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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2013

Algunas notas sobre Hegel

Alberto Quinez
Rebelin


En las presentes lneas tratamos de esbozar las caractersticas generales del sistema de pensamiento hegeliano, a partir de la Introduccin a la Filosofa de la historia de Hegel. Si bien esta obra no agota, ni mucho menos, los aportes de este autor a la filosofa, representa, en el apartado que hemos tomado de base, una sntesis bastante acabada de su obra1.


Hegel y el pensamiento filosfico moderno

Aunque suene atrevido, vale decir que es precisamente con Hegel que se inaugura la tradicin de la filosofa moderna que prevalece hasta nuestros das. Desde Aristteles, ningn otro filsofo asume, como Hegel, la revisin y reconstruccin del mtodo y la reflexin filosficos2. Ms tarde, slo Marx habr de comparrsele en la influencia que su obra alcanz en la reflexin filosfica, con la diferencia incuestionable de que el marxismo se ha traducido en una praxis acadmica y poltica en funcin de una utopa liberadora.

Hegel se sita en un momento histrico fundamental: es la poca de la expansin primigenia del capitalismo como modo de produccin dominante a nivel mundial, con todas las consecuencias econmicas, polticas, tecnolgicas y culturales que ello supone. Es el momento del ascenso de la burguesa al poder del Estado en abierta contradiccin con los residuos feudales. Es el momento del poder revolucionario de la burguesa, que echa por el suelo las relaciones de produccin ya caducas del antiguo rgimen.

As mismo, es ese momento en que, de la mano del desarrollo de las fuerzas productivas, brilla el poder de las ciencias naturales y comienzan a conformarse las ciencias sociales, cuya gestacin vena desde ya hace tiempo madurando al interior de la filosofa. El poder de la racionalidad humana se superpone a los interminables siglos de conocimiento mtico y religioso que supuso el Medioevo. No por gusto el siglo XVIII ha sido llamado el Siglo de las Luces: el momento de la Ilustracin, esa renovacin que se desarroll sobre todo en la filosofa y en las artes. En ese contexto, la maduracin del pensamiento especulativo cae por su propio peso. Hegel, tal como l mismo lo hubiera imaginado, es una de esas necesidades histricas que permiten a una poca verse reflejada en la sistematizacin terica. La racionalidad de esa poca impregna el pensamiento de la sociedad hasta nuestros das en distintas y hasta contrapuestas posiciones tericas, desde el ala conservadora hasta las ms radicales de la izquierda, y que son, en cierto modo, deudoras del pensamiento hegeliano.


El idealismo hegeliano

El idealismo hegeliano, inscrito en la corriente iluminista de la Alemania del siglo XVIII, est construido a partir de la revisin de la dialctica como mtodo de anlisis. Para Hegel, la razn, la idea o el espritu (trminos que utilizaremos indistintamente en este artculo), son los que guan el devenir; de este modo Hegel menciona que al igual que Mercurio, conductor de almas, es en verdad la idea, la gua de los pueblos y los mundos y es el espritu y su racional y necesaria voluntad lo que ha conducido y conduce el acontecer del mundo3.

Lo que vuelve caracterstica esa fe ciega en la razn es el contexto histrico: la transicin entre los modos de produccin feudal y capitalista, a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, estuvo signada por el desarrollo inusitado de las fuerzas productivas y, fundamentalmente, de una transformacin de las relaciones sociales de produccin y sus correspondientes formas polticas, en donde jugaron un papel trascendental el establecimiento del Estado laico y de la democracia burguesa como su forma de gobierno.

Ello le permite a la filosofa sustituir paulatinamente a Dios por la razn. Atisbos importantes haban sido ya los de Descartes, Leibniz y Kant; de cuyas obras fcilmente poda derivarse la inexistencia de Dios como eje del mundo y de la historia, pero ellos mismos inmiscuyeron la idea de Dios como razn ordenadora del mundo. Hegel no escapar a esta tendencia. No obstante, ms que Dios es la razn o la Idea la que juega el rol fundamental en el sistema filosfico de nuestro autor.

Sin embargo, esa fe en la razn es un hecho reiterado en Hegel, tan reiterado que parecera dogma: El hecho de que una idea as sea lo eterno, verdadero y absolutamente poderoso, que se manifiesta en el mundo, y nada se manifiesta a excepcin de ella, de su dignidad y magnificencia, esto es algo que ha sido confirmado en la filosofa y que se presenta aqu como irrefutable4. Pero en la lgica dialctica de Hegel, es posible determinar lo anti dogmtico de tal expresin. Para Hegel hay dos formas que dan cuenta, que explican por s mismas, el hecho de que hay un espritu absoluto detrs del movimiento del mundo. Estas son: una forma histrica y una forma teleolgica. Pasemos a explicarlas brevemente.


Lo histrico como justificacin de la razn

La explicacin histrica se basa fundamentalmente en la legalidad racional pero no consciente a la que est sujeta la realidad. Es decir, a la constatacin de que la dinmica de la realidad est sujeta a leyes que no dependen de la voluntad de los individuos; aunque esas leyes se presenten como algo exterior al no estar interiorizadas en la conciencia, pero que sin lugar a dudas forman parte de un todo5.

Resulta importante explicar con mayor detalle estos dos elementos: a) la racionalidad se refiere a que siendo la realidad en s realmente contradictoria, no reproduce una absurdidad lgica; es decir, que la lucha interna de las cosas reales tiende hacia un devenir ordenado, no catico, lo cual se comprueba en el hecho de que tanto la naturaleza como la sociedad siguen procesos determinados y, por tanto, pueden ser estudiadas cientficamente; b) la inconciencia de esa legalidad se refiere a que sta no se presenta a los sujetos actuantes, principalmente al ser humano, de forma inmediata, sino que es a travs de la actividad cognitiva que la humanidad -y la razn o la idea a travs de la humanidad- va teniendo conciencia de ella; de hecho, es slo mediante la accin humana que esa inconciencia se transforma en conciencia.

Pero no obstante que existe esa inconciencia, prevalece una racionalidad inmanente en la historia, racionalidad determinada por la razn o el espritu. Por ello mismo, hay una unin tendencial de lo subjetivo-individual y la voluntad del espritu universal, entre lo casustico y lo general; la accin de los sujetos individuales, aunque no avasallada, est preada de esa razn inmanente del espritu o la razn. En ese sentido, la persona humana se vuelve creadora de la historia, determinada, o ms bien, condicionada por el espritu6. Pero no por ser inmanente esa razn deja de ser contradictoria; precisamente por serlo es inmanente, pues a travs de su contradiccin genera el movimiento general del mundo, el devenir. Es una lucha inacabada entre lo que es y lo que no es pero podra ser, entre la realidad fctica y la realidad posible7.

Esa contradiccin es una lucha interna, una lucha entre el ser y el no-ser-siendo, donde se coloca el espritu en un enfrentamiento consigo mismo. Debe superarse a s mismo como elemento antagnico. La evolucin, que es en la naturaleza un proceso tranquilo, implica en el espritu una lucha sumamente dura contra s mismo8. De ese choque contra s mismo es que nace la historia: el espritu al enajenarse en la naturaleza y en la humanidad, crea los elementos para que haya una historia que, pese a ser su alteridad, mantiene la racionalidad del espritu.

Este movimiento histrico, que es un devenir de la razn, sigue una finalidad. Es una finalidad suprema determinada por la razn misma, la cual es reconocerse como tal, desenajenarse. En un primer momento, Hegel menciona que frente a tal finalidad no pueden argirse reticencias morales; de este modo, los sujetos hacedores de la historia no pueden ser desacreditados por lo que hacen o dejan de hacer, pues en ellos obra la gracia del espritu universal: lo cierto es que estas grandes figuras deben pisotear necesariamente ms de una flor inocente y destruir en su camino muchas cosas9.

Justifica el fin los medios utilizados, independientemente de cunta sangre lleven en s? La respuesta parecera afirmativa. Lo cierto es que, teniendo en cuenta el carcter dialctico de la realidad, no podra negarse el hecho de que el devenir de la humanidad se yergue precisamente sobre un proceso de negacin de s misma, en donde muchas flores inocentes deben ser pasadas por cuchillo (lo que salvara cualquier caucin moral). Ms adelante redimensionaremos esta problemtica.


La finalidad de la historia

La segunda constatacin del reinado de la idea es la explicacin teleolgica o lo que Hegel denomina la existencia de un fin final del mundo, es decir, la existencia de una finalidad general de infinitas finalidades especficas. Ese fin final del mundo se deriva de la racionalidad del mismo. La historia sigue una finalidad; la contradiccin bsica de la razn es que sta es la encarnacin de la libertad, pero la libertad slo es tal si es vivida en conciencia, como la historia de por s es una legalidad inconsciente, la razn es libertad en esencia pero no es libertad efectualizada: es, por tanto, libertad en potencia. La razn, que es libertad, contiene en s misma el no ser de la libertad, es decir, la enajenacin y la opresin.

