Portada :: Feminismos :: Feminismos
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-03-2013

Despatriarcalizar la democracia
Feminismo(s) y demodiversidad

Antoni Jess Aguil
Rebelin


La democracia representativa liberal ha sido y es uno de los principales obstculos de los movimientos feministas, pero tambin la gran destinataria de sus reivindicaciones. Esta paradoja de funcionar a la vez como lmite y posibilidad puede observarse en la historia del parlamentarismo liberal-burgus. El 7 de junio de 1866, el diputado John Stuart Milll, influido por Harriet Taylor y otras pioneras del movimiento sufragista ingls, elev al Parlamento britnico la primera propuesta de legalizacin del sufragio femenino, avalada por la firma de 1499 mujeres de la Sociedad para el Empleo de la Mujer. Se trataba de una propuesta limitada a mujeres propietarias solteras o viudas, dado que las casadas no tenan derecho a la propiedad, que con el matrimonio pasaba a sus maridos. La Cmara de los Comunes rechaz la peticin en un clima que oscilaba entre el desprecio, la burla y la indiferencia generalizada de parlamentarios que la consideraban una cuestin irrelevante.

Las luchas por el sufragio femenino contienen una enseanza importante: gran parte de las ideas polticas incorporadas en nuestro sentido comn estn construidas sobre la exclusin, la explotacin y la subordinacin de las mujeres. La democratizacin del sufragio femenino fue el producto de aspiraciones y luchas colectivas por la despatriarcalizacin de sistemas jurdicos y polticos legitimadores de la inferioridad y desigualdad de las mujeres. Los patriarcados se expresan mediante formas de organizacin poltica y social donde los varones, adems de ocupar los puestos de poder y autoridad (poltica, acadmica, econmica, religiosa, militar, etc.), se apropian de la actividad productiva y reproductiva de las mujeres. A pesar de su diversidad, los patriarcados comparten algunos rasgos comunes: 1) convierten al varn en el modelo de lo humano, que encarna a un ser naturalmente superior, ms apto y cualificado respecto a las mujeres. 2) Se apoyan en una divisin sexual del trabajo y del espacio que atribuye determinadas tareas y espacios a mujeres (espacio privado reproductivo) y a hombres (espacio pblico productivo). Y 3) establecen estructuras de dominacin apoyadas en jerarquas de gnero, etnia, clase, edad u otro tipo: los varones adultos, por ejemplo, ejercen su poder sobre las mujeres, ancianos y nios.

 

La modernidad poltica occidental institucionaliz una democracia representativa, clasista, blanca, patriarcal y heterosexual cuyas pretensiones de transformacin social no incluan a las mujeres. Al negarles sistemticamente el derecho a votar y a ser elegidas, la democracia liberal las invisibiliz y desacredit como sujetos polticos aptos, apartndolas de los espacios de deliberacin y los procesos de decisin. No en vano afirma Amelia Valcrcel [1] que el feminismo es un hijo no querido de la Ilustracin. La ejecucin de Olympe de Gouges en 1793 por reivindicar derechos polticos para las mujeres refleja la violencia aniquiladora de un modelo androcntrico de democracia sustentado, entre otros pilares, en el poder del varn, la familia nuclear tradicional y la afirmacin de la propiedad privada.

 

Aunque el siglo XX trajo avances significativos en materia de reconocimiento y ejercicio de los derechos de las mujeres, siguen estando subordinadas a democracias patriarcales que ponen trabas a los proyectos feministas de emancipacin. Lo demuestran fenmenos como la subrepresentacin poltica de las mujeres en los cargos pblicos electivos, la fragilidad de sus derechos polticos, civiles, econmicos, sociales, sexuales y reproductivos, la naturalizacin de la dicotoma pblico-privado, el descrdito de las concepciones y prcticas democrticas de las que las mujeres son portadoras y las luchas cotidianas que llevan a cabo por ampliar su participacin en la esfera pblica. Y es que, como afirma Hannah Arendt [2], la privacin fundamental de los derechos humanos se manifiesta primero y sobre todo en la privacin de un lugar en el mundo que haga significativas las opiniones y efectivas las acciones. Vivimos en democracias parlamentarias incompletas y superficiales incapaces de sacar a las mujeres de los cautiverios, despotismos e injusticias que padecen: Innombradas, silenciadas, invisibilizadas y oprimidas alrededor del mundo, como afirma Marcela Lagarde [3].

 

Cualquier proyecto de emancipacin comprometido con la construccin de formas de democracia poltica, econmica y social paritarias debe asumir el reto de la despatriarcalizacin. Despatriarcalizar significa denunciar el conjunto de teoras, mtodos, concepciones, instituciones, actitudes, lenguajes, costumbres y representaciones que tienen la misin de naturalizar y reproducir el sexismo, el machismo y la misoginia en cualquiera de nuestras prcticas y discursos cotidianos. Quiere decir desnaturalizar el androcentrismo e intervenir sobre sus instrumentos de legitimacin (la educacin, el sistema poltico, jurdico, econmico, la ciencia, la religin, los medios de comunicacin, etc.) para combatir la creencia en la inferioridad de las mujeres que impregna el imaginario colectivo y promover la transformacin democrtica del sistema patriarcal, en el sentido de contribuir a la redistribucin del poder poltico, social y econmico. Significa, en definitiva, luchar por la dignidad de las mujeres y por su inclusin igualitaria en el mbito de lo humano.

 

Despatriarcalizar la democracia, desde esta perspectiva, significa plantar cara al monopolio masculino del poder [4], visibilizar y transformar las relaciones de dominio masculino que se dan dentro y fuera de la poltica formal (representativa y partidaria), cuestionar los sesgos androcntricos de la teora democrtica liberal, que ha contribuido a la invisibilidad de las mujeres y sus derechos, creando las condiciones para desestabilizar los poderes y romper las estructuras patriarcales que frustran el reparto igualitario de la autoridad y la responsabilidad entre hombres y mujeres en las diferentes esferas de la vida. Significa tambin reconocer la insuficiencia de una democracia electoral-representativa vaca de contenido, supeditada a los intereses del mercado, con claros sntomas de agotamiento y en cuyas urnas no caben los sueos ni los mundos de las mujeres.

 

Las polticas de cuotas electorales, las acciones afirmativas y las medidas encaminadas a la conciliacin de la vida personal y laboral son tan necesarias como insuficientes. No dejan de ser concesiones de la institucionalidad patriarcal-liberal hegemnica en que las mujeres tienen que pedir permiso para decidir sobre sus proyectos de vida. Las feministas inconformistas no deben acomodarse a una democracia de lites convertida en un caparazn vaco y cerrado a la participacin social. El gran reto de los feminismos transformadores consiste en impulsar cambios estructurales que permitan desencadenar procesos de democratizacin poltica y social ms all de las formas liberales-representativas de poltica; es colaborar activamente en la transicin hacia nuevas formas de compartir y ejercer el poder democrtico acompaadas por un conjunto de transformaciones mentales y socioinstitucionales que superen el horizonte (neo)liberal y patriarcal, promuevan la articulacin entre las luchas feministas y la participacin femenina en espacios de decisin poltica, econmica, social y cultural, entre otras medidas. Ante el fracaso de la democracia liberal y patriarcal, que permite perpetuar los cautiverios de las mujeres, es necesario resignificar la democracia, el Estado y la ciudadana a partir de propuestas alternativas basadas en la recuperacin de la soberana popular que combinen elementos participativos, deliberativos, representativos, directos, sustantivos y consensuales.

De lo que es se trata, en definitiva, es de crear formas postpatriarcales de democracia fundadas en la demodiversidad de la que habla Boaventura de Sousa Santos: La coexistencia pacfica o conflictiva de diferentes modelos y prcticas democrticas [5]. La demodiversidad puede encontrar en los feminismos un aliado privilegiado para desarrollarse. Este desarrollo pasa por el reconocimiento y fortalecimiento de la multiplicidad de formas que puede asumir la democracia, invisibilizadas por las corrientes dominantes de la ciencia poltica y las ciencias sociales, que convierten la democracia representativa liberal en el nico modelo vlido y en el fundamento de toda experiencia democrtica. La demodiversidad tiene suficientes reservas en el mundo como para reinventarse, para generar nuevas formas de democracia que incorporen experiencias y prcticas planteadas por los feminismos y desacreditas por los cnones de la democracia patriarcal, como, entre otras, la ruptura de la dicotoma tajante entre lo pblico y lo privado; la cuestin del uso, control y cuidado del propio cuerpo; la relacin entre produccin y reproduccin; la crtica a la universalidad del sujeto blanco, masculino y heterosexual; la defensa de los derechos de las personas LGTB (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales), de las migrantes y de los derechos colectivos de las mujeres indgenas; el tratamiento que los medios de comunicacin hacen de las luchas feministas. Son algunas de las aportaciones de los feminismos que permiten crear innovaciones capaces de despatriarcalizar la democracia y ampliar la demodiversidad. Las luchas por la despatriarcalizacin de la poltica y la sociedad son, en este sentido, luchas por la democratizacin de la democracia. Luchas para no tener que vivir en democracias que impiden a las mujeres conquistar ese lugar en el mundo del que habla Arendt y que les permitira ser ellas mismas.

Notas

[1] Valcrcel, A. (2008), Feminismo en el mundo global, Ctedra, Madrid, pg. 20.

[2] Arendt, H. (1998), Los orgenes del totalitarismo, Taurus, Madrid, pg. 247.

[3] Lagarde, M. (1997), Identidad de gnero y derechos humanos. La construccin de las humanas, en Camacho Granados, R. et al., Caminando hacia la igualdad real, ILANUD-UNIFEM, San Jos, pg. 283

[4] Cobo, R. (2008), Repensando la democracia: mujeres y ciudadana, en Cobo, R. (ed.), Educar en la ciudadana. Perspectivas feministas, La Catarata, Madrid, pg. 33.

[5] Santos, B. S. (org.) (2004), Democratizar la democracia: los caminos de la democracia participativa, Fondo de Cultura Econmica, Mxico.

Antoni Jess Aguil es filsofo poltico e investigador del Ncleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadana y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Combra (Portugal).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter