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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-03-2013

Democratizacin del Poder Judicial

Mariano Massaro
Rebelin


Despus de treinta aos de democracia comienza a zanjarse, a travs de un debate pblico, una deuda profunda de la sociedad argentina, la democratizacin del Poder Judicial.

La coyuntura fue la llave para acceder a un debate que busca producir cambios estructurales en el mbito de Tribunales. El destrato que recibi la Ley de Medios por parte de sectores de la familia judicial, a travs de la prostitucin del instituto de la cautelar, como as tambin la reaccin corporativa de sectores conservadores de la magistratura un da antes del 7D, gest voluntades que padecan una dispora prolongada.

La irrupcin pblica de una visin alternativa de lo que debera ser el Poder Judicial a travs del la solicitada Justicia Legtima asent el debate.

En este contexto alentador de agenda abierta respecto del poder ms aristocrtico de la Repblica intentamos aportar algunas lneas de anlisis en trminos estructurales, sorteando las limitaciones de lo estrictamente metodolgico.

Para comenzar resulta esclarecedor destacar la diferencia lingstica que encierra la Justicia y el Poder Judicial, usadas indistintamente, cuando refieren a elementos diferentes. La Justicia se cimienta en una convencin axiolgica, es una valor y como tal se presta a su internalizacin desde la perspectiva individual; en efecto, configura una abstraccin. El Poder Judicial representa uno de los poderes del Estado de Derecho; refiere a un poder de contralor de aplicacin de la norma, que le precede. No se trata de un poder abstracto, por el contrario, es un poder efectivo, concreto. Es un poder que ejerce su esencia. Sin nimo de poner el acento en este punto, solo dir que es un poder poltico del Estado, en consecuencia sus acciones se enmarcan dentro de acciones polticas. Podramos afirmar que como poder poltico se interrelaciona como actor poltico, pero buscando escapar a las reglas consuetudinarias de la poltica, entre ellas, la ingerencia popular en su configuracin. Este poder poltico insiste en actuar sin dar cuenta del contexto poltico macro en el cual acta.

Esta lnea argumentativa requiere de un elemento ms para desenmascarar la esencia propia del poder sobre el que hablamos. Dicho elemento se haya en la cuestin ideolgica; aqu se concentra la densidad del razonamiento. Veamos.
Cuando la/s Corte/s ejercen las competencias originarias emanadas de la Constitucin, principalmente el control de constitucionalidad de las normas, no lo hacen en un estado de abstraccin espiritual maximizando sus capacidades tcnicas, sino que abordan a travs de los instrumentos tcnicos jurdicos la interpretacin de la Constitucin. Dicha interpretacin se asienta sobre la cosmovisin del munda que cada integrante de los altos tribunales tengan. Esa conviccin que asiste a los jueces, se liga indisolublemente a su ideologa. Resulta inapropiado forzar el argumento para relacionar la cuestin ideolgica con una cuestin estrictamente partidaria, sino que hace referencia a ideas que se expresan en la poltica y por sobre los partidos polticos.

Parecera razonable sostener que se desairan los procesos democrticos de carcter popular cuando las ideas polticas mayoritarias son cercenadas con interpretaciones constitucionales basadas en posiciones ideolgicas que representan ideas polticas antagnicas y terminan frenando normas sancionadas en el parlamento en representacin de esas mayoras. No estamos hablando de derechos civiles, seamos claros, estamos discutiendo sobre derechos patrimoniales, donde se juega la concentracin del poder real.

Este es un argumento de fuste que debe forzar la imaginacin para construir una respuesta institucional que democratice este cuello de botella. No todo el proceso de democratizacin del Poder Judicial se condensa aqu, efectivamente existen otras cuestiones. Pero el hilo conductor de la cuestin ideolgica se mantiene; as, es indudable que sectores muy amplios de la familia judicial reproducen una visin clasista de la Justicia. No atacar los dispositivos de la reproduccin ampliada de estos sectores solo producir cambios metodolgicos insuficientes. El dispositivo primigenio de reproduccin se da en la forma en que los funcionarios judiciales que aspiran a ejercer la magistratura deben actuar. Cualquier manifestacin que denote una visin alternativa -ideolgica/axiolgica- sobre la administracin de justicia queda en franco antagonismo con los sectores corporativos que impulsan los nuevos nombramientos. Toda visin social que enfrente los privilegios de stas lites, o se digne participar en el ejercicio de actividades sociales al interior del Poder Judicial (agremiarse, participar de actividades sindicales) son sancionados con la quita del impulso hacia la magistratura. Toda una carrera judicial en esas condiciones va poniendo en agona los propios valores sociales que los aspirantes tenan. Dotar de instrumentos para desarticular este dispositivo es uno de los caminos obligados para producir cambios duraderos. En esta misma lnea se encuentra la necesidad de democratizar las relaciones sociales de todos los agentes judiciales, es decir, las relaciones al interior del Poder Judicial. Democratizar la vinculacin de los jueces con respecto a los trabajadores de la justicia, cuestin que no ha podido romper el cerco de invisibilidad y que no permite dar cuenta de situacin profundamente injustas, tales como el abismo salarial entre jueces y trabajadores, las innumerables situaciones de violencia laboral, o los innumerables privilegios que asisten a los magistrados y que le son denegados a los trabajadores judiciales.

Otro elemento insustituible que hace a los cimientos bsico para la construccin de un Poder Judicial democrtico es la participacin. Los mbitos de participacin del pueblo con respecto al Poder Judicial son inexistentes. Con el slogan de la independencia, los sectores corporativos afirman frenar cualquier distorsin de la espuria poltica, pero en el fondo no han hecho ms que levantar un muro que los aleja del pueblo.

Estos sectores han enterrado la publicidad de la participacin, dejando intacto y entre sombras los lobbys de aquellos con capacidad de efectuarlo. El pueblo difcilmente cuente con dicha capacidad.

Por ltimo, sostenemos que la tarea del momento es doble, por un lado ampliar y democratizar los mecanismos de designacin de los jueces, quitando los amplios mrgenes de ingerencia que posee los mismos sectores corporativos, tanto de magistrados como de abogados, y por el otro, comenzar a definir los nuevos lineamientos de lo que creemos que debe ser un juez.

A esta altura asoma con claridad meridiana que un debate profundo sobre el Poder Judicial, no es un mero debate tcnico, sino estrictamente ideolgico.

Mariano Massaro. Sec. Gral. Asociacin Judicial Bonaerense, Quilmes.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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