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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-03-2013

La historia criminal del cristianismo de Karlheiz Deschner llega a trmino. Una reflexin sobre los principios de su crtica
Karlheinz Deschner: La Historia criminal del cristianismo en 10 tomos

Von Wolfgang Beutin
Junge Welt

Texto traducido para Rebelin por Mikel Arizaleta.


El 8 de marzo apareci editado el dcimo volumen de la "Historia criminal del cristianismo". El autor, Karlheinz Deschner, nacido en 1924, es uno de los crticos ms destacados de la religin y la Iglesia. Por la obra de su vida, "Historia criminal del cristianismo", cuyo primer volumen apareci en 1986, ha sido distinguido con numerosos galardones.

Crtica de la religin y crtica de la Iglesia son hoy da conceptos usuales pero no unvocos. En principio se puede criticar la religin como un fenmeno universal de la humanidad y como un hecho cultural actual o, merced a las distintas formas de fe existentess, es posible criticar sta o a aquella como errnea o como evolucin y derivacin mendaz de determinada religin. En principio se puede criticar a la Iglesia como parte constituyente del sistema "cristianismo-Iglesia-teologa", pero tambin de la mano de una , de muchas o de todas las Iglesias cristianas- se pueden criticar nicamente sus desaciertos, errores y crmenes.

En la historia europea y norteamericana del pensamiento y la literatura se ofrecen todo tipo de crticas religiosas y eclesiales, en las que los diversos autores con frecuencia acentuan y destacan distintos enfoques y hechos, operando con distintos grados de radicalidad y deduciendo conclusiones diferentes. Algunos de entre ellos crticos con el cristianismo, con las Iglesias cristianas o confesiones y con sus dogmas. El poeta Hans Jahnn reconoca en 1946: "El cristianismo me ha enojado enormemente, me ha airado su galopada de estos 2000 aos en direccin equivocada". La conclusin de todo ello debiera ser doble: parar rpidamente la marcha y reparar en la medida de lo posible los daos ocasionados. "Zahme Xenien" de Goethe comienza: "No creis que chocheo, que fantaseo" -asegura el poeta-, "toda la historia de las Iglesias es una mezcolanza de errores y violencia"..., lo que caracteriza la praxis eclesial es la "violencia" y el "error" su enseanza.

De los descubrimientos de Ludwig Feuerbach en el siglo XIX deba concluirse de hecho la liquidacin del cristianismo, luego de haber liquidado su teologa. El filsofo intent derogar el ms all teolgico y reconoci a dios como a toda persona celestial desde la trinidad hasta el santo o bienaventurado ltimo en la escala- como un ser abstracto slo existente en el pensamiento o en la imaginacin, o dicho en trminos actuales, como una proyeccin espiritual y, por tanto, la teologa sera una "patologa psquica".

En la segunda mitad del siglo 19 se generaliz la concepcin de la religin como enfermedad mental, el cristianismo como un sanatorio para enfemros. As escribe Otto von Corvin (1812-1886), de 48 aos, en su "Espejo de curas" (1845): "La religion contiene los grmenes de las epidemias espirituales ms horribles por sus consecuencias y ninguna peor que la cristiana mal entendida, que ha convertido a Europa a lo largo de los siglos en un manicomio lbrego, y millones de vctimas han sucumbido a su locura".

El americano Henry Charles Lea (1825-1909) en sus investigaciones crticas con la Iglesia caracterizaba a la doctrina catlica romana como spirituelles Zwinguri, como una dictadura sobre las ideas y los sentimientos de cada cual. Anhelaba "la regulacin de todo pensamiento, todo pensamiento y toda accin del creyente" [the regulation of every thought, every feeling, and every act of the believer]. Habra sido imposible poner lmites claros a la autoridad espiritual por su afn expansionista sin merma. Igual que Lea, a principios del siglo 20 reconoci el crtico ms agudo del cristianismo en Bohemia, Josef Svatopluk Machar (1864-1942), como resumen del dominio eclesial, la exigencia imperiosa de las ambiciones de Roma: ejercer el poder absoluto sobre el fuero interno humano, dominar su alma. En el presente el telogo Eugen Drewermann (nacido en 1940) ve en la forma religiosa existente una de las causas principales de las esfermedades espirituales y mentales de la gente, de modo que quien anhela la curacin debe llevar a cabo un cambio profundo en el mbito religioso-eclesial.

