Portada :: Venezuela :: La muerte de Hugo Chvez
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2013

Hugo Chvez, el odio del imperialismo y de las burguesas, el amor de los pueblos rebeldes

Nstor Kohan
Rebelin


Tristeza y dolor. De all partimos. Por qu disimular los sentimientos y disfrazarlos con refinamientos artificiales que se cocinan en su propia tinta y, en ltima instancia, no dicen absolutamente nada? S, tristeza y dolor ante la muerte de un compaero y un luchador que se jug la vida ms de una vez por los humildes, por los de abajo y que se anim a enfrentar a la potencia ms agresiva y feroz de todo el planeta. Pero tambin todo nuestro reconocimiento, nuestro respeto, nuestro emocionado homenaje.

Al leer diversas notas y artculos, escritos sobre la muerte reciente de Hugo Chvez, percibo en la intelectualidad de izquierda, crtica o progresista, cierta actitud vergonzante. Le rinden respeto, pero con cuidado y sin salirse, claro, de los buenos modales.

Como si al rendir el homenaje que se merece este enorme luchador fallecido tuvieran que hacer reverencias y justificarse ante los crticos de Chvez, la socialdemocracia (abiertamente proimperialista), el autonomismo (s, pero no, quizs, tal vez, aunque un poquito, no obstante, sin embargo) o diversas variantes de la izquierda eurocntrica (que aorando un esquema simplificado de la revolucin bolchevique desconoce cualquier novedad en la historia sobre todo si sucede en el Tercer Mundo y en la prctica cotidiana termina siendo ms tmida y suave que la Madre Teresa de Calcuta).

Ninguna vergenza compaeros, no hay que pedir perdn, compaeras. No tengan miedo, no se cuiden tanto. Hugo Chvez se merece el homenaje y el reconocimiento sincero y abierto de los pueblos en lucha de todo el continente. Sin medias tintas. Sin calculitos mediocres, pusilnimes y timoratos. Chvez se la jug, arriesg el pellejo, estuvo a punto de morir en un golpe de Estado y no se arrodill ni tuvo miedo ante el enemigo.

Su valenta no slo fue fsica y personal. Tambin fue terica y poltica. Cuando nadie daba dos pesos por la bandera roja, se anim a patear el tablero de la agenda progresista y volvi a poner en discusin nada menos que el socialismo. Los compaeros zapatistas, que jugaron un gran papel en los 90 cuestionando el neoliberalismo y por eso ganaron merecido reconocimiento y admiracin en todo el mundo progresista, nunca llegaron a plantear el socialismo. Ni el del siglo XXI ni ningn otro. El socialismo estaba directamente fuera de agenda. Tampoco se hablaba de imperialismo. Ni siquiera de revolucin. De nada de eso se poda hablar. Ni siquiera se mencionaban esos conceptos o esas categoras anticapitalistas. Eran palabras prohibidas. La inquisicin del pensamiento elegante y polticamente correcto las haba enterrado.

Hugo Chvez, dio un paso ms. Retom las justas rebeldas que gritaban Otro mundo es posible y cuestionaban el neoliberalismo pero les dio varias vueltas de tuerca. Ese otro mundo posible no puede ser otro que el socialismo. Lo grit en las narices del imperio, en la frente de la derecha y en la nuca del mundo progresista. Si te gusta, bien, y sino, tambin. Dio vuelta a una pgina de la historia. Ya nada fue como hasta entonces.

Cmo? El socialismo? S, el socialismo. Ese mismo que todas las derechas del mundo y muchas izquierdas crean enterrado bajo los ladrillos apolillados de esa pared que, carcomida por dentro, se cay en 1989, all lejos, en algunos barrios de Alemania donde se bebe tanta cerveza.

De dnde sali este loco trasnochado? Qu texto clsico habr ledo Chvez en alguna librera de usados o en alguna biblioteca de viejitos para comenzar a reclamarle a todo el mundo que no se olviden del socialismo? El clsico que haba ledo Hugo Chvez para reinstalar al socialismo en la agenda de los movimientos sociales y los pueblos rebeldes del nuevo siglo era Simn Bolvar. Otro loco al frente de un ejrcito de negros como llamaban despectivamente al Libertador los diplomticos norteamericanos y sus agentes de inteligencia a inicios del siglo XIX.

S, el mismo Simn Bolvar que los Documentos de Santa Fe (ncleo de acero de la estrategia del Pentgono y el neomarcartismo multicultural norteamericano) ubicaban como enemigo subversivo al lado de Hugo Chvez en Venezuela y de las FARC-EP en Colombia. Esa era su fuente de inspiracin. Simn Bolvar, el Quijote del siglo XIX.

A despecho de tantos inspectores de revoluciones ajenas (como sola ironizar Rodolfo Puiggrs frente a quienes nunca organizaron ni encabezaron ninguna lucha histrica importante pero viven levantado el dedito para insultar a los dems), Hugo Chvez no slo reinstal el debate por el socialismo como horizonte poltico y cultural para los pueblos de Nuestra Amrica. No slo dialog durante aos con su pueblo sobre historia, enseando en cada programa de Al presidente sobre las guerras de independencia del siglo XIX, defendiendo la identidad cultural de Nuestra Amrica. Por si esa tarea pedaggica de masas no alcanzara, tambin comenz a reivindicar pblicamente autores malditos y endemoniados como Ernesto Che Guevara, Vladimir I. Lenin, Len Trotsky o Rosa Luxemburg. Tuve la oportunidad y el honor de escucharlo en persona, ms de una vez, referirse a estos herejes de la revolucin mundial diciendo, con esa sonrisa tan irnica y tierna al mismo tiempo: Queridos hermanos ste es el camino! La creacin de hombres y mujeres nuevas, como propona el Che Guevara. La nica salida es internacional. No puede haber soluciones en pases aislados ni socialismo en un solo pas. La solucin es el socialismo y es a nivel internacional. No me lo cont nadie. No lo le. Lo v y lo escuch directamente, enarbolando y defendiendo las ideas de esos herejes.

Siempre sus discursos incluan frases como esta: Estuve leyendo este libro. Y ah comenzaba una autntica pedagoga popular, crtica, masiva. Porque Hugo Chvez supo emplear la TV y otros medios masivos para concientizar, para incentivar el estudio, para abrir grandes debates, en los cuales nunca se cansaba de recomendar libros de historia, libros marxistas, libros de la teora de la dependencia. Era un lector voraz, a pesar de tantas actividades (Miguel Rep, compaero y amigo, le dio en persona un libro que hicimos juntos sobre Antonio Gramsci, yo tambin se lo regal, Chvez se sac varias fotos ante la prensa con ese libro sobre la mesa. Un honor).

Este gran pedagogo popular, con un gesto diplomtico que tambin tena mucho de irona, se anim a regalarle al presidente de Estados Unidos Las venas abiertas de Amrica Latina de Eduardo Galeano. Era una manera muy sutil de tratarlo de bruto y al mismo tiempo de mostrarle que los pueblos de Nuestra Amrica debemos superar de una buena vez ese complejo (tpicamente colonial) de inferioridad que nos han inoculado las burguesas lmpenes, socias menores y cmplices del imperialismo.

Siguiendo las enseanzas del Congreso Anfictinico de Panam de 1826, Chvez promovi de manera obsesiva una serie interminable de iniciativas institucionales integradoras a nivel regional (desde el ALBA hasta Telesur; desde Petrocaribe hasta el Banco del Sur; desde la UNASUR hasta la CELAC, etc.) pero al mismo tiempo apoy a la insurgencia y a la guerrilla comunista, principalmente de las FARC-EP de Colombia. Esa es la verdad. A veces lo dijo en pblico, otras veces no. Incluso cuando tom decisiones equivocadas (como en el caso de Joaqun Prez Becerra, que en su oportunidad criticamos pblicamente), nunca rompi sus relaciones con la insurgencia. Esa misma insurgencia comunista que gran parte del progresismo y de la intelectualidad crtica no se anima ni siquiera a mencionar. Mientras tanto le brind su mano generosa y fraterna a la revolucin cubana y a su gran amigo Fidel Castro, a quien quera como un padre. En un movimiento sumamente complejo, trat de unificar o al menos de aglutinar a nivel continental las iniciativas institucionales con las insurgentes y comunistas, las de arriba con las de abajo, las estatales con las sociales en el abanico multicolor de un gran frente continental antiimperialista por el socialismo.

Faltndole el respeto a los esquemas, pero no a la revolucin, Hugo Chvez, sumamente iconoclasta, no tuvo miedo de conjugar a Marx con Bolvar ni al Che Guevara con Jess. Como Simn Bolvar en el siglo XIX, quien sintetizaba a Tupac Amaru con Rousseau, su mejor discpulo en nuestra poca se anim a desempolvar el pensamiento poltico ms radical para volverlo actual y polticamente operante. No en la comodidad de una ctedra, sino en la vida. Y lo hizo enfrentando a los peores y ms prepotentes genocidas del planeta, de quienes se ri en su cara ms de una vez (todos recordamos cuando en una tribuna diplomtica internacional dijo, con una sonrisa irnica inconfundible en los labios: esta tribuna huele a azufre, ac estuvo el diablo, ac estuvo el presidente de los Estados Unidos. Se rea en la cara del presidente ms poderoso del planeta! Lo disfrutaba como un nio desobediente. Tanto como cuando expuls sin contemplaciones al embajador yanqui de Venezuela o cuando desafi al insolente rey franquista de Espaa. Cuntos se animaron a hacer algo aunque sea similar en nuestra poca?

No exageramos. Fue tan original y tan antiimperialista como su principal maestro e inspirador, Simn Bolvar. Pero entre ambos existe una gran diferencia histrica y poltica que marca cunto hemos avanzado en esta bsqueda de la tierra prometida y de la liberacin de Nuestra Amrica. Mientras Bolvar muri solo y aislado, triste y desolado, incomprendido e incluso repudiado, Chvez muere rodeado, amado y llorado por todos los pueblos de Nuestra Amrica. Bolvar no ar en el mar. Hugo Chvez supo retomar su estrella de fuego.

Despus de su muerte? El abismo y el desierto? De ninguna manera. La continuidad de una extensa lucha por el socialismo y la segunda y definitiva independencia de Nuestra Amrica. Muerto Chvez, habr otros Chvez como hubo nuevos Che Guevara. Las nuevas generaciones se inspirarn en su rebelda para seguir combatiendo contra los molinos de viento del capital.

El odio del imperialismo y de las burguesas, el amor de los pueblos rebeldes. Eso ha sido, eso es y eso ser Chvez.

Hasta la victoria siempre comandante!

Barrio de Once, marzo de 2013

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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