimiento de que las desigualdades que tenan obligacin de abordar porque los haban elegido para ello -sobre el poder econmico, la raza, el gnero, etc.- requeran fuentes de poder y conocimiento ms all de las del Estado solo.

En ambos casos el mandato exiga una poltica de la que se podra aprender y que no repitiera las concesiones que se haban hecho a nivel local y nacional en el pasado. En el caso del GLC la izquierda del Partido Laborista de Londres, influido ste por una feroz controversia dentro del partido a nivel nacional, estaba decidida a evitar el fracaso del gobierno laborista de 1974 a 1979 e implantar un mandato electoral radical.

Esta fuerte voluntad poltica, junto con una implicacin directa en los movimientos comunitarios, feministas, sindicales y antirracistas, hizo que los futuros concejales del GLC conectaran con muchas organizaciones que compartan sus objetivos y se involucraran en la redaccin de un manifiesto detallado. Este manifiesto se convirti en el mandato de la nueva administracin cuando el Partido Laborista gan las elecciones al GLC en 1981. Fue una referencia clave en los conflictos con los altos cargos tanto en County Hall [sede del Consejo del Gran Londres] como al otro lado del ro en Westminster, que ya encabezaba Thatcher, y Whitehall [ubicacin de la administracin del gobierno britnico]; es decir, una fuente de legitimidad moral para el radicalismo de las polticas del GLC.

En el caso de Porto Alegre, la forma de llevar el municipio implicaba que las elites de los partidos locales hicieran tratos de mutuo beneficio que reproducan la corrupcin y el secretismo estructurales que aseguraban que el municipio serva o al menos no molestaba a los intereses econmicos de las aproximadamente 15 familias que dominaban la economa local como terratenientes o empresarios.

La misin del PT, como parte de su compromiso de desagraviar las importantes desigualdades que resultaron de la forma de gobernar y de la economa brasilea, era poner fin a esto. Bajo el liderazgo de Olivio Dutra se comprometi a trabajar con las asociaciones vecinales y otras organizaciones democrticas de base con el fin de abrir los procedimientos presupuestarios y financieros de contratacin del municipio.

En ambos casos las estrategias fueron efectivas al conseguir muchos de los objetivos marcados, tanto que los intereses creados que haban desafiado actuaron tan eficaz como reaccionariamente. Estas experiencias, y en particular las relaciones cruciales entre ciudadanos organizados de forma autnoma y el Estado local, fueron producto de estas singulares circunstancias histricas.

Tanto el Partido Laborista britnico como el Partido de los Trabajadores de Brasil fueron producto de los movimientos laborales y sociales y de los intelectuales progresistas pero sus orgenes histricos divergentes se basaron en una comprensin distinta de la democracia y por tanto de las estrategias a seguir ante las polticas representativas.

Mientras el PT se cre para ser la vanguardia democrtica radical de la lucha contra la dictadura, el Partido Laborista se fund para proteger y extender los derechos de los trabajadores y la provisin social dentro de una democracia parlamentaria. El Partido laborista se cre de una divisin casi sacrosanta entre lo industrial (los sindicatos) y lo poltico (el Partido). Las reglas que gobiernan esta relacin son bastante flexibles, ya que de otra manera esta alianza contenciosa no habra sobrevivido.

En 1950 esta divisin del Laborismo haba producido ya una abdicacin profundamente institucionalizada de la poltica desde los sindicatos hacia el Partido Laborista que consideraba cada vez ms que la poltica legtima slo poda tener lugar dentro de los estrechos confines parlamentarios. Los sindicatos podan presionar y como parte del Partido Laborista podan aprobar resoluciones que proponan lo que los gobiernos podan hacer. Pero actuar directamente en temas polticos y sociales estaba fuera de su alcance.


Greater London Council


En 1981 el Partido Laborista de Londres tena un carcter bien diferente. Fue producto del desafo poderoso a esta divisin moderadora del mundo del trabajo que se acerc peligrosamente (a ojos de la clase dirigente britnica) a romper las barreras que protegan el Estado reaccionario del Reino Unido contra el espritu rebelde del movimiento sindical de Europa, mucho mejor organizado entonces.