 

Una obra gigantesca y estupenda 

Qu persoanalidaes de los ltimos siglos se muestran como realmente cristianas? Qu famoso se aferra en su fe en Dios y se hace merecedor del elogio de un destacado prncipe de la Iglesia? Recuerdo las histricas palabras del cardenal Michael Faulhaber, que tras un encuentro con Adolfo Hitler se expres jubiloso en Obersalzberg: "Sin duda el canciller del Reich vive en la fe en Dios".

Aqu viene como anillo al dedo una afirmacin de Deschner: "Los prncipes de la Iglesia, sensatos o no, siempre que es posible se hallan a la vera de los bandidos ms bandidos de la historia...". Y esto desde el inicio. A Constantino, un emperador de los primeros tiempos, los histporigrafos cristianos no paran de loarlo hasta entrados nuestros das. Y qu fue en realidad? "Pues... fue uno de los monstruos ms asesinos de la historia. Orden asesinar a su suegro, a sus cuados, a sus sobrinos, a su propio hijo, a su mujer Fausta, la madre de sus cinco hijos..." Y qu se dice de este hombre en la exposicin pa? "... pues que llev una vida familiar cristiana ejemplar".

El autor de la estupenda y monumental "Historia criminal del cristianismo", aparecida en 10 volmenes y escrita en 27 aos de trabajo con casi 6000 pginas en su conjunto, puede remitirse a la afirmacin de Nietzsche cuando dijo: "Camino por ese mundo, que lleva siendo durante muchos siglos un manicomio y que se llama cristianismo, fe cristiana, Iglesia cristiana". Curioseando lanza penetrantes miradas a lo que se ofrece a sus ojos. La mayora de las veces al cristianismo. Y qu es el cristianismo, que atrae su atencin y cuyo retrato lo vierte al papel una vez en casa?

Herbert Vorgrimler lo expres en el "Neues Theologisches Wrterbuch": "Y porque nunca se presentan lo suficientemente explicados tres componentes no cabe ninguna definicin del cristianismo"; a su juicio esos componentes son: "la persona concreta" de Jess, "el misterio incomprensible de Dios" y "los hombres en su pluridimensionalidad con su mundo". Adems l quiere ver arraigado el cristianismo en dos tipos de dimensiones: "como suma de contenidos de fe" y "como modo de vida prctica basado en principios ticos"; o dicho de otro modo como teologa y como prctica cristiana.

El plan de Deschner se puede esbozar utilizando la expresin de este diccionario teolgico:

- El autor examina aquel modo de vida prctico, basado en principios ticos de la cristiandad;

-Por cristiandad entiende la totalidad de los cristianos "en su pluridimensionalidad con su mundo".

-Y su mundo? Las relaciones vitales encontradas y establecidas por ellos en su respectivo presente.

Pequeas pandillas de dspotas

Por tanto, en el centro del inters histrico del autor se encuentra aquel colectivo humano, denominado "cristianismo", que viene peregrinando por la historia desde hace 2000 aos: no slo la Iglesia institucional o alguna de sus instituciones o institutos (por ejemplo la santa sede), sino los pueblos, las naciones, las cleses, las capas, los grupos, los individuos de credo cristiano; en jerga moderna: los que reclaman y alardean de su identidad cristian y en los que se valora su actuacin y su omisin como "un modo de vida prctico basado en principios ticos".

Deschner renuncia deliberadamente a establecer diferencias entre las diversas confesiones cristianas. El ncleo de su historiografa crtica en estos diez volmenes lo configura el cristianismo. Hace diferencias, pero entre los individuos. Tiene en cuenta lo diferente, y seala tambin sus preferencias: entre los clrigos que actan John Wiclif, Jan Hus; entre los investidos de autoridad pblica el emperador Carlos IV, Jos II y el valeroso canciller Kaspar Schlick, que se opuso vehementemente a la condena de Jan Hus.

