Portada :: Venezuela :: La muerte de Hugo Chvez
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2013

El sucesor de Chvez

Santiago Alba Rico
La Jiribilla / Rebelin.


Ningn ser humano vivi ese proceso geolgico lentsimo de bullicio marino, emergencia de la tierra desde el fondo de las aguas, divisin y formacin de los continentes, erupcin de volcanes y solidificacin de las montaas, que transform poco a poco el planeta tierra en un lugar apto para la vida. Pero no es verdad. Todos hemos asistido en la ltima dcada a una especie de aceleracin geolgica inesperada; todos hemos visto surgir una montaa, retroceder las olas, formarse un continente. Nadie poda prever que ocurriese en Venezuela ni que el activador de esta danza terrestre fuese ese joven y oscuro oficial que en 1992 se quebr el costado en una fracasada aventura quijotesca. Pero lo cierto es que si algo deben admitir incluso sus enemigos -que por eso lo combatieron saudamente- es que Hugo Chvez y el pueblo venezolano han cambiado en veinte aos el destino geolgico de Amrica Latina y la inercia de derrota de la izquierda mundial. Cuando la pedagoga del terror aplicada en el subcontinente americano durante la Guerra Fra pareca haber logrado sus objetivos, de manera que se poda permitir votar a los latinoamericanos con la seguridad de que iban a elegir al candidato correcto, la revolucin democrtica de 1998 en Venezuela volte todas las relaciones de fuerza, contaminando su coraje -contagiando su salud- a toda la regin. Hugo Chvez fue la victoria colectiva sobre un miedo de dcadas, y hasta de siglos, como los bosques fueron una victoria sobre el fro mesozoico y el Himalaya una victoria sobre el diluvio de Tetis.

Los que hemos visitado Venezuela con regularidad en los ltimos aos sabemos que este inesperado salto geolgico tiene que ver con un concepto cardinal prolongado aos despus por los pueblos rabes: dignidad. No se trata de algo que se pueda conseguir a fuerza de meditacin o a travs de la intervencin de un psiclogo; ni con retricas adulaciones populistas. La dignidad es una fuerza material demirgica, siderrgica, que cambia, por eso, la propia orografa del terreno y que sube desde el suelo enraizando y embelleciendo los cuerpos: el derecho al voto, el derecho a las letras, el derecho a la salud y la vivienda, el descubrimiento socrtico -mientras se saca del bolsillo la Constitucin, y no un revolver, para discutir acaloradamente en la cola del mercado- de la propia capacidad para intervenir en la hechura material de la existencia y en el destino poltico de la nacin. Este cambio geolgico, cuya importancia a veces es difcil de medir desde Europa, lo resuma muy bien una mujer del 23 de Enero, uno de los barrios ms pobres y ms chavistas de Caracas: Ciudadanos? Ni siquiera sabamos que ramos seres humanos.

Decenas de artculos en estos das destacan los logros sociales de Chvez y no voy a repetirlos aqu. Tampoco voy a insistir en los lmites y errores de sus polticas, que demuestran, en todo caso, cunto se puede meter la pata cuando no se obedece a los mercados y a los estadounidenses (qu error concreto podramos criticar en Rajoy?). Y tampoco voy a repasar las mentiras de nuestra prensa, la desinformacin sistemtica de nuestros medios, las manipulaciones clasistas y racistas amaadas contra Venezuela, pues son tambin otra forma de medir la altura del Himalaya. Pero s me gustara recordar lo que una Europa cada vez menos democrtica trata de ocultar a toda costa: que el proceso constituyente de Venezuela, con sus metstasis ecuatoriana y boliviana, con sus instituciones continentales, no slo configura un proyecto de soberana regional sin precedentes sino que se toma en serio por primera vez, incluso formalmente, esa democracia que los occidentales publicitan con misiles y bombardeos en el exterior mientras se la recortan cada vez ms a sus propios ciudadanos.

Alguien dir que Chvez se muere en el peor momento, cuando los peligros son mayores, cuando ms se le necesita. Pero, cul habra sido el bueno, el buen momento? Todos podemos morirnos en cualquier momento y ese momento ser siempre uno de los momentos de una lucha siempre inconclusa. Chvez -hay que aceptarlo- nunca habra podido vivir tanto como viven los pueblos que lo parieron y que lo seguirn necesitando. Lo que hay que decir, ms bien, es que Chvez surgi en el momento adecuado, desde el fondo marino, para configurar un nuevo continente, desviar la Patria Grande de su fatalismo histrico y reordenar, en apenas 14 aos, un destino geolgico que, en cualquier caso, necesitar an muchos aos para fertilizar los bosques y elevar las montaas. En este sentido, Hugo Chvez no tiene posible reemplazo. Hugo Chvez slo puede ser sustituido por el pueblo de Venezuela, cuya responsabilidad adquiere de pronto dimensiones planetarias. Desde ese mundo rabe que l no supo comprender bien, pero que no puede seguir mirndose en el espejo de la Europa fracasada y colonial y que por eso mismo, sumergido en la batalla, debe hugochavizarse y latinoamericanizarse; desde esa Europa fracasada y colonial al borde de su propio caracazo, drogada de narcisismo y tocada de muerte; desde todos los rincones de un planeta en zafarrancho de muerte, con dolor, con solidaridad, con esperanza, nos apoyamos hoy en el pueblo de Venezuela, sucesor del presidente Hugo Chvez, que se fue demasiado pronto como para no dejarnos inciertos y tristes pero que lleg a tiempo para dejarnos muchos y fuertes.

Chvez es hoy otro de los nombres de la ladera en la que nos mantenemos de pie.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/3833/el-sucesor-de-chavez

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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