El Partido Laborista de principios de los aos 70 se haba radicalizado como reaccin al derrumbamiento y concesiones polticas del gobierno de Harold Wilson de 1964 a 1970. El Partido laborista en ese momento, sobre todo fuera del mbito de la direccin parlamentaria, abri sus puertas a la influencia de los movimientos sociales, lo que inclua a la base y parte de la direccin de los sindicatos.

Se elabor un manifiesto radical de manera relativamente abierta y participativa que no slo hablaba de extender la propiedad pblica sino tambin de dar poder a las organizaciones sindicales en el lugar de trabajo.

En el mbito del gobierno, sin embargo, bajo las presiones de la City [mundo financiero] y fortalecido por los pasos dados por Estados Unidos y el FMI hacia la desregulacin financiera, las puertas de la direccin parlamentaria estaban cerradas. El resultado fue una lucha sin precedentes en todo el movimiento obrero que se convirti en un conflicto, no sobre las polticas a seguir, sino sobre la misma naturaleza de la representacin. Esta lucha est bien documentada.

A mediados de los aos 80 la izquierda ya haba perdido la lucha para cambiar el Partido Laborista, junto con la naturaleza de la representacin poltica de la clase obrera. Mientras tanto la misma izquierda no slo haba ganado las elecciones y haba mantenido el control del partido en la capital, con el apoyo de la mayora de los sindicatos, sino que tambin haba ganado la autoridad estratgica en el GLC que tiene un presupuesto mayor que muchos Estados-nacin. Dispona de la ocasin, la voluntad, los aliados y parte de los poderes legislativos -antes de que el gobierno de Thatcher empezara a cercenarlos- para implantar polticas radicales.

Una vez refugiados en County Hall, los concejales laboristas, alentados por las luchas y organizaciones en las que muchos de ellos estaban involucrados y que les haban aupado con el fin de proseguir la lucha, gobernaban el GLC con maneras que transformaran las relaciones entre los concejales, los altos cargos del gobierno local, las organizaciones ciudadanas autnomas, los sindicatos y la mayora de los ciudadanos de Londres.


El Partido de los Trabajadores en Porto Alegre

Durante un tiempo el Partido Laborista local se comport de modo parecido al Partido de los Trabajadores de Brasil, a 6.000 millas de distancia. Lo que caracterizaba al PT, al menos desde su fundacin en 1980 hasta finales de los aos 90 (y lo que es importante para nuestra discusin con respecto a las condiciones bajo las que la democracia representativa podra ser un recurso para la transformacin social), es la prctica poltica basada en la creencia de que los fundamentos formales de la democracia -sufragio universal, derecho de expresin, libertad de reunin, prensa libre, pluralismo poltico y el Estado de derecho- deban reforzarse mediante instituciones eficaces de democracia participativa popular si se queran conseguir los objetivos de la democracia -igualdad poltica y control popular-.

El partido aprendi esta leccin no slo con ocasin del derrocamiento de la dictadura, sino tambin por las desigualdades extremas de la sociedad brasilea que se burlaban an ms que en la mayora de los pases capitalistas de las alegaciones legalistas de igualdad poltica. El carcter prctico de estas formas radicalmente democrticas surgi en parte de los modos participativos desarrollados en los movimientos en los que se fund el PT, sobre todo los sindicatos militantes y el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra.

Estas maneras participativas se desarrollaron posteriormente dentro de un proceso consciente y colectivo de prueba y error de los presupuestos participativos en varias ciudades grandes adems de Porto Alegre. La cultura y mentalidad del partido acerca de la participacin popular fue importante tambin; stas surgieron a su vez de las tradiciones de la educacin popular que, en el caso de Paulo Freire, representaba una forma de concienciacin poltica basada en el principio de permitir a las personas que desarrollaran sus capacidades.

El resultado fue un partido que se haba comprometido a desarrollar instituciones de control popular con el fin de compartir el poder y fortalecer las capacidades populares transformadoras. Hay muchos ecos del PT en Syriza, un reflejo quiz de su historia comn de luchas contra una dictadura. Respecto a la diferencia entre el poder transformador y el poder dominador, en ambos casos las direcciones polticas radicales intentaron utilizar los poderes estatales de dominacin -en particular de las finanzas y la tierra- como recursos eficaces de la capacidad popular transformadora.