Es cierto que en el "modo de vida prctico" de los pueblos e individuos cristianos afluyen siempre abundantes componentes inmateriales del sistema cristianismo-Iglesia-teologa, elementos de los dogmas y, en especial, de la tica cristiana. Tampoco la prctica cristiana se puede considerar jams separada de las instituciones. Deschner en modo alguno persigue o intenta elaborar una historia de los papas romanos tal como la redactaron en el siglo 19 por ejemplo Ranke y Ludwig von Pastor, ni tampoco persigue una historia de la fe cristiana o de los diversos dogmas cristianos. Sin embargo no renuncia nunca a insertar y considerar la historia papal y la historia teolgica en sus exposiciones cuando lo estima oportuno y necesario.

La mxima cientfica de Deschner es: "Yo escribo motivado polticamente, lo que significa, mi intencin al escribir es emancipadora y clarificadora". Por lo que se aparta ntidamente de la mayora de historiadores, de antes y de ahora, sobre todo en la medida en que estos afirman y sostienen "desarrollar pura ciencia, sin intencin poltica alguna". Porque sigue siendo regla general que "la historia poltica se basa y asienta en el poder, en la violencia, en el crimen; y por desgracia es regla general tambin que esto no lo tienen en cuenta la mayor parte de los historiadores, y que no siempre llaman a las cosas por su nombre, es decir al pan pan y al vino vino, sino que antes y ahora se loa y narra al servicio de los potentados y de la mentalidad dominante. (...) Y al igual que pudindose hacer poltica en pro de las masas y las mayoras se hace generalmente en contra de ella, lo mismo ocurre normalmente con la historia que se escribe". Antes que las obras de la historiografa estn las fuentes.. Y con ellas ocurre parecido: "En la mayor parte de nuestra poca histrica la tradicin de fuentes adula a las capas opresoras e ignora a las capas reprimidas; la mayora de las veces presenta de modo reluciente a los actores de la historia, a la pequea pandilla de dspotas, y raramente o nunca la espalda de aquellos que la soportan". Lo que Deschner plantea por contra es una inversin fundamental o un cambio de perspectiva.

En esta tarea le asiste una compaeral importante. Es la historia social. Ella es la nica que no pierde de vista ni elude, la nica que tiene en cuenta la contaminacin y ensamblaje entre los hechos polticos y sociales y ella -anuncia Deschner en su introduccin a la obra en su conjunto- en la "historia criminal del cristianismo" juega un papel relevante.

Desde este punto de vista llega Deschner a reprobar numerosas libreras o bibliotecas con productos de la historiografa convencional, de trabajos y aadidos de historiadores, que en su tiempo presumieron de ser preceptores de la nacin: "Es claro que generaciones enteras padecen bajo tales preceptores, siendo profanadas por estos historiadores depravados. Qu hubiera sido de la humanidad y la historia si las generaciones y las gentes hubieran sido clarificadas e iluminadas de modo tico por la historiografa y la escuela? Pero ocurre que la mayora de historiadores esparcen la mierda del pasado como si fuera el humus para parasos futuros. Y precisamente la historia alemana ha apoyado la forma transmitida de la historia, de la sociedad, el orden heredado -en realidad un caos social, una guerra prolongada hacia dentro y hacia fuera- en lugar de haber contribuido a su derribo".

"Emancipadora y clarificadora" no significa para el autor la ilustracin por mor de la ilustracin, una especie de arte por el arte, sino clarificacin de un determinado grupo: las masas, y que la obra histrica misma sea el medio de clarificacin.

"Emancipadora y clarificadora" no significa para Deschner llevar a cabo una campaa de odio contra alguna gente, miembros de comunidades cristianas. De la mano de Lichtenberg y Hebbel describe y precisa el autor qu es lo que persigue con sus libros: "Con Lichtenberg, mostrar que los cristianos in corpore y lo que ellos como tales emprendieron nunca fue de gran vala, y con Hebbel, que se est cargado de razn para desdear el cristianismo; y aportar y transmitir esta verificacin histrica es la tarea de mi Historia criminal".

 

Robo y represin

El cristianismo se inici con un robo grave, cardinal: Porque cmo pas el Antiguo Testamento a manos de los cristianos? La verdad es que lo fue arrebatado a los judos y "se utiliz como arma arrojadiza contra ellos: un proceder increiblemente mendaz denominado interpretatio Christiana; un suceso singular y sin igual en toda la historia de la religin y casi el nico rasco original de la historia cristiana de fe".

Pero la obra literaria, el Antiguo Testamento, transmite una idea de Dios, cuya esencia brbara no tiene igual. "Y este Dios, arrogante y posedo de absolutidad como ningn otro engendro en la historia de la religin antes, y de una crueldad no superable con posterioridad, se halla detrs de toda la historia del cristianismo! (...) Un dios que con nada disfruta tanto como con la venganza y la ruindad. Un dios que arde en delirios homicidas".

Tambin en el cristianismo los desenvovimientos y desarrollos de la historia eclesial, tal cmo los construye la doctrina, son un fantasma macabro. En modo alguno se ajusta al desarrollo real-histrico del cristianismo: "(...) primero ortodoxia, luego hereja, un esquema que la Iglesia necesita para el mantenimiento de su ficcin de una supuesta transmisin apostlica ininterrumpida, que no es ms que una construccin posterior y claramente falsa". Construccin y montaje que intenta hacer ver al inicio una doctrina pura e incorrupta, doctrina que "a lo largo del tiempo habra sido mancillada por herejes y cismticos". Desarrollo tal que nunca pudo darse. Por qu? Porque "jams existi al principio en ninguna parte un cristianismo homogneo".

Por tanto se necesit el fantasma para reprimir a los "herejes", a los movimientos apstatas. Y qu fueron ellos mismos? Qu han sido a lo largo de los siglos? No fueron ellos mismos la corriente apstata del cristianismo primigenio, y esto ya antes, en su mismo nacimiento como la apostasa de la escatologa tardojuda?

Pero volvamos de nuevo a las "herejas". La "represin" es la palabra dominante al examinar histricamente la teora y prxis del cristianismo, sobre todo la palabra clave: represin de la "hereja". Un ejemplo: "El inquisidor dominico Roberto, nombrado por Gregorio IX (1127-1241), que llev a la hoguera a mucha gente en Cambrai, Douai y Lille -tan slo el 29 de mayo de 1239 en Mont-Aime de la Champagne hizo que ardieran 183 herejes, un holocausto agradable al Seor (maximum holocaustum et placabile Domino), como cuenta el relato-". Tales holocaustos y hogueras humanas -con frecuencia miles de personas- recorre desde la Edad Media la historia de la cristiandad, sobre todo en Europa, incluso en vida de Goethe y Schiller las hogueras no paran de echar humo. "La quema de herejes se celebra la mayora de las veces en da de fiesta y la Iglesia las converta en una demostracin de su poder fctico, en un sacrificio ritual pomposo, ms atractivo que cualquier otra fiesta eclesial. Es lo que se denomin con una expresin portuguersa Autodaf, en latn actus fidei, un acto de fe, y sin duda lo ms fervoroso y apasionado de la historia religiosa". Por regla general iba precedido de una sesin de tortura. que "ya fue autorizada y bendecida contra los donatistas por el santo obispo y doctor de la Iglesia Agustn, el arquetipo de todos los cazadores de herejes dem medioevo; la tortura defendida como bagatela comparada con el infierno, como cura, como emendatio".

Y qu era el infierno? Dnde estaba? Deschner da una respuesta que quiz sorprenda a todos o a nadie, pero que pensndolo bien se presenta como la nica verdadera: el infierno fue el cristianismo, "un infierno que generacin tras generacin conduce a la miseria, y constituye uno de los fundamentos de nuestra historia".

El prototipo del perseguidor fue Pablo, el mismo de cuya pluma provienen las partes ms antiguas del Nuevo Testamento. Dice Deschner: "El fantico Pablo, el clsico de la intolerancia, se convirti en modelo especial para la Roma, que demoniza a todos que profesan otro credo". Un modelo, que por desgracia ha encontrado numerosos seguidores. As por ejemplo "el dirigente del catolicismo espaol, el doctor arzobispo Isidoro de Sevilla (560-636) incit a la matanza de judos justificndolas". Deschner resume: "difcilmente uno puede imaginarse una mayor enemistad que la del cristianismo antiguo hacia los judos".

La represin de las mujeres se hace patente de manera muy concreta en la persecucin de brujas, de la que fueron vctimas cuando menos un milln de mujeres en Europa. "Y a pesar de que caben distintas valoraciones atendiendo a los diversos factores intervinientes en el problema, no hay duda de que tras todas estas masacres se halla como base y arranque permanente la moral, sobre todo la moral sexual de la Iglesia".


