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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-03-2013

Un importante punto de inflexin en la historia contempornea de Japn
Dos aos despus de Fukushima

Pierre Rousset
Viento Sur


La triple catstrofe del 11 de marzo de 2011 constituy un importante punto de inflexin en la historia contempornea de Japn, pero su alcance poltico no es unvoco. Marc una ruptura radical en la visin que muchos japoneses tenan de las autoridades y las instituciones de su pas y dio lugar a una revuelta ciudadana profundamente progresista. Ahora bien, todo esto se produjo en medio de una profunda inestabilidad de la situacin geopoltica de Asia oriental: al sentimiento popular de inseguridad se le aadi una gran incertidumbre sobre la evolucin de la relacin de fuerzas entre las distintas potencias regionales, la cual suscit el renacimiento de movimientos militaristas y nacionalistas reaccionarios.

El terremoto y el tsunami del 11 de marzo de 2011 tuvieron fuertes implicaciones sociales y econmicas, sobre todo en el rea directamente afectada, el nordeste de Japn, donde la mayora de la poblacin afectada se encuentra impotente y muy dependiente. Las redes institucionales, sociales y familiares tradicionales han saltado por los aires. El choque psicolgico es profundo, debido a la desaparicin fsica de espacios comunitarios (pueblos, barrios), la prdida de seres queridos, la ausencia de informacin fiable, la soledad y el sentimiento de no tener ya ningn control sobre el futuro. Frente a la enorme impotencia administrativa que ha mostrado el Estado durante estos tiempos de crisis, las organizaciones militantes regionales (sindicatos, asociaciones) han realizado un trabajo notable para ofrecer los primeros auxilios y generar una actividad colectiva hacia los refugiados. Para llevarla a cabo han contado con el apoyo de redes nacionales e internacionales, pero sus recursos ante la amplitud de la catstrofe son, a todas luces, limitados. El movimiento obrero japons, por su parte, est muy debilitado y burocratizado para implicar al conjunto del pas en los retos que ha puesto encima de la mesa la catstrofe.

En este contexto y dada la extrema gravedad del accidente en la central de Fukushima la cuestin nuclear domin la escena poltica en el periodo posterior al 11 de marzo.

El consenso pronuclear que exista hasta entonces en Japn, salt por los aires. Las confesiones realizadas por las personalidades implicadas en este sector econmico y la publicacin de documentos inditos mostraron que ese consenso estaba basado en mentiras, corrupcin y la complicidad del sector pblico con el privado; en la negacin de los riesgos relacionados con la radioactividad y con la posibilidad de graves accidentes. Las mentiras continuaron incluso durante y despus de la catstrofe, hasta el punto de que las madres de las zonas contaminadas no saban qu precauciones adoptar para proteger a sus hijos (ms sensibles que las personas adultas a las dosis de radiacin relativamente bajas). Antes del accidente los colectivos ciudadanos contra las centrales tenan, sobre todo, un carcter local. Tras el accidente, el movimiento antinuclear ha adquirido una dimensin nacional que, en ocasiones, ha llegado a movilizar a decenas de miles de personas, cosa que nunca antes se haba visto en el archipilago. Por razones diversas, una tras otra, las centrales nucleares fueron parando su actividad y en mayo de 2012 no haba ninguna en funcionamiento. En julio, Naoto Kan, Primer Ministro en el momento de la catstrofe, se manifest a favor de un Japn sin nucleares.

En 2012, muchos sondeos otorgaban una amplia mayora a favor de una salida de la energa nuclear. Sin embargo, a principios de febrero de 2013, los sondeos mostraron que el 56% era favorable a una poltica de relanzamiento de las centrales, tal y como pregona el nuevo gobierno de Shinzo Ave. A qu se debe este cambio?

Inestabilidad regional y contraofensiva nuclear

Tras la catstrofe de Fukushima, el lobby nuclear se puso a la defensiva. La evolucin de la situacin en Asia Oriental le ha dado la ocasin de retomar la ofensiva. El lanzamiento de misiles norcoreanos, aunque algunos fueran fallidos, aliment el miedo a una amenaza militar. Y, sobre todo, el conflicto de soberana con China se agudiz. Tokio administra las islas Senkaku (en japons) o Diaku (en chino). Pekn rechaz siempre que Japn las anexionara pero, haca dcadas, los dos gobiernos evitaban hacer de esta cuestin un "punto caliente" de sus relaciones.

Los llamados "puntos calientes" territoriales se encontraban (y se encuentran an) ms al Oeste: China reivindica, con un fuerte despliegue militar, las islas Parecels y Spratley contra el Vietnam, Malasia, Brunei, Filipinas, pero se mantena discreta en la delimitacin de sus fronteras martimas con Japn.

