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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-03-2013

Lo que est mal en el mundo

Santiago Alba Rico
Atlntica XXII


A Salvador Lpez Arnal, un africano del Bara

 

En un mundo presidido por la muerte y la injusticia, es fcil dejarse llevar a la conclusin de que el mal es ms real que el bien y de que, por tanto, hay algo no slo banal sino engaoso en las caricias, que no dejan marcas, o en la risa y el juego, incapaces de doblegar una tirana. Cuando el placer individual depende adems de una gran maquinaria de beneficios empresariales y de estupefaccin colectiva tenemos quizs motivos ms que fundados para sustraernos a la tentacin e incluso para denunciar tanto a sus gestores como a sus vctimas. En este sentido, el ftbol, secuestrado y sobredimensionado por el comercio y la iconopata, ofrece el ejemplo ms insoslayable.

En el sur de Tnez est el campo de refugiados de Choucha, donde permanecen -digmoslo con toda la crudeza- los posos de la guerra de Libia: 200 subsaharianos de todas las edades que malviven en tiendas, en psimas condiciones higinicas y alimenticias, y que han sido abandonados por el gobierno tunecino y por las Naciones Unidas. Hace dos semanas, gracias a la ayuda de algunos solidarios, consiguieron llegar hasta la capital para protestar ante el edificio de la UNRWA, frente al cual durmieron durante cuatro das antes de regresar al desierto con las manos vacas.

Fatma y sus tres hijos durmieron una noche en nuestra casa. La guerra los persigue. De Darfur, en Sudn, Fatma haba huido a Libia, donde desapareci su marido. Robada y acosada por los partidarios de Gadafi, robada y acosada por los enemigos de Gadafi, esta jovencsima madre sudanesa acab cruzando la frontera de Tnez en febrero de 2011, con el pequeo Mohamed recin nacido. Desde entonces cuece all su vida redundante bajo el sol, pendiente solo de sus hijos, para los que reclama una escuela y una vivienda digna.

Ali y Yamal, sus hijos mayores, tienen 14 y 13 aos respectivamente. Durante la cena, mientras hablbamos de sus recuerdos de Libia, me dijeron de pronto que estaban deseando volver al campo de refugiados para el klasku. Por ms que buscaba en mi lxico rabe no consegua descifrar esta palabra. Klasku? Entonces me explicaron que Ali era del Real Madrid y Yamal del Bara y comprend que klasku era un alfono de clsico, trmino con el que se anuncia en Al-Jazeera cada nuevo enfrentamiento entre los dos equipos espaoles. Me qued un poco perplejo y casi conmovido por la alegra y la erudicin con las que los dos chavales, sin conocer nada de Espaa, hablaban de Messi y de Cristiano y de los resultados de los clsicos anteriores. Les pregunt intrigado: y por qu sois cada uno de un equipo distinto?. Bueno, respondieron, nos pusimos de acuerdo. Eran rivales, pues, por un amigable reparto de papeles.

La forma ms antigua de huir de la muerte, como bien sealaba Pascal, es la de lanzarse una y otra vez una pelota. Si el ftbol se ha convertido en la forma ms rentable y sospechosa de olvidar el mal es porque contiene inocencias de las que carecen el tenis o el balonmano: una relacin ms fuerte con el espacio, la dignificacin racional de los pies, el triunfo de una geometra colectiva. Pero si el capitalismo puede ensuciar todos los orgenes, no puede controlar todos los destinos. El chovinismo madridista o blaugrana entiende sin duda que los africanos vivan los klaskus como un acontecimiento mundial, pero no podr entender en cambio sus razones. La recepcin de un mismo espectculo en Madrid y Sudn no homogeneiza a los espectadores sino que marca sus diferencias culturales y las muchas formas posibles de reciclar un deporte pervertido por el comercio y la iconopata. Aqu en Tnez, en el barrio del Nasser, cientos de subsaharianos abarrotan los cafs delante de la televisin, cortados en dos mitades un poco arbitrarias pero muy concienzudas, y la pasin ecunime y luminosa con que viven las jugadas de Iniesta o de Benzema tiene que ver, precisamente, con la total ausencia de chovinismo.

El klasku, s, es un acontecimiento mundial, pero como la llegada de los reyes magos. Mejor an: como el advenimiento de los colores o el descubrimiento de los nmeros: a todos nos gustaba de nios tener nuestro rey favorito y todos tenemos nuestro nmero o nuestro color preferido. Uno no se juega ah ni su honor ni su autoestima ni la sublimacin de una venganza. Se toma partido por el acontecimiento mismo y ese alineamiento un poco fortuito o arbitrario (Melchor, el azul, el 5) es slo una astucia antropolgica para formar parte de la erupcin, para vivirla ms intensamente, para poder narrarla; es decir, para convertirla en un mito. Porque los mitos consisten en eso: los pueblos toman partido por la Osa Mayor o eligen el Kilimanjaro para declarar al mismo tiempo la independencia del mundo y su compromiso con l.

Se puede despreciar el ftbol en Espaa, pero no en Africa. Hay una posible recepcin no capitalista en Choucha de lo que el capitalismo mancilla en Madrid. Gane quien gane, Ali y Jamal no acaban los partidos ni frustrados ni deprimidos; tampoco rehabilitados. Su felicidad pursima debera hacernos ms intolerantes an con el comercio y la iconopata, pero menos puritanos y severos con los placeres y sus engaos. El olvido del mal es a veces sencillamente... un bien.

http://www.atlanticaxxii.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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