Una matanza sin fin

En todo esto se muestra o a todo esto se aade- la guerra como crimen extremo inspirado o cometido por el cristianismo, esa masacre sin fin, esta continua matanza humana inacabable a lo largo de los siglos contra la vida, por la que el mundo de los hombres se convierte en matadero de hombres. S, la guerra. "Toda la historia del cristianismo fue en sus rasgos ms destacables una historia de la guerra, de una nica guerra hacia fuera y hacia dentro, de una guerra de agresin, de una guerra civil, de la represin de los propios sbditos y creyentes". Visto lo visto no cabra decir que la guerra no sera considerada en los inicios, y hasta muy entrados los tiempos modernos, como algo temible, que es lo que es en realidad, sino ms bien como parte consustancial de la cotidianidad, de la normalidad, de la historia real, como algo propio de la especie humana? Deschner rechaza esta idea con contundencia: No, "al menos en los 2000 ltimos aos el robo, el asesinato, la explotacin y la guerra siempre se han considerado lo que fueron y lo que son realmente: robo, asesinato, explotacin y guerra".

Ya el historiador de la Iglesia, Eusebio, y el padre de la Iglesia, Lactancio "convierten con ayuda de leyendas que se contradicen entre s (es decir, mediante mentiras piadosas)- la victoria militar de Constantino sobre Majencio en una victoria de su religin sobre la antigua. As fundamentan una religiosidad poltico-militante totalmente nueva en el cristianismo, que literalmente resulta asoladora para los carolingios, los otomanos y cuyos efectos perniciosos llegan hasta la Primera y Segunda Guerra Mundial, es lo que se denomina teologa imperial".

San Len I (440-461) en nombre de la Iglesia fue el primer papa que organiz una guerra, al mismo tiempo fue el primer papa que dedujo sus guerras fundado y basado en la religin. Junto a la guerra hacia fuera, junto a las cruzadas, se organiz y llev a cabo la guerra hacia dentro, cruzadas en el interior, guerras de cristianos contra cristianos. "Antes de que se masacrara a los paganos se llev a cabo la primera persecucin de cristianos en nombre de la Iglesia, martirios de crsitianos por cristianos y tambin una guerra sangrienta de campesinos". Cuando las cruzadas hacia fuera resultaban difciles o no eran exitosas, de inmediato se encontr la salida. "Cuando en virtud de los contragolpes recibidos se fueron reduciendo las cruzadas hacia fuera, se realizaron cruzadas hacia dentro, contra cristianos, contra herejes, rebeldes y, finalmente contra todos los enemigos posibles del orden y el derecho, hasta llegar a la carnicera religiosa ms monstruosa de todos los tiempos, la de los croatas catlicos contra los ortodoxos serbios (1941-1943)".

Sobre la guerra santa aclara Deschner: "En realidad se trata de un asesinato, de una matanza de milenios, que ahora, que se lleva a cabo en nombre de la buena nueva, de la religin del amor, de dios mismo..., se la justifica de ese modo, se presenta como buena convirtindola en santa. Y se llega al colmo de la criminalidad: una guerra santa! Fue junto con la Inquisicin y la quema de brujas lo nico seminuevo en el cristianismo".

Que ensea la relacin del cristianismo con la guerra? Deschner extrae la aplastante conclusin: "Aparte de la idiotizacin clara de los pueblos, de la explotacin y la hipocresa inmanente al sistema, estos ricos cristianos y ricos slo vivieron de la conquista y el robo: la razn de todo desde el tintineo cultural hasta la cantinela clerical- es que, por lo visto, dios quiere que as sea".

"Y es que el poder militar, es decir la violencia, la guerra, no slo es -como se escriba- una demanda bsica de la ideologa imperial de los Hohenstaufen sino de toda la Edad Media cristiana, el principio histrico dominante por antonomasia. El crimen de la guerra, de los crmenes ms o menos vendidos como paz y bajo solape de defensa y salvaguarda de derechos humanos, es bsicamente la puesta en circulacin de manera criminal de aquello que denominamos historia, historia poltica, al menos en lo fundamental, es decir en el accionamiento e impulso y en la fijacin del objetivo".

Von Wolfgang Beutin es especialista en literatura y catedrtico no titular en la Universidad de Bremen.


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