De esta manera en Porto Alegre y otras ciudades brasileas que desarrollaron procesos de presupuestos participativos despus de ganar las elecciones municipales y conseguir el control centralizado del presupuesto, el partido deleg eficazmente el poder sobre las inversiones y prioridades nuevas a la descentralizacin coordinada del presupuesto participativo.

Al mismo tiempo se form un grupo de trabajo con las distintas organizaciones vecinales para facilitar el proceso descentralizado que consista en un ciclo anual de reuniones vecinales y regionales en las que se hacan las propuestas de nuevos gastos, se evaluaban de acuerdo con el marco acordado de criterios tcnicos y reales y se discutan mediante un proceso elaborado, transparente y reglamentado de toma de decisiones y negociacin horizontales que resuma un comit compuesto de delegados procedentes de las distintas zonas de la ciudad, diversas asambleas temticas y los representantes del alcalde.

En el caso del GLC hubo una combinacin similar de accin municipal, donde se utilizaba el poder centralizado y los recursos para dar poder a las organizaciones ciudadanas y fortalecer la capacidad de los londinenses, como trabajadores o ciudadanos, de influir en las decisiones que afectaban a su vida.

El GLC, por ejemplo, utiliz su poder para comprar suelo e impedir que las constructoras destruyeran las comunidades del centro de la ciudad; luego encomendara la gestin de dicho suelo a la comunidad local que, durante el proceso de resistencia a las constructoras, habra diseado su propio plan para la zona. Cre un consejo de iniciativa pblica que impidi que las empresas cerraran, con la condicin de que los sindicatos de dichas empresas tuvieran ciertos poderes sobre la forma de utilizar los recursos disponibles. Se estableci una oficina central dentro del consejo municipal para controlar la implantacin del mandato electoral, lo que inclua el compromiso de la participacin popular.

En otras palabras el poder centralizado de recaudar impuestos, controlar la utilizacin del suelo, etc. se combin con la descentralizacin y la delegacin, de forma que el uso de los recursos estatales se asignara y gestionara junto con los grupos populares. Igual que con cualquier experimento importante, los problemas deben ser objeto de reflexin junto con los objetivos y los xitos.


Aprender de los fracasos y las debilidades

Estos problemas arrojan una luz severa sobre las tensiones entre las formas de organizacin poltica desarrolladas histricamente dentro de la poltica representativa liberal orientada a ganar y mantener el gobierno dentro del Estado y las formas de organizacin poltica necesaria para construir el control popular del Estado. Las innovaciones polticas se desarrollaron en su mayor parte y en ambos casos a consecuencia del impulso de las organizaciones vecinales, de los movimientos sociales y en el lugar de trabajo. Las presiones de lo inmediato significan a menudo que los temas difciles que surgen durante el da a da de las relaciones entre partidos e iniciativas y movimientos autnomos no se reconocen ni se discuten pblicamente.

En el caso del GLC la misma naturaleza limitada del Partido Laborista para implantar los compromisos de su propio manifiesto radical fortaleci el trabajo con los movimientos cvicos y sindicales. Gran parte de las relaciones polticas y prcticas entre el municipio y estas organizaciones independientes dependa sin embargo de los cargos nombrados por el GLC (la mayora de los cuales proceda de los movimientos) y de los concejales comprometidos, en vez de las organizaciones del Partido Laborista sobre el terreno.

El compromiso continuo con los movimientos autnomos, ms all de la relacin institucional con los sindicatos, habitualmente no formaba parte de las costumbres polticas de las organizaciones locales del Partido Laborista. Esto empez a cambiar a finales de los aos 70 y principios de los aos 80, llegando a su punto ms lgido con ocasin de la huelga de los mineros en 1984 y 1985, cuando las organizaciones locales del Partido Laborista y los sindicatos se organizaron con las comunidades y los lugares de trabajo en Londres y en todo el pas. Pero esta cultura de movimientos sociales en lucha no estaba lo bastante arraigada para soportar las embestidas del gobierno Thatcher, lo que inclua la abolicin del mismo GLC como el gobierno elegido de Londres.

En Porto Alegre, donde las relaciones entre el PT y los movimientos sociales eran muy estrechas y con mucha doble afiliacin, un gran problema fue la ocupacin de los principales activistas procedentes de ambas organizaciones en puestos de gobierno, lo que debilitaba tanto al partido que estaba fuera del gobierno como la organizacin de los movimientos sociales y comunitarios autnomos.

Un segundo problema fue el mismo proceso de participacin presupuestaria. Aunque todo apunta a un incremento importante de la implicacin activa y a un crecimiento de la autoestima y la capacidad organizativa -sobre todo de los pobres, las mujeres y las personas negras- surgi una grave limitacin al desarrollo de las capacidades transformadoras populares de la participacin presupuestaria ms all de las exigencias pragmticas prioritarias.

Esta limitacin resida en la separacin del proceso de participacin presupuestaria de la construccin estratgica de polticas en el caso, por ejemplo, de la planificacin urbanstica. A medida que la participacin en la toma de decisiones presupuestaria creca en volumen y las personas que participaban adquiran confianza y conciencia poltica, algunos activistas -tambin de las zonas ms pobres- demandaban informacin e implicacin en las polticas de planificacin. Sin embargo este proceso no se abri en toda su extensin.

Se sugieren varias explicaciones respecto a este tema. Una es que el PT dentro del municipio no ejerca suficiente control sobre el comportamiento de los distintos departamentos, con el fin de cumplir este deseo de informacin e implicacin dentro de la participacin presupuestaria. Los funcionarios encargados de la planificacin fueron especialmente celosos de los intereses de su departamento. Sergio Baierle indica que otra explicacin es el desarrollo de un cuadro de gobernantes dentro del PT que se distanci de los activistas comunitarios y asumi una actitud paternalista con respecto a ellos.

Un tercer problema del proceso de participacin presupuestaria fue la ausencia de directrices debatidas y consensuadas pblicamente en torno a los acuerdos entre la municipalidad y las organizaciones comunitarias implicadas en la provisin de los servicios de cuidado de nios y reciclado. La falta de insistencia en los estndares necesarios de igualdad, democracia y eficiencia pblica -un elemento bastante bien desarrollado del proceso del GLC en lo que se refiere a la concesin de subvenciones- signific que el proceso encabezado por el PT de desviacin de recursos hacia las organizaciones comunitarias fue vulnerable a la usurpacin neoliberal de la gestin comunitaria, cuyo destino sola revestir alguna forma de privatizacin.

Los problemas surgidos en Londres y Porto Alegre podan haberse superado, ya que ambos procesos haban desarrollado cierta capacidad de innovar mediante prueba y error. Pero en ambos casos el auge de la poltica impulsada por el mercado cerr el espacio de desarrollo de estas experiencias de reforma impulsada por la democracia.

La abolicin del GLC tuvo lugar cuando la derecha neoliberal experiment ms triunfos. Asimismo algunos sectores de la izquierda, incluyendo aqullos cuyas visiones del socialismo haban estado ligadas a las fortunas de la Unin Sovitica (o que como Tony Blair no tenan ninguna visin del socialismo) se pusieron a la defensiva y se convirtieron ingenuamente en nuevos conversos del mercado capitalista como fuente de eficiencia y modernizacin. En consecuencia slo defendieron dbilmente -cuando no atacaron abiertamente- las innovaciones del GLC. Lo que s es cierto es que se empearon en borrarlas su memoria en vez de aprender de ellas.

En el caso de Porto Alegre la derrota del PT de 2004 se debi a muchos factores, entre ellos cierta prdida de direccin dentro del PT local y una desilusin con los primeros aos del gobierno de Lula a medida que sucumba a las presiones del FMI.

Es importante sealar que el pleno desarrollo de ambos experimentos fue abortado por el impacto en los partidos obreros de la fuerza global del neoliberalismo que ilustraron en la prctica la respuesta directa de la poltica impulsada por el mercado. Esta respuesta empez a desarrollar una alternativa no de mercado que abordaba los fallos democrticos de la administracin pblica sin dejar de reconocer la importancia del Estado en la redistribucin de la riqueza y la provisin de servicios esenciales e infraestructura. Mientras la conversin de la socialdemocracia al paradigma neoliberal implicaba el desencadenamiento del mercado capitalista como fuente de la nueva energa necesaria para reformar los organismos estatales adormecidos por la rutina y faltos de reaccin, el PT primitivo y la izquierda radical de Londres (y en otros lugares) persiguieron formas democrticas que liberaron la creatividad popular latente como fuente de energa para la gestin de recursos pblicos para el bien comn.

