Portada :: Ecologa social
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2013

En Indonesia tambin asesinan a los elefantes

Andre Vtlchek
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Los animales indonesios, tanto las criaturas pequeas como las enormes, no pueden contar con la benevolencia o la compasin del rgimen indonesio ni de la gente comn y corriente. En este pas, los animales no son amigos, no se les aprecia ni se les admira y definitivamente estn desprotegidos.

En el mejor de los casos se les considera una fuente de ingresos o de alimentos, en el peor una molestia que hay que evitar o incluso exterminar.

Apenas queda compasin en Indonesia, ni siquiera para la gente, y todava menos para los animales. Es el pas que ha cometido tres genocidios desde 1965, primero masacrando entre dos y tres millones de izquierdistas, ateos, intelectuales y miembros de la minora china; masacrndolos a sangre fra. Otros dos genocidios el de Timor Oriental y el de Papa ocurrieron poco despus.

Ahora Indonesia vive constantes ataques religiosos, tnicos y sociales casi por todas partes, en todo su territorio, de Java a Ambon, Sumatra y Sulawesi, Kalimantan y Sumbawa. Parece que el pas est constantemente en guerra consigo mismo, con la Madre Naturaleza y con su propia conciencia.

Masacrar animales, destruir sus hbitats, invadir su territorio, aqu todo est permitido y es admisible mientras produzca dinero o impida su prdida.

En Indonesia, la gente muere en desastres naturales y en los que causan los hombres. Regularmente, la ONU declara que el pas es el ms afectado del mundo por los desastres.

Todas las islas estn desoladas, despojadas de sus bosques y de todos los dems recursos naturales. Aludes, envenenamiento de la tierra y de las costas y una contaminacin fuera de control completan esta tendencia.

Los animales, de hecho todas las criaturas, incluso la naturaleza en s, ahora no sin siquiera secundarios; son terciarios, considerados irrelevantes para vctimas y victimizadores humanos.

Green Peace calific a Indonesia de nacin nmero uno del mundo en cuanto a desforestacin. Este vasto archipilago es el tercer emisor de gases invernadero del mundo, en gran parte como resultado de la destruccin de las selvas tropicales y de las turberas con sus grandes depsitos de carbono. A finales de 2009, representaba un 8% de las descargas globales de dixido de carbono.

No se puede decir que semejante situacin sea un paraso para el reino animal.

El famoso orangutn est refugiado en enclaves cada vez ms pequeos su hbitat est totalmente arruinado ya que casi no quedan rboles en la parte indonesia de toda la inmensa isla de Borneo (llamada Kalimantan en el pas).

La brutalidad hacia los animales es tan comn que ya nadie se inmuta en las ciudades o aldeas.

Desde obligar a los monos a bailar en los tristemente clebres embotellamientos de trfico de Yakarta, con sus caras cubiertas de rplicas plsticas de mscaras javanesas tradicionales, a los horrendos mtodos de tortura en los mataderos halal, que indignaron tanto al pblico australiano que el gobierno impuso una prohibicin de la exportacin de ganado vivo a Indonesia en 2011, a pesar de que la industria perdi cientos de millones de dlares como consecuencia.

La prohibicin fue una respuesta a una inmensa ola de enojo pblico y poltico despus de la transmisin de un vdeo grabado por activistas de los derechos de los animales, del manejo y sacrificio brutal e innecesariamente doloroso del ganado.

Los rinocerontes han sido casi totalmente eliminados de manera ilegal, con la excepcin de los pocos que se ocultan en algn sitio en lo profundo de los bosques que quedan en Sumatra y Java Occidental.

Las costas martimas alrededor de Java estn envenenadas. Los ros, algunos de ellos vergonzosamente clasificados como las vas fluviales ms contaminadas del mundo, estn tapados con basura, causando inundaciones durante la estacin de lluvias.

Ningn pez puede sobrevivir en un entorno semejante, y apenas quedan pjaros que vivan en esas enormes reas de Sumatra, Java y Kalimantan, que otrora fueron prstinas selvas tropicales y ahora son interminables llanuras cubiertas por las manchas txicas de plantaciones de aceite de palma y caucho.

Los regmenes migratorios del mayor lagarto del mundo el dragn de Komodo se han interrumpido. Despus de que la UNESCO declarase la zona patrimonio mundial sobrevino una apropiacin de terrenos, la gente del lugar fue obligada a partir por funcionarios corruptos y luego la industria del turismo inici sus proyectos.