Ahora bien, tenemos que el fin final del mundo es la libertad y que esa libertad, al ser la esencia y la substancia de la razn, supone una contradiccin bsica que la convierte en enajenacin y opresin, al existir slo potencialmente. Adems, la libertad como tal slo puede ser en tanto que sea una libertad consciente. Para que la razn se efectualice como libertad debe asumir esa conciencia de ser libertad esencial y substancialmente. Esa conciencia no viene de la nada, sino de la experiencia, la cual funge de puente para que la razn se realice como tal.

Pero para Hegel, la experiencia no es la experiencia como percepcin del ente. Heidegger seala que lo que Hegel denomina experiencia no se refiere al ente perceptible a diario, ni en general al ente, ni tampoco es la experiencia10.La experiencia es un trascendental hacer surgir la conciencia. Es decir, en el sentido hegeliano, la experiencia es una concienciacin de la conciencia (la razn), una autoconcienciacin. Pero como la conciencia est enajenada (objetivacin de la razn en la humanidad), a partir de un anlisis dialctico la experiencia hegeliana slo puede realizarse como experiencia en su sentido tradicional; para concienciarse a partir de la fenomenologa, la razn debe asumirse desde la empiria, desde el polo visible de la razn, que es la realidad. Por lo tanto, la razn encuentra en la empiria el punto de partida de su realizacin racional: es la lucha de contrarios interna de la razn, que es ella misma y su enajenacin. Por tanto, la experiencia hegeliana, que no es experiencia, slo se realiza a travs de la experiencia.

Sobre el fin final del mundo, Hegel sostiene que hay tres elementos que hay que considerar: a) las determinaciones abstractas de la naturaleza del espritu; b) los medios del espritu para realizar su idea; y, c) la concrecin de la realizacin plena del espritu11. Son estos tres elementos los que van prefigurando la constatacin teleolgica del primado de la razn y son tambin las columnas sobre las que se basa la accin humana concreta en funcin del reconocimiento de la idea y, por tanto, de la efectualizacin de la libertad que sin esa accin humana quedara como libertad en potencia, la cual, convirtindose en su contrario, es opresin y enajenacin. Revisemos ahora estos tres elementos.

En primer lugar, la determinacin abstracta de la naturaleza del espritu consiste en la determinacin de su esencia. La esencia del espritu, como ya vimos, es la libertad, la cual se logra en el reconocimiento del espritu consigo mismo12. Esa libertad slo puede ser tal en tanto que los sujetos humanos la reconozcan como tal, sin saberlo, en la ignorancia, no puede haber libertad. Hegel ilustra este punto con el ejemplo de las sociedades asiticas feudales quienes desconocan que el espritu o el ser humano como tal es libre. Por no saberlo, no lo son13.

Hay, por tanto, la necesidad de una alteridad liberadora: uno es libre si el otro es libre, si ambos viven esa libertad en la conciencia de que son libres. Si son libres sin saberlo, no son libres. Si el sujeto es libre sin asumirse como el otro en libertad, no es libre; si el otro es libre sin saber que el sujeto es libre, no es libre tampoco, ninguno de los dos lo es, porque el sujeto es el yo y es tambin el otro, y el otro no puede ser sujeto sin ser el yo vivido en su otredad.

El segundo elemento se refiere a los medios del espritu para realizar su idea, es decir, para realizar su reconocimiento, lo cual supone liberarse. Este proceso slo puede decidirse en la historia, que es el campo donde el espritu o la razn obran de forma no consciente, pero racional. Pero la historia no se obra a s misma, la razn como ente abstracto no se determina a s misma; para reencontrarse necesita del sujeto a travs del cual ella misma interviene en la historia, este es: el sujeto humano concreto, actuante. La libertad, como determinacin abstracta de la idea, es un primer momento, es una posibilidad, una facultad, pero no es algo que ha eclosionado desde el interior a la existencia. Es necesario que se agregue un segundo momento para su facticidad, vale decir, la accin, la efectivizacin, cuyo principio es la voluntad, la actuacin del hombre como tal14.