La tentativa de anular esta opcin, mediante la persistente imposicin ideolgica de la dicotoma de una vieja izquierda controlada por el Estado contra el dinamismo e iniciativa empresarial del mercado capitalista, fue en realidad la continuacin hasta el siglo XXI de las mentalidades de la Guerra Fra. Las alternativas de la izquierda, por tanto, no llegan a desarrollarse en su totalidad precisamente a causa de los xitos de esta anulacin

Pero cuando analizamos las fuentes de las que puede emanar ahora una poltica transformadora es importante recordar que la alternativa transformadora no desapareci del todo. Esto se vio en Brasil, si no dentro del propio PT, y posteriormente en los movimientos y las redes altamente politizados como el MST. Incluso en el Reino Unido su espritu pervivi en varias campaas, desde la que derrot al poll tax [impuesto de capitacin] a la ms reciente contra la evasin fiscal corporativa que combinan las formas creativas de accin directa con la intervencin de acadmicos y periodistas comprometidos, asesores sindicales y el apoyo de diputados.


Las luchas para transformar el Estado

En este apartado quiero reflexionar sobre los mltiples movimientos e iniciativas que emprendieron las luchas contra la privatizacin desde mediados de los aos 90. Muchas de estas luchas se llevaban a cabo tambin para transformar el Estado. Hay suficientes ejemplos a nivel mundial para sugerir que estas luchas indican cierto desarrollo de los sindicatos del sector pblico y alianzas ms amplias, sobre todo a nivel local pero con apoyo nacional e internacional.

Estas experiencias indican una respuesta positiva ante la ruptura que representaba la divisin de la fuerza de trabajo caracterstica de los movimientos laborales socialdemcratas sealados anteriormente entre el sindicalismo que se ocupaba de las relaciones industriales y la contratacin y los partidos que se comprometen con los temas polticos ms amplios, lo que incluye el Estado de bienestar.

Ante el rechazo de los sindicatos a aceptar la comercializacin de los servicios pblicos y al mismo tiempo su defensa de la reafirmacin y renovacin del objetivo de maximizar el bien pblico en vez del beneficio privado, stos se responsabilizan como ciudadanos de lo que era antes dominio de la poltica representativa.

De alguna manera estn defendiendo la funcin primitiva del Estado de redistribuir y revertir la mercantilizacin; pero inician tambin una dinmica de renovacin y transformacin de dichas relaciones no comerciales. Qu es lo que hace que estas luchas sean transformadoras y vayan ms all de defender las relaciones existentes para iniciar una nueva dinmica que libera las capacidades y poderes creativos de los trabajadores?

El desarrollo clave aqu es que las organizaciones sindicales enraizadas en lugares de trabajo especficos y que cooperan con las asociaciones de consumidores y comunitarias han empezado a luchar en torno a los valores de uso producidos por sus miembros en vez de slo replicar las relaciones de produccin de mercancas y regatear el coste y condiciones de la fuerza de trabajo.

De hecho para ganar la lucha por los servicios pblicos han transformado su organizacin de un medio de representacin y movilizacin a uno que socializa democrticamente el conocimiento que los trabajadores y consumidores ya tienen del servicio que producen o utilizan y de esta manera prevn cmo dicho servicio puede desarrollarse y mejorarse. En la prctica incorporan la superacin de la naturaleza alienada de la fuerza de trabajo como parte de su lucha para defender y desarrollar todo el potencial de la esfera pblica de la provisin no mercantil.


La organizacin poltica en transicin


Todos los ejemplos indicados en este ensayo ilustran una transicin del cambio socialista centrado en el Estado a la valoracin del poder transformador organizado dentro de la sociedad. El gobierno -en este caso el gobierno local- sigue siendo importante pero no como el principal impulsor del cambio, sino como el elemento que ejerce los poderes especficos de redistribucin y socializacin del suelo y las finanzas y la defensa de los servicios pblicos.

Estos poderes apoyan las capacidades de los ciudadanos organizados con el fin de resistir y transformar, tanto en contra del capital como para facilitar la organizacin y apoyar la gestin democrtica y descentralizada de los recursos polticos, lo que incluye los bienes comunes. Qu es lo que podemos concluir sobre las implicaciones de esta transicin para la naturaleza de la organizacin poltica?

