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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2013

Descampesinizacin y uniformizacin alimenticia, vas para la cooptacin de la cadena alimenticia global.

Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos
Rebelin


La historia de la alimentacin contempornea est sujeta a una gran contradiccin: el modelo agroindustrial de produccin a gran escala que ha surgido desde la Revolucin Industrial, el cual se autocalifica como el nico viable para resolver el tema alimenticio en el mundo y que, adems, ha aportado con una masiva produccin de alimentos, se enfrenta a cada vez ms profundas y constantes crisis de alimentos caracterizadas por cada vez ms personas hambrientas en el mundo. De las 7 mil millones de personas que habitan el mundo, 1 mil millones se consideran crnicamente hambrientas en la actualidad. Esto nos obliga a preguntarnos y, de hecho, muchsimos lo hacen, si este modelo, que clama ser el nico viable para responder al hambre mundial, es realmente factible.

La descampesinizacin del mundo

Realizando una rpida genealoga de la produccin alimenticia, es crucial tomar en cuenta las hambrunas europeas de Inglaterra e Italia del Norte del siglo XVII, la crisis finlandesa en el invierno de 1868 y la ms devastadora: la hambruna irlandesa entre 1845-1848 (Vanhaute, 2007). Todas sirvieron para detonar en Europa una poltica agresiva de produccin agrcola en sus colonias, lo que increment masivamente la disponibilidad de alimentos al continente europeo, posibilitando mayor seguridad alimentaria, decrecientes precios de alimentos y un decrecimiento de la poblacin agrcola. Dicho proceso slo se pudo sostener en un mundo rpidamente cambiante y cada vez ms desigual.

A su vez, las necesidades de consumo del mercado europeo, atadas al crecimiento demogrfico exponencial del ltimo siglo, impulsaron una nueva ola de exportacin de millones de trabajadores excedentes a las colonias europeas (Argentina, Australia, Uruguay, etc.,), con lo que se fue consolidando la produccin barata en reas templadas (lcteos, granos y carne). Mientras tanto, la produccin de productos tropicales ya estaba consolidada en las colonias tropicales mediante la provisin de esclavos, en su mayora de origen africano y en menor parte indgenas que trabajaron en condiciones deplorables en un rgimen semi-feudal. De este modo, si bien las hambrunas en tiempos de paz se erradicaron de Europa occidental, incrementaron de manera desmedida a travs de todas las colonias (Davis, 2001). Aqu tenemos otra contradiccin que, de hecho, cimienta la primera mencionada al inicio de este artculo. Vale la pena recalcar en este momento que esta contradiccin subsiste en la actualidad. La mayora de los pases industrializados han logrado un menor nmero de crnicamente hambrientos; sus principales problemas en la actualidad son, por el contrario, la obesidad debida a la sobrealimentacin de mala calidad y los problemas de salud pblica que devienen de la mala alimentacin. Por su lado, son los pases latinoamericanos, africanos y asiticos los que sufren hambre y desnutricin por causa de ella.

De este fenmeno colonial de explotacin e imposicin, que ha estado acompaado de la apropiacin ilegal de territorios, nace la teora del progreso agrcola. Al ubicarse Europa en la cima jerrquica del poder global, pudo descampesinizarse y utilizar la excedente mano de obra aglutinada con anterioridad en sus tierras agrcolas, para su incipiente revolucin industrial pudiendo importar materias primas y alimentos baratos. Todo esto a costa de: 1) la insercin de pequeos productores a la produccin de commodities, 2) la incorporacin de millones de productores en las regiones tropicales y templadas al mercado global, 3) el debilitamiento o destruccin de sistemas locales de alimentacin; todo en detrimento de la seguridad alimentaria local. En consecuencia, a principios del siglo XX, Inglaterra, por mencionar un ejemplo, importaba 70% de los granos, harina y productos lcteos y 40% de su consumo crnico.

Todos estos logros, fuertemente apoyados por la propaganda, sistemas educativos y la homogenizacin de las dietas, legitimaron un fuerte y llamativo mensaje de modernizacin, descampesinizacin, industrializacin e integracin econmica. El discurso apel fuertemente a la erradicacin del retraso, personificando al campesino como reliquia del pasado.

As, surgi inicialmente el proceso de descampesinizacin cmo fenmeno social y econmico, lo que asegur la total dependencia de la poblacin humana actual y futura en trminos de produccin de alimentos (de unas cuantas empresas agropecuarias multinacionales que controlan la cadena de produccin alimenticia), y una total prdida de la riqueza milenaria agrobiolgica. John Steinbeck en su obra magistral Uvas de la Ira, describe el proceso por el cual los pequeos productores agrcolas de EE.UU. son expulsados de sus tierras. En este pas, la concentracin de tierra motivada por el surgimiento del mercado financiero y la apertura de mercados de granos signific la disminucin de granjas, de 7 millones en 1935 a 1.9 millones en 1997. Para 1999, granjas con superficies mayores a 500 hectreas controlaban el 79% de la tierra productiva americana (Holt Gimenez y Shattuck, 2011).

Segn estadsticas de la FAO, en 1950, el 65% de la poblacin global estaba involucrada en la agricultura. Para el 2000 slo el 42%. (FAO Statistics). Hoy, la poblacin global se estima en 7.000 millones de personas; sin embargo, la poblacin productora no supera las 1.500 millones (Oxfam, 2011).

La crisis actual: el hambre en el mundo

La crisis del siglo XXI es el producto del resquebrajamiento del sistema econmico y social; su origen es poltico y casi siempre prevenible (Vanhaute, 2011). Las hambrunas actuales son tpicamente vistas cmo crisis humanitarias que se pueden prevenir, pero, simplemente no se lo hace, por esto otros las ven como crmenes contra la humanidad (Edkins, 2007; de Waal, 1997). No est de ms, entonces, mencionar que el 2008 se tuvieron volmenes record en cosechas (2287 millones de toneladas mtricas), ms que suficientes alimentos para alimentar a todo el mundo (FAO, 2009), pero, a pesar de ello, existen 1.000 millones de crnicamente hambrientos, y resulta que 500 millones de ellos son productores (Shiva, 2011).

La articulacin del sistema alimenticio corporativo

Y la solucin a la crisis alimenticia est cada vez ms lejos de resolverse pues el inters en el tema apunta a hacer negocios. No es por nada que el sistema alimenticio est cada vez ms articulado a lo corporativo. Post II guerra mundial, en los 60 y 70, y en el actual siglo XXI, la respuesta usual es la de impulsar nuevas revoluciones verdes; todo endorsado por el agro negocio. Los shocks econmicos de los 70 y 80 anunciaron la etapa de expansin econmica neo-liberal. Dicho contexto junto al llamado seductivo del libre mercado de los 80 y la especializacin productiva como motores de desarrollo, hizo que la liberizacin de mercados agrcolas y prcticas de dumping masivo de excedentes alimenticios, incrementaran dramticamente la dependencia alimenticia del sud (McMichael, 2009).

Durante los 80, los programas de ajustes estructurales (SAPS, en ingls) rompieron las medidas arancelarias nacionales, desmantelando los mercados locales y destruyendo los sistemas de investigacin local. Dichas polticas estaban plasmadas en los tratados comerciales bilaterales y tratados de libre comercio (FTAs, en ingls). Estos mecanismos constituyeron restricciones a los derechos soberanos de los estados a regular el alimento y la agricultura. En el sud, la llamada revolucin verde promovi la agricultura intensiva plan Bojan, Bolivia de un nmero reducido de productos: trigo, maiz, arroz, y soya, usualmente llamados los cultivos de los pobres y el alimento de animales de granja.

De este modo, el control de la justicia alimenticia en el mundo recae cada vez en menos manos y se reduce a una gama de productos ofertados nicamente por el agronegocio. A continuacin explicaremos las consecuencia de esta uniformizacin alimenticia, que tiende a elitizar las posibilidades de alimentarse o no y de alimentarse bien o no en este mundo.

Las consecuencias de la uniformizacin alimentaria

En primer lugar, tenemos una clara transicin de dietas diversificadas a dietas reducidas caracterizadas por mayor consumo crnico, de grasas y aceites, azcar y carbohidratos procesados. Se trata de un fenmeno global que no se puede negar y que, adems, no escapa a la clase social. La alimentacin no es un tema de derecho humano, por lo menos no lo es para las grandes empresas que estn acaparando, a paso seguro, toda la cadena de produccin alimenticia. Las dietas buenas estn en manos de poblaciones econmicamente posibilitadas y las ms pobres se encuentran encapsuladas en dietas altamente procesadas, con contenido calrico alto y sufriendo de subnutricin asociada a la obesidad (McMichael, 2009); es decir, slo los ricos podrn alimentarse con alimentos sanos. As, la reorganizacin de la cadena de comercializacin ha subdividido a las dietas por clases econmicas; no es por nada que el sector privado ha diferenciado a consumidores que se sirven commodities comestibles estndar (WalMart), de aquellos que comen productos de cadenas alimentarias cuidadosamente auditadas para su calidad (Whole Foods).

En este sentido, la respuesta al hambre en el mundo, lo decimos una vez ms, es solamente un negocio y son las grandes empresas agropecuarias multinacionales las que interpretan el papel estelar. Los alimentos son productos del mercado y en el mismo existen consumidores con distinta capacidad de gasto. Este hecho, adems, va de la mano del negocio farmacetico que hace de la mala nutricin una mina de oro. No es un descubrimiento que el sistema alimenticio artificial y sin diversificacin que no respeta los procesos de complementacin entre la tierra, los ecosistemas, el clima y el ser humano, al momento de producir alimentos, genera problemas de salud, entre otros. Olivier De Schutter (2011) lo confirma con el siguiente ejemplo: el cambio de sistemas de cultivos diversificados a sistemas simplificados centrados en los cereales ha contribuido a la malnutricin por falta de micronutrientes, siendo este un enunciado de muchas investigaciones que hacen un llamado ante este problema.

De este modo, el hambre en el mundo no se reduce solamente al tema de comer o no comer, sino que se concentra tambin en ofertar alimentos que imponen costumbres alimenticias aptas para el agronegocio y el negocio de las farmacuticas: la enfermedad.

En este momento de la exposicin, es crucial recalcar un punto neurlgico que explica an ms y le da sentido a la contradiccin del sistema de produccin de alimentos actual que no tiene como objetivo alimentar para calmar el hambre o para nutrir, sino des-alimentar de la manera ms eficiente para producir seres humanos mal nutridos, sin posibilidades de acceder a una alimentacin ptima, y sin posibilidades de producir sus propios alimentos. El fin va ms all del hambre y recae en adaptar al ser humano al sistema de produccin de alimentos agroindustrial, el que, en realidad, alimenta, engorda y nutre los bolsillos de las grandes empresas agropecuarias que acaparan distintos procesos de produccin a lo largo del mundo y rompen las posibilidades de autodeterminacin de las poblaciones locales y, por ende, el derecho a una ptima alimentacin para todas y todos. Para comprender mejor este enunciado, es importante ahondar en la dimensin ambiental de la produccin de alimentos.

La dimensin ambiental dentro del anlisis del rgimen corporativo

La agricultura global es responsable de un cuarto a un tercio de las emisiones de GEI totales (McMichael, 2009). GRAIN, sita los aportes de GEI entre 47 y 54%. Esto es causa de varios elementos, pero en este ensayo nos interesa resaltar uno de ellos: la produccin agrcola subordinada a relaciones netamente capitalistas de produccin significa la progresiva implementacin de inputs (recursos orgnicos a commodities), que reducen el reciclaje de nutrientes dentro del suelo y agua, provocando la implementacin de mtodos agronmicos dependientes de qumicos y semillas OGM producidas bajo estndares industriales (McMichael, 2009). De este modo, la produccin de alimentos, ligada a la descampesinizacin del mundo, va de la mano de una lgica de produccin cada vez ms artificial y dicotmica con el medio ambiente; asimismo, proviene de una historia de colonizacin que ha destruido la produccin local, sus propios conocimientos y culturas asociadas a la produccin de alimentos. Finalmente, pero no menos importante, ha generado un proceso de erosin de la agrobiodiversidad asociada a la homogeneizacin de consumo de alimentos que caracteriza nuestra alimentacin en la actualidad. Todos estos temas estn conectados y ms an, pues se contienen mutuamente y no se los puede separar.

En cuanto a la prdida de agrobiodiversidad, tenemos que a lo largo de miles de aos de actividad agrcola se han manejado alrededor de 7 mil especies agrcolas y varios miles de tipos animales. Sin embargo, segn datos del Convenio de Diversidad Biolgica, slo quince variedades de cultivos y ocho de animales representan el 90% de nuestra alimentacin actual (GRAIN, 2011).

Este hecho est unido, tambin, a la prdida de cultura y conocimientos ecolgicos de cmo vivir y trabajar con los ciclos naturales mediante la disolucin de la agricultura diversificada, prcticas ambientalmente adecuadas y con mejores rendimientos que la produccin especializada industrial (Weis, 2007; Altieri, 2008; IAASTD, 2008). Como ya mencionamos en otro ensayo, la prdida de agrobiodiversidad no puede separarse de la erosin cultural. La homogeneizacin de la alimentacin es un proceso ligado a la homogeneizacin cultural. Pero esto es ms complejo de lo que parece pues esta homogeneizacin cala al interior de cada ser humano, en sus caractersticas biolgicas y genticas. Nos explicamos: en tiempos de diversidad agrcola y de alimentos, los campesinos desenvolvan su identidad de acuerdo al medio en el que vivan, el cual les proporcionada la opcin de producir variedad de alimentos propios del ecosistema especfico que les cobijaba. Este proceso de adaptacin y complementacin entre las poblaciones humanas, los alimentos y el medio ambiente, que se han erigido a lo largo de generaciones, ha tenido como producto una evolucin biolgica que ha permitido el nacimiento de los grupos sanguneos por ejemplo. As, tenemos que el grupo sanguneo O, que es el ms antiguo, procede de las poblaciones de cazadores-recolectores. Posteriormente, en este proceso de adaptacin, las poblaciones comenzaron a sedentarizarse y a cultivar y domesticar animales, cambiando su alimentacin y por ende, se dio lugar a los grupos A y B.

Estos procesos de adaptacin son muy importantes y se han ido edificando y solidificando en largos y representativos periodos de tiempo, junto a las prcticas propias de cada poblacin y ecosistema, construyendo las estructuras sanguneas y biolgicas de las poblaciones, en base a la variedad de agrobiodiversidad. Mencionamos este suceso pues es determinante en tanto la introduccin abrupta y violenta de la lgica de mono-produccin capitalista-agroindustrial, est derrumbando y rompiendo con la identidad y estructura biolgica de los seres humanos constituida por generaciones, para dejarle una sola opcin: la de homogeneizarse de acuerdo a la produccin masiva de unos cuantos alimentos, contados con los dedos de la mano y desatando un problema mayor de salud pblica basado en el surgimiento de distintas enfermedades asociadas a este paradigma de alimentacin.

Si bien la agroindustria puede alimentar a la totalidad de la poblacin y no lo hace, tal como mencionamos al inicio de este artculo, la contradiccin no se reduce a ello: al hambre, sino que descansa, tambin, en la erosin de la salud del ser humano y sus estructuras biolgicas, de acuerdo a intereses netamente corporativos de cooptacin de la cadena alimenticia global. Estamos ante un proceso de colonizacin que va ms all del mbito ideolgico y descansa en el control del ser humano a travs del estmago. La homogeneizacin de la oferta alimenticia recae en la propia homogeneizacin biolgica y de identidad del ser humano.

Referencias:

Altieri, M. 2008. Small farms as a planetary ecological asset: five key reasons why we should support the revitalisation of small farms in the Global South. Food First. Available from: http://www.foodfirst.org/en/node/2115

Davis, M. 2001. Late Victorian holocausts. El Nio famines and the making of the Third World.London: Verso.

Friedmann, H. and A. McNair. 2008. Whose rules rule? Contested projects to certify local production for distant consumers. Journal of Agrarian Change, 8(23), 40834.

GRAIN, Food and Climate Change: the forgotten link. http://www.grain.org/article/entries/4357-food-and-climate-change-the-forgotten-link

Madeley, J. 2000. Hungry for trade.

McMichael, P. (2009): A food regime genealogy , The Journal of Peasant Studies, 36:1, 139-169

Walker, R. 2004. The conquest of bread. A hundred and fifty years of agribusiness in California. New York, NY: New Press.

Weiss, T. 2007. The global food economy. The battle for the future of farming. London: Zed Books.

Buscanos en thunhupha.blogspot.com

 



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