En Sumatra, los elefantes que quedan, esas grandes y graciosas criaturas tan respetadas en muchas sociedades de todo el mundo, son tratados con resentimiento y espantosa brutalidad.

Sus senderos estn cortados, de hecho toda el rea que hasta hace poco se consideraba su hbitat natural se ha violado y se ha arruinado de forma irreversible. Hay quien dira que se trata de un crimen contra los mayores mamferos que habitan tierra seca, pero Indonesia ignora cada vez ms las leyes bsicas de la decencia humana, y un crimen es algo que se define de manera caprichosa e ilgica.

Si aqu se menciona la tortura de los animales, especialmente en las aldeas, uno se encuentra frente a sonrisas cnicas y torcidas. Durante dcadas han torturado a las personas, y qu? Nadie se interesa! Por qu se iban a preocupar de los animales?

Confundidos y frustrados, entonces los elefantes atacan los cultivos. Ha habido casos en Sumatra en los que han atacado aldeas. La represalia letal no se hace esperar; la sociedad indonesia tiende a las acciones punitivas, a la justicia de la turba y al linchamiento. La gente es vctima regularmente de horrores semejantes, los animales siempre. Aparece peridicamente en las pginas de Internet y en las pginas de la prensa local: animales, incluso elefantes, cazados, asesinados y despedazados.

Horrendas imgenes muestran cmo esas enormes, orgullosas y sabias criaturas son salvajemente eliminadas, cmo se les arrancan los colmillos, los baan en su propia sangre.

El modelo es aterrador y los incidentes parecen irreversibles: el hbitat de los elefantes se reduce a medida que las plantaciones de caucho y aceite de palma se expanden. Hambrientos, desplazados, confundidos, los elefantes se desesperan, algunos incluso enloquecen, entran a los arrozales y aldeas. Grupos operativos de aldeanos aburridos y sedientos de sangre se forman de inmediato y masacran brutalmente a los elefantes.

Una actitud semejante ya es impensable, desde hace muchos aos, incluso en varias naciones africanas, incluidas Kenia, Tanzania y Uganda, donde los gobiernos cooperan con el resto del mundo en el intento de proteger la vida salvaje. A menudo se hace por razones mucho menos que altruistas, ya que muchos parques naturales de frica Oriental cobran a los visitantes extranjeros hasta 100 dlares de entrada, y los animales son importantes generadores de moneda extranjera. Pero lo que realmente importa es que se haga el intento. Los animales grandes, incluidos elefantes y rinocerontes, son incluso protegidos contra cazadores furtivos por las fuerzas armadas nacionales.

Cuidadores y veterinarios cada vez ms capacitados que han desarrollado estrechos vnculos con los animales, atienden ahora los centros de rehabilitacin, los parques nacionales y santuarios en toda frica Oriental.

Pero en Indonesia, como en la Repblica Democrtica del Congo (un pas desgarrado por la ms brutal guerra civil del mundo), el gobierno no realiza casi ningn intento para detener el horror que enfrentan los animales. No es sorprendente que la UNESCO haya marcado en rojo los sitios de patrimonio natural de la humanidad en la Repblica Democrtico del Congo y en Sumatra, Indonesia, definindolosen peligro. Es una accin poco usual, reservada sobre todo parazonas de sociedades colapsadas.

En enero de 2013, me cans y me deprim despus de cubrir otra brutal contienda indonesia. Estaba escribiendo un largo informe para la publicacin Critical Muslimen Londres, sobre la intolerancia del Islam indonesio y su colaboracin desde hace tiempo con el imperialismo occidental y sus intereses en la regin.

Vol al sur de Sumatra para investigar el asesinato del ao pasado de cerca de una docena de aldeanos hindes y la quema de unas 500 casas en el sur de Sumatra, supuestamente por una turba de 15.000 fanticos religiosos.

Sent que necesitaba un descanso, por lo menos un da. Y pens que lo mejor que poda hacer en Sumatra era visitar uno de los parques, gozar de la compaa de los poderosos elefantes en uno de los centros de conservacin de elefantes.

A pesar de haber escrito y hecho pelculas sobre Indonesia durante unos 15 aos, todava tengo de vez en cuando esos momentos de ingenuidad. Por cierto, debera haber sabido que no estaba en Tailandia, donde se ama y se respeta a los elefantes e incluso se les mima.