Hemos vislumbrado, mediante estos ejemplos del GLC, Porto Alegre y la resistencia transformadora a la privatizacin, la multiplicidad de maneras de la organizacin e iniciativa polticas en las que el objetivo de la representacin poltica y/o el gobierno es slo un elemento del proceso de cambio.

El concepto de lo poltico ha adquirido en las ltimas cuatro dcadas el significado ms amplio de la pertinencia de las relaciones del poder transformador dentro de la sociedad. Muchas de las iniciativas polticas se centran a menudo en las relaciones sociales en el sentido ms amplio y tienen en cuenta un abanico de valores.

Un elemento de esta interpretacin ms amplia de la poltica es cmo estas actividades crean cada vez ms alternativas en el presente que no slo ilustran el futuro que buscan sino que adems abren una mayor dinmica de cambio. A este respecto hicimos una comparacin con el pensamiento estratgico innovador de Andr Gorz a mediados de los aos 60; pero al considerar cmo es la organizacin poltica ahora, un ejercicio de contraste nos ayudar a identificar otro elemento de la transicin actual. La dimensin organizativa de la lucha ha cambiado considerablemente desde el tiempo de Gorz.

Por muchas razones, entre ellas las derrotas polticas de organizaciones sindicales tradicionales, el impacto socialmente devastador de la economa neoliberal y tambin los cambios radicales en la tecnologa y la organizacin productiva, nos enfrentamos a modos extremos de fragmentacin y dispersin.

De hecho el problema de crear el cambio en el presente con la idea del cambio futuro implica tanto la creacin de nuevas formas de autogestin como las reformas del Estado. Podemos comprobar esto a travs de las campaas en torno a la resistencia y alternativas a la privatizacin.

Hemos descubierto cmo estas campaas pretenden conseguir los cambios en el presente y un futuro alternativo al defender o recuperar los servicios pblicos absorbidos por el mercado, pero tambin a hacerlos realmente pblicos en el sentido organizativo y mediante la propiedad. Estas campaas no podran depender slo de las organizaciones existentes del movimiento obrero. Ha sido necesaria una innovacin organizativa considerable que implicaba a las comunidades en las que el sindicato es slo un actor entre muchos y los partidos obreros tradicionales slo han estado presentes de forma testimonial. Tales campaas han sealado la necesidad de convertir el sindicato de un medio de negociacin defensiva en uno que recoja todo el conocimiento de los trabajadores con el fin de actuar de forma comprometida para transformar los servicios en respuesta a las necesidades de los usuarios.


Nuevas formas de comunicacin y la comprensin del conocimiento

Estas formas organizativas hbridas de lo viejo y lo nuevo, desarrolladas y unidas para un objetivo comn, representan un patrn extendido que produce a su vez nuevas formas organizativas. Cualquier mapeo til de los elementos caractersticos de la transicin hacia nuevas formas organizativas debera incluir otros dos elementos de esta multiplicidad en la organizacin poltica.

El primer elemento se refiere a la importancia del vehculo de comunicacin. La organizacin trata siempre, principalmente, de la comunicacin, adems de la toma de decisiones y la disciplina. Las nuevas tecnologas de comunicacin permiten ahora una diversidad cualitativamente mayor de medios de colaboracin. Posibilitan que haya medios de coordinacin en red basados en objetivos comunes y valores compartidos al tiempo que reconocen la pluralidad de tcticas y formas organizativas que, por lo tanto, no requieren un solo origen. Tales enfoques de la poltica transformadora existieron antes de las nuevas tecnologas, pero al incrementar las posibilidades se ha generalizado a su vez nuestra imaginacin organizativa, adems de crear un nuevo problema.

El segundo elemento se refiere al conocimiento. La extensin de formas de organizacin dispersas pero a menudo conectadas y en colaboracin crea tambin las condiciones favorables de materializar el potencial poltico de las comprensiones plurales del conocimiento desarrolladas en la prctica por los movimientos de los aos 70, especialmente el movimiento feminista, las organizaciones sindicales radicales y tambin, de origen distinta, la educacin popular y las organizaciones polticas de base en muchas partes del Sur.