Pero ese sujeto no opera en el vaco; como parte de la idea, el ser humano est preado de razn. Ya vimos que los sujetos estn condicionados por la idea; pero la idea no lo elimina como sujeto actuante. Para que el ser humano acte hay un elemento que en Hegel se convierte en el factor de facticidad por antonomasia: las pasiones humanas. Dice Hegel: no se ha producido nada de grande en el mundo sin pasin15.

Esta dilucidacin de la accin y pasin humanas como fuente del reconocimiento de la idea el hecho de que la experiencia slo sea alcanzada mediante la experiencia- es la que justifica el estudio de la historia, la determinacin de sus leyes internas. Porque la historia juega un papel catalizador entre el fin final la libertad- y el medio para alcanzarla la accin y la pasin humanas. Pese a su idealismo no hay en Hegel una separacin del mundo ideal y el mundo concreto, como en la tradicin platnica: el mundo concreto y su historia es el escenario en las que se desenvuelve la idea y sus determinaciones, las cuales son recprocas.

En esto queda un cabo suelto, al que ya aludamos en el apartado anterior: el fin justifica los medios; es decir, el fin final debe conseguirse a costa de cualquier exceso de las pasiones, las cuales no pueden ser sujetas de una caucin moral? Recordemos que la individualidad (individualidad que supone aislarse, retraerse del reconocimiento liberador de la otredad), tiene un poder destructivo: el aislacionismo de lo interno es tambin en la forma de la subjetividad el egosmo y, por consiguiente, el desastre a travs de las pasiones desatadas y los propios intrnsecos de los hombres (sic)16. El tercer elemento soluciona esta contradiccin.

Ese tercer elemento es la realizacin plena del espritu. Para Hegel, hay una figura que expresa esa realizacin: el Estado. En el Estado converge el fin final, como determinacin general, y la accin humana concreta, como singularidad y particularidad. Como convergencia, en el sentido contractualista de Rousseau, el Estado media entre la accin subjetiva y el fin final. Es por ello la sublimacin de lo moral, la eticidad que da vida a una libertad vivida en conciencia. El Estado es sntesis: por una parte se encuentra la existencia de una particularidad (el individuo), que encuentra su negacin en la existencia de otras particularidades (otros individuos) y que mediante su relacin pueden reconocerse como sujetos y por ello mismo vaciarse como individuos en un marco tico global como es el Estado.

En este sentido, hay una concordancia entre lo fctico y lo lgico; y por ello, es la superacin de la anttesis necesidad-libertad. La necesidad es la teleologa de la libertad, la libertad es la libertad efectualizada por la accin humana tica, consciente, que se concreta en el Estado.


La recuperacin del sujeto

En un primer momento, los individuos han sido presentados como medios del espritu para el rencuentro consigo mismo. Ya establecimos que en ese momento este carcter de medios supone que el fin, el fin final, justifica su funcionalidad amoral; es decir, que es posible pasar por encima de estas determinaciones particulares para realizar la finalidad del mundo. Anotamos, as mismo, que en este proceso puede darse una infravaloracin del sujeto, cuando no su eliminacin17. De este modo, los sujetos concretos, los seres humanos pensantes y sensibles, quedaran fuera del marco determinante del espritu, que es la gua del mundo. No obstante, en la filosofa hegeliana es posible encontrar que ese proceso, lejos de ser una negacin absoluta, se resuelve en una sntesis en la que el sujeto es reencontrado y resituado en el mundo y en la historia.

Los individuos como hacedores de la historia participan de la liberacin de la idea. Hay una dialctica de la totalidad en la que interactan las partes y el todo; el individuo y la humanidad con la idea; el reconocimiento subjetivo en libertad como parte del proceso histrico que desemboca en la concienciacin de la conciencia. Por ser parte de la razn, son igualmente finalidades particulares, fines autnomos, igualmente importantes: De hecho, deben tener todas las cosas naturales, aun las inanimadas, una caracterstica que responde al fin, es decir, que tengan algo en comn con l No solamente porque satisfacen junto a ella los diversos fines particulares, que son de otra ndole, sino que participan del fin de la razn misma y son por eso fines autnomos, no nicamente en el orden formal, como lo viviente en general, y representa por lo mismo una finalidad propia18.