Pero supongo que estaba demasiado cansado, y era demasiado inocente, por lo que fui.

Despus de ms de dos horas de espeluznante viaje en coche, llegu a la puerta del Parque nacional Way Kamas. Tras pagar una entrada nominal y despus de esperar el permiso especial, permitieron que el coche entrara.

Dentro del parque, a lo largo del camino, haba varias ruinas de torres de observacin que probablemente se utilizaban en el pasado para contemplar elefantes y otros animales, peroahora estn rodeadas de alambradas de pas. Faltaban los escalones inferiores. Y haba una especie de canal monstruoso que pasaba, paralelo al camino.

El seor Sugeng, empleado del Elephant Eco Lodge ubicado cerca de la entrada al Parque Nacional Way Kambas, me explic ms tarde: Para aislar a los elefantes de las aldeas, el gobierno cav un canal de 27 kilmetros de largo. Una iniciativa brillante, brillante!

Y entonces llegamos al Centro de Preservacin de Elefantes.

Para ser ms preciso, a algo que debera llamarse Centro de Tortura de Elefantes, o algo peor.

Lo primero que not fueron varias imponentes criaturas, ensilladas y montadas por familias que iban de excursin, a veces 4 o 5 personas sobre cada elefante, mujeres llevando sus pauelos, gritando por sus telfonos mviles. Los turistas parecan divertirse tomando fotos. Los animales se vean pasivos, cansados, asustados y deprimidos.

A algunos les faltaban los colmillos; algunos tenan heridas en sus cabezas y en otros sitios.

Al llegar, varios elefantes eran arreados desde el bosque. Horrorizado me di cuenta de que iban encadenados unos a otros. Y tenan cadenas alrededor de las patas, as como cuerdas en diferentes partes de sus cuerpos.

Los hombres (no haba mujeres) que supuestamente deban velar por ellos y protegerlos, en realidad hacan correr a esas enormes y aterrorizadas criaturas, gritndoles, chasqueando ltigos y agitando garrotes de madera con puntas agudas de metal, que parecan clavos gigantescos.

Nunca en mi vida haba visto a elefantes tratados de esa manera. Nunca en mi vida los haba visto brutalmente encadenados, golpeados y humillados.

Corr hacia uno de los cuidadores. Qu estaba haciendo con esa terrible arma? Los garrotes son necesarios para controlar a los elefantes! respondi, escupiendo al suelo.

Mir hacia atrs y vi que se acercaba otro grupo de elefantes, con los cuidadores montados en ellos. Uno iba golpeando a un elefante en la cabeza con ese clavo gigante, sin motivo aparente.

Entonces los elefantes fueron obligados a baarse en un inmundo lago artificial, un evento que dur solo un par de minutos. Al ser sumergidos en el agua, bajo circunstancias normales una de sus actividades favoritas, siguieron encadenados. Los garrotes con clavos se agitaban de forma constante y amenazadora. Los elefantes se vean miserables, continuamente tristes.

Record la alegra que presenci en los santuarios para elefantes en el norte de Tailandia, los elefantes caminando hacia el agua fresca de ros de aguas rpidas. Cuidadoresafectuosos que trabajaban riendo los acompaaban y los enjabonaban como amigos rascndolos y masajendolos, durante casi media hora. Luego los elefantes comenzaron a rociarseagua por todo el cuerpo con las trompas levantadas. Sus bocas abiertas, como si estuvieran riendo. Y a su propia manera, probablemente lo estaban haciendo

Aqu, en Sumatra, solo los sumergan en mugre; les gritaban, los amenazaban losgolpeaban y los encadenaban.

Me siento psimo solo con mirarlos. No soy un escritor ecologista; soy corresponsal de guerra y novelista. No tengo experiencia en este asunto. Pero supe intuitivamente que era insano, detestable. Los elefantes me miraban directamente a los ojos. Al parecer imploraban mi ayuda. Haba docenas de personas, pero me eligieron a m, sintiendo de alguna manera que estaba en condiciones de hacer por lo menos algo por ayudar. Los elefantes son listos, muy listos; eso lo saba.

Volv corriendo al coche, saqu mis cmaras y comenc mi trabajo. Comenc a fotografiarlos decidido a transmitir las imgenes al mundo.

