Portada :: Venezuela :: La muerte de Hugo Chvez
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2013

Chavismo, Guerra Fra y visiones "campistas"

Pablo Stefanoni
Rebelin


Pese a que Santiago O'Donnell y otros periodistas propusieron publicar la nota de Pablo Stefanoni, despus de los varios "disparen contra O'Donnell" por su columna "No estuvo bien" (ver ms abajo), la direccin de Pgina/12 consider que no era publicable.

Sin duda, la comparacin de Hugo Chvez con el comunismo genera muchos equvocos a la hora de captar las diferentes y a menudo contradictorias dimensiones del chavismo, un fenmenos complejo si los hay, e incmodo para las izquierdas. Una parte minoritaria de ellas (la ms dogmticas) simplemente lo rechaza por nacionalismo burgus; una versin socialdemcrata lo desaprueba por tensar hasta el lmite las instituciones; y finalmente una gran parte de las izquierdas radicales y nacional-populares lo reivindican como quien despus de la cada del muro de Berln -cuyos cascotes estuvieron lejos de limitarse a golpear a las izquierdas estalinistas- sac al socialismo y el latinoamericanismo del bal de los trastos viejos y oxidados y le insufl una nueva vida. Cmo captar la mezcla entre movilizacin popular y regimentacin estatal, voluntarismo socialista y pervivencia de culturas "miamescas", disminucin de las desigualdades y sedimentacin de una nueva "boliburguesa", y un largusimo etctera de luces y sombras, es una tarea compleja que requiere, adems, de informacin emprica.

De todos modos, a riesgo de interpretar mal, es posible leer la columna de Santiago O'Donnel del domingo ("No estuvo bien") -que estos das gener revuelo en Pgina/12- no como una pretensin de explicar todas esos pliegues y complejidades del chavismo, sino como un gesto reactivo; como una queja en voz alta hacia una escenificacin y un relato que, tras la muerte de Chvez, se volvi crecientemente agobiante en los espacios de izquierda. Al punto que, para apoyar al chavismo, terminamos teniendo que comprar una teora de la conspiracin (la posibilidad de magnicidio) que se resolvera con una comisin de expertos cuyo trabajo, intuyo desde la ignorancia, sera ms fcil si se hiciera antes de embalsamar el cuerpo. Pero la que propuso Maduro parece seguir el timing electoral rumbo al 14 de abril.

Es cierto, tambin, que en muchos anlisis antipopulistas, como ha sealado acertadamente la respuesta de Ernesto Semn ("Muertos ms, muertos menos") son tributarios de la Guerra Fra y que el secretismo no es monopolio de los socialismos reales o los populismos; EEUU y sus poderes conspirativos es un buen ejemplo de ello. Ahora bien, el problema es que el propio relato chavista -y de sus seguidores- no es menos tributario de las visiones "campistas", pasadas adems por el filtro del socialismo nacionalista en su versin cubana (construido, si los hay, bajo el signo de la contienda entre los "dos mundos" e influyente ideolgica y materialmente en Venezuela). El apoyo de Chvez a las dictaduras rabes contra las revoluciones populares es solo una expresin de eso. Pero hay ms.

No hace falta apelar a las teoras del totalitarismo para plantear algunas prevenciones respecto a expresiones como "exijo lealtad absoluta, no soy un hombre soy un pueblo". Si Jorge Elicer Gaitn se consideraba "un pueblo" en su lucha contra la oligarqua colombiana (por lo que fue asesinado), Chvez lo hace desde el poder (con mucho poder). Todo ello ms all del embalsamamiento -que ahora podra frustrarse-, las comparaciones con Lenin o Mao, y las aspiraciones a declarar a Chvez una suerte de "presidente eterno". Nadejda Kroupskaa, esposa de Lenin, ya haba prevenido sobre la inconveniencia de "la reverencia externa a su persona". Como sabemos, no fue escuchada.

Plantear algunas dudas sobre las tendencias organicistas y antipluralistas de lo gobiernos nacional-populares (y el de Chvez era un caso emblemtico) no significa comprar la vulgata liberal ni el antipopulismo machacn de El Pas. Menos an dejar de reconocer la revolucin poltica y simblica que Chvez llev adelante en Venezuela. Es suficiente retomar el anlisis sobre las ambivalencias entre lo nacional-popular y lo nacional-estatal que de pola y Portantiero plantearan ya en su clsico artculo de 1981 ("Lo nacional-popular y los populismos realmente existentes"). Tambin es necesario matizar: es cierto que "todos mienten", pero en este caso, hay que convenir, se trat de una situacin extrema, en donde el presidente venezolano debi dejar de gobernar. Delante de toda la biblioteca que pone en cuestin las teoras del totalitarismo, podemos decir, no obstante, que no est mal cumplir, no ya con las viejas "Constituciones moribundas" sino con las aprobadas en esta nueva etapa, en Asambleas Constituyentes que fueron un buen ejemplo de la posibilidad de lograr transformaciones profundas con amplia participacin popular.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 


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