Hay igualmente una dialctica de la posibilidad: el sujeto slo puede liberarse en tanto que se libera sujeto a la moralidad. El fin final no justifica los medios; el fin final slo puede alcanzarse mediante el reconocimiento y elevacin de los medios. Para que los medios sean rescatados del torbellino del fin final, de la vorgine de la historia que es creada por la infinidad de determinaciones que presentan las pasiones humanas, debe haber un algo ms all, algo que se sita ms all de los individuos, pero sujeto a ellos, y que sirve para catalizar la accin humana en la bsqueda de la libertad; ese algo, como vimos anteriormente, es el Estado. En este sentido, la libertad sigue siendo el fin final, la razn de la existencia, pero ya no a cualquier costo: para evitar ese costo cobrado en libertades individuales, est el Estado como totalidad tica frente a los individuos, el costo de la libertad es el sometimiento consciente de la moral individual a la totalidad tica. Por eso la nica libertad es la vivida en el marco social de manera consciente19.


La institucionalidad en el centro de la tormenta

Anteriormente hemos citado a Hegel con respecto a los momentos de choque, de contradiccin explcita del espritu; esa contradiccin no se expresa en otro lugar que el mundo de las instituciones sociales, al ser esta la concrecin ms acabada de la evolucin del espritu (es decir, el Estado).

Dice Hegel: Es precisamente aqu donde aparecen las grandes colisiones entre las existentes y conocidas obligaciones, derechos, leyes, por una parte, y las posibilidades antagnicas opuestas a este sistema, que destruyen sus bases y su misma existencia20. De esta cita se desprende que lo que se pone en juego es la institucionalidad; los momentos de colisin del espritu consigo mismo, influye sobre sus formas aparenciales, las instituciones.

Pero el hecho de que sean formas aparenciales no significa que sean banales. La dialctica existente entre la manifestacin y la esencia, explica que sean las instituciones las que se pongan en entredicho en un primer momento, pero no significa que no influyan a su vez sobre la esencia. En los momentos cuando se trastoca una realidad institucional, sta choca contra la posibilidad histrica y se convierte en su obstculo. Este carcter retardatario lo determina el hecho de que las instituciones tienden a presentar una dinmica mucho ms pasiva que las relaciones especficas entre las personas y/o los pueblos. Por eso, efectualizar la posibilidad histrica supone la negacin de la institucionalidad vigente, al menos a nivel de sus formas ms significativas.

Hinkelammert seala que no puede construirse una utopa fuera de los puentes institucionales prexistentes; es decir, que no se puede partir de la nada, suponiendo que la conformacin de otra realidad se hace como creacin y no como transformacin21. Pero cuando hablamos de negar la institucionalidad no nos referimos a quemar los barcos y crear una institucionalidad de cero, pero s de transformar las instituciones y su vinculacin con el sujeto humano concreto de una forma radical.


El papel de la filosofa

Las lneas anteriores explican a grandes rasgos el sistema de la filosofa de Hegel; este sistema a pesar de abrir una agenda radical a la investigacin del mundo como un proceso, encuentra su tope en la vivencia de una poca que prometa ms de lo que objetivamente era capaz de dar. La apertura casi ilimitada que signific la racionalidad moderna para la experimentacin artstica y la especulacin filosfica, los grandes avances econmicos y tecnolgicos que eran visibles en las primeras dcadas del capitalismo como modo de produccin dominante a nivel internacional y los beneficios de la democracia burguesa como forma de gobierno, apuntaban a que el fin final era ya un hecho innegable, y que la dialctica del espritu se cumpla precisamente en ese estado de cosas. De ah que ya no se requiera una filosofa que transforme, sino ms bien una filosofa que explique.

Hegel seala: es funcin de la filosofa constatar que el mundo real es como debe ser y que el verdadero bien, la razn divina, es tambin el poder de realizarse a s misma Dios gobierna al universo y el contenido de su gobierno y la ejecucin de su plan es la historia universal. Es a este plan que quiere abarcar la filosofa La filosofa quiere conocer el contenido real de la idea divina y justificar la realidad efectiva menospreciada22.

La filosofa debe por tanto ser explicacin del mundo, interpretacin de la voluntad de la razn a travs de la historia. No puede ir ms all porque la historia es racional, ella misma sigue un rumbo que no puede ser modificado. En este sentido, la filosofa de Hegel se convierte en una justificacin de la realidad en funcin de un fin final, que no necesariamente existe, que es ms hiptesis que posibilidad. No hace falta decir que, por ello, el pensamiento de Hegel puede ser considerado conservador. Ms tarde, en su crtica, dir Marx: los filsofos no han hecho ms que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo23.