El giro desde una comprensin del cambio centrado en el Estado a uno centrado en desarrollar el poder transformador dentro de la sociedad se asocia con estos cambios radicales en nuestro entendimiento del conocimiento. Los movimientos de los aos 70 incorporaron en su prctica la capacidad consciente y creativa de la llamada gente comn, tanto frente a la gestin cientfica de la produccin fordista como al conocimiento centralizado, exclusivamente profesional, del Estado socialdemcrata de la Sociedad Fabiana. Su comprensin de la importancia del conocimiento tanto prctico como terico, tcito adems de codificado, respald la primera fase de la democracia participativa en aquellas primeras dcadas de rebelin que se lleg a tachar de exceso de democracia.

Esto alter tambin el contenido de los programas polticos que condujo a un proceso participativo mayor de desarrollo de ideas que lo que tradicionalmente ha acontecido en los partidos polticos, lo que subraya la importancia de las alternativas como prctica y base de las reformas exigibles al Estado.

De alguna manera las funciones asociadas a un partido poltico las llevan a cabo ahora muchos actores autnomos que comparten valores comunes. Para considerar estas implicaciones complejas de la organizacin poltica es importante identificar los distintos tipos o niveles de actividad poltica. Por ejemplo, el tipo de unidad necesaria para una campaa electoral no es el que se requiere para construir una red de centros sociales o las alianzas de grupos comunitarios y sindicatos, donde la difusin de informacin y diversidad de acuerdo con las condiciones locales ser ms apropiada. Tiene sentido relacionar el tipo de organizacin con la actividad.


Nuevas formas de poltica y organizacin

Asimismo no es necesario que actividades y organizaciones distintas que comparten valores comunes formen parte de un solo marco poltico. Estos valores comunes pueden comunicarse y compartirse de muchas maneras.

Sin embargo quedan muchos temas sin resolver. Uno de ellos es el problema con el que empezamos: la representacin dentro del sistema poltico, redistribuir los recursos pblicos y reubicar el poder del Estado. Este objetivo requiere, una vez ms, formas organizativas especficas. Para desarrollar estas formas necesitamos recuperar nuestro esbozo terico de una aproximacin crtica a la representacin basada en los ciudadanos, no como individuos que disfrutan de una igualdad poltica abstracta y formal, sino como ciudadanos inmersos en relaciones sociales desiguales y especficas, como trabajadores, desposedos, mujeres, minoras tnicas, impedidos, etc. Qu estrategias y formas organizativas podran posibilitar los recursos polticos necesarios para las luchas que superen estas desigualdades y fuentes de explotacin?

La democracia parlamentaria en realidad tiende a bloquear y reforzar las desigualdades de riqueza y poder si no se ejerce oposicin contra ella. Este proceso se intensifica cuando se permite que organismos nacionales e internacionales opacos y que no rinden cuentas tomen decisiones claves y en consecuencia se despolitizan la mayora de las decisiones centrales que afectan el futuro de la sociedad.

Esta tendencia se asocia a menudo con la globalizacin neoliberal, pero slo es la continuacin de un proceso endmico de democracia liberal: deja los temas claves del futuro de los pobres en manos del mercado capitalista; como vimos en la historia pasada de Porto Alegre el futuro de los residentes de las favelas queda en manos de la elite de las familias terratenientes, el de las comunidades del centro de Londres en manos de las constructoras especulativas y el de los servicios pblicos en manos de las corporaciones depredadoras.

El elemento comn de las contraestrategias ensayadas en Londres y Porto Alegre se bas en la colaboracin municipal con los colectivos que luchaban directamente contra estas desigualdades: las organizaciones de los pobres en las favelas mediante el presupuesto participativo, las comunidades del centro de Londres mediante la implicacin directa en la formulacin e implantacin de la planificacin municipal y el apoyo de sus propuestas frente a las presiones de los terratenientes y las constructoras respectivamente.

En cuanto a la organizacin, estas estrategias implicaron una forma de representacin poltica basada en un mandato electoral que requera la rendicin de cuentas a los ciudadanos que disponan de las necesarias fuentes especficas de poder, conocimiento y organizacin, pero no del apoyo poltico suficiente para llevar a cabo el cambio.

He argumentado en este texto que la representacin poltica en dichos contextos implica un conflicto entre dos interpretaciones y formas organizativas completamente distintas de poder poltico. Se necesitan por tanto las formas organizativas para hacer visibles las luchas sociales dentro del sistema poltico. Estas luchas refuerzan el mandato electoral al reclamar y elaborar activamente los compromisos adquiridos. Dichas formas de representacin luchan contra instituciones atrincheradas que consideran las desigualdades y problemas, objetivo de las luchas y el mandato electoral, inevitables y ms all de su responsabilidad.

La clase de organizacin cuyo propsito es llevar a cabo esta forma de representacin social e inevitablemente conflictiva ha de hacerse para servir a las luchas y los movimientos cuyas demandas y necesidades se persiguen a travs del proceso poltico. Esto es mucho ms complejo y duro que ser la voz de algo. Si se entiende que los partidos son las organizaciones que buscan la representacin poltica y el gobierno, entonces hablamos de un partido poltico. Pero es un partido -o partidos- de ndole muy distinta a los que estamos acostumbrados.

Para empezar, y si tenemos en cuenta la antes mencionada multiplicidad de formas de organizacin poltica para el cambio social, el partido formara parte de una constelacin de organizaciones, fuera de las instituciones polticas, que comparten de forma ms o menos explcita valores y objetivos comunes.

Por otra parte estas nuevas formas de partido funcionaran dentro de un marco de compromiso fijado por el mandato electoral y desarrollado con la participacin de esta red mayor o constelacin. Sera esencial para el carcter organizativo del partido la rendicin de cuentas y transparencia del trabajo de los representantes al implantar este compromiso.

En tercer lugar la organizacin de partido tendra en 2013 miembros que trabajaran en las tareas de representacin y otros en la construccin de las organizaciones extraparlamentarias del poder transformador. Como en el caso de Syriza y otros, estos miembros no se incorporaran como lderes, sino como compaeros activistas que contribuyen a sus fuentes particulares de poder y conocimiento y las comparten. Este tipo de partido requerira formas especficas de organizacin con el fin de contrarrestar las presiones que atraen a los representantes a la poltica parlamentaria y sus tendencias hacia una clase poltica separada.

Vimos tanto en Londres como en Brasil que la incapacidad de los dos partidos de desarrollar la presencia de movimientos sociales y abrir recursos estatales para las luchas sociales se deba a la debilidad de los vnculos organizados de los partidos con la sociedad. Syriza podra aprender de estas lecciones. Los partidos polticos fueron modulados en parte por los movimientos que fueron decisivos en sus orgenes: para el PT fueron los movimientos por la democracia y la igualdad contra la dictadura y el gobierno oligrquico y para el Partido Laborista de los primeros aos 80, fue la maduracin de los movimientos de los aos 60 y 70.

El sistema constrie a los partidos que trabajan en su seno. Con Syriza quiz tengamos uno de los primeros partidos formados, aunque no exclusivamente, por los movimientos que resisten el capitalismo neoliberal frente a una clase poltica completamente desconectada del pueblo. Una de las 29 diputadas, que sumaron un tercio del grupo parlamentario, Theano Fotiou, describi el propsito predominante de la estructura del nuevo partido: Estar siempre conectada a las personas, aunque stas no sean miembros del partido, y que lo critiquen y le aporten nueva experiencia.

Se haba creado una coalicin a la que casi dos millones de personas se sintieron conectadas a pesar de una tentativa intencionada de infundir el miedo, o quiz por eso. Syriza aprendi esta leccin de sus compatriotas y de experiencias polticas que haban tenido lugar en toda Europa. Est claro que a medida que fortalezcamos en todo el continente nuestras capacidades para rechazar las medidas de austeridad y organizar la reforma no reformista de una Europa democrtica e igualitaria aprenderemos mucho de ellos.

***

Agradezco la colaboracin de Greg Albo, Roy Bhaskar, Leo Panitch, Steve Platt, Vishwas Satgar y Jane Shallice. Nuestras discusiones y sus sugerencias han sido tiles para mis primeros borradores. Agradezco tambin a los compaeros de Red Pepper y Transnational Institute su colaboracin y estmulos y a Marco Berlinguer nuestras mltiples conversaciones que han influido en los argumentos de este ensayo.

Este ensayo se public por primera vez en el libro Question of Strategy de la editorial Socialist Register 2013, www.merlinpress.co.uk

Hilary Wainwright es editora fundadora de Red Pepper y miembro del Transnational Institute


Fuente: http://www.redpepper.org.uk/essay-political-organisation-in-transition/

rCR


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