De alguna manera, pens, esos dos eventos estaban relacionados: la matanza de aldeanos inocentes cuya nica culpa era tener otra fe que la profesada por la mayora, y el horrible trato dado a los elefantes.

Despus de que los animales fueron obligados a abandonar el estanque, los cuidarores se subieron a ellos dndose importancia, con los garrotes en sus manos. Se pusieron de pie sobre los elefantes, con las piernas abiertas, gritando constantemente.

Ese fue mi da libre en Indonesia! Tan tpico! Uno se registra en algn hotel en la playa solo para or que fue construido en tierra apropiada. Se sintonizan las noticias y se ve otro ataque contra los ateos, los chies o una minora musulmana. Se viaja al campo, a tomar un poco de aire fresco, y se encuentran riachuelos negros formados por productos qumicos txicos. Se quiere descansar y se termina trabajando. Uno quiere descansar de las historias, pero al final las historias llegan y te encuentran.

sta es la cuarta nacin ms poblada del mundo, y segn muchos estndares la ms religiosa del mundo, un enorme y deprimente archipilago en el cual el fundamentalismo de mercado se ha implementado durante muchas largas dcadas, destruyendo culturas tradicionales, reemplazndolas por un vaco moral y emocional enorme y horripilante.

Los extranjeros apenas vienen, me dijo el seor Sugeng. Lo encuentran totalmente deprimente e inaceptable el modo de tratar a los elefantes. Y se supone que lo que usted vio es una especie de mejora despus de que varias organizaciones internacionales vinieron a ensearlos cmo tratar a los animales. Pero aqu ni siquiera los guardas de los parques estn de parte de los animales, hacen lo que les da la gana.

Segn EleAid, una organizacin involucrada en la conservacin en Asia desde 2002, los principales problemas que enfrentan los elefantes salvajes en Indonesia son: prdida del hbitat, conflicto entre humanos y elefantes y la caza furtiva. EleAid aclara:

La respuesta del gobierno indonesio a estos crecientes problemas ha sido muy poco usual. Originalmente se propuso deshacerse de los problemticos elefantes disparando. Sin embargo, una protesta del pblico internacional y nacional condujo a que dejara para ms tarde esos planes. En vez de eso las autoridades han estado capturando y reubicando o domesticando a los elefantes salvajes

La situacin actual y el futuro de los elefantes de Sumatra son particularmente sombros. La isla ha sufrido un cambio rpido en 25 aos y esto ha tenido un efecto catastrfico en el hbitat del elefante salvaje. El conflicto humano-elefante es un problema importante y el elefante parece tener pocos amigos.

Incluso en la punta norte de Sumatra Aceh el conflicto entre hombres y elefantes aumenta. Como me explic el doctor Salmawaty, profesor de la Universidad de Syiah Kuala Aceh: En Aceh, todava hay cazadores furtivos. Y en los ltimos aos hay ms y ms noticias de elefantes enloquecidos que destruyen aldeas. Sucede porque nosotros, los humanos, destruimos totalmente la naturaleza y el hbitat de esos elefantes. No es sorprendente que se desquiten!

En mayo de 2010, News.co.au inform:

Ms de 10 personas mataron a un elefante de 15 aos en una plantacin de aceite de palma en el rea Tamiang Hulu de la provincia Aceh el mes pasado, dijeron funcionarios de la proteccin de la fauna silvestre a AFP.

Un testigo presencial dijo que despus de sacarle los colmillos, el elefante fue despedazado y lanzado al ro, dijo uno.

El conflicto entre humanos y animales es un creciente problema en el inmenso archipilago cuando se destruyen los bosques en busca de madera o para usar el lugar para aceite de palmera, obligando a animales como elefantes y tigres a un contacto ms cercano con la gente.

Hay entre 2.400 y 2.800 elefantes de Sumatra en Indonesia, segn el grupo ecolgico WWF. Son los ms pequeos de los elefantes asiticos.

Encontr al seor Alamsyah, uno de los guardas de parques, descansando cerca de la puerta de entrada al Parque Nacional Way Kambas. Le cont lo que haba visto. Simplemente se encogi de hombros y despert lentamente: Garrotes con clavos? Cadenas? Qu tiene de malo? Hay que obligar a los elefantes a obedecer a sus guardas.

Esa obsesin por la obediencia! En Indonesia uno no se atreve a rebelarse contra el rgimen, contra la familia, el clan o la religin. Se sacrifican el amor, la identidad y el orgullo, para no arriesgar la inseguridad despus de liberarse.