En setiembre de 2012, Tokio abri la gran caja de pandora: el gobierno "nacionaliz" las islas Senkaku, que estaban en manos de un propietario privado. Pekn reaccion enviando a la zona navos y aviones, y declarando despus que quera cartografiar el micro-archipilago La tensin subi de tono cuando el gobierno japons acus a un barco de guerra chino de haber apuntado con su radar de ataque a uno de sus destructores.

Esto no quiere decir que vayamos hacia una guerra entre potencias, pero s que estamos ante un conflicto territorial activo, que va a durar.

Si lo que hasta ahora estaba circunscrito al marco diplomtico se convierte en un conflicto explosivo, es debido a que cada Estado codicia las riquezas sub-marinas del Mar de la China Meridional. Y tambin porque cada uno de ellos tiene inters en alimentar un nacionalismo de gran potencia: tanto por razones internas (desviar la atencin de la crisis social), como porque las relaciones de fuerza estn en plena evolucin. China se reafirma como potencia militar y no quiere verse bloqueada por una "primera lnea de islas" que va desde Senkaku/Diaku hasta Spratley y Paracels. Los Estados Unidos refuerzan la presencia de la VII Flota. Sin embargo, Tokio no tiene asegurado que la proteccin de Washington continuar indefinidamente.

En ese contexto, por primera vez se oyen voces autorizadas de Japn declarando, de forma ms o menos explcita, que el archipilago debera dotarse de armas nucleares. Est a punto de caer un tab fundamental de este pas que, en 1945, vivi en propia carne los crmenes contra la humanidad de Hiroshima y Nagasaki. Cada vez se evoca ms la supresin del Art. 9 de la pacifista Constitucin nipona que consigna su renuncia a la guerra. Se adoptan medidas concretas (y se anuncian otras nuevas) orientadas a acrecentar el poder militar de las "fuerzas de autodefensa": incremento del presupuesto militar, redespliegue de cazas F-15, puesta en rbita de un satlite ptico de gran precisin, etc.

El lobby nuclear argumenta que quien quiera la seguridad energtica en estos tiempos turbulentos, debe querer la energa nuclear para no depender de las vas de aprovisionamiento martimas. Al igual que quien quiere la bomba: la industria nuclear "civil" proveer las materias fisibles necesarias a los militares. Esta campaa alarmista ha tenido xito entre la poblacin japonesa.

Confrontada a esta nueva situacin, la izquierda civil japonesa realiz un llamamiento para que cada pas de la regin se opusiera al incremento de los nacionalismos xenfobos y militaristas. Denuncia la voluntad de recurrir a una historia mitificada para apropiarse de islotes deshabitados. Platea una gestin compartida de los mares en inters de los pueblos y respetando las exigencias ecolgicas.

Se han conformado dos bloques polticamente opuestos, lo que constituye toda una novedad. De un lado, el lobby nuclear, las corrientes militaristas y en general la derecha nacionalista. De otro, el movimiento antinuclear (civil), los ltimos supervivientes de Hiroshima/Nagasaki o quienes les representan (los alcaldes), los pacifistas que defiendes la Constitucin, la poblacin que lucha en la isla de Okinawa contra las bases estadounidenses, personalidades como el premio Nobel de Literatura Kenzaburo Oe Sin embargo, el movimiento antinuclear nipn se enfrenta a una situacin poltica difcil para la que no estaba preparado.

A falta de una alternativa poltica a la izquierda, el rechazo de la energa nuclear tras Fukushima fue capitalizada en el terreno electoral por los partidos de centro-derecha, que pronto cayeron en desgracia por su incompetencia. Se consolidan nuevas formaciones polticas populistas de derecha radical; primero en la regin de Osaka y despus en Tokio. Por el momento, es el Partido Liberal Demcrata, partido mayoritario de la post-guerra, el que ha reconquistado el poder con Shinzo Abe. Se ha beneficiado de la abstencin de los sectores desencantados de la poblacin, de una bien amaada reputacin de buen gestor y de trasladar para despus de la campaa electoral las malas noticias, como la firma Tratado transpacfico de Libre Cambio, cuyos efectos sociales sern desastrosos.

Internacionalizacin del movimiento antinuclear

No hay posibilidad de que la central de Fukushima vuelva a la normalidad. La crisis nuclear va para largo.

El movimiento ciudadano del archipilago contina luchando da a da: piquetes ante la sede de Tepco (el operador de Fukushima), denuncias de las vctimas, oposicin a la reapertura de las centrales En noviembre pasado, Japn acogi la segunda conferencia internacional para un mundo libre de nucleares. En l se tejieron estrechos vnculos entre las luchas que se desarrollan en diversos pases de la regin, como en Corea del Sur o India. Por primera vez, el Frum Popular Asia-Europa realiz una declaracin a favor de abandonar la energa nuclear. Y en marzo de 2013 estn convocadas numerosas movilizaciones en torno al segundo aniversario de la catstrofe.

La onda de choque de Fukushima contina amplindose.

Traduccin: VIENTO SUR

Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article7756



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