Bibliografa


Notas:

1 Los estudiosos de Hegel cuestionarn por qu no tomamos de referencia las obras cannicas del autor que estamos estudiando (por ejemplo: la Ciencia de la lgica, la Enciclopedia de las ciencias filosficas, o la Fenomenologa del espritu); nuestro argumento es que pretendemos dar un paneo general sobre la obra hegeliana a partir de una de sus obras ms digeribles y sintticas.

2 Si bien es cierto que los filsofos alemanes del siglo XVIII (sobre todo Fichte, Schelling y principalmente Kant) haban comenzado la gesta de esta revisin, sta no se concreta sino con la obra de Hegel. Para Ribera el sistema hegeliano representa la culminacin de la cultura filosfica occidental que vena acumulndose desde la Grecia clsica. El ataque a la cumbre haba sido preparado por Kant, Fichte y Schelling. Fue alcanzada por Hegel y es por ello que, despus de l, no ser posible sino descender. Ribera, Ricardo. Para leer a Hegel. Ediciones para el debate. 1998. Pg. 9.

3 Hegel, F. Filosofa de la historia. Claridad. 2008. Pg. 15.

4Ibd. Pg. 16.

5 Para ilustrar esta discrepancia entre lo racional y lo consciente, Hegel seala: El movimiento del sistema solar se realiza de acuerdo a leyes inmutables; estas leyes son la razn de ste, pero ni el Sol ni los planetas que giran en torno de l, tienen conciencia del fenmeno. Ibd. Pg. 18.

6 La accin individual es entonces una extensin del devenir de la razn, aquella es una forma aparencial de sta ltima: Son estos los grandes hombres (sic) de la historia cuyos fines particulares contienen lo sustancial, es decir lo que es voluntad del espritu universal son individuos que parecen crear desde su interior y cuyas acciones plasman relaciones de alcance mundial y que parecen exclusivamente sus objetivos y sus obras. Ibd. Pg. 33. (los dos primeros nfasis son nuestros). Hasta qu punto eso elimina a los individuos concretos como sujetos histricos lo discutiremos ms adelante.

7 Es precisamente aqu donde aparecen las grandes colisiones entre las existentes y conocidas obligaciones, derechos, leyes, por una parte, y las posibilidades antagnicas opuestas a este sistema, que destruyen sus bases y su misma existencia. Ibd. Pg. 32. Es importante hacer notar que la contradiccin se genera entre la institucionalidad existente y las posibilidades reales de cambio, lo cual se discute ms adelante.

8Ibd. Pg. 49.

9Ibd. Pg. 35.

10 Heidegger, M. Dilucidacin de la Introduccin de la Fenomenologa del Espritu de Hegel. Edicin digital. Pg. 35.

11 Hegel, F. Op. cit. Pg. 22.

12 Es simultneamente la libertad en s, que encierra una infinita necesidad de ponerse como conciencia, porque ella es en su concepto saber de s misma, y traducirse en realidad: ella es su fin, que lleva a cabo, y la nica finalidad del espritu. Este es el fin final, en procura de la cual se ha trabajado en la historia universal y al cual se han aportado todos los sacrificios al correr de los largos tiempos en el vasto altar de nuestra tierra. Ibd. Pg. 24.

13Ibd. Pg. 23.

14Ibd. Pg. 26.

15 Ibd. Pg. 27.

16 Ibd. Pg. 64.

17 Como expresan las palabras de Kosk, cuando lo particular es absorbido por lo general, los individuos no son ms que instrumentos, la historia est predeterminada y los hombres slo la hacen aparentemente. Kosk, K. El individuo y la historia. Mimeo. 1968. Pg. 11.

18 Hegel, F. Op. cit. Pg. 36.

19 El individuo que se desenvuelve en esa comunin tiene una vida moral e involucra un valor que deriva de esa sustancialidad Necesario es lo racional como sustancial, y somos libres porque lo reconocemos como ley, y lo que seguimos como sustancia de nuestro propio ser: la voluntad objetiva y subjetiva se concilian y se integran en una totalidad imperturbada. Ibd. Pg. 40.

20 Ibd. Pg. 32.

21 Hinkelammert, Franz. Crtica a la razn utpica. DEI. 2000. Pgs. 107 109; 253 268.

22 Hegel, Op. cit. Pg. 38.

23 Marx, K. Tesis sobre Feuerbach. En: Los manuscritos de 1844. UCA Editores. 1987. Pg. 145.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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