Pero los elefantes nacen libres. Y viven libres o mueren. Si los recluyen, aunque todava parezcan vivos en realidad no lo estn.

Despus de 1965, este enorme pas cre campos de concentracin para los que se negaron a caer de rodillas. Llen prisiones con millones de personas que se negaron a bajar sus cabezas en seal de obediencia. Ahora encierran incluso a los animales en campos de concentracin.

Hace unos 15 aos, estaba cubriendo la guerra en Sri Lanka. Iba conduciendo de Colombo a Battucaloa y Trincomalee, zonas desgarradas por la guerra.

Haba un puesto de control antes del rea de conflicto y estaba oscureciendo. Un hombre a cargo del puesto, un comandante del ejrcito, un coronel, estaba absolutamente furioso, con ojos inyectados de sangre y un aspecto desesperado.

Tuve que pasar toda una noche bebiendo con l. Insisti, me gritaba: Bebamos o no va a ninguna parte! Bebimos.

Estaba hecho un desastre: le faltaba un dedo; su mujer lo haba abandonado. Pero despus de hablarme de su mujer, solo quiso hablar de elefantes.

La suerte le pareca, al menos con respecto su persona, un sinnimo de esa guerra sucia.

Beba y luego lloraba, hablando de elefantes. Tal vez lloraba por su esposa o por toda esa gente que haba desaparecido mientras tena el comando en esa rea, pero lo que deca en realidad era:

Lo arruinamos todo, mi amigo. Incluso cortamos y cerramos las pistas de los elefantes. Es lo ms terrible que pueda hacer un hombre. Caminaron aqu durante milenios; estuvieron aqu mucho antes que nosotros. Son los verdaderos dueos, un smbolo de este pas. Ahora nos disparamos unos a otros donde ellos solan caminar en paz.

Intoxicado, en medio de la noche, le pregunt: Qu hace entonces cuando pasa esto, comandante? Qu hace cundo se van los elefantes?

Se inclin en mi direccin escupiendo sus palabras a mi cara: Digo a mis hombres que dejen de disparar!

Y los otros? pregunto.

Tambin se detienen. Cuando los elefantes se van, todos esperamos!

Ahora miro a los ojos de uno de los elefantes de Sumatra, medio sumergido en agua inmunda. Son ojos muy sabios, tristes y suplicantes. Era una hembra encadenada. Cerca de ella estaba su cra, sin duda nacida en cautiverio.

All, por algn motivo, record la nosche de Sri Lanka y el comandante medio demente. Despus de todos esos aos, repentinamente me sent abrumado por el sentimiento de certeza de que en realidad no estaba loco, o no totalmente loco. Olvid mucho de aquella guerra, pero todava recuerdo esa noche y los elefantes de Sri Lanka emergiendo como inmensos espritus de la impenetrable selva.

El comandante no estaba totalmente loco; saba que estaba cometiendo crmenes y estaba aterrado. De una manera extraa, estaba tratando de apaciguar el mundo, sintiendo piedad por los elefantes.

Pero esos rencorosos cuidadores de Sumatra eran dementes absolutos involucrados en un horrendo proyecto de destruccin de su propio pas, torturando a algunas de las ms hermosas criaturas nacidas en estas islas. Lo hacan sin remordimientos, sin comprender y sin compasin.

Andre Vltchek ( http://andrevltchek.weebly.com/ ) es novelista, cineasta y periodista de investigacin. Ha cubierto guerras y conflictos en docenas de pases. Su libro sobre el imperialismo occidental en el Sur del Pacfico se titula Oceania y est a la venta en http://www.amazon.com/Oceania-Andr-Vltchek/dp/1409298035 . Su provocador libro sobre la Indonesia post Suharto y su modelo fundamentalista de mercado se titula Indonesia: The Archipelago of Fear , http://www.plutobooks.com/display.asp?K=9780745331997 . Recientemente produjo y dirigi el documental de 160 minutos Rwandan Gambit sobre el rgimen pro occidental de Paul Kagame y su saqueo de la Repblica Democrtica del Congo, y One Flew Over Dadaab sobre el mayor campo de refugiados del mundo. Despus de vivir muchos aos en Latinoamrica y Oceana, Vltchek vive y trabaja actualmente en el Este de Asia y frica.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/03/01/indonesia-they-also-murder-elephants/

rCR



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter